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Una palabra tramposa: madurez

Hay palabras que mienten. Madurez es una de ellas. Por un lado significa preocuparte por el bienestar de los demás, ser una persona confiable, hacerte cargo. Es un significado netamente positivo. Pero tiene un segundo significado que no tiene nada que ver con el primero: aceptar el rol que te corresponde en la sociedad. Es decir, sumisión a la presión social. Ambos significados pueden, de hecho, ser contrapuestos. Esta ambigüedad está en el núcleo de la lingüística política: empaquetar significados diferentes bajo una misma etiqueta, de manera que aceptar uno te lleve a aceptar el otro.

Quizás el ejemplo más relevante de la ambigüedad en el término madurez se da con las chicas adolescentes. Si juegan son inmediatamente acusadas de inmaduras, de ser aún unas niñas. Y nada hay peor a esa edad. Su rol social aceptable para esa edad es preocuparse únicamente de la ropa y los chicos. Es decir, convertirse en floreros. Por eso se ataca tanto a las gamers. Se las acusa de posers, es decir, de posturear. De no estar interesadas realmente en jugar, sino sólo en… qué sé yo, llamar la atención de algún chico.  El patriarcado les arranca cualquier deseo de jugar mediante el uso del palo y la zanahoria. El palo es, como hemos dicho, la condena al ostracismo para la chica que juega. La zanahoria es la posibilidad de utilizar su belleza para obtener brillo social. Al quedarles tan sólo el físico como valor posible, las chicas adolescentes se vuelven inseguras, competitivas (porque sólo hay una vara de medir, que es la belleza) y, en una cantidad sorprendente de casos, misóginas. La sumisión femenina al patriarcado queda así asegurada.

El haber sido separadas del juego en una etapa demasiado temprana explica algunas características del desarrollo de la mujer adulta. Les resulta más difícil desarrollar hobbies o intereses, salvo los de índole práctica. Desarrollan menos curiosidad general, y se encaminan menos hacia áreas como la ciencia o la ingeniería, donde la capacidad para jugar se profesionaliza. Sin el juego, sus capacidades para desarrollar su talento disminuyen. Así que, un consejo para madres, padres y educadores: no dejéis que las chicas adolescentes dejen de jugar. Enseñadles que el juego no es inmaduro.

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¿Significa esto que los hombres vayan a desarrollar realmente su talento? Ni de casualidad. La mayoría de los hombres no evoluciona de los juegos de su adolescencia: videojuegos, leer el Marca… La realización del potencial de un ser humano requiere una ascensión natural en el nivel de complejidad de los juegos, y el descubrimiento un día de que las habilidades adquiridas en el juego pueden ser aplicadas a la mejora del mundo real.

La paradoja aumenta desde aquí. Las mujeres son sistemáticamente tachadas de infantiles, a pesar de su maduración prematura, que todos reconocen. Señal, como es lógico, de que madurez es un término inconsistente. “Las chicas maduran antes que los chicos” es, por lo visto, compatible con “las mujeres son emocionales e inmaduras”. Es un vocablo que no aporta significado, sino que transmite relaciones de poder. Maduro, madura es una etiqueta aprobatoria que se gana obedeciendo las normas del patriarcado.

¿Corporatismo?

Los mercadócratas han descubierto la forma de salvar el culo, conceptualmente hablando. Según ellos (sorprendeos conmigo) no vivimos en un sistema capitalista, sino en uno… (wait for it)… ¡corporatista! Es decir, un sistema en el que las empresas han crecido fuera de control, se han hecho con el poder del Estado y lo utilizan para mantener sus privilegios… El capitalismo auténtico ha sido pervertido a causa de la intervención estatal. Noticias frescas, amigos mercadócratas, ancaps y asimilados: eso es el capitalismo desde, al menos, principios del siglo XIX.

Cuando el modo de producción fundamental es feudal, el Estado está en manos de los señores feudales. Durante siglos, el modo de producción feudal luchó contra el capitalista por la primacía. Pero con la Revolución Industrial, la victoria capitalista fue completa. Desde entonces, los capitalistas controlaron el Estado, y lo utilizaron para luchar contra su enemigo natural… que ya no era la aristocracia feudal, sino el proletariado. Tan elemental… La idea de que existe una oposición entre el Estado y los capitalistas es… bueno, una telenovela para intelectuales.

corporatism

Estoy muy harto de la ambigüedad lingüística en las discusiones sobre política y economía. Sobre ello irá mi próximo post.

¡Economía Real, Ya!

Los físicos estamos de enhorabuena. Predijimos la existencia del bosón de Higgs, con una masa en torno a los 120 GeV… y ¡ahí está! (Aquí tenéis mi pequeña contribución.) La ciencia es algo maravilloso: recopilas evidencias, piensas mucho, formulas modelos, describes teorías, diseñas experimentos… y luego… ¡funciona! Imagino la cara de Le Verrier cuando se confirmó su predicción de la existencia de Neptuno. O la de Mendeleyev cuando se encontró el germanio que él había predicho.  Los médicos han alargado nuestra vida. Los ingenieros nos hacen cruzar el Atlántico en horas.

¿Y los economistas?

Pues los economistas dedican una cantidad ingente de tiempo a demostrar que su tarea es una ciencia. Lo cual es la más segura prueba de que, en realidad, no lo es. Sus modelos no han predicho ninguna de las crisis económicas del siglo XX. Los astrónomos predecían eclipses ya en el siglo IV a.C. “Bueno… “, uno puede decir: “es que la economía trata de temas mucho más complejos. Es difícil hacer predicciones”. Ese comentario me deja perplejo, porque los economistas no se equivocan levemente, sino que cometen espantosos errores de bulto. En Inside Job se describe cómo un prestigioso profesor de Harvard publicó un artículo sobre la solidez del sistema financiero islandés… meses antes de su colapso. Si no saben, ¿por qué escriben? Cuando oyes a los economistas hablar, no resuena ningún eco de humildad. Su discurso rebosa prepotencia, una arrogancia totalmente impropia de quien tiene su currículum plagado de fracasos científicos.

Dijo un famoso economista que “la eficiencia del mercado es tan importante que está por encima de las observaciones empíricas”. Waw.

En realidad, claro está, hablo de los economistas oficiales. Es diferente el caso de los economistas críticos, como los neo-keynesianos, Krugman, Stiglitz, Sen, Varoufakis… o, en España, Vicenç Navarro, Juan Torres o Alberto Garzón. La economía oficial (sea neoclásica, neoliberal, austríaca…) está, a nivel científico, a medio camino entre la astrología y la homeopatía. Y no porque contenga errores, sino porque contiene mentiras, mentiras interesadas. Aquí va una pequeña selección:

1.- La deuda excesiva del estado español es la causa de nuestra actual crisis. NO. El año 2007, justo antes de la crisis, el estado español tenía superávit, y una deuda sensiblemente inferior a la alemana.

2.- Un país endeudado en exceso debe adoptar medidas de austeridad. NO necesariamente y NO arbitrariamente. Es fácil caer en la paradoja del ahorro: si todos ahorramos durante una etapa de recesión, caerá la demanda, más empresas tendrán que cerrar… y nos hundiremos aún más en la recesión. Irving Fisher formuló una versión de esta paradoja para momentos de excesivo endeudamiento de un país. Si todos ahorramos, caerá la demanda, los precios y los salarios bajarán. Eso quiere decir que costará más conseguir cada euro. Y, por tanto, nos costará más pagar nuestras deudas. Así que, paradójicamente, cuanto más ahorramos, más debemos. Y ésa es nuestra situación en estos momentos.

