Muerte y resurrección del capitalismo
Boceto de historia del Siglo XX
“La edad de los extremos”, como la llamó Eric Hobsbawm, es el mayor misterio de la historia. Comprendemos mucho mejor la caída del imperio romano, la dinastía Han, el renacimiento y la revolución francesa que el siglo XX, precisamente por tenerlo tan cerca. La revolución rusa, la gran depresión, la guerra civil española, Auschwitz, el muro de Berlín, Vietnam, mayo del 68… todo eso lo tenemos encima, no es fácil tomar perspectiva. No “pasó”, sino que “ha pasado”. Nuestra situación económica y política presente no es más que la conclusión lógica de toda esa masa de hechos. Los análisis, por tanto, son aún interesados y partidistas. No nos enfrentamos con el error, sino con la mentira.
Por todo eso, en un sano ejercicio de hubris, me dispongo a redactar un boceto de explicación, de narración de la historia del siglo XX. Será deliberadamente provocativo y parcial, esperando suscitar la discusión que el tema merece.
El mundo en 1900
Hacia 1900 el mundo está sumergido en dos impresionantes caminos de desarrollo complementarios: el técnico y la lucha obrera. La electrificación, el motor de explosión y la tecnología agraria aumentan enormemente la productividad. La lucha obrera consigue que esa productividad se reparta cada vez más equitativamente entre la población de los países ricos. Los sistemas democráticos se desarrollan, la libertad y la igualdad avanzan en Europa y EEUU. Demasiado, para el gusto de los capitalistas, que vuelcan sus fuerzas en el exterior: mercados cautivos y acceso a materias primas baratas. Es la llamada fase imperialista del capitalismo.
Las grandes potencias se reparten el mundo, y entran en competencia militar. El conflicto es inevitable, y estalla en 1914, en la primera guerra mundial. Aunque hoy en día nos parezca increíble, los partidos socialdemócratas y los sindicatos apoyan a sus gobiernos en el esfuerzo bélico. ¿Cómo podían no darse cuenta de guerra era, meramente, una lucha imperialista? Es sencillo: porque el éxito sindical les ha hecho vulnerables. Las fuerzas que habían sido revolucionarias han desarrollado unos aparatos de poder y unas burocracias que les hacen sensibles a la manipulación gubernamental. Les prometen el soñado acceso a los parlamentos, al poder oficial. A cambio, renuncian al internacionalismo y convencen al pueblo de que luche por su patria.
No todos los gobiernos son tan inteligentes, claro está. En Rusia, el Zar se aferra a los viejos modos, y la población se rebela contra una guerra que no entiende. O que entiende mejor que los obreros franceses y alemanes. La revolución de Octubre crea el primer estado que se define como soviético. (Nota lingüística al margen. Tanto “soviet” como “iglesia” significan, originariamente “asamblea”.)
Las guerras raramente se desarrollan como a los políticos les gustaría. La revolución desencasquilla el avance de la guerra, que termina en pocos meses. Las potencias capitalistas imperiales, temiendo la posible expansión del régimen soviético y con la excusa del pago de la enorme deuda de los zares, invaden Rusia. Sorprendentemente, el nuevo régimen consigue devolverles al mar. El miedo se convierte en pánico.
Los años 20 son especialmente interesantes. Los partidos socialdemócratas han llegado, como se les prometió, al establishment. Se crea el régimen de democracia formal, con grandes partidos burocratizados que tan sólo difieren en el nombre. Los gobiernos, para frenar el avance revolucionario, compran a los sindicatos, que se convierten en el freno de la clase obrera. A lo largo de los primeros años 20 se suceden diversos intentos revolucionarios en Europa, culminando con la gran huelga general inglesa de 1926, que fue traicionada por los sindicatos. En otros países, como Alemania e Italia, el mecanismo es diferente: la creación de grupos paramilitares como los Freikorps alemanes o los fascistas. En cualquier caso, en todo el mundo desarrollado la lucha obrera es abortada.
La productividad sigue creciendo, pero los salarios no. Los beneficios empresariales se disparan. Es la belle epoque, el Gran Gatsby y la cocaína. En el plano del espíritu, ha terminado la fe en la razón y el progreso continuo de la humanidad. La barbarie de la guerra crea una generación intelectual escapista que desarrolla las vanguardias y las filosofías irracionalistas. En el plano político, por no perder el afecto de las clases medias, se inventa el capitalismo popular: se insta a obreros cualificados, pequeños comerciantes y granjeros a invertir en bolsa. Los precios de las acciones se disparan, como en una estafa piramidal. La gente compra acciones a crédito y se crea una enorme burbuja. Los economistas avalan la estabilidad del sistema, e inventan justificaciones con unas matemáticas sofisticadas. Pero…
La gran depresión
La burbuja estalla el año 1929, el año de la gran depresión.
Una buena parte de la población está sobre-endeudada. Se producen impagos y los subsiguientes pánicos bancarios. La población acumula dinero en metálico en sus casas. Se contrae la demanda, los precios bajan, y con ellos los salarios. Pero, al bajar los salarios, la deuda real crece, y la espiral deflacionista continúa. Como nos cuentan en “Las uvas de la ira”, los granjeros prefieren rociar sus mercancías con gasolina antes que malvenderlas. En medio de la abundancia, el mundo rico pasa hambre.
Eso fue lo que predijo Marx: el capitalismo se destruiría a sí mismo. Todos los ojos se vuelven hacia la URSS, unos con pánico y otros con esperanza. Los partidos comunistas disparan su afiliación en toda Europa. Los capitalistas vuelven sus ojos a los partidos fascistas. Se condona la deuda de guerra a Alemania y se permite su rearme para frenar un posible avance militar soviético. Surgen los primeros estallidos bélicos, en Etiopía y en España, que despiertan a los intelectuales, y surge una generación mucho más vigorosa, comprometida y realista.
¿Cómo se salvó el capitalismo? La historia comienza cuando John Maynard Keynes, Irving Fisher y otros economistas reconocen lo que ya es obvio: el capitalismo es inestable, tiene ciclos perversos y se destruye a sí mismo. Marx tenía razón. Pero buscan ponerle remedio: se necesita que el estado actúe siempre de manera contraria al ciclo. Cuando la economía se enfría, el estado la debe calentar. Y cuando está caliente, la debe enfriar. Franklin D. Roosevelt llega al poder en 1933 en EEUU, e implementa las políticas keynesianas: el New Deal. La caída en picado de la economía estadounidense frena, y comienza la recuperación. Aumenta enormemente los impuestos de los super-ricos, y los utiliza para realizar un gasto público enorme en infraestructuras, que duran a día de hoy, y en el principio del estado del bienestar. Los brotes verdes, como si dijéramos, aparecen. Y eran reales.
El otro gobernante que implementa políticas keynesianas es Adolf Hitler. Crea el estado del bienestar alemán, y nuevas infraestructuras. Pero Hitler no saca el dinero de los super-ricos alemanes, que le han ascendido al poder, sino del expolio a los judíos. Esa diferencia es abismal, y lleva al partido nazi a una espiral de violencia y saqueo que termina por desembocar en la segunda guerra mundial. La guerra es el otro estímulo keynesiano de la economía, más importante aún que las obras públicas, puesto que en tiempo de guerra ningún super-rico se niega a pagar un 94% de impuestos. Sí, sí, habéis oído bien, un 94%. Ahí queda eso.
La edad de oro del capitalismo
Termina la guerra en 1945, el capitalismo se ha salvado por el momento. Los políticos son aún conscientes de la fragilidad del establishment, y se esfuerzan en crear estructuras que lo salvaguarden, las llamadas instituciones de Bretton Woods: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tenían que ser garantes de la estabilidad económica mundial. Keynes deseaba que fueran parte de Naciones Unidas, pero al final quedaron en manos de EEUU. Ese error tuvo consecuencias mucho tiempo después. El dólar había quedado convertido en moneda mundial de facto, pero EEUU era consciente de que debía ser generoso. El Plan Marshall inundó Europa de dinero y de medios para su reconstrucción.
Por su parte, la URSS también había salido políticamente reforzada de la guerra. Pese a las esperanzas de los capitalistas, el avance nazi no había derrumbado el régimen. Al revés, el apoyo popular a Stalin era entonces más fuerte que nunca. Pero sus ansias revolucionarias habían decaído. La URSS renuncia formalmente a expandir el comunismo en Europa o EEUU, restringiéndose a su área de influencia reconocida en el este de Europa. Aun así, el espectro del comunismo aún perturbaba los sueños de los capitalistas occidentales. Comienza la guerra fría.
Comienza la edad de oro del capitalismo, en Europa Occidental y EEUU. Los estados cobran unos altos impuestos a sus super-ricos, y los utilizan para desarrollar el estado del bienestar en sus países. Vacaciones pagadas, seguro de desempleo, sanidad, educación… Los salarios se vinculan a la productividad, los obreros cada día viven mejor. Los partidos comunistas ven perder su número de afiliados, entre las persecuciones políticas y el acomodamiento de la clase obrera. La ciencia y la técnica se desarrollan, las libertades formales se consolidan, la amenaza de guerra se disipa en el primer mundo. El miedo a la URSS y a la expansión del comunismo es, paradójicamente, lo que causa la edad de oro del capitalismo.
¿Y en los países subdesarrollados? La competición imperialista, que había causado la guerra, termina para dar lugar a un “cártel imperial” de estados que se apoyan en el expolio del resto del mundo, bajo la égida de EEUU. Se otorga la independencia formal a muchas colonias. El nivel de explotación habría crecido uniformemente, de no ser por la guerra fría. La URSS apoyó los movimientos anti-imperialistas en muchos de estos países. En parte por ideología, y en parte porque pensaban que serían el talón de Aquiles del capitalismo. Así fueron desarrollándose enfrentamientos localizados: Corea, Cuba, Vietnam. Y es precisamente en Vietnam donde comienza la siguiente etapa de nuestra historia.
Vietnam y el fin de la bonanza
EEUU es el garante mundial de la paz, líder del cártel de países imperialistas. No puede, por tanto, permitir que ningún micro-país le tome el pelo. La derrota en la crisis cubana fue dura, así que decidieron dar un escarmiento. El candidato evidente era la Indochina francesa, hoy conocida como Vietnam. Tras años de lucha, los comunistas de Ho Chi Minh estaban derrotando a Francia. Como hicieran en Cuba en 1898, decidieron entrar en el conflicto usando un autogolpe. En 1965 fingieron un ataque norvietnamita contra un navío estadounidense. Tras un gasto enorme de vidas y de dinero, en 1975 fueron derrotados.
El gasto en la guerra de Vietnam desbordó las previsiones del gobierno estadounidense. En 1971, el presidente Nixon decidió “desvincular el dólar del oro”. Eso significaba que podía imprimir cuantos billetes deseara, no estaba limitado por las reservas del país. Y así lo hizo: había que pagar a la policía mundial. En teoría clásica económica, el pecado de calentar la máquina de imprimir billetes se castiga con la inflación. En efecto, los años 70 fueron años de una altísima inflación. Añádanse otros factores, como la rebelión de los países más ricos de entre los subdesarrollados: los productores de petróleo. Y la desregulación bancaria, con su expansión de crédito asociada, que comienza en aquella época. El miedo a la gran depresión comienza a perderse en las nieblas de la historia. Los banqueros dejan de agachar las orejas.
