Archivo del sitio

Muerte y resurrección del capitalismo

Boceto de historia del Siglo XX

“La edad de los extremos”, como la llamó Eric Hobsbawm, es el mayor misterio de la historia. Comprendemos mucho mejor la caída del imperio romano, la dinastía Han, el renacimiento y la revolución francesa que el siglo XX, precisamente por tenerlo tan cerca. La revolución rusa, la gran depresión, la guerra civil española, Auschwitz, el muro de Berlín, Vietnam, mayo del 68… todo eso lo tenemos encima, no es fácil tomar perspectiva. No “pasó”, sino que “ha pasado”. Nuestra situación económica y política presente no es más que la conclusión lógica de toda esa masa de hechos. Los análisis, por tanto, son aún interesados y partidistas. No nos enfrentamos con el error, sino con la mentira.

Por todo eso, en un sano ejercicio de hubris, me dispongo a redactar un boceto de explicación, de narración de la historia del siglo XX. Será deliberadamente provocativo y parcial, esperando suscitar la discusión que el tema merece.

El mundo en 1900

Hacia 1900 el mundo está sumergido en dos impresionantes caminos de desarrollo complementarios: el técnico y la lucha obrera. La electrificación, el motor de explosión y la tecnología agraria aumentan enormemente la productividad. La lucha obrera consigue que esa productividad se reparta cada vez más equitativamente entre la población de los países ricos. Los sistemas democráticos se desarrollan, la libertad y la igualdad avanzan en Europa y EEUU. Demasiado, para el gusto de los capitalistas, que vuelcan sus fuerzas en el exterior: mercados cautivos y acceso a materias primas baratas. Es la llamada fase imperialista del capitalismo.

Las grandes potencias se reparten el mundo, y entran en competencia militar. El conflicto es inevitable, y estalla en 1914, en la primera guerra mundial. Aunque hoy en día nos parezca increíble, los partidos socialdemócratas y los sindicatos apoyan a sus gobiernos en el esfuerzo bélico. ¿Cómo podían no darse cuenta de guerra era, meramente, una lucha imperialista? Es sencillo: porque el éxito sindical les ha hecho vulnerables. Las fuerzas que habían sido revolucionarias han desarrollado unos aparatos de poder y unas burocracias que les hacen sensibles a la manipulación gubernamental. Les prometen el soñado acceso a los parlamentos, al poder oficial. A cambio, renuncian al internacionalismo y convencen al pueblo de que luche por su patria.

No todos los gobiernos son tan inteligentes, claro está. En Rusia, el Zar se aferra a los viejos modos, y la población se rebela contra una guerra que no entiende. O que entiende mejor que los obreros franceses y alemanes. La revolución de Octubre crea el primer estado que se define como soviético. (Nota lingüística al margen. Tanto “soviet” como “iglesia” significan, originariamente “asamblea”.)

¡Tú! ¿Fuiste voluntario?

¡Tú! ¿Fuiste voluntario?

Las guerras raramente se desarrollan como a los políticos les gustaría. La revolución desencasquilla el avance de la guerra, que termina en pocos meses. Las potencias capitalistas imperiales, temiendo la posible expansión del régimen soviético y con la excusa del pago de la enorme deuda de los zares, invaden Rusia. Sorprendentemente, el nuevo régimen consigue devolverles al mar. El miedo se convierte en pánico.

Los años 20 son especialmente interesantes. Los partidos socialdemócratas han llegado, como se les prometió, al establishment. Se crea el régimen de democracia formal, con grandes partidos burocratizados que tan sólo difieren en el nombre. Los gobiernos, para frenar el avance revolucionario, compran a los sindicatos, que se convierten en el freno de la clase obrera. A lo largo de los primeros años 20 se suceden diversos intentos revolucionarios en Europa, culminando con la gran huelga general inglesa de 1926, que fue traicionada por los sindicatos. En otros países, como Alemania e Italia, el mecanismo es diferente: la creación de grupos paramilitares como los Freikorps alemanes o los fascistas. En cualquier caso, en todo el mundo desarrollado la lucha obrera es abortada.

La productividad sigue creciendo, pero los salarios no. Los beneficios empresariales se disparan. Es la belle epoque, el Gran Gatsby y la cocaína. En el plano del espíritu, ha terminado la fe en la razón y el progreso continuo de la humanidad. La barbarie de la guerra crea una generación intelectual escapista que desarrolla las vanguardias y las filosofías irracionalistas. En el plano político, por no perder el afecto de las clases medias, se inventa el capitalismo popular: se insta a obreros cualificados, pequeños comerciantes y granjeros a invertir en bolsa. Los precios de las acciones se disparan, como en una estafa piramidal. La gente compra acciones a crédito y se crea una enorme burbuja. Los economistas avalan la estabilidad del sistema, e inventan justificaciones con unas matemáticas sofisticadas. Pero…

"Los ricos son diferentes. Tienen más dinero".

“Los ricos son diferentes. Tienen más dinero”.

La gran depresión

La burbuja estalla el año 1929, el año de la gran depresión.

Una buena parte de la población está sobre-endeudada. Se producen impagos y los subsiguientes pánicos bancarios. La población acumula dinero en metálico en sus casas. Se contrae la demanda, los precios bajan, y con ellos los salarios. Pero, al bajar los salarios, la deuda real crece, y la espiral deflacionista continúa. Como nos cuentan en “Las uvas de la ira”, los granjeros prefieren rociar sus mercancías con gasolina antes que malvenderlas. En medio de la abundancia, el mundo rico pasa hambre.

the-great-depression[1]

Eso fue lo que predijo Marx: el capitalismo se destruiría a sí mismo. Todos los ojos se vuelven hacia la URSS, unos con pánico y otros con esperanza. Los partidos comunistas disparan su afiliación en toda Europa. Los capitalistas vuelven sus ojos a los partidos fascistas. Se condona la deuda de guerra a Alemania y se permite su rearme para frenar un posible avance militar soviético. Surgen los primeros estallidos bélicos, en Etiopía y en España, que despiertan a los intelectuales, y surge una generación mucho más vigorosa, comprometida y realista.