3.- El pago de la deuda debería ser la prioridad para cualquier estado. NO. ¿Aceptarías que el pago de tu hipoteca fuera por delante de la comida de tus hijos? Para empezar, la deuda puede ser ilegítima u odiosa. Por ejemplo, los bancos que han recibido dinero del Banco Central Europeo al 1% para prestar al estado español al 7%. No hay ningún motivo para tolerar esa estafa. Es preciso llevar a cabo una auditoría de la deuda española, para saber qué parte es legítimo pagar.

4.- La economía nacional es como una familia. NO. En una familia, todo el trabajo remunerado se hace en el exterior de la misma. La totalidad de los ingresos vienen de fuera. En España, el 70% de los ingresos nacionales es endógena, es decir: bienes y servicios que los españoles compramos a los españoles. Al enfriar la economía interna, los españoles nos volvemos más pobres y no mejora nuestra capacidad para pagar nuestras deudas. Si nuestro problema fuera de excesivo consumo en el exterior, la solución sería obvia… una política proteccionista: poner aranceles para que los españoles no consuman bienes extranjeros.

5.- El enfriamiento de la economía nacional (devaluación interna) salvará la competitividad española. NO. Como ya hemos dicho, la devaluación interna empobrecerá inútilmente a los españoles, y disminuirá nuestras posibilidades de pagar la deuda. Pero, además, no es factible mejorar nuestra competitividad de esta forma. Para empezar, porque todos los países del mundo están intentando disminuir sus importaciones. Pero, más grave aún: porque la falta de competitividad española se debe a nuestro atraso tecnológico. Intentar mejorar nuestras exportaciones sin invertir en I+D nos condena a luchar por el mercado de los productos de escaso valor añadido (es decir: no venderemos alta tecnología, sino posavasos de plástico). Y eso nos fuerza a competir con China. ¿Queremos vivir como ellos?

6.- El comercio libre internacional favorece siempre a todas las partes. NO. Todos los países ricos han desarrollado su industria gracias a un período, a veces muy largo, de proteccionismo. Ningún país del mundo ha desarrollado una industria competitiva en un marco de libre competencia.

7.- El mercado libre siempre favorece a todas las partes. NO. El problema radica en el término “libre”. Si yo me muero de hambre y tú no, puedes imponerme el precio que quieras por un plato de lentejas. No hay intercambio libre cuando una de las partes tiene una necesidad acuciante. Ni cuando una de las partes es sensiblemente más fuerte que la otra. Las condiciones necesarias para un verdadero intercambio libre son tan restrictivas que lo vuelven inútil en la práctica.

8.- La gestión privada es siempre más eficiente que la gestión pública. NO. Valga como ejemplo la sanidad española, fundamentalmente pública, mucho más barata y con mejores resultados que la norteamericana. Más aún: tenemos motivos para pensar que, en términos generales, la gestión controlada democráticamente es mucho mejor que la gestión privada.

9.- Todos los países deberían mejorar su competitividad, y así saldremos de la crisis global. ¡¡¡NO!!! ¡¡Y además es un absurdo lógico!! Si todos los países mejoramos nuestra competitividad, ¡estaremos en el mismo sitio exactamente! Un esquema de solución que no se pueda exportar a todos nunca es una buena solución.

10.- Los salarios, como todos los precios, deben estar sujetos a la ley de la oferta y la demanda. NO. El mercado de trabajo es diferente a todos los demás. Si el precio del queso baja, algunos queseros dejarán el negocio y fabricarán otras cosas: la oferta baja. Pero si disminuye el salario, la cantidad de gente que busca trabajo crece. La razón es que algunas personas necesitarán un segundo empleo, algunas mujeres que estaban criando a sus hijos volverán al mercado de trabajo, habrá estudiantes que abandonarán los estudios… Es como si, al bajar el precio del queso, más gente se quisiera hacer quesera. La razón es que los trabajadores no podemos hacer otra cosa que trabajar para ganarnos la vida.  Si buscas el equilibrio oferta-y-demanda para el precio del trabajo… éste es, simplemente, el salario de subsistencia. La razón por la que ganamos más que eso es, únicamente, política.

11.- Si se liberalizara el mercado de trabajo, se acabaría el paro. NO. El paro no se debe a la rigidez del mercado de trabajo. Si así fuera, Suecia (8% de paro) tendría mucho más paro que España (25%). El paro, en realidad, es un arma de lucha de clases. Es la forma en la que los empresarios meten miedo a los trabajadores para instarles a aceptar menores salarios y peores condiciones de trabajo. Si dudas… sólo tienes que mirar a tu alrededor y escuchar las frases del tipo: “con la que está cayendo, cualquiera se queja”.

12.- Empresarios y trabajadores deben negociar los salarios individualmente, sin convenios colectivos ni sindicatos, que sólo sirven para escudar a los malos trabajadores. NO. ¿Deben el zorro y las gallinas negociar libremente los intercambios que realizarán? El empresario y el trabajador no negocian en igualdad de condiciones. El empresario se juega los beneficios. El trabajador se juega su pan. La única opción para equilibrar la balanza es la negociación colectiva.

13.- Rebajando los sueldos habrá más trabajo. NO necesariamente, porque habrá menos consumo. Eso sólo es cierto en el caso de que los consumidores y los trabajadores no sean las mismas personas. Por ejemplo: las economías bananeras de exportación. El gran drama de los empresarios es que cada uno querría pagar sueldos de miseria… mientras los demás pagan sueldos fabulosos.

14.-  Los empresarios son quienes crean riqueza. NO: los trabajadores son quienes crean riqueza. Recordemos una cuestión terminológica básica: empresario es, simplemente, el dueño de la empresa. Hay empresarios que trabajan, como gestores, en sus empresas. Y hay empresarios que no. Las empresas crean riqueza aunque el empresario se quede en casa rascándose el escroto. Pero si los trabajadores imitan su ejemplo, la creación de riqueza termina.

15.- Los empresarios son quienes crean puestos de trabajo. NO: los consumidores son quienes crean puestos de trabajo. Podemos tener puestos de trabajo sin empresarios: en el sector público o en cooperativas. Pero no es posible sostener los puestos de trabajo sin consumidores.

16.- La lucha de clases (ya) no existe. Empresarios y trabajadores estamos en la misma barca. Radicalmente, NO. Tras la Segunda Guerra Mundial, ante la amenaza de extensión del comunismo, las sociedades occidentales obligaron a los empresarios a compartir la riqueza generada con los trabajadores. En aquella época, el tipo impositivo máximo en EEUU llegó a superar el 90%. La economía se expandía, había riqueza para todos. En los años 80, con la caída del bloque soviético, los poderosos perdieron el miedo a los trabajadores. Cayeron los tipos impositivos, y cayeron los salarios reales. En 2006, Warren Buffett (uno de los hombres más ricos del mundo) comentó al New York Times que él pagaba menos impuestos que sus secretarias. Y añadió: “Hay lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que la está haciendo y la que la está ganando”.

…y tengo bastantes más, que postearé en otro momento.

En resumen: ¡Economía Real, Ya!  Hemos dejado de creernos las mentiras interesadas de los economistas oficiales. Necesitamos una ciencia económica a la altura de los tiempos, que sea capaz de hacer predicciones… o de reconocer cuándo éstas no se pueden hacer; que pierda su arrogancia, que entienda que es una sirviente de la política, y no al revés; que aprenda historia, filosofía, matemáticas, tecnología… que tenga el coraje de enterrar los modelos fallidos; que razone en términos de bienestar y no de dinero; que acepte la democracia… Y que nos sirva para algo.

Muchos ánimos a todos los economistas que os sentís indignados con el Disneylandia científico que nos han intentado vender. Os necesitamos.

 

Addendum, 7 de septiembre: Ibeth Rivero ha publicado aquí una interesante respuesta a este artículo, desde el punto de vista de una economista profesional.