En los años 70, el mundo entero vivía el fin del sueño. Tras treinta años de bonanza económica, el paro crecía, los salarios se estancaban. Muchos países subdesarrollados habían recibido préstamos de Occidente durante los años buenos, y es el momento de apretar las clavijas. EEUU comienza a utilizar al Banco Mundial y el Fondo Monetario como gángsters. Los golpes de estado en Chile o Argentina son avisos para navegantes, qué puede ocurrir si no cooperas. Se fuerza a todos estos países a desmontar sus nacientes estados del bienestar y generar superávits que se invertirán en… dólares. De esta manera, EEUU genera demanda para todo el dinero que imprime de más, y salva su economía.
La era del neoliberalismo
La ineptitud de la izquierda europea y la derrota de los movimientos del 1968, así como la inoperancia de la URSS, que no ha sabido sacar provecho de la crisis, convence a los capitalistas de que ha terminado la época del miedo. Podemos volver a 1920.
Comienzan los 80, Margaret Thatcher y Ronald Reagan llegan al poder. Ambos tienen como economista de cabecera a Milton Friedman, que les dice lo que ellos quieren oír: el desastre económico de los años 70 fue creado por un excesivo estado del bienestar. Se inaugura la ideología neoliberal, que asegura que cualquier empresa será mejor gestionada si es de propiedad privada que si es de propiedad pública. Comienza una ola de privatizaciones que hizo a unas pocas personas mucho más ricas. El desastre de los ferrocarriles ingleses, que un día fueron los mejores del mundo, proviene de esta época.
Como objetivo económico único, los seguidores de Friedman (también llamados “monetaristas”) sólo persiguen el control de la inflación. La inflación excesiva es mala, claro está. Pero a quien más perjudica, con diferencia, es a los banqueros: si la inflación es mayor que el interés que van a cobrar, recibirán menos dinero del que prestaron. El efecto es inmediato: la economía, que comenzaba la recuperación, vuelve a hundirse. Los años 80 comienzan mal. Tras el experimento fallido, vuelve el gasto público a crecer, pero no para recuperar el estado del bienestar. Crece en armas: el sprint final de la guerra fría. La URSS ya no es capaz de sostener la lucha y cae el Muro de Berlín en 1989.
Los sindicatos, débiles ya, son desarmados. Los salarios se desvinculan de la productividad. Los capitalistas van adquiriendo una parte creciente del pastel. Pero la demanda interna cae: ya no tenemos quien compre los productos que fabricamos. El dinero escapa de la economía productiva, que da rendimientos bajos, y huye a la esfera financiera, a la especulación. Durante la edad de oro del capitalismo las burbujas fueron un fenómeno desconocido. Ahora regresan, y son continuas. La primera se produce en Japón, a finales de los 80, inaugurando la “década perdida” del país. Luego son la burbuja asiática, las punto com… Los políticos continúan eliminando las barreras que se impusieron tras 1929. En 1995, Bill Clinton deroga la ley Glass-Steagall, que separaba, desde tiempos de la gran depresión, los bancos comerciales de los bancos de inversión. Es decir: que impedía que se especulara con los ahorros de la ciudadanía corriente. De repente, los especuladores vuelven a contar con todo nuestro dinero para jugar. El riesgo es, claro, mucho mayor.
En lugar de ver el problema, los economistas garantizan que el libre mercado es siempre estable. Sus matemáticas son ahora más sofisticadas, unas preciosas ecuaciones diferenciales estocásticas… pero con premisas falsas no puedes esperar conclusiones correctas. Se toleran instrumentos financieros que eliminan riesgos a los inversores, a cambio de incrementar el riesgo de colapso global del sistema. Por ejemplo, los seguros de impago de créditos. Hay una cierta analogía con la crisis medioambiental: cada fábrica contaminante se libera de sus gases tóxicos, a cambio de ensuciar la atmósfera en su conjunto.
La crisis de 2008-?
La gota que colmó el vaso fue la burbuja hipotecaria. La presión del capital forzó en muchos países la liberalización de la construcción de viviendas, en lugar de hacerla obedecer a planes urbanísticos globales. Allí se desbordó el dinero acumulado tras la explosión de la burbuja de las punto com. Así, contra toda racionalidad económica, se produjo una explosión de oferta y, a la vez, una explosión de precios. Pero, como dijo Keynes, los mercados pueden ser irracionales durante más tiempo de el que tú puedes mantenerte solvente.
Los bancos ya no asumían riesgos al conceder créditos, ya que estaban asegurados de mil formas. Contra la creencia popular, la banca no necesita tener reservas para poder prestar: el dinero de los créditos es dinero ficticio, creado de la nada. Las reservas las otorga, a posteriori, el banco central. Estas hipotecas se combinaban en paquetes, se aseguraban y se vendían en los mercados internacionales. Así que el único límite era el cielo… El resultado lo conocemos todos: llegó la primera ola de impagos, el primer banco insolvente. Nadie sabía quería comprar paquetes financieros, todos querían vender. El mercado colapsó: nadie sabía cuál era el precio de aquellos activos, pues nadie los quería.
El fantasma del 29 resucitó, al fin, con fuerza. Los banqueros se aterraron, culparon a los gobernantes de no haberles vigilado, como si fueran niños traviesos y les suplicaron que les rescataran. El estado, a pesar de toda la ideología neoliberal, no es enemigo de la empresa privada, sino su valedor último, así que volcó sus recursos en el rescate de los financieros irresponsables.
Después, el poco dinero que les quedó lo dedicaron a estimular la economía a la manera keynesiana. Sí, después de todo, Keynes tenía razón. Pero ya no había dinero en las arcas, tuvieron que pedirlo prestado… a los mismos que les habían rescatado. Los economistas neoliberales, que no vieron venir la crisis, fomentaron la nueva burbuja, al declarar que era el excesivo gasto público el que había provocado la crisis, y el estado del bienestar es insostenible… Comienzan a oírse términos como austeridad, consolidación fiscal… El crecimiento se detiene, el paro se dispara, y los que trabajan lo hacen cada día más para pagar deudas ajenas…
Lo que es insostenible es que los recursos sean detraídos sistemáticamente de la economía productiva a la financiera. Y la culpa última de ello la tiene la caída de la demanda, provocada por la falta de fuerza obrera. Al final, sí, de nuevo, la lucha real es una lucha de clases. ¿Surgirá a tiempo un nuevo Keynes que salve de nuevo el capitalismo? ¿O nos enfrentamos a sus últimos años?
Las víctimas son culpables
Si existe el infierno, yo lo reservaría para los que hacen a las víctimas sentirse culpables de su situación.
“Es verdad que los desahucios son un drama, pero las deudas hay que pagarlas. Si compraste un piso muy por encima de su valor real, y para ello te endeudaste, es tu responsabilidad. Nadie te obligó.”
Me sorprende la cantidad de veces que he tenido que soportar ese argumento, incluso viniendo de gente inteligente y bien intencionada. Se trata de una de esas tristes falacias que ya serían sospechosas con tan sólo ver lo bien que le sientan a los poderosos. El éxito de la propaganda política es siempre obtener la gestión del sentido común. Y en este caso lo han logrado: el argumento anterior parece auto-evidente.
Todo abuso de poder se intenta siempre justificar culpabilizando a las víctimas. Pensemos en las mujeres violadas que tienen que soportar preguntas dirigidas a establecer si ellas “provocaron” la agresión. No, señores, ser una víctima no implica ser una persona pura y candorosa. Una mujer puede ser provocativa con su manera de vestir y de actuar, puede ser tan guarrilla como le dé la gana y, aun así, tener derecho a ser defendida en caso de violación. No se debe tolerar que un juicio por violación se convierta en un juicio sobre el estilo de vida de la mujer violada. De la misma manera, una familia que ha perdido su vivienda y queda con una deuda de por vida tendrá mi apoyo, aunque en su momento hubieran usado el préstamo hipotecario para comprar también el coche y la wii. Así de claro.
“Las deudas hay que pagarlas” parece una evidencia, pero no lo es. No todas las deudas deben ser pagadas, aun cuando hayan sido asumidas libremente. Cuando una empresa quiebra, sus deudas no se cobran. Al prestar dinero, el banco asume un cierto riesgo de impago, y cobra un interés en base a dicho riesgo. La función social del banco es evaluar la probabilidad de éxito de cada plan de negocio y asignar préstamos en consecuencia. Imaginemos que pudiera idearse un mecanismo para que toda deuda fuera cobrada en cualquier caso, aunque fuera a costa de la vida de los prestatarios. En ese caso, el banco no asumiría ningún riesgo, y no tendría ningún motivo para negarse a prestar. Al no asumir riesgos, el banco tratará de convencer a los ciudadanos de que pidan prestado dinero para cualquier chorrada, por arriesgada e imbécil que sea, pues así maximizarán sus benficios. En conclusión: es necesario que, al prestar dinero, el banco asuma un riesgo de impago. En otras palabras: es necesario que algunas deudas no se paguen.
El reparto de riesgos entre prestamista y prestatario es un delicado equilibrio que debe establecer el Estado. Al fin y al cabo, el Estado es el garante del pago de las deudas. Sin la amenaza de violencia que sólo el Estado puede ejercer, nadie tendría por qué devolver ningún préstamo. Pero en los últimos veinte años los bancos han acumulado mucho poder político, y el equilibrio se ha destruido. Lograron desembarazarse de los riesgos asociados a los préstamos por diferentes vías. Por ejemplo, la venta de préstamos en forma de paquetes (CDO), o los seguros de impago (CDS). En España, añádase la ausencia de dación en pago. Los banqueros se dieron cuenta de que ganaban lo mismo, dieran préstamos buenos o malos. ¿Había desaparecido el riesgo, de verdad? No: lo asumían el Estado y los prestatarios.
¿Todos somos culpables? No, señores. Toda sociedad compleja precisa de división del trabajo y confianza en los especialistas. Confiamos en los médicos para que tomen decisiones sobre nuestra salud, en los ingenieros para que diseñen puentes y ordenadores… y en los financieros y economistas para que gestionen nuestro dinero. Los españoles éramos imbéciles, pensábamos que el director de nuestra sucursal bancaria era alguien en quien podíamos confiar, como nuestro médico. Grave error. Nos dijeron que los altos precios de los pisos eran naturales, y que era imposible que bajaran. Nos animaron a pedir préstamos aun cuando no los necesitáramos, y nos argumentaban que era bueno pedir más de lo necesario. Claro, ellos no asumían riesgos. Y los economistas les reían las gracias y publicaban artículos elogiando la nueva ingeniería financiera.
¿Qué pasaría si los físicos tuviéramos tan pocos escrúpulos como los economistas? Pues que negaríamos el cambio climático y animaríamos a todo el mundo a derrochar energía y a usar el coche hasta para ir a comprar el pan. Los magnates del petróleo nos premiarían con subvenciones y regalitos. Después, cuando llegara la catástrofe, nos llenaríamos la boca diciendo que “no había manera de preverlo” y que “todos somos culpables” de haber abusado del coche y derrochado energía.
La culpabilización de las víctimas se difunde como una mancha de aceite. Los desahuciados vivieron por encima de sus posibilidades. Los parados son vagos que quieren vivir de las subvenciones (¡que se jodan!). El fracaso escolar se debe a la falta de esfuerzo. Toda exclusión social radica, a la postre, en una culpa previa. Los no-excluidos aceptan de buen grado estas sandeces, pues les ayudan a sentirse a salvo. Eso no podría haberles pasado a ellos, pues son gente esforzada y con una gran fibra moral. Y lo que vale para las personas, vale para los países: Alemania es virtuosa, España es derrochona. El hecho de que el capital que huye despavorido de España esté ayudando a tapar el enorme agujero financiero alemán no tiene relevancia. Y lo mejor de la culpabilidad es que no mueve a la acción, sólo a la autoflagelación y al sufrimiento callado.