¿Cómo se salvó el capitalismo? La historia comienza cuando John Maynard Keynes, Irving Fisher y otros economistas reconocen lo que ya es obvio: el capitalismo es inestable, tiene ciclos perversos y se destruye a sí mismo. Marx tenía razón. Pero buscan ponerle remedio: se necesita que el estado actúe siempre de manera contraria al ciclo. Cuando la economía se enfría, el estado la debe calentar. Y cuando está caliente, la debe enfriar. Franklin D. Roosevelt llega al poder en 1933 en EEUU, e implementa las políticas keynesianas: el New Deal. La caída en picado de la economía estadounidense frena, y comienza la recuperación. Aumenta enormemente los impuestos de los super-ricos, y los utiliza para realizar un gasto público enorme en infraestructuras, que duran a día de hoy, y en el principio del estado del bienestar. Los brotes verdes, como si dijéramos, aparecen. Y eran reales.

El otro gobernante que implementa políticas keynesianas es Adolf Hitler. Crea el estado del bienestar alemán, y nuevas infraestructuras. Pero Hitler no saca el dinero de los super-ricos alemanes, que le han ascendido al poder, sino del expolio a los judíos. Esa diferencia es abismal, y lleva al partido nazi a una espiral de violencia y saqueo que termina por desembocar en la segunda guerra mundial. La guerra es el otro estímulo keynesiano de la economía, más importante aún que las obras públicas, puesto que en tiempo de guerra ningún super-rico se niega a pagar un 94% de impuestos. Sí, sí, habéis oído bien, un 94%. Ahí queda eso.

Cuando uno nace guapo...

Cuando uno nace guapo…

La edad de oro del capitalismo

Termina la guerra en 1945, el capitalismo se ha salvado por el momento. Los políticos son aún conscientes de la fragilidad del establishment, y se esfuerzan en crear estructuras que lo salvaguarden, las llamadas instituciones de Bretton Woods: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tenían que ser garantes de la estabilidad económica mundial. Keynes deseaba que fueran parte de Naciones Unidas, pero al final quedaron en manos de EEUU. Ese error tuvo consecuencias mucho tiempo después. El dólar había quedado convertido en moneda mundial de facto, pero EEUU era consciente de que debía ser generoso. El Plan Marshall inundó Europa de dinero y de medios para su reconstrucción.

Por su parte, la URSS también había salido políticamente reforzada de la guerra. Pese a las esperanzas de los capitalistas, el avance nazi no había derrumbado el régimen. Al revés, el apoyo popular a Stalin era entonces más fuerte que nunca. Pero sus ansias revolucionarias habían decaído. La URSS renuncia formalmente a expandir el comunismo en Europa o EEUU, restringiéndose a su área de influencia reconocida en el este de Europa. Aun así, el espectro del comunismo aún perturbaba los sueños de los capitalistas occidentales. Comienza la guerra fría.

Comienza la edad de oro del capitalismo, en Europa Occidental y EEUU. Los estados cobran unos altos impuestos a sus super-ricos, y los utilizan para desarrollar el estado del bienestar en sus países. Vacaciones pagadas, seguro de desempleo, sanidad, educación… Los salarios se vinculan a la productividad, los obreros cada día viven mejor. Los partidos comunistas ven perder su número de afiliados, entre las persecuciones políticas y el acomodamiento de la clase obrera. La ciencia y la técnica se desarrollan, las libertades formales se consolidan, la amenaza de guerra se disipa en el primer mundo. El miedo a la URSS y a la expansión del comunismo es, paradójicamente, lo que causa la edad de oro del capitalismo.

¿Y en los países subdesarrollados? La competición imperialista, que había causado la guerra, termina para dar lugar a un “cártel imperial” de estados que se apoyan en el expolio del resto del mundo, bajo la égida de EEUU. Se otorga la independencia formal a muchas colonias. El nivel de explotación habría crecido uniformemente, de no ser por la guerra fría. La URSS apoyó los movimientos anti-imperialistas en muchos de estos países. En parte por ideología, y en parte porque pensaban que serían el talón de Aquiles del capitalismo. Así fueron desarrollándose enfrentamientos localizados: Corea, Cuba, Vietnam. Y es precisamente en Vietnam donde comienza la siguiente etapa de nuestra historia.

Vietnam y el fin de la bonanza

EEUU es el garante mundial de la paz, líder del cártel de países imperialistas. No puede, por tanto, permitir que ningún micro-país le tome el pelo. La derrota en la crisis cubana fue dura, así que decidieron dar un escarmiento. El candidato evidente era la Indochina francesa, hoy conocida como Vietnam. Tras años de lucha, los comunistas de Ho Chi Minh estaban derrotando a Francia. Como hicieran en Cuba en 1898, decidieron entrar en el conflicto usando un autogolpe. En 1965 fingieron un ataque norvietnamita contra un navío estadounidense. Tras un gasto enorme de vidas y de dinero, en 1975 fueron derrotados.

Give peace a chance..

Give peace a chance..

El gasto en la guerra de Vietnam desbordó las previsiones del gobierno estadounidense. En 1971, el presidente Nixon decidió “desvincular el dólar del oro”. Eso significaba que podía imprimir cuantos billetes deseara, no estaba limitado por las reservas del país. Y así lo hizo: había que pagar a la policía mundial. En teoría clásica económica, el pecado de calentar la máquina de imprimir billetes se castiga con la inflación. En efecto, los años 70 fueron años de una altísima inflación. Añádanse otros factores, como la rebelión de los países más ricos de entre los subdesarrollados: los productores de petróleo. Y la desregulación bancaria, con su expansión de crédito asociada, que comienza en aquella época. El miedo a la gran depresión comienza a perderse en las nieblas de la historia. Los banqueros dejan de agachar las orejas.

En los años 70, el mundo entero vivía el fin del sueño. Tras treinta años de bonanza económica, el paro crecía, los salarios se estancaban. Muchos países subdesarrollados habían recibido préstamos de Occidente durante los años buenos, y es el momento de apretar las clavijas. EEUU comienza a utilizar al Banco Mundial y el Fondo Monetario como gángsters. Los golpes de estado en Chile o Argentina son avisos para navegantes, qué puede ocurrir si no cooperas. Se fuerza a todos estos países a desmontar sus nacientes estados del bienestar y generar superávits que se invertirán en… dólares. De esta manera, EEUU genera demanda para todo el dinero que imprime de más, y salva su economía.