Españoles, Franco… ha vuelto!!!

(la cita del título corresponde a @MordorMirror)

Dice Eneko que en el 39 la dictadura venció a la democracia, mientras que en el 77 empataron. En 2011 la dictadura vuelve a adelantarse en el marcador. Y de muchas maneras.

Es preciso distinguir entre democracia y régimen de libertades públicas. No son lo mismo. Ya sabíamos que nuestro sistema político no es una democracia, quien gobierna en realidad es la Banca y las Grandes Fortunas, montando un teatro cada cuatro años con el único objetivo de que nos callemos. Pero contábamos con los derechos de asociación, expresión y reunión. Los poderosos suelen entender que esos derechos no son peligrosos en tiempos de bonanza, y es por ello que se pueden mantener en regímenes pseudo-democráticos. El bienestar creciente de la población hace improbable que quiera cambiar el sistema.

Pero los tiempos han cambiado. El capitalismo está agotando su potencial creador. El PP y el capitalismo no nos va a sacar de esta crisis, sino que nos va a hundir más en ella. Así que la casta superior necesita el uso de la fuerza y la propaganda masivas para mantener su supremacía. Nos acercamos a un régimen fascista. Consideremos la evidencia:

  • Garzón expulsado de la judicatura por realizar prácticas dudosas, pero aceptadas cuando son aplicadas a criminales ajenos al establishment (“usted no sabe con quién está hablando”).
  • Absolución y/o indultos a banqueros (tanto PP como PSOE). La ley es sólo para los pobres.
  • Normalización de la violencia policial y de las denuncias a manifestantes con fines intimidatorios (e.g. Valencia, hoy).
  • Interpretación restrictiva de los derechos constitucionales (e.g. decreto Cifuentes sobre el 15M).
  • Normalización del gobierno por decreto (e.g. reforma constitucional o reforma laboral).
  • Fomento institucional de la xenofobia (e.g. aprovechamiento gubernamental del affaire en torno a los guiñoles franceses).
  • Recuperación de tradiciones castizas que han perdido su apoyo popular (e.g. los toros).
  • Fomento de las actividades de la jerarquía de la Iglesia Católica (e.g. visita del Papa).

Como estos métodos no van a tener éxito, debemos prepararnos para los que vienen a continuación. De un momento a otro comenzarán las campañas de propaganda con el fin de criminalizar de la oposición (la real, la de la calle, no el PSOE). Si el 15M continúa siendo un movimiento pacífico, y así lo percibe la población, entonces se verán obligados a tomar medidas más drásticas. Como, por ejemplo, resucitar a ETA (bien atacando al entorno abertzale hasta que estalle, o bien creando ataques de falsa bandera).

Confío que hayamos aprendido de la historia. El fascismo pilló a nuestros abuelos desprevenidos, pero no a nosotros. Conocemos las técnicas de manipulación psicológica que llevan a su implantación:

  • Impotencia aprendida (learned helplessness): la sensación de fracaso repetido lleva a que dudemos de nuestras propias capacidades intelectuales y perdamos nuestro sentido crítico. Eso explica por qué las poblaciones sometidas al fascismo tienden a ser tan sumisas, incluso en ausencia de violencia física.
  • Crueldad inducida. Como muestran los experimentos de Milgram, la cárcel de Stanford o la Tercera Ola, cuando somos instados a ello por una persona investida de autoridad podemos ser mucho más crueles de lo que jamás pensamos que podríamos haber sido. (En estos experimentos se basó la película La Ola).
  • Fomento del autoritarismo de derechas, rasgo psicológico asociado a la inmadurez intelectual y afectiva asociado al racismo y al miedo a lo diferente.

Algunos de los que leéis estas líneas estaréis pensando que eso no puede volver a suceder. Está bien. ¿Qué habríais pensado, en el año 2004, de la posibilidad de que hubiera hambre en Grecia, o que la economía española se pudiera hundir, o que el PSOE se desplomara y se enfrentara a la posible desaparición?

¿Para qué sirve el paro?

¿Para qué sirve el paro? Es una extraña pregunta, parece similar a preguntar para qué sirven los huracanes o el cáncer. Se nos ha hecho creer que el paro es un accidente de la Naturaleza. Si es así, la respuesta es obvia: no sirve para nada.

La explicación usual sobre el origen del paro está en la rigidez del mercado de trabajo: el excesivo poder de los sindicatos hace que sea muy caro contratar y muy difícil despedir. Los empresarios, en estas condiciones, no usarán su dinero para crear empleo. Esta explicación es cierta y falsa a la vez. Empíricamente, hay muy escasa correlación entre protección social y desempleo. Así que, en sentido estricto, es falsa. Pero apunta fuertemente a la explicación verdadera: el paro es el chantaje que los empresarios usan para que los trabajadores sean dóciles.

¿Por qué los empresarios y el PP hablan tanto de paro? ¿Porque les importa? Si así fuera, no estarían despidiendo empleados públicos de continuo. No. El paro es la pistola que los de arriba están poniendo de continuo sobre nuestra sien. Hablan continuamente de ella para que no se nos olvide el chantaje al que nos están sometiendo. Y el chantaje es: desmontad el estado del bienestar o hundiremos el país.

“Con la que está cayendo” es la frase más repetida en los últimos años. Decidme si os suenan:

– Me obligan a hacer horas extras gratis, pero… ¡cualquiera protesta con la que está cayendo!

– He cogido un trabajo en otra ciudad. Dejo a mi familia y a mis amigos, pero… ¡cualquiera renuncia a un empleo con la que está cayendo!

– Me han reducido las horas nominales, y el resto me lo pagan en negro. ¡Pero cualquiera dice nada, con la que está cayendo!

¿Sigo?

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Bajo el signo de la Urraca (cuento de hadas subversivo)

BAJO EL SIGNO DE LA URRACA

Un cuento subversivo

Por Yvi

I. Donde se presenta al lector al ciudadano Bolsón y a sus temerosos conciudadanos, así como las primeras pequeñas incursiones de aquél en el océano de la ciencia doblónica.

Érase una vez que se era, un reino de la lejana Hélade, llamado Atinia, que era gobernado por un presidente benévolo, del partido de los aqueos, llamado Zapajoyus, elegido entre todos. Mantenían también un rey y una reina, un príncipe valiente, una hermosísima princesa, unas lúgubres mazmorras y un dragón, pero era sólo por el Tratado de Convergencia de los hermanos Grimm, que obliga a todos los reinos de cuento de hadas.

Como en todo segundo párrafo de un cuento, ahora estaréis esperando el elemento disruptor de la paz, quizás un villano, quizás una peste. Pues no. Introduciré a una buena persona, un acaudalado ciudadano de Atinia, de nombre Bolsón. Bolsón era un hábil joyero y, como tal, guardaba siempre oro en una caja de seguridad. Un buen día, otro vecino adinerado le vino con la siguiente propuesta:

— Bolsón, buen vecino, temo a los ladrones. ¿No podrías guardar mi oro en tu caja fuerte?

Bolsón aceptó, y su vecino se sintió más seguro. Pronto, todos los ciudadanos que tenían oro guardado en casa se enteraron, y le propusieron lo mismo.

— ¡Calma, calma! –tuvo que decir Bolsón– Tanto oro no cabe en mi diminuta caja fuerte. Tranquilos, queridos convecinos. Haremos lo siguiente. Guardaré vuestro oro, pero tendré que construir una caja más grande, una auténtica cámara acorazada. Y tendré que poner un troll a la puerta para ahuyentar a los cacos. Eso me costará dinero, pero todo sea por el bienestar de mis convecinos. ¿Por qué no ponéis todos un doblón al mes, para ayudarme a sufragarlo?