Así se extienden los engendros pseudo-intelectuales como “El Secreto”, Paulo Coelho o los libros motivacionales que nos informan de que obtendremos todo lo que deseamos si somos positivos y nos esforzamos. Ello implica que quien no obtiene el éxito es porque no se esfuerza o no es positivo. Salen del tablero otros motivos, como que las reglas del juego sean injustas, que los dados estén cargados. Y así logran que el sentido común abrace la noción de que quien tiene éxito es porque lo merece, y los derrotados del sistema lo son por su desidia y su flojera. La vida es justa, y las víctimas son culpables.
El Clan y la Ley
Escrito en colaboración con NP-completo
Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Chipre… son los países europeos que han resultado ser más vulnerables ante la crisis. ¿Tenían alguna característica en común? El color del gobierno no parece ser un factor determinante, han disfrutado lo mismo de gobiernos denominados socialdemócratas o democristianos. Cada vez se oye a más personas resucitar ideas antiguas, como el hecho de que las culturas católica y ortodoxa no fomenten el espíritu de esfuerzo, al asumir que una vida pobre en este mundo será seguida por una vida llena de parabienes en el más allá. Por contra, el protestante rico lo es porque Dios le está premiando ya en vida, sin necesidad de cruzar el umbral de la muerte para disfrutar del favor divino. Esta teoría, sostenida sobre la confusión entre correlación y causa-efecto, no tiene más virtud que su sencillez. Sólo hay que comparar las horas de trabajo en los distintos países de Europa para falsarla. A la postre, está basada en estereotipos y clichés, y tiene la misma respetabilidad científica que los chistes de catalanes o de rubias.
Otros factores económicos pueden ser mucho más relevantes. Por ejemplo, la crisis ha incidido de manera más directa en los países con mayor desigualdad. Los países del sur de Europa tienen una clase media débil, económica y políticamente, sin tirón suficiente para sostener la demanda interna. La relación causa-efecto, por tanto, se produciría en sentido contrario: no es la religión la que causa la disfunción económica. Las sociedades desiguales, bipolares, divididas en aristocracia y plebe, son las que se aferran a modos religiosos católicos u ortodoxos, que prometen la salvación en la otra vida, despreciando ésta.
Entonces, ¿no juega ningún papel la cultura en la evolución económica? Creemos que sí, pero mucho más sutil que el cliché con tufo racista que tanto satisface a Frau Merkel. En efecto, los países del sur de Europa, España entre ellos, son países propensos a la corrupción, política y económica. ¿Tenemos, entonces, un “gen” de del cohecho, que otros países no tienen? No. Pero si analizamos la estructura social española, en contraste con la de los países del norte de Europa, o con EEUU, podemos encontrar una explicación.
España (junto con Italia, Grecia, etc.) es un país muy familiar. En EEUU es frecuente criarte en Cleveland, cursar tus estudios universitarios en Austin para después desarrollar tu actividad laboral primero en Baltimore y después en Nueva York, terminando tus dias en Florida. En España es frecuente que la maternidad donde naciste, tu colegio, tu universidad, tu oficina y tu residencia de ancianos se encuentren todos en un radio de treinta kilómetros. En EEUU, por contra, no puedes contar con tu familia para resolverte los problemas cotidianos, se precisa una estructura social de soporte.
Un efecto de tal preeminencia de la familia en nuestras vidas es que se convierte en un segundo Estado al que, en muchos casos, se debe más obediencia que al primero. Y cuando los mandatos de ambos entran en conflicto, es la familia la que suele vencer. Por supuesto, hay que entender la familia en un sentido amplio. Hay que incluir a algunos amigos, a vecinos e incluso a personas con las que la relación normal debería ser de índole formal: ciertos clientes, proveedores, empleados, jefes… Usemos un término más genérico, pero igualmente sugerente: el Clan.
Por el bien del clan, está bien visto cometer pequeñas irregularidades. Nada grave. Facturar en negro. Meter a tu sobrino en el departamento. Llevarte material de oficina para el cole de los niños de tu prima. Contratar a la empresa de tu cuñado. Todo por favorecer a la familia, al clan. Cuando se trata de empleados públicos o políticos, puede tratarse de pequeñas ilegalidades. Cuando se trata de empresarios o empleados privados, quizás no sean ni tan siquiera actos ilegales… sino tan sólo decisiones que miran más por las necesidades del clan que las de la empresa. Así, el éxito de un concurso público depende en gran medida de la red de amistades de cada candidato. Si se presenta alguien de fuera, el tribunal diseñará normas ad hoc para mejorar artificialmente los méritos de los de dentro. Pero no por ello los miembros del tribunal se sentirán malas personas. Al revés, están ayudando a los suyos, a su clan, están siendo leales. Su prestigio en el clan crece, el afecto de los suyos se incrementa, la recompensa social es inmediata.
Las reglas del juego determinan a qué va a jugar la gente. La mejor estrategia en un mundo de clanes no es ser tan eficiente como podrías, no es trabajar por la comunidad, no es ser creativo y determinado. La mejor estrategia es ser leal y establecer una red de lealtades amplia e intensa, que incluya a gente en situación de poder.
El caso más paradigmático de comportamiento de clan es quizás el de los políticos, que defienden medidas en las que no creen pues son las de su partido. Los militantes de base saben que si dedican un montón de horas a llevar cafés y a pegar carteles para los de arriba, entonces los de arriba les devuelven el favor cuando ganan, creando puestos de trabajo públicos (que pagamos todos) para ejercer actividades de las que no hay demanda social alguna, pero que cumplen el perfil para que sus chicos puedan optar a ellas (si se presenta alguien de fuera, se resuelve como dijimos antes). Aunque hablamos del sector público, nada hay en él que no se dé en el privado: se dice que el 50% de los puestos de trabajo en España se consiguen por enchufe. Si contratas a alguien de esta manera, puede que estés contratando a un incompetente. Pero, en cualquier caso, quien te pidió el enchufe te deberá un favor. Y también te lo deberá el incompetente al que has contratado. Las redes del clan se extenderán. Como decía don Vito Corleone, “algún día, y puede que ese día nunca llegue, te pediré que hagas algo por mí. Hasta entonces, interpreta esto como un regalo”.

Someday, and that day may never come, I’ll call upon you to do a service for me. But until that day – accept this justice as a gift on my daughter’s wedding day.
¿Por qué las grandes empresas contratan a los presidentes y ministros en cuanto abandonan sus cargos, por sueldos millonarios? ¿Por qué se instaló la famosa puerta giratoria entre el Estado y la empresa privada? ¿Acaso son los ministros especialmente competentes, versados tanto en generación de electricidad como en la administración sanitaria? No. Pero todos tienen una nutrida libreta de teléfonos.
¿Qué tiene que ver dicho comportamiento de clan con el agravamiento de la crisis económica? ¿Es el comportamiento de clan malo a priori? No necesariamente. Muchos españoles comen hoy en día gracias a la caridad de sus padres, que les han admitido de vuelta en su casa tras quedarse sin trabajo y, después, sin ingresos. Desde luego, la estructura de clan tiende a la desigualdad y a la inercia. Pero, más allá de esto, postulamos que el comportamiento de clan puede resultar demoledor para la economía de los países que se sustentan sobre él.
La crisis actual es una crisis de confianza. El problema principal es que nadie se fía de nadie. El banco no te presta dinero porque no se fía de que se lo vayas a devolver. El empresario despide empleados porque no confía en sus futuros ingresos, aunque los actuales sean aceptables. Los ricos se llevan su dinero al extranjero, porque no confían en su país. En una sociedad basada en la ley y no en el clan, los acuerdos siempre quedan por escrito, y el Estado colabora en su cumplimiento: puedes demandar a quien no cumple lo que prometió. Pero en una sociedad donde una gran parte de las decisiones económicas se toman “a nivel de clan” (e.g., el político promulga leyes que favorecen al banquero, o directamente le excarcela, el banquero condona deudas del político, el constructor dona dinero al político, el político recalifica lo que el constructor necesita, etc.), en una sociedad donde muchas decisiones económicas no quedan por escrito, la confianza en el clan lo es todo para que la rueda siga girando. Las represalias por no cumplir siempre pueden ir por debajo de la mesa (o incluso escondiendo una pistola en el retrete de un restaurante), pero los tratos basados en la ley siempre resultarán más fáciles de hacer valer. Si la confianza se pierde en una economía de tipo clan, entonces la red del clan se derrumba y la economía se paraliza. Y esto sí que puede ser una diferencia entre los países como España e Italia y los demás durante la presente crisis: como en ellos el peso del clan es mayor, sus economías son más dependientes de la confianza, y la carencia actual de confianza las ha hundido más que a otras.
Es triste, pero creemos que si el político, el banquero y el constructor no recuperan la confianza en su mágico idilio de privilegios auto-otorgados, si la confianza no regresa a las opacas redes clientelares que realmente mueven el dinero en este país y que no se sustentan sobre papel sino sobre la invisible y volátil confianza en el clan, entonces la desconfianza seguirá lastrando a la economía española.
Efectivamente, los países arriba mencionados son, podríamos decirlo así, “países clan”. Mientras el Estado se hacía fuerte en Francia, Alemania, o Gran Bretaña durante el siglo XIX, en España e Italia todo seguía en manos de los clanes. El caso conocido más extremo es la mafia, pero el mismo concepto impregna todos los demás niveles sociales en ambos países. En países como España o Italia, el Estado nunca reemplazó a los clanes, y nunca nos convertimos del todo en una sociedad moderna. De hecho, es posible que en España el Estado de las autonomías no fuera una concesión a los ciudadanos, sino a los clanes regionales. Algunos países descentralizados funcionan bastante bien y acercaron la democracia al nivel local (EEUU o Alemania). Por contra, sospechamos que la descentralización de España cedió el control a las redes clientelares de empresarios regionales, no a sus ciudadanos.
El viaje de la ley al clan es rápido e indoloro, recordad a Michael Corleone. En cambio, pasar del Estado de clan al Estado de la ley es mucho más difícil. De nuevo, es una cuestión de confianza: es necesario que todas las clases sociales confíen en el desempeño del Estado como proveedor de servicios y de justicia. Que los trabajadores confíen en la calidad de los servicios públicos y en la protección de sus derechos, y que los empresarios confíen en que la adjudicación de contratos será transparente. Obviamente, las personas con más poder dentro del esquema actual, nuestros don Vito, se opondrán fieramente a su desmantelamiento, de manera que procurarán fomentar la desconfianza en la “clase política”. No les importa enfangarse ellos mismos. Este ambiente turbio, de angustia, de incertidumbre, fortalece su poder.
A día de hoy, España sólo tiene dos caminos. El primero es la profundización en el esquema clientelar, hundirnos más en nuestro fango secular, asumir nuestro carácter de país pre-moderno. Que políticos, empresarios y banqueros vuelvan a jugar a su juego feudal. El señor Adelson ya ha puesto la primera piedra en esta dirección. Pronto oiremos cosas como “lo que sucede en Alcorcón, se queda en Alcorcón”… O, por contra, podemos abolir la influencia de los clanes y volvernos un Estado moderno. Partiendo del nivel pequeño, claro está: no tolerar que nadie se jacte de las pequeñas triquiñuelas con los impuestos, ni a los grupitos irreconciliables de poder en tu lugar de trabajo, ni que las plazas en un concurso público se otorguen a dedo. Enfrentaos con esa gente: es importante que sepan que no cuentan con la aprobación social.