La era del neoliberalismo

La ineptitud de la izquierda europea y la derrota de los movimientos del 1968, así como la inoperancia de la URSS, que no ha sabido sacar provecho de la crisis, convence a los capitalistas de que ha terminado la época del miedo. Podemos volver a 1920.

Comienzan los 80, Margaret Thatcher y Ronald Reagan llegan al poder.  Ambos tienen como economista de cabecera a Milton Friedman, que les dice lo que ellos quieren oír: el desastre económico de los años 70 fue creado por un excesivo estado del bienestar. Se inaugura la ideología neoliberal, que asegura que cualquier empresa será mejor gestionada si es de propiedad privada que si es de propiedad pública. Comienza una ola de privatizaciones que hizo a unas pocas personas mucho más ricas. El desastre de los ferrocarriles ingleses, que un día fueron los mejores del mundo, proviene de esta época.

Worse... tango... ever...!

Worst… tango… ever…!

Como objetivo económico único, los seguidores de Friedman (también llamados “monetaristas”) sólo persiguen el control de la inflación. La inflación excesiva es mala, claro está. Pero a quien más perjudica, con diferencia, es a los banqueros: si la inflación es mayor que el interés que van a cobrar, recibirán menos dinero del que prestaron. El efecto es inmediato: la economía, que comenzaba la recuperación, vuelve a hundirse. Los años 80 comienzan mal. Tras el experimento fallido, vuelve el gasto público a crecer, pero no para recuperar el estado del bienestar. Crece en armas: el sprint final de la guerra fría. La URSS ya no es capaz de sostener la lucha y cae el Muro de Berlín en 1989.

Los sindicatos, débiles ya, son desarmados. Los salarios se desvinculan de la productividad. Los capitalistas van adquiriendo una parte creciente del pastel. Pero la demanda interna cae: ya no tenemos quien compre los productos que fabricamos. El dinero escapa de la economía productiva, que da rendimientos bajos, y huye a la esfera financiera, a la especulación. Durante la edad de oro del capitalismo las burbujas fueron un fenómeno desconocido. Ahora regresan, y son continuas. La primera se produce en Japón, a finales de los 80, inaugurando la “década perdida” del país. Luego son la burbuja asiática, las punto com… Los políticos continúan eliminando las barreras que se impusieron tras 1929. En 1995, Bill Clinton deroga la ley Glass-Steagall, que separaba, desde tiempos de la gran depresión, los bancos comerciales de los bancos de inversión. Es decir: que impedía que se especulara con los ahorros de la ciudadanía corriente. De repente, los especuladores vuelven a contar con todo nuestro dinero para jugar. El riesgo es, claro, mucho mayor.

En lugar de ver el problema, los economistas garantizan que el libre mercado es siempre estable. Sus matemáticas son ahora más sofisticadas, unas preciosas ecuaciones diferenciales estocásticas…  pero con premisas falsas no puedes esperar conclusiones correctas. Se toleran instrumentos financieros que eliminan riesgos a los inversores, a cambio de incrementar el riesgo de colapso global del sistema. Por ejemplo, los seguros de impago de créditos. Hay una cierta analogía con la crisis medioambiental: cada fábrica contaminante se libera de sus gases tóxicos, a cambio de ensuciar la atmósfera en su conjunto.

La crisis de 2008-?

La gota que colmó el vaso fue la burbuja hipotecaria. La presión del capital forzó en muchos países la liberalización de la construcción de viviendas, en lugar de hacerla obedecer a planes urbanísticos globales. Allí se desbordó el dinero acumulado tras la explosión de la burbuja de las punto com. Así, contra toda racionalidad económica, se produjo una explosión de oferta y, a la vez, una explosión de precios. Pero, como dijo Keynes, los mercados pueden ser irracionales durante más tiempo de el que tú puedes mantenerte solvente.

Los bancos ya no asumían riesgos al conceder créditos, ya que estaban asegurados de mil formas. Contra la creencia popular, la banca no necesita tener reservas para poder prestar: el dinero de los créditos es dinero ficticio, creado de la nada. Las reservas las otorga, a posteriori, el banco central. Estas hipotecas se combinaban en paquetes, se aseguraban y se vendían en los mercados internacionales. Así que el único límite era el cielo… El resultado lo conocemos todos: llegó la primera ola de impagos, el primer banco insolvente. Nadie sabía quería comprar paquetes financieros, todos querían vender. El mercado colapsó: nadie sabía cuál era el precio de aquellos activos, pues nadie los quería.

El fantasma del 29 resucitó, al fin, con fuerza. Los banqueros se aterraron, culparon a los gobernantes de no haberles vigilado, como si fueran niños traviesos y les suplicaron que les rescataran. El estado, a pesar de toda la ideología neoliberal, no es enemigo de la empresa privada, sino su valedor último, así que volcó sus recursos en el rescate de los financieros irresponsables.

Después, el poco dinero que les quedó lo dedicaron a estimular la economía a la manera keynesiana. Sí, después de todo, Keynes tenía razón. Pero ya no había dinero en las arcas, tuvieron que pedirlo prestado… a los mismos que les habían rescatado. Los economistas neoliberales, que no vieron venir la crisis, fomentaron la nueva burbuja, al declarar que era el excesivo gasto público el que había provocado la crisis, y el estado del bienestar es insostenible… Comienzan a oírse términos como austeridad, consolidación fiscal… El crecimiento se detiene, el paro se dispara, y los que trabajan lo hacen cada día más para pagar deudas ajenas…

Lo que es insostenible es que los recursos sean detraídos sistemáticamente de la economía productiva a la financiera. Y la culpa última de ello la tiene la caída de la demanda, provocada por la falta de fuerza obrera. Al final, sí, de nuevo, la lucha real es una lucha de clases. ¿Surgirá a tiempo un nuevo Keynes que salve de nuevo el capitalismo? ¿O nos enfrentamos a sus últimos años?

Anuncios

Filosofías políticas: quién es quién

Filosofías políticas: quién es quién (y qué busca cada quién)

Vivimos tiempos políticamente convulsos, y esto no ha hecho más que empezar. Desde el poder nos intentan convencer de que no existen opciones, y en la calle encontramos cada día nuevas. Así que, y justamente debido a ello, he decidido que es un buen momento para pararse a pensar qué filosofías políticas hay sobre la mesa y quién sustenta cada cual.