Los vecinos pensaron qué pesaba más, si su miedo o un doblón al mes. Pesaba más el miedo, así que aceptaron. Bolsón construyó su cámara acorazada y trajo a un feo y enorme troll de las montañas para guardarla. Cada vez que un vecino le traía dinero, Bolsón le extendía un recibo por la cantidad entregada, con su firma y el sello con el emblema de su casa, una urraca bailarina.

Bolsón estaba fascinado por la enorme fortuna que había reunido en su casa. Comenzó a pasar horas y horas en el interior de la cámara acorazada, contando y volviendo a contar las monedas, tarea con la que obtenía un enorme placer. Descuidó así su trabajo como joyero, y pronto la competencia se quedó con su clientela. Se dio cuenta de que podía perder su medio de vida, porque el doblón mensual que le pagaban por guardar el oro no le daría para vivir… y temió mucho por ello.

Una noche, se despertó de un salto. Tenía la idea salvadora. Podía usar el dinero que tenía en la cámara, sin que nadie se enterara, para hacer negocios. Podía comprar sedas en Azrael, esclavos en Micifuz, perlas en Fierabrás, o quizá pimienta en las Islas Oscuras. Y luego venderlo todo más caro en otro sitio, recuperar el dinero, y vivir con la diferencia. O… ¡mejor aún! Podía prestar el dinero a audaces mercaderes para que hicieran eso, y luego hacer que se lo devolvieran, junto con una parte de los  beneficios. Un doblón de más por cada diez que prestara. Si ganaban más, que fuera para ellos.

Así lo pensó, y así lo hizo. Bolsón prestaba el dinero a los mercaderes, que viajaban a países lejanos y allí compraban ricas telas, especias y joyas que luego vendían en Atinia y en otras ciudades. Recuperaban el dinero y se lo devolvían a Bolsón, junto con una parte de sus beneficios. El resto era para ellos. Bolsón volvía a respirar tranquilo, volvía a tener su modo de vida asegurado.

Pero los ciudadanos de Atinia no eran tontos. Al menos, no mucho. Pronto se corrió la voz de lo que estaba haciendo Bolsón con el dinero de la cámara acorazada, y fueron todos juntos a su casa con la intención de lincharle y recuperar su oro. Bolsón ya estaba preparado para esta situación, y les habló así:

— ¡Mis queridos convecinos! Es verdad, es verdad que he estado usando una pequeña parte del dinero que me dejasteis en depósito, pero no he perdido un solo doblón. Más aún, cuando me devolvían el dinero he pedido un doblón de más por cada… ehm… por cada cien que prestaba. Dejaré de cobraros el doblón mensual por guardar vuestro dinero, y además repartiré entre vosotros el dinero que he ganado, ¿estáis de acuerdo?

Los atinianos se miraron entre sí, se alegraron sobremanera y comenzaron a reír y a bailar entre ellos como niños. ¡Fabuloso! ¡Espléndido! ¿Pero cómo era posible? Ellos metían su oro en una cámara acorazada y… de repente… ¡había más! Esto es una maravilla, propio de un cuento de hadas, se dijeron. Felicitaron a Bolsón, le llenaron de parabienes y halagos, y se fueron contentos a su casa, con sus intereses.

Cuando salieron, Bolsón estaba encantado de su astucia. A él le daban un doblón por cada diez, es decir: diez doblones por cada cien. A sus vecinos, les daba un doblón por cada cien, así que le quedaba una ganancia neta de nueve por cada cien, y además sus vecinos eran felices. Igual hasta le nombraban hijo predilecto de Atinia.

Bolsón había mudado de profesión. Como dueño de la única cámara acorazada de Atinia, fundó el gremio de camareros, del que se nombró presidente vitalicio.

La vida era hermosa y no parece que vaya a haber mucho cuento, ¿no es cierto? Seguid, seguid leyendo, amable lectora, amable lector.

II. Donde se narra la expansión de la urraca y la aparición de los primeros billetes, y cómo la ciencia doblónica puede tornar la nada en algo, para maravilla del mundo.

Bolsón extendió sus negocios. Prestaba no sólo a los mercaderes, sino también a los que querían montar un negocio, o a los que querían comprar una casa. Con cada préstamo, eran más los doblones que recibía al mes. De estos doblones, una pequeña parte era para los ciudadanos que habían dejado el dinero en depósito, pero la mayoría era para él. Así, cada día su fortuna personal crecía más y más.

Cuanto más prestaba, más ganaba. Así que le resultaba difícil resistir la tentación de dar nuevos préstamos. Al principio, se impuso a sí mismo la norma de no prestar más de la mitad del oro que tenía en depósito. Le daba miedo que alguno de sus vecinos viniera a retirar su dinero y no tuviera qué darle. Pero con el tiempo se fue arriesgando cada vez más y más… y llegó un día en que se dio cuenta de que ¡la cámara estaba casi vacía! Sus ingresos eran enormes, pero el dinero de sus vecinos… se había volatilizado.

Justo en aquel instante, alguien entró en su casa. El corazón de Bolsón trepidó pensando que podría ser un vecino que quisiera recuperar su depósito. Pero se tranquilizó al ver que se trataba de Timoteus, un vecino pobrete que no tenía dinero depositado en su cámara. Timoteus venía a pedirle dinero prestado para comprar una casa, prometiéndole devolverle un doblón extra por cada diez, como era habitual. Bolsón iba a decirle que en ese momento no tenía fondos disponibles para prestar… pero lo pensó mejor.

— Timoteus, ¿a quién le vas a comprar la casa?

— A Florentinus, que está fabricando muchas casas del lado del Pireus.

— Aaaaaah… Entiendo.

Bolsón razonó de esta manera: Florentinus era uno de sus clientes. Tenía todo su oro en su banco. Quizás, si era astuto, podía hacer una jugada maestra… Sacó papel y pluma, y comenzó a escribir un recibo.

— Timoteus, dado que Florentinus es uno de mis clientes, y dado que seguro que quiere ingresar el dinero en mi cámara, me parece tonto hacerte cargar con los doblones, para que luego él me los traiga de vuelta. Hagamos esto, te doy el recibo que le hubiera dado a él si me hubiera depositado el dinero. Tú le das el recibo, y él te da la casa. Y tú me devuelves el dinero, un poquito todos los meses, de manera normal. ¿Qué te parece?

Timoteus se rascó la cabeza unos instantes. Mientras tanto, Bolsón le puso su firma y el sello de la urraca bailarina al documento.

— Pero, ¿seguro que él me dará la casa?

— ¡Pues claro, hombre! Si no te la da, vuelves aquí y te daré doblones de verdad.

Y funcionó. Bolsón había prestado, por primera vez, dinero que no tenía, y estaba encantado con su idea. Ya no necesitaba oro para dar créditos, porque su sello era oro. Lo giró entre sus deditos, lo acarició, y lo miró fijamente, hipnotizado ante su propio poder…

Por su parte, Florentinus el constructor se dio cuenta de que también él podía hacer negocios sin intercambiar doblones. Comenzó a pagar a sus proveedores con recibos de Bolsón y, con el tiempo, también a sus trabajadores. Bolsón tuvo que preparar una pequeña imprenta en la parte de atrás de su casa, en la que preparaba muchos recibos pequeñitos, que valían entre uno y cien doblones, todos ellos con el hermoso sello de la urraca bailarina.

La urraca bailarina levantaba el vuelo sobre el cielo de Atinia. ¿Qué podría salir mal?

III. Donde, por primera vez, se menciona a los descontentos con el régimen de la urraca y cómo son domeñadas sus inquietudes mediante los buenos oficios de la retórica.