Recordad que las reglas son las que determinan a qué juego estamos jugando. Queremos buenos servicios públicos, no caridad. Queremos protección de los derechos laborales, no paternalismo. Queremos que se valore el esfuerzo y el talento, no la lealtad al clan. O quizá sí, queremos lealtad al clan, pero a un clan tan grande como la propia Humanidad. El G-7.000.000.000.
¿Escuelas para niños y escuelas para niñas?
La Historia funciona como un péndulo. Decenios de convencimiento de que las niñas y los niños tienen que educarse juntos, y los últimos años ven el avance de las posiciones segregacionistas. Están de vuelta. Pero, como siempre, con un matiz: ahora vienen disfrazadas con ropaje científico.
Un reciente artículo de la revista Science, titulado “The pseudoscience of sex-seggregated schooling” discute con profusión la evidencia astrológica pseudocientífica que apoya la segregación por sexos. Me encantó la descripción de las ideas de Leonard Sax, que explica que en el entorno escolar, “los chicos activan el sistema simpático, mientras que las chicas activan el parasimpático”. Ambos sistemas, Mr. Sax, son complementarios en su uso. Es como decir que hay gente que conduce con el acelerador y gente que conduce con el freno. Pues no, oiga. Pero, de todas formas, estudiemos qué quería decir este señor con esas palabras. Pues, como siempre, se trata de nociones de sentido común tradicional, expresadas con palabras tomadas del griego. Según Mr. Sax, los niños se sienten motivados por los profesores dinámicos y agresivos (“¡Vamos, Gutiérrez, dígame la respuesta, sé que usted la sabe!”), mientras que las niñas se sienten mejor en un ambiente más agradable (“Vamos, Cristina, cariño, saca el cuaderno”). En 13 años de docencia y en largos años de experiencia con las mujeres es la primera vez que oigo a alguien decir, sin partirse el culo de la risa, que a las mujeres les disgusta que les den caña. Mrs. Sax debe ser una mujer muy desgraciada.
¿Hay estilos cognitivos diferentes, de niños y de niñas? Sí, claro que los hay. ¿Están biológicamente determinados? No lo creo. Daré mi razonamiento. Hace 100 años (no es tanto), era difícil creer que las mujeres pudieran estudiar matemáticas. Gente muy erudita explicaba a quien quisiera escucharles que el cerebro de la mujer estaba mal adaptado a una ciencia tan abstracta. Hoy en día, las facultades de ciencias matemáticas tienen muchas más alumnas que alumnos. Y pronto tendrán más profesoras que profesores. Pero hay mucha gente que opina que el proceso de adaptación ya terminó, y que las diferencias entre niños y niñas, a día de hoy, ya son meramente biológicas. A diferencia de las de hace un siglo, que no lo eran. ¿Por qué iba a ser así, cuando aún vemos los patrones evolucionar?
Una profesión que hemos visto feminizarse ante nuestros propios ojos ha sido la de médico. Cuando yo era niño (poco después de que Franco la espichara) era raro ver médicas (no sé ni quiero saber cómo dice la RAE que debo escribir esa palabra, ahorraros los comentarios). Hoy en día, comienza a ser infrecuente ver hombres. Y, al mismo tiempo, el prestigio de la profesión médica se ha ido reduciendo considerablemente. La sociedad aún contiene mil subterfugios machistas.
Una de las pocas profesiones masculinas de prestigio que quedan es la ingeniería. ¿Qué ocurrirá cuando las mujeres la asalten? “No ocurrirá”, dicen algunos. ¿Por qué? Pues porque a las mujeres no les interesa la ingeniería. ¿Por qué? (insisto) Pues (me dicen) porque es demasiado abstracta. OK, claro. En cambio las matemáticas y la filosofía son la esencia de la concreción. Y entonces me replican: es que se ocupa de cosas demasiado prácticas. Claro, claro. Ahora a las mujeres lo práctico no les atrae, sólo lo abstracto. No te jiba. Este tipo de respuestas contradictorias son base en la comprensión que los hombres tienen de las mujeres. Dos frases que me encantan, y que puedes oír en la misma conversación: “Con las mujeres, ya se sabe” y “Con las mujeres, nunca se sabe”.
Las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres tienen orígenes muy sutiles. Y es normal que sea así: han sido clave para el funcionamiento de la especie durante milenios sin ser biológicas. Por tanto, tienen que estar muy bien enraizadas en la cultura. Os pongo un ejemplo que me dio una profe de filosofía amiga mía. Una chica de 15 años tiene un disgusto grave en clase. Cualquier cosa: pelea con las amigas, una mala nota inesperada… La chica se echa a llorar en el aula. Sus amigas la arropan, el profesor la deja salir de clase para tranquilizarse. Un chico de 15 años tiene un disgusto grave en clase. La misma cosa: pelea con los amigos, una mala nota inesperada. Pero no puede echarse a llorar. ¿Qué hace? Se sienta al fondo de la clase, cabreado con el mundo, reconcentrado en sí mismo. El profesor le pide que salga a la pizarra, y le da una mala respuesta en la que encauza toda su frustración. El profesor, sin saber qué es lo que sucede, le pone un parte… o adopta el castigo que considere, comenzando quizá una mala relación que durará el resto del curso. ¿A que no era fácil de diagnosticar?

Volviendo a las escuelas segregadas, se nos dice que las niñas obtienen mejores notas en ciencias en ellas, debido a que no deben cumplir estereotipos sexuales. Quizás sea cierto, quizá no, pero no quiero que ésa sea la solución al problema. Primero, porque no será una solución real: quizá mejores las notas, pero empeoras netamente la adaptación social. Por ejemplo, está documentado que los hombres que se han educado en escuelas segregadas son más propensos al fracaso matrimonial (entre las mujeres no existe correlación significativa). La vida real es mixta, los hombres y las mujeres estamos mezclados. Afortunadamente. Y no quiero un mundo que no sea así, no me da la gana. No sé cuál debe ser el papel del sexo en nuestra sociedad. Reconozco que alterno mi visión. A veces pienso que sólo debería ser importante en la cama. A veces pienso que las diferencias sexuales son un motor importante de nuestra actividad. Vale. Pero, en cualquier caso, todos juntos, y dando a todos las mismas oportunidades.
Por último: ¿no os recuerda a la doctrina racista de EEUU: iguales pero separados?
Aborto y criminalidad
Vamos con un post polémico…
Hay temas en los que es muy difícil mantener un discurso racional, y el aborto es el ejemplo más nítido. Cualquier discusión sobre el tema se convierte enseguida en una sarta de insultos de los pro-vida hacia los asesinos-malnacidos-furcias que defendemos la capacidad de elegir de la mujer. Solía decir la Iglesia, cuando era sabia, “In necesariis, unitas; In dubiis, libertas; Et in omnibus, caritas”. Es decir: “En lo necesario, unidad; En la duda, libertad; Y en todo, caridad”. Pero hoy no reconocen que no sabemos cómo la materia se vuelve consciente y que, por tanto, es un biologismo barato el considerar que todo óvulo fecundado es una vida humana. En realidad, el razonamiento es lo de menos, porque no hay argumentación, sólo evocación a los sentimientos más primarios.
Pero en este blog nos caracterizamos por un desmedido afán de razonar. Aviso al lector: entre aquí con espíritu abierto, y deje (en la medida de lo posible) sus sentimientos a la entrada. Porque vamos a apelar a su ser razonable.
Empecemos con una pregunta sencilla:
¿Qué efectos tiene, sobre una sociedad, la prohibición del aborto?
Hasta el siglo XIX, la prohibición del aborto entraba en el saco de leyes que no había manera de imponer en la práctica. Sólo con la llegada del control político de la sanidad aparece un dilema legal real. Y a lo largo del siglo XX, muchos países han jugado con él, modificando las leyes con un fin: controlar la tasa de natalidad. ¿Y las cuestiones éticas? Seamos serios, son secundarias.
Entre los países que se han embarcado en este peligroso juego estuvo Rumanía. En 1966, Ceausescu, nuevo dictador del país, decidió prohibir el aborto y realizar un control exhaustivo sobre la planificación familiar. Bueno: una eliminación de todo intento de planificación familiar. Pensaba que una Rumanía más poblada sería una Rumanía más poderosa. En poco tiempo se dobló la tasa de natalidad. Pero el país era pobre, muy pobre. Y muy mal gobernado. Así que, en lugar de poderosa, Rumanía se encontró a sí misma superpoblada. Y el exceso poblacional estaba compuesto por niños no deseados. Estos niños no deseados fracasaron estrepitosamente en los estudios, y en su incorporación al mercado laboral. Y muchos de ellos terminaron como delincuentes. Fueron estos niños y sus coetáneos los que, ya adultos, forzaron la única condena a muerte de un dictador de Europa del Este. Tras la democratización, el aborto fue legalizado de nuevo. El número de abortos fue increíblemente alto: uno por cada 22 habitantes!!!
A principios de los 90 la tasa de criminalidad disminuyó enormemente en EEUU. ¿Dónde se han ido los criminales? ¿Ha sido la mejora del nivel de vida, la acción policial? Los estudios mostraban que, aunque eran factores relevantes, no explicaban en absoluto el descenso enorme observado. En el año 2000, Donohue y Lewitt publicaron “The Impact of Legalized Abortion on Crime”. En este artículo estudiaban estadísticamente la correlación entre prohibición del aborto y tasa de crimen en EEUU.
En EEUU, el aborto se legalizó, en la práctica, tras el caso Roe v. Wade, en 1973. En esta sentencia judicial, los derechos de la madre y del estado se “equilibraban” mediante el establecimiento de una ley de plazos. La tasa de abortos se disparó en EEUU, llegando a un aborto por cada 2.25 nacidos vivos. 1’6 millones de abortos en 1980. Es una cantidad enorme. De haber estado prohibido el aborto, todos esos niños habrían vivido. ¿Habrían sido felices? Algunos sí, otros no. Pero, desde luego, sus cartas eran mucho peores que las de sus compañeros de cohorte. Todos ellos habrían sido niños no deseados. La mayoría habría nacido en hogares pobres, de madres adolescentes y solas. Es un cocktail mortal.
Los estudios estadísticos avalan este razonamiento: la tasa de criminalidad cayó dramáticamente alrededor de 18 años después, a principios de los 90. ¿Es casualidad? Puede. Había cinco estados en EEUU que legalizaron antes la ley de plazos: Nueva York, California, Hawaii, Alaska y Washington). En los cinco, la tasa de criminalidad cayó antes. ¿Cuánto antes? Creo que lo adivináis: 18 años después de la adopción de la ley de plazos. ¿Es necesaria más evidencia? Siempre lo es. La correlación se cumple, si se estudia con el cuidado apropiado, en el resto de países del mundo. Más aún: la correlación es tanto más fuerte cuanto mayor es la tasa de abortos que se produce al levantarse la prohibición. Ese número, recordémoslo, es una medida de la cantidad de niños no deseados.
Siempre advierto de que correlación no es lo mismo que causación. Tras demostrar que los dos eventos están correlacionados, ¿cómo demostrar que, realmente, uno causó el otro? A decir verdad, no se puede. Sólo puedo alegar que resulta extremadamente razonable, sobre todo teniendo en cuenta la gran diferencia de tiempo entre los dos (18 años). Desde luego, disminuir la criminalidad no fue la intención legislativa, era muy difícil de prever.
Por supuesto, la ley de plazos tuvo otros efectos en la sociedad americana. El número de concepciones se incrementó en un 30%, señal de que los americanos usaban el aborto como un método anticonceptivo (idea estúpida donde las haya). Disminuyó dramáticamente el número de infanticidios y la tasa de maltrato infantil. Y, por supuesto, las bodas de penalty.