El término “ideología” está cargado negativamente desde su origen. Marx lo utilizaba para denotar la serie de mentiras que el poder usa para someter la conciencia de sus súbditos. Prefiero un término neutro como “filosofía política”, y con ello me refiero al conjunto de ideas básicas que sustentan la manera de razonar de cada cual.

Hasta el siglo XIX, la población en general no tenía “ideas políticas”. Para la mayoría de la población, la situación política era algo dado por Dios, inmutable. No era ni bueno ni malo. Simplemente, era. A partir de la Ilustración y, sobre todo, de la Revolución Francesa, las cosas cambian. Aparecen las cuatro filosofías políticas clásicas que hemos heredado:

  • El conservadurismo. Es, fundamentalmente, la reacción a la Revolución Francesa. La sociedad se debe guiar por los modos tradicionales de hacer las cosas. Estas formas tradicionales han sido puestas a prueba durante siglos y funcionan bien. El pensamiento conservador está ligado a la religión y a la sumisión a las formas tradicionales de autoridad. Tiene miedo ante cualquier tipo de novedad, y reacciona agresivamente ante ellas. En el lado positivo, es una filosofía política comunitaria que cree que el poder debe intervenir activamente en la búsqueda del bien común. Es la forma de pensamiento político típico de la clase más alta y de la población con bajo nivel educativo. Su máximo exponente clásico podría ser Edmund Burke.
  • El liberalismo político. Es la filosofía política de la Revolución Francesa, consecuencia natural de las luchas de religión de los siglos XVI y XVII y de la Ilustración. Pone el énfasis en la libertad individual frente al poder del Estado, e insiste fuertemente en la igualdad ante la ley, los derechos individuales, la separación de poderes y la separación de Iglesia y Estado. Según pasa el tiempo, va adoptando nuevas luchas: derecho de reunión y manifestación, oposición a la censura, sufragio universal, igualdad de derechos para la mujer… y, ya en el siglo XX, anti-colonialismo, anti-racismo y lucha contra la homofobia. Tiene su máximo exponente clásico en John Stuart Mill.
  • El liberalismo económico. Es un primo lejano del liberalismo clásico que asegura su afiliación con el liberalismo político, pero pone su énfasis en la “libertad económica”. Es la doctrina política de la alta burguesía industrial que surge en el XIX, y su único punto del orden del día doctrinal es que el Estado no se debe inmiscuir en la economía. Aseguran que si el Estado se limita a proteger la propiedad privada y asegurar que los contratos se cumplan, la prosperidad está asegurada. Sus exponentes clásicos serían Adam Smith o, ya en el siglo XX, Milton Friedman o Friedrich von Hayek.
  • El socialismo. De nuevo una filosofía política con su énfasis en las cuestiones económicas. El socialismo aparece tras la Revolución Francesa, debido a los abusos a los que dio lugar la Revolución Industrial. Es la lucha por el reparto justo de la riqueza. La burguesía, que había estado en el lado revolucionario, al vencer pasa al lado conservador. La nueva lucha es la lucha de clases, los pobres contra los ricos. Su lema más importante: “a cada cual, según sus necesidades; de cada cual, según sus capacidades”. Pensadores importantes son Marx, Proudhon, Kropotkin…

Éstas son las filosofías políticas que el siglo XIX nos legó. ¿Sirven aún, hoy en día, para orientarnos? Yo diría que sí, con la condición de que distingamos entre (a) lo que los políticos dicen ser, (b) lo que los políticos hacen y (c) lo que los votantes piensan.

El socialismo y el liberalismo político constituyen lo que podemos llamar la izquierda. El poder ha luchado siempre por mostrarlos como opuestos, pero en realidad no lo son, se complementan perfectamente. El conservadurismo y el liberalismo económico, por otro lado, son lo que voy a llamar la derecha.

Alguien podría preguntar: ¿existe una corriente de pensamiento liberal, que combine al liberalismo económico y al político? La respuesta es que no. Al liberalismo económico no le ha temblado el pulso ante la idea de asociarse al conservadurismo reaccionario más agresivo, constituyendo regímenes fascistas. Así, la Chile de Pinochet tenía el visto bueno de Milton Friedman y los “Chicago boys”. Los dos liberalismos, a pesar del parecido en el nombre, no combinan bien. El liberal-político consecuente (John Stuart Mill, Amartya Sen, etc.) se da cuenta de que la no-intervención del Estado en economía sólo deja a los débiles en manos de los fuertes. El liberalismo económico necesita de su primo político para poder presentar una cara amable. Es fácil atraer votos con llamamientos a la libertad y a los derechos individuales. En cambio, atraer votos pidiendo la libertad de los ricos para aprovecharse de los pobres tiene el mismo encanto que una apendicitis.

Es bien sabido que los socialistas en el gobierno no suelen estar a la altura de sus propias ideas. Pero es menos conocido el hecho de que los liberales económicos tampoco lo están. Según el laissez-faire clásico, toda empresa que no funciona debe quebrar, para dejar el hueco a nuevas empresas que funcionen mejor. En cambio, los banqueros -los mayores defensores del liberalismo económico- están encantados con haber sido rescatados. Son muy pocas las voces que se han oído, en Europa o en EEUU, a favor de dejar caer a los bancos quebrados. ¿Y por qué no se deja quebrar a Grecia? ¿Estarían los ciudadanos griegos peor de lo que están ahora? Probablemente, no. Pero la banca francesa y alemana, que prestó dinero irresponsablemente, estaría en serios aprietos…

En resumen, el liberalismo económico es más una campaña de márketing de los ricos que una filosofía política en sí misma. Hay unos pocos liberales económicos genuinos, pero no tienen ni peso político, económico ni intelectual alguno. Aun así, la campaña mediática para crear votantes liberales-económicos es gigantesca. La idea es simple: se trata de convencer a una fracción grande de la población de que cuando hablamos de subir a los impuestos de los ricos, estamos hablando de ellos. No creo que tenga éxito.

Bien, hagamos ahora el recorrido de nuestros políticos. ¿Dónde está, en términos de filosofía política, el Partido Popular? Es evidente su afiliación con el liberalismo económico. Pero… ¿es conservador o es liberal político? Sus actos les delatan como netamente conservadores, pero en su discurso muchos de ellos afirman ser liberales políticos. El PP es un partido que intenta extenderse lo más posible en el espacio ideológico mediante el uso de conceptos confusos y vagos (“hacer lo que hay que hacer”). Esta estrategia está diseñada para que en España no surja ningún partido de centro ni de ultra-derecha. Los votantes del PP, en cambio, son fundamentalmente conservadores. No hay aún base social en España para un discurso liberal económico.