La filósofa Hypazía, discípula de los ilustres Keynesíades de Albión y Chomskión de Masachutes, conversaba cada mañana en el ágora con sus conciudadanos sobre la situación política. Aquellos días, la autora de textos claves en ciencia económica, como “El doblón y el champiñón, interacción y propuesta” o “Cien buenas razones para tener limpios tus doblones”, mostraba públicamente su desconfianza con el poder que Bolsón comenzaba a acumular en sus manos.

— La urraca bailarina está engullendo nuestro oro, y amenaza la estabilidad de nuestra ciudad.

Hubo algunos murmullos de aprobación en el corrillo que se había reunido en torno a ella.

— Los recibos del ciudadano Bolsón se han convertido en la moneda de facto en Atinia. Todos nuestros intercambios se realizan ya así. Eso significa que el ciudadano Bolsón, para pagar cualquier cosa que desee, no tiene más que… escribir un recibito y ponerle su sello.

Una ola de indignación recorrió al grupo reunido. Entonces, una voz se alzó de entre ellos. Un señor calvo y gordo gritaba:

— ¡Conciudadanos! ¡Soy Ratus el Magníficus, director del Banco de Atinia! Pasé diez años de mi vida estudiando ciencias mágicas del doblón en la escuela de altos estudios pitofláuticos de Transmoronia, en Mangulia exterior.

Murmullos de admiración. Ratus prosiguió:

— ¡Conciudadanos! La ingeniería doblónica trae la prosperidad a los pueblos. ¿Acaso no veis cómo, cuando un ciudadano tiene necesidad de dinero, no tiene más que acudir a la casa de Bolsón, y sale con él en la mano? ¿Cómo podría eso no ser bueno? Los negocios prosperan. Nunca se había visto tanta pimienta, tanta porcelana y tantas perlas en el mercado. Nunca se habían construido tantas casas. ¡Atinia ha sido bendecida con el signo de la urraca, con el aval de la ciencia doblónica!

Hypazía retomó la palabra iracunda:

— ¡Ciudadanos atinianos! El préstamo de dinero es una buena idea, sin duda, pero estando en manos de un ciudadano particular, ¿cómo sabemos que es un sistema  seguro? ¿Cuántos recibos ha firmado el ciudadano Bolsón, sobre dinero que nunca tuvo en su cámara acorazada? Bolsón puede comprar lo que quiera, y a quien quiera,  con sólo firmar. ¡Exijo que se hagan públicas las cuentas del señor Bolsón!

Ratus prosiguió con voz meliflua:

— ¡Conciudadanos! La joven Hypazía no entiende las complejidades de la ingeniería doblónica. Ustedes tampoco lo harían, además de que les parecería sumamente  aburrido. Hay que usar trigonometría cuántica, y derivadas hermenéuticas de orden fraccionario, y determinantes aristotélicos transtelúricos. ¿Por qué hacer las cosas tan difíciles? El Banco de Atinia, a través de mi humilde persona, ya vigila suficientemente las cuentas del señor Bolsón, y les aseguro que son perfectamente regulares, y que todo se hace para bien del reino. Confíen en nuestro señor presidente y su sabiduría. Estén tranquilos, nosotros velamos por ustedes.

La muchedumbre pareció aplacarse con las palabras de Ratus el Magníficus, que siguió diciendo:

— Y, para demostrar la buena voluntad del señor Bolsón, ¡vean, vean quién aparece en la plaza, por cortesía de la Urraca! Aquí y ahora, en concierto, en el ágora de Atinia y en primicia mundial… ¡¡Aristópato de Caliserda y los Patéticos Peripatéticos!!

Y salieron los músicos, ataviados con togas multicolores, al centro del ágora, con sus flautas de Pan tuneadas y sus liras eléctricas, entre los gritos de entusiasmo de la multitud, y los desmayos de las jovencitas atinianas…

Hypazía se retiró, seguida por sus discípulos, sintiéndose muuuuy cansada. No se daba cuenta entonces, pero la batalla acababa de empezar.

IV. Donde se narra cómo la magia de la Urraca creó una preciosa burbuja, que reflejaba los colores del arcoiris, fascinando a los ciudadanos de Atinia.

Florentinus era un hombre feliz. Su abuelo había sido albañil, hacía los capiteles jónicos con más volutas de toda la Hélade. Su padre se aprovechó de la relajación gubernamental de la política de gremios y esclavizó a una cuadrilla de albañiles, haciéndose famoso por sus frontispicios redonditos. Él, digno sucesor de tan magna herencia, había logrado que el gobierno de Atinia revisara ciertas normas sobre dónde se podía y dónde no se podía edificar, había contratado a cientos de albañiles mal pagados, y cada día nuevas casas con su sello se levantaban en cualquier paraje.

Cierto es que la calidad ya no era la de antaño. Sus casas no estaban a la altura de los magníficos edificios de la vieja acrópolis. Las líneas de sus capiteles corintios parecían dibujadas por un mono epiléptico. Pero aun así se vendían y, desde que la urraca levantó el vuelo, a precios cada día mayores.

En su despacho, el veterano constructor revisa sus libros de cuentas. Observa emocionado cómo, hace sólo unos años, los precios de las casas tenían que ser la mitad si quería encontrar comprador. Se enjuga una lágrima de emoción. Recuerda entonces las últimas palabras de su padre: “Nunca olvides, Florentinitus, que la vivienda es un bien de primera necesidad. Exprime a los panolis de tus clientes cuanto te venga en gana, no tienen alternativa”.

¿De quién fue la idea? ¿De Bolsón, o suya? Bueno… ¿qué importa eso ahora? Florentinus, simplemente, subió un buen día el precio de las viviendas un diez por ciento. Esa misma tarde llegó una pareja de recién casados a su oficina, escandalizados. Él puso su mejor expresión compungida, les habló del precio del mármol y de las huelgas de picapedreros en el Beluchistán. La pareja se sentía desconsolada, pensando que aún tendrían que ahorrar un año más para poder tener su casa cuando… Florentinus, de repente, les ofreció la solución. ¿Por qué esperar, amigos? Simplemente, ¡pidan un préstamo a Bolsón, y compren hoy mismo la casa! Vamos, vamos, si se les ve, que se mueren por vivir en ella y criar churumbeles… ¿no se han fijado en las maravillosas vistas al mercado de esclavos? ¿Y estos azulejos con grabados de la batalla de las Termópilas y de Medea asesinando a sus hijos? Además, sé de buena tinta que las huelgas del Beluchistán no han hecho más que empezar. Los precios seguirán subiendo… En caso de que (los dioses no lo quieran) se vieran en dificultades económicas, pues recuperan su inversión e incluso ganarán!!

Pues funcionó, oiga. Picaron. ¿Qué otra cosa podían hacer? Bolsón les dio el crédito y compraron la casa, un diez por ciento más cara. Y también picaron los siguientes, y los siguientes… Florentinus siguió subiendo los precios, poquito a poquito, hasta llegar a duplicarlos, y Bolsón dio tantos créditos a sus conciudadanos que no podía dárselo a sus propios ojos. Los atinianos mismos, los que eran propietarios de casas, se sentían también maravillados: sus propiedades habían subido increíblemente de valor. ¡Todos ganaban! La magia del doblón…

Bolsón pensó… ¿por qué sólo casas? Quiero que los atinianos compren todo a crédito. Para eso, necesitaba sólo que los precios subieran poco a poco. El esquema era fácil: Bolsón abría una línea de crédito fácil sobre la compra de un nuevo bien (esclavos, columnas jónicas para el atrio, togas estampadas…). Los vendedores  comenzaban a subir los precios, recomendando a los clientes desilusionados que pidieran un crédito para realizar la compra. Pero era importante que los sueldos no subieran en la misma medida, o el esquema se vendría abajo. Bolsón y Florentinus convencieron al gobierno de que era necesaria una política de “moderación salarial”.