El aborto y la antropología filosófica
Y ahora, no puedo evitarlo, me gustaría discutir en términos ético-filosóficos. ¿Cuándo comienza la vida? No lo sabemos, ciertamente. Dar un acontecimiento biológico como señal de arranque es arbitrario: ¿ocurre algo mágico, algo trascendente, cuando el óvulo y el espermatozoide se funden en una sola célula? No creo, la verdad. La idea es de un biologismo estúpido. ¿Por qué precisamente entonces, no un instante antes o después?
Vayamos entonces algo más atrás: ¿por qué nos repugna dañar a un ser humano? Pues porque es nuestro semejante. Ciertamente, tenemos un sentimiento moral que nos impide hacer daño a quien se parece a nosotros, porque sentimos empatía con su dolor. Y ese sentimiento moral es imprescindible para la sociedad. ¿Qué tipo de semejanza despierta ese sentimiento? Pues la semejanza física y la semejanza intelectual. No podemos dañar a alguien cuyo cuerpo parece humano, o a alguien cuya inteligencia parezca humana. ¿Y el embrión?
Considerad el siguiente diálogo para besugos filosóficos, que ilustra el argumento que me gusta llamar “el bloqueo del desarrollo natural”.
- ¿Cómo sabes que un aborto es la muerte de un niño? Al ver un embrión de 2 meses no me parece ver ninguna figura humana.
- Pues porque, si le hubieras dejado evolucionar libremente, se habría convertido en un niño.
- Ah. Entonces, yo hice algo, y ese algo evitó que un niño naciera. Y, por tanto, le he matado.
- Eso es.
- Entonces, si un día puedo violar a una chica y me contengo, estoy matando un niño, ¿no?
- ¿Y esa gilipollez?
- Bueno, yo hago algo, y ese algo evita que un niño nazca. Así que le he matado.
En efecto, si consideramos que un embrión es ya un niño porque, dejado evolucionar libremente, se convertiría en un niño, entonces estamos matando un niño cada vez que una acción nuestra evita un embarazo. Como por ejemplo, cuando te pones un preservativo. O, mejor aún, cuando decides no mantener relaciones sexuales. Como decía El Mundo Today, usando el humor como herramienta dialéctica, cada mujer menstruando está abortando.
La Iglesia siempre ha apoyado la extensión de la cantidad de vida, aunque fuera en detrimento de la calidad de la misma. ¿Merece la pena vivir, a cualquier precio? En mi opinión, no. Yo no creo que mi propia vida deba ser antepuesta a cualquier otra consideración. Por ejemplo, yo mismo puedo considerar que, por algún motivo, ya no merece la pena vivirla, y desear terminarla. Y podría ocurrir que terminar con mi vida mejorara drásticamente la calidad de vida de muchas personas. En ese caso, me parece que sería necesario éticamente poner todas las opciones sobre la mesa.
Entonces, ¿por qué la Iglesia se ha empeñado en proteger tanto a los embriones? De hecho, los embriones reciben un trato especial, una protección mayor que el resto de seres humanos. Pensemos en los anti-abortistas que están a favor de la pena de muerte. O en todos aquellos a los que los recortes en sanidad no les importan, cuando es obvio que ya están adelantando la muerte de muchas personas. Es obvio: se trata de una estrategia del poder. Prohibir el aborto es una manera de incrementar la población, lo cual puede ser muy beneficioso. Sobre todo para los poderosos. Más soldados en una guerra. Más obreros -y, por tanto, más presión para bajar los salarios. Más sumisión: los padres y madres de ocho hijos no pueden pensar en la revolución, están demasiado ocupados consiguiendo la próxima comida. Cuando los poderosos se sienten seguros de sí mismos, pueden relajar la presión sobre el pueblo, permitiendo una ley de plazos.
Un deseo: que cada niño que nazca sea deseado.
¡Economía Real, Ya!
Los físicos estamos de enhorabuena. Predijimos la existencia del bosón de Higgs, con una masa en torno a los 120 GeV… y ¡ahí está! (Aquí tenéis mi pequeña contribución.) La ciencia es algo maravilloso: recopilas evidencias, piensas mucho, formulas modelos, describes teorías, diseñas experimentos… y luego… ¡funciona! Imagino la cara de Le Verrier cuando se confirmó su predicción de la existencia de Neptuno. O la de Mendeleyev cuando se encontró el germanio que él había predicho. Los médicos han alargado nuestra vida. Los ingenieros nos hacen cruzar el Atlántico en horas.
¿Y los economistas?
Pues los economistas dedican una cantidad ingente de tiempo a demostrar que su tarea es una ciencia. Lo cual es la más segura prueba de que, en realidad, no lo es. Sus modelos no han predicho ninguna de las crisis económicas del siglo XX. Los astrónomos predecían eclipses ya en el siglo IV a.C. “Bueno… “, uno puede decir: “es que la economía trata de temas mucho más complejos. Es difícil hacer predicciones”. Ese comentario me deja perplejo, porque los economistas no se equivocan levemente, sino que cometen espantosos errores de bulto. En Inside Job se describe cómo un prestigioso profesor de Harvard publicó un artículo sobre la solidez del sistema financiero islandés… meses antes de su colapso. Si no saben, ¿por qué escriben? Cuando oyes a los economistas hablar, no resuena ningún eco de humildad. Su discurso rebosa prepotencia, una arrogancia totalmente impropia de quien tiene su currículum plagado de fracasos científicos.
Dijo un famoso economista que “la eficiencia del mercado es tan importante que está por encima de las observaciones empíricas”. Waw.
En realidad, claro está, hablo de los economistas oficiales. Es diferente el caso de los economistas críticos, como los neo-keynesianos, Krugman, Stiglitz, Sen, Varoufakis… o, en España, Vicenç Navarro, Juan Torres o Alberto Garzón. La economía oficial (sea neoclásica, neoliberal, austríaca…) está, a nivel científico, a medio camino entre la astrología y la homeopatía. Y no porque contenga errores, sino porque contiene mentiras, mentiras interesadas. Aquí va una pequeña selección:
1.- La deuda excesiva del estado español es la causa de nuestra actual crisis. NO. El año 2007, justo antes de la crisis, el estado español tenía superávit, y una deuda sensiblemente inferior a la alemana.
2.- Un país endeudado en exceso debe adoptar medidas de austeridad. NO necesariamente y NO arbitrariamente. Es fácil caer en la paradoja del ahorro: si todos ahorramos durante una etapa de recesión, caerá la demanda, más empresas tendrán que cerrar… y nos hundiremos aún más en la recesión. Irving Fisher formuló una versión de esta paradoja para momentos de excesivo endeudamiento de un país. Si todos ahorramos, caerá la demanda, los precios y los salarios bajarán. Eso quiere decir que costará más conseguir cada euro. Y, por tanto, nos costará más pagar nuestras deudas. Así que, paradójicamente, cuanto más ahorramos, más debemos. Y ésa es nuestra situación en estos momentos.
3.- El pago de la deuda debería ser la prioridad para cualquier estado. NO. ¿Aceptarías que el pago de tu hipoteca fuera por delante de la comida de tus hijos? Para empezar, la deuda puede ser ilegítima u odiosa. Por ejemplo, los bancos que han recibido dinero del Banco Central Europeo al 1% para prestar al estado español al 7%. No hay ningún motivo para tolerar esa estafa. Es preciso llevar a cabo una auditoría de la deuda española, para saber qué parte es legítimo pagar.
4.- La economía nacional es como una familia. NO. En una familia, todo el trabajo remunerado se hace en el exterior de la misma. La totalidad de los ingresos vienen de fuera. En España, el 70% de los ingresos nacionales es endógena, es decir: bienes y servicios que los españoles compramos a los españoles. Al enfriar la economía interna, los españoles nos volvemos más pobres y no mejora nuestra capacidad para pagar nuestras deudas. Si nuestro problema fuera de excesivo consumo en el exterior, la solución sería obvia… una política proteccionista: poner aranceles para que los españoles no consuman bienes extranjeros.
5.- El enfriamiento de la economía nacional (devaluación interna) salvará la competitividad española. NO. Como ya hemos dicho, la devaluación interna empobrecerá inútilmente a los españoles, y disminuirá nuestras posibilidades de pagar la deuda. Pero, además, no es factible mejorar nuestra competitividad de esta forma. Para empezar, porque todos los países del mundo están intentando disminuir sus importaciones. Pero, más grave aún: porque la falta de competitividad española se debe a nuestro atraso tecnológico. Intentar mejorar nuestras exportaciones sin invertir en I+D nos condena a luchar por el mercado de los productos de escaso valor añadido (es decir: no venderemos alta tecnología, sino posavasos de plástico). Y eso nos fuerza a competir con China. ¿Queremos vivir como ellos?
6.- El comercio libre internacional favorece siempre a todas las partes. NO. Todos los países ricos han desarrollado su industria gracias a un período, a veces muy largo, de proteccionismo. Ningún país del mundo ha desarrollado una industria competitiva en un marco de libre competencia.
7.- El mercado libre siempre favorece a todas las partes. NO. El problema radica en el término “libre”. Si yo me muero de hambre y tú no, puedes imponerme el precio que quieras por un plato de lentejas. No hay intercambio libre cuando una de las partes tiene una necesidad acuciante. Ni cuando una de las partes es sensiblemente más fuerte que la otra. Las condiciones necesarias para un verdadero intercambio libre son tan restrictivas que lo vuelven inútil en la práctica.
8.- La gestión privada es siempre más eficiente que la gestión pública. NO. Valga como ejemplo la sanidad española, fundamentalmente pública, mucho más barata y con mejores resultados que la norteamericana. Más aún: tenemos motivos para pensar que, en términos generales, la gestión controlada democráticamente es mucho mejor que la gestión privada.
9.- Todos los países deberían mejorar su competitividad, y así saldremos de la crisis global. ¡¡¡NO!!! ¡¡Y además es un absurdo lógico!! Si todos los países mejoramos nuestra competitividad, ¡estaremos en el mismo sitio exactamente! Un esquema de solución que no se pueda exportar a todos nunca es una buena solución.
10.- Los salarios, como todos los precios, deben estar sujetos a la ley de la oferta y la demanda. NO. El mercado de trabajo es diferente a todos los demás. Si el precio del queso baja, algunos queseros dejarán el negocio y fabricarán otras cosas: la oferta baja. Pero si disminuye el salario, la cantidad de gente que busca trabajo crece. La razón es que algunas personas necesitarán un segundo empleo, algunas mujeres que estaban criando a sus hijos volverán al mercado de trabajo, habrá estudiantes que abandonarán los estudios… Es como si, al bajar el precio del queso, más gente se quisiera hacer quesera. La razón es que los trabajadores no podemos hacer otra cosa que trabajar para ganarnos la vida. Si buscas el equilibrio oferta-y-demanda para el precio del trabajo… éste es, simplemente, el salario de subsistencia. La razón por la que ganamos más que eso es, únicamente, política.
11.- Si se liberalizara el mercado de trabajo, se acabaría el paro. NO. El paro no se debe a la rigidez del mercado de trabajo. Si así fuera, Suecia (8% de paro) tendría mucho más paro que España (25%). El paro, en realidad, es un arma de lucha de clases. Es la forma en la que los empresarios meten miedo a los trabajadores para instarles a aceptar menores salarios y peores condiciones de trabajo. Si dudas… sólo tienes que mirar a tu alrededor y escuchar las frases del tipo: “con la que está cayendo, cualquiera se queja”.