¿Y el PSOE? Aunque sigan teniendo el término “socialista” en sus siglas, desde finales de los 80 sus actos les delatan como un partido liberal-económico. La diferencia es, evidentemente, en la orientación liberal-política. De manera que tenemos la paradoja de que lo más cercano a un partido liberal “íntegro” en España… es el partido socialista. La paradoja se vuelve más interesante aún cuando estudiamos a los votantes del PSOE, que son a la vez liberales políticos y socialistas.

¿E Izquierda Unida? Es una fuerza liberal-política y socialista, con unos votantes del mismo género. En realidad, es fácil mantener la coherencia ideológica cuando uno está lejos del poder. ¿Hay alguna diferencia entre los votantes de IU y los del PSOE? Sí, pero no es la ideología. Es el coraje de preferir votar a una fuerza minoritaria antes que votar a quien ha pervertido sus ideas. Lo mismo podría decir de Equo o los restantes partidos pequeños de izquierda.

Un partido complicado de encuadrar es UPyD. Es todo y nada, a la vez. Es un partido populista, que intenta recabar el descontento de todas las fuerzas políticas sin aportar ninguna filosofía política propia. Sus temas clave son el anti-nacionalismo (asociado al conservadurismo) y la regeneración de la ética política, que podríamos llamar un tema transversal. Aunque no han tenido responsabilidad de gobierno alguna, puedo apostar sin temor a equivocarme que resultarían en los hechos tan liberales económicos como el PP.

CiU es un partido netamente liberal-económico y conservador, como el PP, siendo la única diferencia el número de franjas de la bandera. Aquí hay una paradoja aparente: he llamado conservador a UPyD por ser anti-nacionalista, y llamo conservador a CiU siendo un partido nacionalista. No hay ninguna contradicción en ello: ambos tienen en común poner el énfasis en la identidad nacional. Unos con respecto a España, los otros con respecto a Cataluña. El tema del nacionalismo engloba dos aspectos muy diferentes, hasta contrapuestos: el anti-colonialismo, asociado al liberalismo-político, y el énfasis en la identidad nacional (española, catalana o klingon, da lo mismo), que es un rasgo netamente conservador. De ahí la paranoia característica de los partidos nacionalistas de izquierda.

Así, en conclusión, diría que:

  • Los conceptos de izquierda y derecha son útiles, pero es preciso afinar más. La izquierda es liberal-política y socialista; la derecha es conservadora y/o liberal-económica.
  • El socialismo y el liberalismo político sólo son contradictorios en la mente de Esperanza Aguirre. El liberalismo político y el liberalismo económico sólo son compatibles en la mente de Esperanza Aguirre.
  • La población española se divide en conservadores por un lado, y liberales-políticos + socialistas del otro. No hay apenas votantes liberales-económicos. La propaganda para crear esta casta de votantes es enorme, pero no creo que llegue a cuajar.
  • En cambio, la casta política gobernante (PP, PSOE, banqueros, etc.)   tiene un comportamiento íntegramente liberal-económico, con sus contradicciones usuales: laissez-faire… salvo que los grandes se caigan.

Y ésa es una de las razones por las que decimos que no nos representan.

Españoles, Franco… ha vuelto!!!

(la cita del título corresponde a @MordorMirror)

Dice Eneko que en el 39 la dictadura venció a la democracia, mientras que en el 77 empataron. En 2011 la dictadura vuelve a adelantarse en el marcador. Y de muchas maneras.

Es preciso distinguir entre democracia y régimen de libertades públicas. No son lo mismo. Ya sabíamos que nuestro sistema político no es una democracia, quien gobierna en realidad es la Banca y las Grandes Fortunas, montando un teatro cada cuatro años con el único objetivo de que nos callemos. Pero contábamos con los derechos de asociación, expresión y reunión. Los poderosos suelen entender que esos derechos no son peligrosos en tiempos de bonanza, y es por ello que se pueden mantener en regímenes pseudo-democráticos. El bienestar creciente de la población hace improbable que quiera cambiar el sistema.

Pero los tiempos han cambiado. El capitalismo está agotando su potencial creador. El PP y el capitalismo no nos va a sacar de esta crisis, sino que nos va a hundir más en ella. Así que la casta superior necesita el uso de la fuerza y la propaganda masivas para mantener su supremacía. Nos acercamos a un régimen fascista. Consideremos la evidencia:

  • Garzón expulsado de la judicatura por realizar prácticas dudosas, pero aceptadas cuando son aplicadas a criminales ajenos al establishment (“usted no sabe con quién está hablando”).
  • Absolución y/o indultos a banqueros (tanto PP como PSOE). La ley es sólo para los pobres.
  • Normalización de la violencia policial y de las denuncias a manifestantes con fines intimidatorios (e.g. Valencia, hoy).
  • Interpretación restrictiva de los derechos constitucionales (e.g. decreto Cifuentes sobre el 15M).
  • Normalización del gobierno por decreto (e.g. reforma constitucional o reforma laboral).
  • Fomento institucional de la xenofobia (e.g. aprovechamiento gubernamental del affaire en torno a los guiñoles franceses).
  • Recuperación de tradiciones castizas que han perdido su apoyo popular (e.g. los toros).
  • Fomento de las actividades de la jerarquía de la Iglesia Católica (e.g. visita del Papa).

Como estos métodos no van a tener éxito, debemos prepararnos para los que vienen a continuación. De un momento a otro comenzarán las campañas de propaganda con el fin de criminalizar de la oposición (la real, la de la calle, no el PSOE). Si el 15M continúa siendo un movimiento pacífico, y así lo percibe la población, entonces se verán obligados a tomar medidas más drásticas. Como, por ejemplo, resucitar a ETA (bien atacando al entorno abertzale hasta que estalle, o bien creando ataques de falsa bandera).