Como en lugar de dar oro daban su firma, la gente tenía la sensación de llevarse sus bienes gratis a casa. En realidad, estaban entregando no sólo su sueldo presente, sino también su sueldo futuro. Como se otorgaba crédito sobre crédito, los plazos de devolución se iban alargando. Los primeros eran para devolver en unos meses, luego en un año, luego unos pocos años…

El señor Empatítocles fue portada del “The Atinian Times”, por ser el primero en obtener un crédito que tendría que devolver a lo largo de cuarenta años. Su sonriente rostro sosteniendo el pagaré, grabado por Fidius, circuló por todo el país.

Hypazía y sus discípulos estaban ahítos de preocupación.

Bolsón, en cambio, miró su creación, y vio que todo esto era bueno.

V. Donde se narra cómo la magia de la Urraca se disipó de repente, sin previo aviso por parte de los magos del doblón.

Y entonces, un día gris, el señor Bolsón tuvo que negar su primer crédito.

Todo ocurrió con bastante rapidez. Atinia tenía que abastecerse de ciertos productos en el exterior. No sólo productos de lujo, como las sedas o las perlas de Micifuz o de Azrael. También de carbón y de esclavos, que eran la fuente de energía básica en la ciudad. Los comerciantes de las demás ciudades aceptaron durante un tiempo los billetes firmados por Bolsón. Pero, con el tiempo, Bolsón comenzó a poner pegas para convertirlos en oro… y los comerciantes se volvieron desconfiados. Corrió la voz en torno a la prodigalidad con la que Bolsón estampaba su firma, y al final decidieron que no valía nada. Querían doblones de verdad. Pero Bolsón tenía muy pocos… Tenía, eso sí, montañas de papel.

De esta manera, Bolsón se obsesionó con recopilar doblones, y comenzó a negar créditos. Contaba con que, si ahorraba todos los doblones que le devolvían sus deudores durante un par de años, podría recuperar su actividad normal. Pobre Bolsón, pasó noches sin dormir, previendo la tormenta que se avecinaba. Se prometió a sí mismo no ser tan avaricioso, y reservar en el futuro más doblones de verdad en su cámara acorazada. Llegó a echar la bronca a su amigo Ratus el Magníficus, presidente del Banco de Atinia, por no haberle obligado a seguir unas normas más rígidas.

Pero ya era tarde.

Al negar los préstamos, los atinianos ya no pudieron comprar casas. Florentinus, el constructor, se encontró de repente con miles de viviendas vacías en toda Atinia. Aterrado, despidió a cientos de albañiles. Muchos de ellos habían comprado su propia casa… a crédito. Y al estar en paro, dejaron de pagar. Bolsón tuvo que enviar a sus trolls de seguridad para desahuciarlos. Cientos de atinianos se vieron en la calle. Bolsón subastaba las casas rápidamente, porque necesitaba doblones con urgencia. Pero, al no cubrir la venta el precio inicial, los atinianos desahuciados seguían en deuda con Bolsón.

Los albañiles, en paro, en la calle y endeudados, no podían consumir. Se cerraron tiendas y fábricas por toda Atinia. Y, con cada tienda cerrada, una nueva remesa de gente iba al paro, y también se veían en la calle y endeudados… acrecentando la bola de nieve. El país se hundía. El panorama era desolador. Cientos de solares con obras a medio terminar. Fábricas cerradas, tiendas vacías…

El gobierno asistió con estupor al proceso que hacía que la población fuera cada día un poco más pobre. Hasta el rey y la reina de atrezzo se asustaron y se escondieron en sus mazmorras de atrezzo. El gobierno se reunió para discutir. Sí, contaban con el tesoro público, la mayor cantidad de doblones del país… Algo había que hacer para evitar el colapso, pero… ¿qué?

La filósofa Hypazía y Bolsón fueron a llamados a una reunión el presidente de Atinia, Zapajoyus, líder del partido aqueo. Ambos le expusieron sus propuestas:

— Señor presidente –decía Hypazía–, tiene que dar trabajo a los atinianos en paro, es lo esencial. Construya vías imperiales, templos, estatuas, acueductos… esas cosas que hacemos bien los atinianos.

— ¿Y con qué dinero, ilusa? –contraatacó Bolsón.

— Pues con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas.

— ¡Mujer estúpida! Señor presidente, no se deje engañar por esta extremista anti-esclavista peligrosa, que lo que no entiendo es por qué está aquí en lugar de en casa, cuidando de sus hijos… –replicó Bolsón–. ¡Si los ricos disponen de menos dinero, cerrarán más negocios, y más gente irá al paro!

Hypazía dedicó a Bolsón una mirada homicida, y prosiguió.

— El motivo por el que el paro aumenta no son los impuestos, señor presidente, sino la pobreza de la gente común. Sin clientela, los ricos cierran sus negocios, e invierten su oro fuera de Atinia. No escuche a este delincuente. Declare una moratoria en el pago de las deudas, para que la gente no pierda sus casas. Y cree una cámara acorazada pública, no debemos depender de estafadores como Bolsón. Su modelo de negocio ha fracasado, déjele quebrar.

— Señor presidente, seamos realistas. Si mi cámara acorazada quiebra,  el país quebrará con ella. ¡Es la urraca la que ha traído la prosperidad a Atinia! Présteme a mí los doblones, con un bajo interés, y todo volverá a ser como antes. Podré dar crédito de nuevo, volverán a construirse casas, tendremos esclavos, sedas y especias, todos seremos ricos otra vez. Vamos, presidente, anímese y cante conmigo… ¡¡Everybooooody loves someboooody… sometimes!!

Cuando Hypazía y Bolsón salieron del palacio, el presidente Zapajoyus reflexionó. Pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo. Un sofista de Bolsón entró solapadamente en su despacho y le hizo una oferta personal muy conveniente… “Señor presidente, si nos presta el dinero, no sólo verá cómo el país vuelve a florecer. Además, para recompensar su visión y liderazgo, cuando deje el puesto de presidente le nombraremos director ejecutivo magnífico excelentísimo consejero sempiterno permenente y pegamoide de la Urraca. Con un sueldo de seis cifras”. El presidente Zapajoyus no era ningún héroe, y el sueldo de seis cifras le serviría para tapar algunos agujerillos… así que aceptó.

Al día siguiente se hicieron públicos sus designios. El presidente Zapajoyus daba un crédito a Bolsón por valor de millones de doblones, al ridículo interés de un uno por ciento. Explicó detenidamente a la ciudadanía por qué era lo mejor que podían hacer, cómo todo era para bien del país, y blah, blah, blah. Hasta se pintó ojeras antes de salir a hablar.

Y pasaron los meses. Bolsón acumuló el oro que le dio el gobierno para tener como reserva en su cámara acorazada y así poder hacer frente a los pagos que no le permitían hacer con papelitos. No tenía intención de volver a dar crédito a la ciudadanía hasta haber reunido una cantidad suficiente de doblones. Los primeros días, Zapajoyus iba con frecuencia a gritarle, pero Bolsón le recordaba el sueldo de seis cifras… y al final dejó de hacerlo.

El país se hundía cada día un poquito más, y el prestigio de Zapajoyus con él. Su oponente político, Rajatero, candidato del el partido troyano, se veía ganador indiscutible de las siguientes elecciones… pero cuando le preguntaban sobre lo que pensaba hacer cuando gobernara tartamudeaba un poquito y luego se callaba, o hablaba de fútbol, porque en realidad no tenía ninguna idea nueva. Era sobrino segundo de Bolsón, y tenía una confianza ilimitada en él y en los magos del doblón. Estaba seguro de que, al final, siguiendo los consejos de Bolsón, todo saldría bien.