12.- Empresarios y trabajadores deben negociar los salarios individualmente, sin convenios colectivos ni sindicatos, que sólo sirven para escudar a los malos trabajadores. NO. ¿Deben el zorro y las gallinas negociar libremente los intercambios que realizarán? El empresario y el trabajador no negocian en igualdad de condiciones. El empresario se juega los beneficios. El trabajador se juega su pan. La única opción para equilibrar la balanza es la negociación colectiva.
13.- Rebajando los sueldos habrá más trabajo. NO necesariamente, porque habrá menos consumo. Eso sólo es cierto en el caso de que los consumidores y los trabajadores no sean las mismas personas. Por ejemplo: las economías bananeras de exportación. El gran drama de los empresarios es que cada uno querría pagar sueldos de miseria… mientras los demás pagan sueldos fabulosos.
14.- Los empresarios son quienes crean riqueza. NO: los trabajadores son quienes crean riqueza. Recordemos una cuestión terminológica básica: empresario es, simplemente, el dueño de la empresa. Hay empresarios que trabajan, como gestores, en sus empresas. Y hay empresarios que no. Las empresas crean riqueza aunque el empresario se quede en casa rascándose el escroto. Pero si los trabajadores imitan su ejemplo, la creación de riqueza termina.
15.- Los empresarios son quienes crean puestos de trabajo. NO: los consumidores son quienes crean puestos de trabajo. Podemos tener puestos de trabajo sin empresarios: en el sector público o en cooperativas. Pero no es posible sostener los puestos de trabajo sin consumidores.
16.- La lucha de clases (ya) no existe. Empresarios y trabajadores estamos en la misma barca. Radicalmente, NO. Tras la Segunda Guerra Mundial, ante la amenaza de extensión del comunismo, las sociedades occidentales obligaron a los empresarios a compartir la riqueza generada con los trabajadores. En aquella época, el tipo impositivo máximo en EEUU llegó a superar el 90%. La economía se expandía, había riqueza para todos. En los años 80, con la caída del bloque soviético, los poderosos perdieron el miedo a los trabajadores. Cayeron los tipos impositivos, y cayeron los salarios reales. En 2006, Warren Buffett (uno de los hombres más ricos del mundo) comentó al New York Times que él pagaba menos impuestos que sus secretarias. Y añadió: “Hay lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que la está haciendo y la que la está ganando”.
…y tengo bastantes más, que postearé en otro momento.
En resumen: ¡Economía Real, Ya! Hemos dejado de creernos las mentiras interesadas de los economistas oficiales. Necesitamos una ciencia económica a la altura de los tiempos, que sea capaz de hacer predicciones… o de reconocer cuándo éstas no se pueden hacer; que pierda su arrogancia, que entienda que es una sirviente de la política, y no al revés; que aprenda historia, filosofía, matemáticas, tecnología… que tenga el coraje de enterrar los modelos fallidos; que razone en términos de bienestar y no de dinero; que acepte la democracia… Y que nos sirva para algo.
Muchos ánimos a todos los economistas que os sentís indignados con el Disneylandia científico que nos han intentado vender. Os necesitamos.
Addendum, 7 de septiembre: Ibeth Rivero ha publicado aquí una interesante respuesta a este artículo, desde el punto de vista de una economista profesional.
Cada día un poco más maestros
La lengua castellana, en ocasiones tan sutil, distingue entre profesor y maestro. El profesor enseña. Imparte clases. El maestro educa. Y educar significa, etimológicamente, extraer. El maestro no mete cosas en tu cabeza, sino que te hace salir a buscarlas. Se es profesor en cuanto eres responsable de un grupo de clase. Maestro es un título que te tienes que ganar.
Son las maestras y los maestros quienes encauzan nuestra natural curiosidad por el mundo, y la convierten en el placer de estudiar e investigar.
Sabes que has tenido un maestro cuando hay un día de clase, o quizás una conversación de pasillo, que recuerdas toda tu vida. Porque, en cinco minutos, tu perspectiva dio un vuelco, y eso te causó una alegría y un orgullo que aún resuena en tu cabeza. Un maestro, una maestra, es feliz el día que consigue hacer magia en clase: esos días en los que el grupo te mira embobado, van de sorpresa en sorpresa, se ríen, piensan, se acaloran…
A un maestro le importan un rábano las notas, sabe que la evaluación es un proceso multidimensional que nunca cabe en un número. Le importan sus alumnos, cada alumno. Y le apasionan las cosas que les muestra. Una maestra, un maestro, no trabaja seis horas al día, del mismo modo que un presentador de noticias no trabaja media hora al día, ni un futbolista trabaja noventa minutos a la semana. Lleva el trabajo siempre consigo, es su condena y su pasión. No le entra en la cabeza que estudiar sea un sacrificio. No. Estudiar es un esfuerzo, claro. Y cansa. Sí. También cansa hacer el amor, y a nadie le parece que se haga por sacrificio.
A una maestra, a un maestro, le revienta que se sacralice al temario o los criterios de evaluación. Sus mejores clases son, muchas veces, las que el destino ha llevado por derroteros alejados del programa oficial. Un maestro educa fuera del aula tanto como dentro. Educa, y mucho, cuando circunstancias extra-académicas le dan ocasión de demostrar qué significa tener dignidad, coraje, compasión, tolerancia, simpatía, responsabilidad, madurez y capacidad de reflexión.
Una maestra, un maestro, educa cuando se rebela contra un gobierno indigno y le planta cara, asumiendo las consecuencias. Cuando le explica a sus alumnos que renuncia a un día de su sueldo porque le importa en qué condiciones da las clases. Cuando van juntos a la manifestación y les muestra cómo ejerce la ciudadanía sus derechos democráticos. Cuando les enseña a mantener la calma pese a las provocaciones y les muestra cómo canalizar su indignación.
Y estará educando el día que venzamos. El día que en este país la educación vuelva a ser una prioridad y no un lujo. Ese día la maestra, el maestro, explicará a sus alumnos que las victorias verdaderas se reconocen porque no hay vencidos. Porque ganan hasta los que lucharon en el bando contrario. Sobre todo, de hecho, los que lucharon en el bando contrario. Porque no sólo venceremos, sino que convenceremos.
Estoy orgulloso de mis compañeros y compañeras de la pública, desde infantil hasta la universidad. Cada día somos un poco más maestros.
Epigramas 15M
Eslóganes, lemas, tuits y chorradillas divertidas varias del 15M
Feliz 15 de mayo a todas, feliz 15 de mayo a todos. Feliz 15 de mayo a los banqueros rockeros, a los bomberos toreros, a perroflautas y gatosaxos, a los liberados patronales, a los tertulianos ministrables, a indignados y a resignados, a hipotecados y a hipotecadores, a torturados y a torturadores. Feliz 15 de mayo a los antidisturbios que arriman la cebolleta y a sus víctimas, a los economistas que aún no entienden la crisis, a los políticos en consejos de administración, a los ojalá-fuera-mileurista, a los estudiantes que salen en las portadas de La Razón. Feliz 15 de mayo a todas, feliz 15 de mayo a todos.
De entre todas las batallas ganadas este año, quizás la más importante sea la de la inteligencia y el humor. El 15M ha producido cientos de eslóganes, tuits y epigramas divertidos, elegantes, mordaces, profundos, ideas que han venido para quedarse. En este post conmemorativo voy a mostraros algunos de los que más me han llamado la atención, y os conmino a que me enviéis muchos más…
“Si cuentas la verdad a los poderosos, debes hacerles reír. Si no, te matarán”, Bernard Shaw.
I. ¡Democracia real, ya! Epigramas exigiendo el poder para el pueblo.
¿Sexo cada cuatro años? ¡No! Democracia, tampoco.
Poco pan y pésimo circo.
Error 404 – Democracy not found.
Si las elecciones sirvieran para algo, las prohibirían.
No somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros.
Mercado: 1€, 1 voto. Fascismo: 1 bala, 1 voto. Democracia: 1 persona, 1 voto.
Democrazy!!
Ni cara A, ni cara B. Queremos cambiar de disco.
Nuestros sueños no caben en vuestras urnas.
Me gustas, democracia, pero estás como ausente.
Yo voto; Tú ganas; Él pierde; Nosotros nos jodemos; Vosotros os forráis; Ellos van al paro.
No somos mercancía en manos de políticos y banqueros. (Lema de DRY)
Las autoridades financieras advierten que la democracia perjudica seriamente a la economía.
Hola soy Troy McClure, me recordaréis de otros documentales del BCE como “Democracia: deliciosa pero mortal”.
Cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen.
Las putas insistimos: los políticos no son nuestros hijos.
Un gobierno de políticos que cumplan lo que prometieron en campaña no es sostenible en términos económicos. (masaenfurecida)
Todo lo que nos prometieron los comerciales del PP era mentira, pero hemos firmado un contrato de permanencia de cuatro años. (masaenfurecida)
Cada día confío más en mis ideas y menos en las personas que me prometen llevarlas a cabo.
“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible”. Bertrand Russell
II. Dormíamos, despertamos. Epigramas llamando a la acción.
Pienso, luego estorbo.
El lema de los resignados: toma el sofá.
España es diferente, pero no indiferente.
Disculpen las molestias, estamos trabajando para cambiar el mundo.
Las cacerolas son armas cargadas de futuro. (madrilonia)
No te quedes en tu casa, te la podrían quitar.
Temblad: somos los nietos de los obreros que no pudisteis matar.
“Primero te ignoran, luego se burlan de ti, después te atacan, y entonces ganas”, Gandhi.
El hierro de las porras no puede con el cartón de las pancartas.
Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir.
Yes, we camp!
Saliendo a la calle no se logró nunca nada. Salvo los derechos civiles, el estado del bienestar, la democracia…
Somos la levadura que levantará la masa.
Voy a manifestarme para que me quiten los tres derechos que me quedan, eso no lo esperan ellos. (barbijaputa)
No nos vamos: nos mudamos a tu conciencia.
Ya tenemos Sol, ahora queremos la Luna.
Nadie podrá descolgar estos carteles de tu mente.
Si los políticos hacen el payaso, los payasos tendremos que hacer política.
La clave… está en Sol.
Buscando el futuro entre los cereales. Es el único sitio en el que me queda por mirar. (maldoxmr)
Dormíamos, despertamos.
III. ¡Del barco de Chanquete, no nos moverán! Epigramas denuncindo la represión.
Hijo, hoy estarás orgulloso de tu padre: he aporreado a los que luchan por tu futuro.
Lo decían Hitler y Diana la de “V”: “Sólo perseguimos a los delincuentes, quien no ha hecho nada no tiene nada que temer”.
Menos maderos y más lapiceros.
2.000 antidisturbios desalojan a unos pocos acampados dormidos y varios de ellos salen heridos. Los del 15M somos maestros jedi, lo menos.
¿Sabéis si la Revolución Francesa tuvo el visto bueno de la delegación del gobierno? (Joansinmiedo)
“Me disgusta que se piense que mi gobierno es una dictadura. Que no se piense. Es una orden”, Les Luthiers.
¡Éstas son nuestras armas…! (Manos alzadas, globos, aviones de papel…)
Gente que justifica que un policía pegue cuando le insultan. Cambiad “policía” por “marido” y veréis qué risa. (fred_SSC)
Qué mala organización en las JMJ. Un millón de cristianos deseando comulgar y todas las hostias se las están llevando los laicos. (jubeda)
Las concentraciones de Gandhi ocupaban la calle de todos; atentaban contra la libertad de los ingleses de tocar los cojones por todo el mundo. (masaenfurecida)
“Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”. (Voltaire)
No cabemos todos en las cárceles. Pero ellos sí. (Ataraxia_SA)
Si nos prohiben concertar manifestaciones por red, llenaremos el cielo de palomas mensajeras…
Criminalizando la resistencia pasiva están pidiendo a gritos que la convirtamos en activa.