Confío que hayamos aprendido de la historia. El fascismo pilló a nuestros abuelos desprevenidos, pero no a nosotros. Conocemos las técnicas de manipulación psicológica que llevan a su implantación:

  • Impotencia aprendida (learned helplessness): la sensación de fracaso repetido lleva a que dudemos de nuestras propias capacidades intelectuales y perdamos nuestro sentido crítico. Eso explica por qué las poblaciones sometidas al fascismo tienden a ser tan sumisas, incluso en ausencia de violencia física.
  • Crueldad inducida. Como muestran los experimentos de Milgram, la cárcel de Stanford o la Tercera Ola, cuando somos instados a ello por una persona investida de autoridad podemos ser mucho más crueles de lo que jamás pensamos que podríamos haber sido. (En estos experimentos se basó la película La Ola).
  • Fomento del autoritarismo de derechas, rasgo psicológico asociado a la inmadurez intelectual y afectiva asociado al racismo y al miedo a lo diferente.

Algunos de los que leéis estas líneas estaréis pensando que eso no puede volver a suceder. Está bien. ¿Qué habríais pensado, en el año 2004, de la posibilidad de que hubiera hambre en Grecia, o que la economía española se pudiera hundir, o que el PSOE se desplomara y se enfrentara a la posible desaparición?

La personalidad autoritaria

Esta entrada va a levantar ampollas…

En estas páginas he afirmado cien veces que el PP y el PSOE vienen a ser dos marionetas diferentes del mismo titiritero. Y lo afirmaremos otras cien. Pero sus votantes… ¿son iguales? Para empezar, hay una diferencia obvia: la fidelidad de voto de los conservadores. La masa de sufragios del PP oscila sólo en un 5%. La masa de sufragios del PSOE tan pronto se lanza a los cielos como se desploma. Los votantes del PSOE condicionan su voto al funcionamiento de su partido. Si su partido les defrauda, se quedan en casa, o buscan alguna alternativa minoritaria. Los votantes del PP…  se comportan como hinchas de fútbol: quieren que su equipo gane, juegue bien o mal. Así que nos planteamos la pregunta: ¿se trata de rasgos de personalidad diferentes? ¿Existe un tipo de personalidad conservador?

Todos conocemos a gente que cala a los demás inmediatamente. Ello se debe a que intuye los rasgos de personalidad que mejor permiten entender y predecir el comportamiento de los demás. Los psicólogos sociales hacen lo mismo, pero en lugar de utilizar su intuición, utilizan la estadística. La psicología social es una ciencia fascinante. A pesar de lo complejo de nuestro comportamiento, somos mucho más analizables de lo que parece a primera vista. Los publicistas lo saben, los banqueros lo saben, los políticos lo saben… y todos ellos quieren que nosotros NO lo sepamos. Lo consiguen creando un ambiente intelectual que desalienta o trivializa el análisis social. Pero aun así, algunas perlas de conocimiento llegan al público en general. Y, en mi opinión, cuando la sociedad se mira a sí misma y se entiende, avanza un poco más.

Antes de seguir quiero hacer un statement: no voy a dar mis opiniones, sino que voy a hablar de ciencia. Las afirmaciones de los párrafos siguientes, salvo que advierta de lo contrario, están sacadas de publicaciones reconocidas, están bien contrastadas y son ampliamente aceptadas por la comunidad científica.

Uno de los rasgos de personalidad más consistentes del repertorio del psicólogo social resulta ser el autoritarismo de derechas, o RWA (right-wing authoritarianism), diseñado por Bob Altemeyer y fantásticamente explicado en su libro The Authoritarians (libremente disponible en su web). ¿En qué consiste? Mide el grado en el que una persona se somete a la autoridad establecida. Consta de tres factores que, según afirma Altemeyer, funcionan en paralelo: (1) Sumisión a la autoridad tradicionalmente validada: todo lo que dice o hace la autoridad establecida es bueno para nosotros; (2) Agresividad autoritaria: hostilidad contra los desviados, y justificación de los actos de agresión contra ellos por parte de la autoridad; (3) Convencionalismo: alto grado de adhesión a las normas imperantes, y exigencia de adhesión general. El nivel de RWA se mide mediante un test de 22 preguntas que os pongo a continuación. Cada pregunta debe responderse con un valor de -4 (profundamente en desacuerdo) a 4 (profundamente de acuerdo).  La traducción es mía, para el original, ver pág. 11 del libro. OJO: se trata de una traducción, no de una adaptación al medio hispano.

1.- Las autoridades suelen tener la razón, mientras que los radicales y los inconformistas suelen ser unos bocazas que muestran su ignorancia.

2.- Las mujeres deberían tener que prometer obediencia a sus maridos al casarse.

3.- Nuestro país necesita desesperadamente un líder fuerte que haga lo que se debe hacer para destruir las nuevas modas extremistas y la desreligiosidad que nos está arruinando.

4.- Los gays y las lesbianas son tan sanos y tan morales como cualquier otra persona.

5.- Siempre es preferible confiar en las apreciaciones de las autoridades gubernativas y religiosas legítimas, antes que en los agitadores sociales que sólo quieren crear dudas a la gente.

6.- Los ateos y las personas que se han rebelado contra las religiones establecidas son, sin duda, tan buenas personas y tan virtuosos como los que van a misa con regularidad.

7.- La única manera en la que el país puede salir de la crisis es volviendo a los valores tradicionales, otorgando el poder a líderes fuertes y silenciando a los agitadores que difunden ideas incorrectas.

8.- No hay absolutamente nada malo en los campamentos nudistas.

9.- Nuestro país necesita pensadores libres que tengan el coraje de desafiar las maneras tradicionales de pensar, aunque esto siente mal a mucha gente.

10.- Nuestro país será destruído si no aplastamos las perversiones que están consumiendo nuestra fibra moral y nuestras creencias tradicionales.

11.- Cada cual debería poder llevar su propio estilo de vida, sus creencias religiosas y sus preferencias sexuales, incluso si eso le hace ser diferente a todos los demás.

12.- Los modos de pensar y los valores “chapados a la antigua” constituyen aún la mejor manera de vivir.

13.- Son admirables las personas que desafiaron a las leyes y los puntos de vista mayoritarios protestando en favor de los derechos de la mujer al aborto, los derechos de los animales y para abolir el rezo en las escuelas.

14.- Lo que nuestro país necesita de verdad es un líder fuerte y determinado que aplaste el mal y nos lleve de nuevo al camino correcto.