Y el desastre se propagó hasta alcanzar al gobierno. El tesoro real no ingresaba nada, porque los ciudadanos no tenían sueldo y, por tanto, no pagaban impuestos. Pero los gastos seguían allí. El gobierno seguía teniendo que pagar a maestros, médicos, legionarios… Y llegó un día en el que no quedaba un solo doblón en el tesoro. ¿Qué hacer? Zapajoyus visitó uno por uno a los ciudadanos ricos de Atinia para rogarles que le prestaran algo de dinero… pero nadie se fiaba de él y le faltaba el coraje para reclamarlo como impuestos. Su última opción era… Bolsón. El presidente se vio obligado a visitarle. Y Bolsón, que había esperado pacientemente, vio que había llegado de nuevo su momento de gloria.

— Claro, claro, señor presidente. Le prestaré con gusto el dinero. Pero quiero un interés de un veinte por ciento.

— ¡Pero Bolsón! ¡Es usted una arpía redomada! Yo le he prestado ese mismo dinero al uno por ciento.

— Cierto, amigo. Pero usted conoce las ciencias mágicas del doblón, ¿no es verdad? El interés debe ser proporcional al riesgo. Y, con franqueza, no creo que el tesoro real vaya a sobrevivir a la crisis. En gran parte, a causa al interés usurero que le estoy imponiendo –Bolsón se rió–. ¿No sabe usted lo que es una profecía auto-cumplida? Lea el “Edipo”, léalo… y, mientras tanto, págueme mi veinte por ciento de interés.

— Pero ¿cómo voy a hacer para pagar un interés tan alto?

— Bueno, eche a maestros y médicos. ¿Quién los quiere? Usted y yo tenemos nuestros médicos personales, no necesitamos los médicos del gobierno. Y a la escuela no vamos a volver, claro está. Y deje de pagar a los ancianos y a los parados, son unos parásitos. A los legionarios no los eche, hágame el favor, ni a los trolls de seguridad, los vamos a necesitar cuando las cosas se pongan turbias.

Zapajoyus aceptó el préstamo, entendió que le habían tomado el pelo, y salió de la casa de Bolsón. Las dos tardes que dedicó a aprender ciencia mágica del doblón, por lo visto, no le habían servido para nada. Su única esperanza era que, en cuanto pudiera desembarazarse del cargo, podría disfrutar de su sueldo de seis cifras.

VI. Donde, tras las noticias gravosas de los capítulos anteriores, se muestra al amable lector un leve resplandor de esperanza que aún conservan los atinianos.

Ese mismo día, los idus de Mayo, se manifestaron decenas de miles de personas en el ágora de Atinia. Estudiantes, parados, filósofos, profesionales, amas de casa… jaleados por los discípulos de Hypazía. Pedían que la decisión sobre el destino del tesoro real no quedase en manos del presidente, sino del pueblo. Querían democracia real ya, democracia participativa. Cierto es que ellos habían elegido a Zapajoyus como presidente, pero ninguna elección era un cheque en blanco.

El presidente Zapajoyus estaba preocupado. Estaba acostumbrado a que el pueblo le quisiera, y eso era fácil mientras todo iba bien. En realidad, era un hombre inseguro que se creía buena persona, y esta situación le sobrepasaba. Ya no podía fingir, como al pricipio de la crisis, que todo lo que hacía era por el bien del pueblo. Optó por recluírse en su castillo y dobló la guardia de trolls en la puerta.

Los manifestantes formaron un movimiento articulado en todo el país, que se llamó el “Idus-M”. Acamparon en el ágora de Atinia, en la plaza de Helius. Esgrimían pancartas con lemas como “No te quedes en tu domus, te la podrían quitar”, “Poco pan y pésimo circus” o “Aqueos y troyanos, la misma mierda son”. Las manifestaciones se extendían cada día. Se lanzó el movimiento “Ocupa el Foro”, frente a la cámara de Bolsón. Bolsón llamaba a los trolls de seguridad para que echaran a los manifestantes. Pero cuantos más porrazos pegaban, más manifestantes venían, hasta que el mismo Bolsón aceptó que la situación era insostenible, se compró unos tapones para los oídos y les dejó gritar cuanto quisieran.

Zapajoyus se vio obligado a echar a los servidores públicos para poder pagar el interés usurero a Bolsón. Primero echó a los maestros. Pensó que, como la mayoría eran mujeres, serían más sumisas y aceptarían su destino. Pero, como en las ciencias del doblón, se equivocó de medio a medio. Se vistieron con togas verdes, maestras y maestros, y sus discípulos, y sus padres, y salieron todos al ágora a gritar… El siguiente paso eran los médicos… y entonces también los médicos y los enfermos salieron a gritar. Cuanta más gente echaba, más incómodos estaban los ciudadanos, y más trolls tenía que poner en la puerta de su palacio.

Desesperado, Zapajoyus nombró como sucesor a Rubalcalvus, su mano derecha, quien salió al balcón del palacio para gritar que entendía los problemas del pueblo y les apoyaba… pero le llovieron tomates, y tuvo que volver corriendo al interior. Rajatero, el líder del partido troyano, se partía de la risa e intentó salir al ágora, esperando que el pueblo le aclamara. Pero, sabiendo que era sobrino segundo de Bolsón, le tiraron huevos podridos a la cabeza.

Estando próximas las elecciones, Rajatero y Zapajoyus se reunieron. A pesar de que el país se estuviera hundiendo, sólo les preocupaba que el juego electoral siguiera siendo un juego entre ellos dos, y que no pudiera aparecer ningún tercero en discordia. Se las arreglaron para aprobar una ley que, en la práctica, aseguraba que los votos a cualquier otro candidato que no fueran ellos valieran la tercera parte.

Amable lectora, amable lector, hemos llegado al final de nuestra historia. ¿Queda esperanza? Ciertamente, los atinianos son imaginativos y están pensando cómo forzar un cambio de sistema que quite de manera definitiva el poder de las manos de aqueos, troyanos y camareros. Quieren democracia directa, poder decidir entre todos qué es lo que se hace. Porque saben que, cuando se delega en alguien, siempre te puede traicionar: sólo es preciso un cheque con el número suficiente de ceros. Como dicen en Atinia: “hetairos no faltan, si acaso financistas”. ¿Lograrán su propósito? Estén atentos, amables lectores, la aventura más fascinante del pueblo atiniano seguirá desarrollándose puntualmente ante sus ojos…

Con la Iglesia hemos topado…

(La cita es de El Quijote, como todo el mundo sabe… pero quizás no muchos sepáis que la cita se refiere a un encuentro “físico” con la iglesia de un pueblo…) Anyway.