¡¡Cuidado, cuidado!! ¡¡Tiene un libro!!
Recortar libertades es doloroso, pero completamente imprescindible si queremos conseguir salir entre todos de esta democracia. (masaenfurecida)
¡Se creen que nos van a intimidar! ¡Je! A la generación q se crió con “¡Del barco de Chanquete, no nos moverán!”
IV. Un banquero se balanceaaaaba… Epigramas contra banqueros y merkadócratas.
- Hola BBV, + hola Santander, – ¿Se quedó Vd. con la casa?, + ¡Con la casa me quedé!, – ¿Qué hizo con la deuda?, + ¡Al Estado se la di!, – Adiós BBV, + Adiós Santander. (sintragaderas)
No somos mendigos, practicamos para el futuro.
El empleo no lo crean los empresarios, sino los consumidores. La riqueza no la crean los empresarios, sino los trabajadores. (agarzon)
¡Manos arriba, esto es un contrato!
¡Ito, ito, ito… Botín, hijo de puta! (sí, ésta es muy surrealista)
Ganancias privadas, pérdidas socializadas.
El socialismo es demasiado bueno los pobres, nos lo quedamos los ricos.
De Adam Smith a los CDS: si eres rápido con un cuchillo, descubrirás que la Mano Invisible está hecha de deliciosa carne invisible.
Si la Europa arruinada de la posguerra pudo crear el Estado del Bienestar, ¿cómo es posible que la Europa rica del siglo XXI no lo pueda sostener? (rosamariaartal)
España, capital: Santander.
Vuestra crisis no la pagamos.
No hay pan para tanto chorizo.
Me sobra mucho mes al final del sueldo.
No es una crisis, es una estafa.
“El capitalismo está lleno de oportunidades”, me decían. Tardé en darme cuenta de que yo no era más que una de ellas. (El Roto)
Debemos de hipoteca más de lo que vale el piso, así que voy a pensar en hacer una familia mala a la que transferir los activos tóxicos. (mploco)
La banca está enladronada. ¿Quién la desenladronará?
Nos llevamos millones y el estado los repuso. ¿Cómo pueden decir que el sistema no funciona? (El Roto)
Mi trabajo de economista consiste en hacer que lo intolerable parezca necesario. (El Roto)
Abaratando el despido crearemos millones de puestos de asustados. (El Roto)
Desde los yates se elevaban airadas voces reclamando más recortes sociales. (El Roto)
Si acabas una carrera en España tienes tres salidas: por tierra, por mar y por aire.
Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo.
El enemigo no viene en patera, viene en limusina.
No falta dinero, sobran ladrones.
Esto se arreglaba con un padrenuestro de los antiguos: “…perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. (elbaronrojo)
No votes a los comunistas que te quitan la casa, la vaca, el terruño… ¿Los banqueros son comunistas?
“Estar gobernados por el dinero organizado es tan peligroso como estarlo por el crimen organizado”, F.D. Roosevelt
¡¡Quiero que los presidentes del gobierno lleven pegatinas de sus sponsor, como los pilotos de fórmula 1!!
¡¡Agrupéeeemonos toooodos en la luuucha fiscaaaal!!
Un banquero se balanceaba sobre la burbuja inmobiliaaaaariaaaa; y como veía que no se rompía fue a buscar a otro banqueeeeroooo.
V. Epigramas referidos a la actualidad.
Tras el derrumbe de Grecia y la invasión bárbara de Roma, comienza la Edad Media…
El PP muriendo de éxito, libre al fin de la pesadez de tener que pensar antes de hablar…
Cuando despertó, el FMI seguía allí.
Si Jesucristo volviera, Rouco le excomulgaría.
Rajoy sabe cómo salir de la crisis. Pero, por humildad, no lo quiere decir.
Que votaseis a Chiquilicuatre tuvo su gracia. Pero con lo de Rajoy estáis llevando la broma muy lejos. (CarlosLanga)
20N: Nos encontrábamos al borde del precipicio y hemos dado un gran paso hacia delante.
Estamos de acuerdo con Figar: los profesores madrileños son unos profesionales excelentes pero un poco asquerosos hijosdeputa. (masaenfurecida)
El PSOE es anti-sistema; UPyD, izquierda; PP, centro-izquierda; el centro, Anglada. Y la derecha moderada, el asesino de Oslo. (masaenfurecida)
Todos los profesores a los que echaron el año pasado y todos los que van a echar este año tenían plaza fija, así que no se quejen. (masaenfurecida)
Cuando las cosas iban bien había dinero para robar y para los servicios públicos. Ahora sólo queda dinero para los que roban. (ProfeSinEspe)
En 1936 la dictadura venció a la democracia. En 1978 empataron. En 2011 vuelve a adelantarse el marcador. (Eneko)
29M: día de las feminazis subvencionadas sectarias de la ETA que van a Sol con camiseta verde a abortar y tomar cañas con sindicalistos. (masaenfurecida)
Me gusta mucho cómo refleja Casablanca a la gente de CiU. (mimesacojea)
¡Campechanismo! ¡Putas! ¡Cuernos! ¡Corrupción! ¡Jeques árabes! ¡Cuentas ocultas! #razonesporlamonarquia (eulez)
45% de los votantes del PP opina que Rajoy lo hace de puta madre, pero no tienen ni idea de lo que significa “45%”.
Nos sobra Esperanza para luchar por la Democracia.
Que ETA deje de usar la violencia es una trampa porque luego defenderán las mismas ideas democráticamente y no nos podremos quejar. (masaenfurecida)
Tranquilos, por mal que nos vaya, siempre hay dinero para Rato.
Españoles, Franco… ¡ha vuelto! (mordormirror)
Marhuenda al final nos va a dar La Razón como a los tontos. (Tuit_and_Shout)
Los Ratos son siempre los primeros en abandonar el Bankio.
Tanto soldado imperial en Madrid hace inevitable la pregunta: ¿dónde está construyendo Rajoy la estrella de la muerte?
- Me han dicho que Rajoy cumple años. + Eso está bien, ya cumple algo…
Ppio incertdmbre Rajoysenberg: a mayor certeza en el resultado de las elecciones, mayor incertidumbre en el cumplimiento del programa.
- ¿Cómo viniste al trabajo? + En taxi, ¿y tú? – No, yo en metro. + ¡Joder, chaval, siempre fardando! (SaraSueSara)
Oye, pues cuando en el PP decían que estaban en contra de la “educación para la ciudadanía”, pensé que se referían a la asignatura. (fred_SSC)
Seamos comprensivos con las contradicciones y rectificaciones del gobierno, el manual del programa de recortes está en alemán.
Rajoy ha preguntado al Rey si Corinna tiene un hermano.
Mariano lo está pasando muy mal con todo lo que está pasando en el país. Porque está pasando todo muy deprisa y no lo entiende bien. (barbijaputa)
Desde que Gobierna Rajoy todo va mejor. Menos la Bolsa, el paro, la prima de riesgo, Repsol, la educacion, la sanidad… (PatxiMadariaga)
Prima en 200. Recorte a los funcionarios. Prima en 300. Reforma laboral. Prima en 400. Austeridad. Prima en 500. ¿Se pilla el patrón o seguimos?
Exigimos a la Familia Real que se disuelva y entregue las armas. Con cuidadito, a ver si se les van a disparar.
¡¡No te preguntes que hace Repsol por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por Repsol!! (Tuit_and_Shout)
No sé cómo los argentinos se atreven a esta provocación. Ya vieron de qué somos capaces con la isla de Perejil. (Tuit_and_Shout)
Porque sabemos que están salvando el país, pero no deja de ser curioso que si lo quisiesen saquear harían exactamente las mismas cosas. (Arma_Pollo)
España es el niño tonto del cole, que va bien en religión y educación física.
Rubalcaba, agazapado en Ferraz, sigue esperando a que la gente en la calle hagamos su trabajo. (SiPeroNo1)
Ser inteligente, ser buena persona o ser de derechas. Cada español tiene derecho a dos de las tres virtudes.
Para ser el fin de la historia la cosa está muy movida. Fukuyama, ¿dónde estás escondido? (agarzon)
Total, para ser putas y camareros en Eurovegas no hace falta tanta ciencia.
¡A ver! Y aparte de la filosofía, el arte, las matemáticas, la democracia, el teatro y los yogures ¿qué nos han dado los griegos? ¿Eh?
Tres ministerios para los señores banqueros bajo el cielo, Siete para los fabricantes de armas en sus tronos de piedra, Nueve para los amos del ladrillo que se resignan a morir, Una reforma para el Señor Oscuro, desde su trono oscuro, En la Tierra de Españistán, donde se extienden las sombras. Una reforma para gobernarlos a todos, una reforma para joderlos, Una reforma para despedirlos a todos y atarlos a la pobreza. En la Tierra de Españistán, donde se extienden las sombras.
Más ejemplos aquí, aquí y aquí.
Agradecimientos a Manojito, a los autores ya citados y a todos los que han hecho posible el 15M gracias a su ingenio…
Varios de los epigramas para los que no se cita autor son míos, se encuentran en twitter en @jvrlag
La salida alpina a la crisis
Sobre las monedas complementarias: de Wörgl al patacón.
Como hemos discutido hasta la saciedad en este blog, estamos sumidos en una grave crisis de demanda, desatada primero por el endeudamiento privado y después por el paro. Las empresas no venden, así que cierran. El Estado recauda menos, así que reduce gastos. El paro se incrementa aún más, se reduce aún más la demanda y completamos el círculo.
La salida más directa sería un ataque frontal al fraude fiscal, sobre todo de las grandes fortunas y la banca (74%, según GESTHA), acompañado de la obligación a los bancos de actualizar sus balances, evaluando el precio de mercado real de sus activos. Varios bancos
españoles quebrarían (si no todos). El Estado debería llenar el vacío financiero creando una Banca Pública.
Pero esa solución necesita una contrapartida monetaria. Ahora mismo el Estado carece de fondos para los gastos ordinarios, y los grandes capitalistas (también conocidos como “los mercados”) se niegan a prestárselos. El gobierno de Rajoy ha optado por desmantelar los
servicios públicos, encantado de que los mercados le obliguen a hacer lo que se moría por hacer de todas formas. Pero la pregunta sigue estando sobre la mesa: ¿cómo obtenemos los fondos necesarios para sacar los servicios públicos adelante, hoy?
Los grandes capitalistas nos niegan los fondos. Lógico: nos quieren ahogar para que abandonemos los servicios públicos y tener una enorme posibilidad de negocio: sanidad, educación y pensiones, fundamentalmente. El gobierno parece extrañado de que bajarse los pantalones no incremente la confianza de los mercados. Sí, sí que la incrementan. La confianza en que podrán expoliar al Estado cuanto quieran. ¿Y si fuera la propia ciudadanía la que le presta al Estado? ¡No tenemos dinero para prestar, dirán algunos! Pero eso no es cierto.
Austria fue, como toda Europa, un país muy sacudido por la Depresión del 29. Una crisis que, todo sea dicho, se parece sorprendentemente a la actual: un endeudamiento que ahoga la economía, paro rampante, ausencia de demanda, falta de liquidez. Un pequeño pueblecito, llamado Wörgl, decidió emitir “dinero local”. El ayuntamiento contrató a personal, pagando en una nueva moneda que emitían ellos mismos. La moneda era de curso legal tan solo en Wörgl, y perdía valor con el tiempo (interés negativo), lo que hacía que los ciudadanos la quisieran gastar lo antes posible. Eso dinamizó tremendamente la economía del pueblecito, que terminó virtualmente con el paro. El experimento terminó cuando el Banco Central Austríaco forzó al gobierno a prohibirlo, por miedo a que el ejemplo cundiera. Wörgl volvió a hundirse. Otro gran éxito de los banqueros centrales.