15.- Algunas de las mejores personas de nuestro país son las que cuestionan al gobierno, critican la religión e ignoran las “maneras supuestamente normales de hacer las cosas”.

16.- Las leyes de Dios sobre el aborto, la pornografía y el matrimonio deben ser seguidas estrictamente antes de que sea demasiado tarde, y aquellos que las rompen deben ser castigados.

17.- Hay mucha gente radical e inmoral en nuestro país hoy en día que intenta arruinarlo para sus propios fines impíos, y deberían ser frenados por las autoridades.

18.- El “lugar de una mujer” debería ser el que ella elija. Los días en los que las mujeres eran sumisas a sus maridos y a las convenciones sociales pertenecen al pasado.

19.- Nuestro país será grande si hacemos honor al pensamiento de los que lo forjaron, hacemos lo que las autoridades nos piden y nos libramos de las “manzanas podridas” que están arruinando todo.

20.- No hay una “única” forma de vivir la vida; cada uno debe crear “su” propia forma.

21.- Hay que agradecer a los homosexuales y a las feministas el haber tenido el valor para desafiar los “valores familiares tradicionales”.

22.- Este país funcionaría mucho mejor si ciertos grupos de escandalosos simplemente se callaran y aceptaran el papel tradicional de su grupo en la sociedad.

¿Hecho? Muy bien. Las preguntas 1 y 2 no cuentan, son de prueba. Las preguntas 3, 5, 7, 10, 12, 14, 16, 17, 19 y 22 se valoran sumando 5 a lo que escribiste. A las preguntas restantes, cámbiales el signo y súmale 5 también. Suma todos los resultados. El máximo posible es 180, que correspondería a un cruce entre un Flanders desquiciado y Federico Jiménez Losantos. El promedio entre estudiantes de primero de psicología en la universidad de Altemeyer (Manitoba) es de 75, el de sus padres es 100, justo en el punto medio de la escala. Insisto una vez más que es una traducción, mientras que en España necesitaríamos una adaptación. Si queréis usarlo, ¡¡bajo vuestra responsabilidad!!

Un rasgo de personalidad es útil si nos sirve para hacer predicciones sobre el comportamiento humano, y el perfil RWA es sorprendentemente predictivo. ¿Qué cosas correlacionan con un alto nivel RWA?

Para empezar, el comportamiento infantil es RWA. Las autoridades son mamá y papá y, aunque a veces haya conflictos, los niños tienen claro que mamá y papá quieren lo mejor para ellos. A medida que crecemos desarrollamos el sentido crítico para analizar el comportamiento de nuestros padres y de las demás autoridades.  Los alto-RWA no han desarrollado este sentido crítico y mantienen, por tanto, ciertas actitudes infantiles. Así, por ejemplo, sienten ansiedad cuando se enfrentan a situaciones nuevas y ante la toma de decisiones para las que no tienen un patrón externo. Su sentido crítico subdesarrollado les hace tener serias deficiencias en lógica. Así, por ejemplo, suelen aceptar como válido cualquier razonamiento si les gusta la conclusión. Un ejemplo:

“Todos los peces viven en el mar,
Los tiburones viven en el mar,
Luego los tiburones son peces.”

¿Es el razonamiento válido? Mucha gente se equivoca y dice que , pero la gente con alto RWA se equivoca mucho más que los demás.  Una persona con alto RWA suele tener la mente compartimentalizada, con un alto nivel de tolerancia ante la contradicción con respecto a las afirmaciones proferidas por la autoridad. Así, por ejemplo, puede criticar al régimen cubano por antidemocrático y, minutos después, explicarte que un país en crisis necesita un gobierno tecnocrático, no unas elecciones. Tienden a aceptar con simpatía a cualquiera que profese sus mismas ideas, y a aceptar a cualquier líder que las defienda. Son inmunes a la desilusión con respecto a sus líderes. Claro: son los herederos de papá y mamá.

La gente con alto RWA también tiene una idea muy clara del nosotros. Al sentir ansiedad frente a lo que desafíe su modo de pensar, tienden a rodearse de gente que piensa igual que ellos. La presión de grupo les afecta mucho más que al resto de la gente. Son felices y distendidos cuando están rodeados de los suyos… pero, al mismo tiempo, tienen un profundo miedo: miedo al cambio social, miedo a perder su modo de vida, miedo a lo diferente. Nada genera más agresividad que el miedo. Las personas con alto RWA ven el mundo bajo un prisma de “nosotros contra ellos”. Son fácil presa de los prejuicios generalizados: contra los homosexuales, los hippies, los negros, los chinos, los sindicalistas, los marroquíes, los catalanes, los madrileños… Tienden a creer cualquier estereotipo que se les ponga por delante, por absurdo que sea. Se les dice que en Barcelona el dueño de un bar va a la cárcel si pone el menú del día en castellano… y se lo creen.

Precisamente esto nos da una pista sobre cómo se genera la personalidad RWA y cómo evoluciona hacia talantes menos meapilas. Los prejuicios se combaten dando elementos de juicio. El nivel RWA disminuye al salir al mundo. Cada vez que una persona de alto RWA conoce a un homosexual y ve que no tiene cuernos, cada vez que discute con un rojo y descubre que tienen puntos en común… su nivel RWA cae un poquito.

Los alto-RWA creen ser mejores personas que los demás (en inglés dicen que son self-righteous): sólo ellos son garantes de la moralidad. Su falta de lógica les hace gestionar con facilidad la culpa: son propensos a la racionalización. Si son religiosos (suelen serlo), los mecanismos religiosamente aceptados de absolución les liberan totalmente. Por ello mismo, son más felices que los demás. Pero aprenden mucho menos de sus errores.

El pensamiento-RWA está asociado a gente que ha vivido en un mundo cerrado, sometidos a una autoridad benéfica que les ha inculcado inseguridad frente al mundo exterior. El nivel RWA se reduce con la educación y con la edad, hasta un mínimo en torno a los 30 años, cuando tiene un repunte (que Altemeyer asocia al tener hijos). Después se estabiliza e incluso tiende a bajar más. Cuanto más se ha visto, viajado, vivido… menor será tu RWA. Cada vez que, durante nuestra adolescencia, encontramos autoridades injustas o hipócritas, cada vez que probamos algo prohibido y vemos que no ocurre nada terrible, conocemos a gente de diferente orientación sexual… reducimos nuestro nivel de RWA.