  1. Los poderosos (los gobernantes también) están desubicados con las movilizaciones del 15m. ¿Por qué? Fundamentalmente porque han resultado ser tremendamente no-violentas. Y, además, resistentes a la provocación. Los poderosos (vía los gobernantes) tienen sus modos de actuar cuando se desata una protesta ciudadana. Es muy típico conseguir que la protesta se vuelva violenta, para que quede desacreditada a ojos del público, independientemente de sus argumentos. Así, el uso de provocadores, infiltrados, es característico. La asociación con un partido político o un sindicato son también puntos débiles, pues sirven para la burocratización de la protesta y alejarla de su base. O, si tiene líderes naturales, siempre se puede investigar en su currículum para enmierdarles. El 15m ha sido inmune a todos esos ataques. Además, hoy en día cualquier pendejo tiene un móvil que graba vídeo. Echad un ojo a la brutalidad policial acumulada aquí.
  2. El desconcierto de los poderosos (gobernantes incluidos) se topa con un evento que podría ser de gran ayuda: el encuentro de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). La Iglesia Católica organiza desde hace unos años estos encuentros con centenares de miles de adolescentes y post-adolescentes con el fin de encontrar vocaciones. Los chavales, en su mayoría, se mueven por una combinación de sentimiento religioso y ganas de tener vacaciones low-cost. Madrid parece el patio de recreo de un instituto de secundaria, está más sucia que tras una victoria en la Copa de Europa. También hay entre ellos fanáticos (ver éste con la bandera preconstitucional). Bastantes. Han provocado incidentes: ataques con arma blanca, agresiones homófobas, atentados terroristas frustrados con gas sarín… Es exactamente como tener a centenares de miles de adolescentes sueltos por la ciudad con escasa vigilancia. O, peor aún, con una vigilancia que incita a la violencia.
  3. Los poderosos, entonces, vieron a la JMJ con buenos ojos. Y decidieron lanzarla contra el 15m, con la idea de provocar la violencia, más aún, violencia contra pobres niños indefensos que cantan kumbayá y rezan. La Delegación del Gobierno sólo tuvo que ajustar el timing…
  4. La manifestación por el laicismo del 17A fue convocada por el derecho del Papa a pagar sus viajes de su bolsillo, sin que el gobierno español le obligue a aceptar sus contribuciones. Yo estuve, y la mayor parte del mundo entendió esto perfectamente. Se gritaban cosas como “Illo, illo, illo, pagadlo del cepillo”, o “Estas hostias no las pagamos”, y “Si quieren vacaciones, que vayan de misiones”. Hubo quien no entendió bien, y me disgustó. Hubo quien increpó verbalmente a jovencitos jmj, e incluso quien les tiró condones. Pero en ningún momento hubo agresión alguna. Cuando la manifestación llegó a Sol, allí estaban esperando un grupo de fanáticos, bastante calentitos, que gritaban “Esta plaza es del Papa”… Utilizaron a niñas pequeñas (12 años) como “escudos humanos”, haciéndolas arrodillarse y rezar al paso de la manifestación. Alguna de ellas lloraba. A pesar de las provocaciones, todos los enfrentamientos fueron verbales. Aunque El Mundo y compañía se llenen la boca, no he podido encontrar ninguna prueba documental de lo contrario…
  5. Condeno sin paliativos la violencia verbal que se ejerció por parte de los manifestantes, tanto contra los jovencitos que pasaban por allí como contra los fanáticos congregados en Sol. Nuestro estándar moral tiene que estar por encima del de ellos. Violencia cero.
  6. Entonces, tras minutos de fingida incompetencia, la policía comienza a actuar con suma dureza, pero sólo contra la marcha de protesta. Y de esto sí queda una enorme cantidad de documentación gráfica. Como dijo alguien, “miles de peregrinos queriendo comulgar, y todas las hostias se las llevan los laicos”. En este artículo de público se resume bastante bien la violencia policial extrema. Y, curiosamente, también en esta noticia de intereconomía (supongo que echarán a la pobre chica). Este vídeo es el que más ha enervado a la opinión pública:

¿Han conseguido su objetivo los poderosos? No lo sé. La policía tenía orden de actuar con suma dureza tras la manifestación, teniendo confianza en que el los manifestantes habrían perdido su aura de pacifismo tras el encontronazo con los fundamentalistas católicos. Ver cómo pegan a esa chiquilla… ¿cómo es posible? ¿Es posible que hicieran eso sin estar ciegos de coca? La pregunta es muy en serio. Y, de nuevo, gracias a los móviles y a internet, ha circulado el vídeo que muestra con claridad quién ha sido violento. La policía está perdiendo toda la credibilidad. Son peores que Jarrai, porque ellos son quienes debieran defender la legalidad. Son monstruos. Los antidisturbios, al menos un gran número de ellos, son seres infrahumanos. Y los mandos de la policía, la delegada del gobierno y, a fortiori, el gobierno en pleno, si no hacen nada al respecto, demostrarán ser igualmente infrahumanos.

Mi tesis final: han vuelto a perder la batalla. Seguimos ganando.

Una última discusión. En el pasado he sido creyente, y conozco bien el catolicismo, la Iglesia y la Biblia. Y aún siento una enorme simpatía por la Teología de la Liberación, y por las Comunidades de Base (Redes Cristianas era una de las convocantes de la marcha). Me parece vergonzoso, desde el punto de vista cristiano, el parque temático que ha montado la curia vaticana, con el patrocinio de las grandes empresas y el Estado. Las camisetas verdes de los voluntarios llevan el logo de Caja Madrid. Así, no se puede ser crítico. Seguramente, su Biblia estará en latín, y ellos no lo entienden, así que no han podido leer la escena en que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo (Lucas 19, 45). Tampoco sabrán que “no se puede servir a dos amos” (Mateo 6, 24). Durante el papado de Wojtyła la Iglesia abandonó la búsqueda del camino hacia delante, y durante el periodo Ratzinger definitivamente miran hacia atrás. Y me da lástima, porque una Iglesia comme il faut, en la línea de Juan XXIII y Pablo VI, sería hoy día un elemento a nuestro favor en la lucha. No un fósil de otro tiempo, enquistado entre las clases altas.

Y siempre hay una nota positiva al final. En twitter se ha convocado el hashtag #jmj15m, en un intento de acercarnos a ellos. Les invitamos a la manifestación que está teniendo lugar ahora, en contra de la brutalidad policial. Y se quiere organizar una asamblea conjunta. Nos gustaría escucharles, y que ellos nos escucharan. Ojalá ocurra.

Obviedades sobre la manipulación del 15M

Hoy tenía preparado un post sobre educación… pero los acontecimientos mandan, lo urgente no deja tiempo a lo importante, como decía Mafalda. He estado en la Ciudadela y he visto algunas de las cosas que han pasado. Y defiendo, ahora más que nunca, el movimiento 15M.

Las obviedades:

1.- Entre los manifestantes había infiltrados de la policía. Si a alguien le extraña (que lo dudo), puede ver las fotos, que abundan por la red. Estos infiltrados estaban cubiertos con braga militar, y eso causó la suspicacia de la gente. Los infiltrados han sido los que han comenzado los disturbios. Esto es algo más difícil de documentar, porque son profesionales… pero lo hemos visto todos.

2.- Este procedimiento de acusar de violentos a grupos que se manifiestan pacíficamente es tan viejo como la política. Lo recuerdo desde mis primeras manifestaciones en contra de la (primera) guerra del Golfo, en 1991. El “black bloc” infiltrado fue la enfermedad que terminó con los movimientos altermundialistas de los años 99 (Seattle) a 2001 (Génova).

3.- Ha sido un error político por parte de la asamblea el insistir en el bloqueo del Parlament, es obvio que esta vez no iban a dejarla pasar. Puig está feliz, y afirma que los acontecimientos le han dado la razón.

4.- El movimiento 15M es no-violento en un 100%, en decenas de asambleas y discusiones nadie ha apelado jamás al uso de la violencia.

5.- “Los indignados” no existen. No son un grupo social diferente, no son representantes de nada. Somos la gran mayoría de la población, que estamos hartos de esta clase política vendida al capital. No todos podemos salir a la calle a protestar, ni queremos formar un partido político, porque vamos mucho más allá.

6.- Ahora, más que nunca, es el momento de apoyar el movimiento 15M. Es el punto crítico. Hemos madurado muchísimo políticamente, como sociedad. Vamos a demostrar que no somos tan fáciles de manipular.

Nota añadida a posteriori: vídeo donde se muestra a los violentos, y cómo son escoltados por la policía ante las increpaciones de la gente. Los móviles hacen más difícil la manipulación…

Nota aún más a posteriori (16J, 19:30): el vídeo original desapareció, pero he encontrado otra copia.

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