Otro ejemplo lo tenemos si pasamos de los Alpes a los Andes. Argentina sufrió otra crisis similar a la nuestra entre los años 1999 y 2003. La provincia de Buenos Aires emitió los “bonos patacón”, que servían como moneda local. En este caso, la moneda complementaria emitida tenía interés positivo: el gobierno de Buenos Aires se comprometió a recomprar los bonos por pesos, con un interés adicional, cuando la crisis pasara. Y así se hizo. Junto con otras medidas, la moneda complementaria ayudó a que, hoy en día, el PIB de Argentina crezca al 9% y su tasa de desempleo esté en el 8% (envidia, ¿eh?).
Como dijo Thomas Alva Edison, “Si una nación puede emitir un dólar de deuda, puede emitir un billete de dólar. El elemento que hace la deuda buena hace al billete bueno. Ambos son promesas de pago, pero una engorda a los usureros y la otra beneficia a la gente. Si la moneda emitida por el gobierno no fuera buena, entonces la deuda emitida tampoco lo sería. La situación es terrible cuando el gobierno, para aumentar la riqueza nacional, debe endeudarse y asumir intereses abusivos”. Desgraciadamente, hemos cedido nuestra soberanía monetaria. Eso implica que no podemos emitir dinero, sólo deuda. Si los usureros quieren ahogar al Estado con tipos de interés abusivos, ¿por qué no endeudarse con los ciudadanos? En otras palabras: ¿por qué no emitir bonos patacón?
El concepto es sencillo. El gobierno NO RECORTA sus gastos sociales ni sus salarios. Más aún: incrementa la contratación de personal sanitario, docente, y dota la ley de dependencia, construye hospitales y colegios. Pero, dado que el gobierno no tiene euros para pagar todos esos sueldos, una parte de los mismos son denominados en bonos. El gobierno se compromete a volver a comprar esos bonos, con euros, cuando la crisis haya sido superada, o en un plazo fijo. Si lo considera conveniente, puede añadir un interés, que bien puede ser el mismo que paga Alemania.
Los bonos, en principio, no son moneda de curso legal. Eso implica que nadie tiene obligación de aceptarlos como medio de pago. Pero el gobierno, en un movimiento audaz, puede hacer obligatoria su aceptación para el pago de impuestos y de deudas con los bancos. Eso, más aún que el interés, los haría atractivos para la ciudadanía. De esta manera sutil, los bancos llenarían sus balances con deuda del Estado… al tipo de interés que el Estado determine.
El efecto económico sería inmediato, no como las medidas de Rajoy, que vienen a ser para cuando las ranas críen pelo. El paro disminuiría ipso facto, la ciudadanía estaría más satisfecha y optimista. Siempre nos preguntamos por la “confianza de los mercados”… pero la “confianza de los ciudadanos” debería ser mucho más relevante. Las pequeñas y medianas empresas aumentarían su nivel de negocio, y aumentarían la contratación a su vez. La recaudación el Estado crecería, aunque en parte sería recuperación de estos mismos
bonos. Los únicos que no serían felices serían los banqueros, porque captarían bastantes bonos en lugar de euros como pago por las hipotecas. Bueno, ellos crearon la crisis, me parece un castigo bastante leve.
(Nota: el axarco, moneda local de la Axarquía, en Málaga, surgió por interés histórico y comunitario, más que económico. Aun así resulta un experimento muy interesante en sí mismo.)
Desigualdad e ineficiencia económica
Este post entronca con el comentario de NP-completo sobre la percepción distorsionada que los españoles tenemos de nuestra riqueza. Imaginad que un socialista-marxista-trapecista rrradical convocara un referendum en el que se nos diera la opción de igualar la riqueza personal de todo el mundo: juntar todo el patrimonio personal de los españoles y dividirlo a partes iguales entre todos. Pensando solo en tu interés personal, ¿votarías a favor, o en contra? En un esquema meramente egoísta de decisión, la única variable relevante será saber si tengo más o menos que la media. Alguien podría razonar: “la mitad de la población tendrá más dinero que la media, y la otra mitad tendrá menos, de manera que el referendum debería resultar en un empate”. Y esa manera de razonar estaría radicalmente equivocada. Y, a la vez, posiblemente fuera correcta.
La media de la distribución de riqueza es lo que resultaría de juntarlo todo y dividirlo a partes iguales. La cantidad de dinero tal que la mitad tiene más y la mitad tiene menos se llama, en cambio, mediana. Media y mediana no tienen por qué coincidir. Veamos un ejemplo:
Repartamos 100.000€ entre diez personas. Sin saber nada más, ya podemos averiguar cuál es la media: 10.000€ por cabeza. Pero ahora estudiemos en detalle la distribución.
| 1.000€ | 3 personas |
| 2.000€ | 2 personas |
| 3.000€ | 1 personas |
| 5.000€ | 1 personas |
| 6.000€ | 1 personas |
| 9.000€ | 1 personas |
| 70.000€ | 1 personas |
Nadie sabe cuánto dinero se repartió, de manera que no conocen la media. ¿Cómo saber qué votar en el referendum socialista-marxista-trapecista?
Obviamente, las personas que recibieron 1.000€ saben que sólo pueden ganar. Las que recibieron 2.000€ es bien posible que piensen lo mismo, ya que 5 personas tienen más que ellos. El caso interesante es el de las personas que recibieron 3.000€, 5.000€, 6.000€ y 9.000€. Ven que tienen más que la mayoría y dudan. Si no son conscientes de que hay una persona que obtuvo, ella sola, 70.000€, es bien posible que voten en contra del reparto. A pesar de ser totalmente en contra de sus intereses.
La media del dinero recibido es, como ya dijimos, 10.000€. La mediana es la cantidad que divide a la población en dos partes iguales. Podemos ponerla en 2.500€. Los que tengan más, si no piensan mucho, se creerán ricos. Y votarán lo que votarían los ricos.
¿Cómo es la distribución real de la riqueza? Pues realmente, como en el ejemplo. En todos los países del mundo a la mayoría le convendría el reparto de la riqueza. Aunque el referendum socialista-marxista-trapecista que propongo es una caricatura, es cierto que en muchos países la gente vota a partidos de derechas (económicamente hablando), que tomarán algunas medidas de reparto de la riqueza que incrementarán la desigualdad, perjudicándoles. ¿Es la gente inconsciente de este hecho? En parte. Pero otro factor nada desdeñable es que mucha gente tiene una percepción equivocada de su lugar en la escala económica.
En España, la media de renta familiar está en 154.000€, y la mediana en 95.600€. Eso significa que mucha gente cuyo patrimonio es mayor que 95.600€ pero menor que 154.000€ CREE que saldría perdiendo con medidas redistribuidoras de riqueza. ¿De qué fracción de la población estamos hablando? Según los datos de este artículo de F. Azpitarte, alrededor del 25% de la población tiene una riqueza que se sitúa entre la media y la mediana. No está mal. Es población a la que el desconocimiento de la estadística puede hacer elegir una política contra sus propios intereses. Más aún: el 10% más rico de la población es dueño del 42,6% de la riqueza del país. Algo menos de la mitad. Waw.
Si nos fijamos en los ingresos, un ejecutivo (CEO) de una gran empresa gana, en promedio, unas 1.000 veces lo que gana un trabajador. En 1970 la proporción era tan solo de 40 a 1. ¿En serio? ¿Me quieren decir que la riqueza que crea un ejecutivo es 1.000 veces mayor que la que creo yo? A lo largo de mis 15 años de vida laboral he enseñado matemáticas a alrededor de 10.000 chicos y publicado más de 20 artículos de investigación. Luego el ejecutivo promedio ha debido crear una riqueza equivalente a enseñar matemáticas a diez millones de personas y publicar veintemil artículos. De nuevo, waw.
¿Y cómo se ha comportado la desigualdad en los últimos tiempos? La siguiente gráfica lo muestra: no ha hecho más que crecer. Según datos del Banco de España, analizados por Alberto Garzón, ésta es la evolución del salario real en España, ajustado con la inflación, en los últimos años:
Sí. Ha decrecido. ¿A qué se debe ese repunte final? Es fácil de entender: cuando comienza la crisis y comienzan los despidos masivos, los primeros trabajadores en perder el empleo son los eventuales, que cobran menos en promedio. No hay ninguna subida real, sólo una expulsión del mercado de los que menos cobraban. Bueno. Alguien podría aducir que la disminución salarial quizás se deba a que todos somos más pobres. No. Se debe a que los beneficios empresariales han crecido, a costa de la masa salarial, en los últimos años (de nuevo, datos elaborados por Alberto Garzón):
Visto desde el punto de vista de la justicia y de la ética, no tiene ninguna lógica. ¿Y desde el punto de vista de la eficiencia? ¿Es posible que esa desigualdad sirva como acicate para que nos intentemos superar, haciendo a la economía prosperar para todos? Si los ricos usan la renta obtenida para reinvertir en la economía productiva, crearán más riqueza y puestos de trabajo, ¿no es asi? Bueno, depende. Cada empresario reparte su ganancia en dos secciones: dividendos y reinversión. Los dividendos van a su bolsillo. La reinversión es productiva. ¿Qué hacen los empresarios con los dividendos? Pueden gastar en consumo de lujo, o pueden invertir en el extranjero, en deuda pública de cualquier país o en los mercados financieros. En cualquier caso, es dinero que escapa de la economía productiva. La siguiente gráfica muestra la evolución de la fracción de renta empresarial que ha ido a dividendos. Como se puede ver, en los últimos años ha crecido del 20% al 50%.
¿Por qué? Porque estamos en una crisis de demanda. El paro aumenta, los sueldos bajan, el poder adquisitivo de los españoles disminuye. No tiene sentido reinvertir en la economía productiva. Es muy difícil obtener beneficios vendiendo en el mercado interior. Concluimos así que la desigualdad, enorme y creciente, no tiene ningún efecto positivo sobre la economía. Más aún, es el lastre fundamental, ya que detrae recursos de la economía productiva.
¿Hay solución? Sí, sí que la hay. Gravar enormemente esos dividendos. Y reinvertir el dinero obtenido en el desarrollo del Estado del Bienestar, en crear empleo y fomentar la demanda.
¿Y si no hacemos eso? Bueno, entonces la espiral deflacionista solo parará cuando la ausencia de demanda interna ya no sea un problema, porque los trabajadores españoles ya no seamos los clientes de los empresarios españoles. Es decir, cuando los salarios sean tan bajos que nuestra economía se vuelque sobre la exportación. Eso sería terrible. ¿Por qué? Hay dos tipos de economías exportadoras. Las de alto valor añadido, son países con empresas de tecnología avanzada, con personal altamente cualificado, que han dedicado decenios a invertir en ciencia y en I+D+i. Luego están las repúblicas bananeras, donde una mano de obra sin cualificar cobra sueldos de hambre y a los empresarios les importa un rábano, porque sus clientes están en el otro extremo del mundo. Adivinad en qué lado nos toca estar. Si seguimos así, en unos años estaremos compitiendo con China por el mercado de los “Todo a 100″.


![the-great-depression[1]](http://g7e9.files.wordpress.com/2013/01/the-great-depression1.jpg?w=300&h=230)