Otro rasgo de personalidad diferente es el del dominador social (SDO, social domination orientation). Los dominadores sociales creen vivir en una jungla, donde o comes o eres comido. No creen en la igualdad, son ambiciosos y no tienen escrúpulos. También es un rasgo con alto nivel de coherencia interna, y con alto poder predictivo. Los dominadores sociales tienen una mayor capacidad lógica que los RWA, son perfectamente conscientes de sus incongruencias. Opinan que, si las pueden esconder, todo va bien. Como es evidente, RWA y dominación social son rasgos que aparecen juntos con muy poca frecuencia.

Los alto-RWA, con su facilidad para obedecer, son siervos naturales, y los dominadores sociales se mueren de deseo de ser amos. Si fueras un dominador social… ¿qué tipo de rebaño elegirías? Personalmente, me haría pasar por meapilas para que los alto-RWA me aceptasen y así convertirme en su dios. Tragarán con lo que les quiera vender, mientras les diga lo que quieren oír. No importa si vivo como un pachá mientras les exijo austeridad. No importa si lanzo ideas contradictorias. Mientras me consideren uno de los suyos, me votarán hasta que me tengan que arrancar del sillón con espátula.

Hay unos pocos dominadores sociales, muy pocos, que también son RWA. Los meapilas sin escrúpulos. Por ejemplo, me atrevo a apostar por G.W. Bush. Son los que Altemeyer llama double highs.

En su libro, Altemeyer refiere un experimento curioso. En su universidad inventaron un juego de rol para unos 50-60 jugadores en el que se investigaba el futuro de la humanidad, llamado Global Change. Los participantes eran divididos al azar en áreas territoriales: Norteamérica, Sudamérica, Europa, la antigua URSS, África, Medio Oriente, India y el Área del Pacífico. Se les entregaban recursos correspondientes a la actualidad y se pedía que se autonominasen unos líderes. A partir de ahí, se desarrollaba el juego. Cuando se llevó a cabo con gente de bajo RWA, aunque hubo sus problemas, en general el ambiente fue de cooperación internacional. Lograron luchar con los problemas globales, y terminar con el agujero de la capa de ozono. Cuando se hizo con RWA… el mundo terminó en catástrofe nuclear. A repitió el experimento usando RWA puros, es decir: gente de alto RWA que no fueran dominadores sociales. El resultado fue muy diferente. No hubo catástrofe nuclear, pero tampoco hubo ningún tipo de cooperación internacional. Cada grupo se encerró en sí mismo.

Ojo: El RWA es un rasgo de personalidad, no una adscripción política. ¿Tienen los RWA que ser de derechas? Pues depende de qué quieras decir con de derechas. El término se eligió según el sentido etimológico de la palabra right en inglés, que significa “apropiado”. Los alto-RWA se someterán a la autoridad establecida y sancionada, sea la que sea. En EEUU votan republicano en masa, son evangélicos o católicos fundamentalistas. Son la gente que quiere el rezo escolar y que se prohíba la enseñanza de la evolución, son el Tea Party. En la antigua URSS seguro que todos los RWA eran ateos militantes, y agitaban banderas rojas.

Pero, mucho ojo: no todos los gobiernos corresponden al patrón de la “autoridad establecida y sancionada”. En los regímenes (más o menos) democráticos occidentales, los alto-RWA son de la idea de que el único gobierno con auténtica legitimidad es el de la derecha. Si gobierna el PSOE, o si gobierna Obama, se trata de usurpadores, se crea una tensión grave que sólo se resolverá cuando el auténtico gobernante regrese. Es un tema recurrente: Arturo, Ricardo Corazón de León o, en versión zarzuela, Fernando el deseado. ¿Algún ejemplo más cercano y más reciente?

¿Y qué ocurre en España? El test, tal como os lo he puesto, no creo que sea aplicable aquí. Es necesario adaptarlo al ambiente político español, que es menos Flanders que el americano. Aun así, creo que el rasgo de personalidad es universal.

Los estudios sobre la personalidad autoritaria comienzan tras la Segunda Guerra Mundial. Theodor W. Adorno y otros filósofos se preguntaban cómo era posible que Hitler hubiera tenido una masa de seguidores tan dóciles y abnegados. Los experimentos de Milgram mostraron cómo los humanos somos mucho más dóciles ante la autoridad de lo que creemos. Resumidamente, el psicólogo engañaba al sujeto, haciéndole creer que participaba en un experimento sobre memoria. Frente al sujeto había otra persona, cómplice del psicólogo, que debía hacer una complicada tarea memorística. Cada vez que fallaba, el psicólogo ordenaba al sujeto que le aplicara una descarga eléctrica. Descarga que, por supuesto, era falsa. Una mayoría abrumadora de los sujetos llegaron al punto en el que (creían que) ponían la vida del cómplice en peligro. Sólo porque un señor con bata blanca se lo ordenaba. Las personas con alto RWA, con su facilidad para obedecer, son la carne de cañón sobre la que se construyen los fascismos.

Qui habet aures audiendi, audiat

¿Por qué la evolución ha creado a los alto-RWA? Pues porque la sociedad, para funcionar, debe combinar cierta inercia con cierta tendencia al cambio. ¿Son malos, o tontos? ¡No! Son personas a las que les cuesta entender que la autoridad haga mal, ¡nada más! Su criterio político está, por tanto, seriamente sesgado, pero no su inteligencia general… salvo en su capacidad para compartimentalizar. Al discutir con ellos, no se debe buscar jamás la victoria dialéctica, porque les provocarás ansiedad y bloquearán tus palabras. No. Las creencias de un alto-RWA son altamente contradictorias, y algunas de ellas son muy positivas (democracia, libertad, etc.). Agárralas y, muy despaaaaaacio, fuérzale a la consistencia… pero manteniendo siempre que son sus propias ideas en acción. Sé que suena algo cínico. Igual soy un social dominator. Voy a ver qué doy en el test.

Con agradecimientos a Migeru.

P.D.: Hay fisiólogos que afirman que los conservadores tienen menos desarrollada la zona del cerebro que gestiona la novedad y el ambiente cambiante, mientras que tienen más desarrollada la que gestiona el miedo. Por favor, que nadie vuelva a confundir correlación con causa-efecto.

A %d blogueros les gusta esto: