El Clan y la Ley

Escrito en colaboración con NP-completo

Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Chipre… son los países europeos que han resultado ser más vulnerables ante la crisis. ¿Tenían alguna característica en común? El color del gobierno no parece ser un factor determinante, han disfrutado lo mismo de gobiernos denominados socialdemócratas o democristianos. Cada vez se oye a más personas resucitar ideas antiguas, como el hecho de que las culturas católica y ortodoxa no fomenten el espíritu de esfuerzo, al asumir que una vida pobre en este mundo será seguida por una vida llena de parabienes en el más allá. Por contra, el protestante rico lo es porque Dios le está premiando ya en vida, sin necesidad de cruzar el umbral de la muerte para disfrutar del favor divino. Esta teoría, sostenida sobre la confusión entre correlación y causa-efecto, no tiene más virtud que su sencillez. Sólo hay que comparar las horas de trabajo en los distintos países de Europa para falsarla. A la postre, está basada en estereotipos y clichés, y tiene la misma respetabilidad científica que los chistes de catalanes o de rubias.

Otros factores económicos pueden ser mucho más relevantes. Por ejemplo, la crisis ha incidido de manera más directa en los países con mayor desigualdad. Los países del sur de Europa tienen una clase media débil, económica y políticamente, sin tirón suficiente para sostener la demanda interna. La relación causa-efecto, por tanto, se produciría en sentido contrario: no es la religión la que causa la disfunción económica. Las sociedades desiguales, bipolares, divididas en aristocracia y plebe, son las que se aferran a modos religiosos católicos u ortodoxos, que prometen la salvación en la otra vida, despreciando ésta.

Entonces, ¿no juega ningún papel la cultura en la evolución económica? Creemos que sí, pero mucho más sutil que el cliché con tufo racista que tanto satisface a Frau Merkel. En efecto, los países del sur de Europa, España entre ellos, son países propensos a la corrupción, política y económica. ¿Tenemos, entonces, un “gen” de del cohecho, que otros países no tienen? No. Pero si analizamos la estructura social española, en contraste con la de los países del norte de Europa, o con EEUU, podemos encontrar una explicación.

España (junto con Italia, Grecia, etc.) es un país muy familiar. En EEUU es frecuente criarte en Cleveland, cursar tus estudios universitarios en Austin para después desarrollar tu actividad laboral primero en Baltimore y después en Nueva York, terminando tus dias en Florida. En España es frecuente que la maternidad donde naciste, tu colegio, tu universidad, tu oficina y tu residencia de ancianos se encuentren todos en un radio de treinta kilómetros. En EEUU, por contra, no puedes contar con tu familia para resolverte los problemas cotidianos, se precisa una estructura social de soporte.

Un efecto de tal preeminencia de la familia en nuestras vidas es que se convierte en un segundo Estado al que, en muchos casos, se debe más obediencia que al primero. Y cuando los mandatos de ambos entran en conflicto, es la familia la que suele vencer. Por supuesto, hay que entender la familia en un sentido amplio. Hay que incluir a algunos amigos, a vecinos e incluso a personas con las que la relación normal debería ser de índole formal: ciertos clientes, proveedores, empleados, jefes… Usemos un término más genérico, pero igualmente sugerente: el Clan.

Por el bien del clan, está bien visto cometer pequeñas irregularidades. Nada grave. Facturar en negro. Meter a tu sobrino en el departamento. Llevarte material de oficina para el cole de los niños de tu prima. Contratar a la empresa de tu cuñado. Todo por favorecer a la familia, al clan. Cuando se trata de empleados públicos o políticos, puede tratarse de pequeñas ilegalidades. Cuando se trata de empresarios o empleados privados, quizás no sean ni tan siquiera actos ilegales… sino tan sólo decisiones que miran más por las necesidades del clan que las de la empresa. Así, el éxito de un concurso público depende en gran medida de la red de amistades de cada candidato. Si se presenta alguien de fuera, el tribunal diseñará normas ad hoc para mejorar artificialmente los méritos de los de dentro. Pero no por ello los miembros del tribunal se sentirán malas personas. Al revés, están ayudando a los suyos, a su clan, están siendo leales. Su prestigio en el clan crece, el afecto de los suyos se incrementa, la recompensa social es inmediata.

Las reglas del juego determinan a qué va a jugar la gente. La mejor estrategia en un mundo de clanes no es ser tan eficiente como podrías, no es trabajar por la comunidad, no es ser creativo y determinado. La mejor estrategia es ser leal y establecer una red de lealtades amplia e intensa, que incluya a gente en situación de poder.

El caso más paradigmático de comportamiento de clan es quizás el de los políticos, que defienden medidas en las que no creen pues son las de su partido. Los militantes de base saben que si dedican un montón de horas a llevar cafés y a pegar carteles para los de arriba, entonces los de arriba les devuelven el favor cuando ganan, creando puestos de trabajo públicos (que pagamos todos) para ejercer actividades de las que no hay demanda social alguna, pero que cumplen el perfil para que sus chicos puedan optar a ellas (si se presenta alguien de fuera, se resuelve como dijimos antes). Aunque hablamos del sector público, nada hay en él que no se dé en el privado: se dice que el 50% de los puestos de trabajo en España se consiguen por enchufe. Si contratas a alguien de esta manera, puede que estés contratando a un incompetente. Pero, en cualquier caso, quien te pidió el enchufe te deberá un favor. Y también te lo deberá el incompetente al que has contratado. Las redes del clan se extenderán. Como decía don Vito Corleone, “algún día, y puede que ese día nunca llegue, te pediré que hagas algo por mí. Hasta entonces, interpreta esto como un regalo”.

Someday, and that day may never come, I’ll call upon you to do a service for me. But until that day – accept this justice as a gift on my daughter’s wedding day.

¿Por qué las grandes empresas contratan a los presidentes y ministros en cuanto abandonan sus cargos, por sueldos millonarios? ¿Por qué se instaló la famosa puerta giratoria entre el Estado y la empresa privada? ¿Acaso son los ministros especialmente competentes, versados tanto en generación de electricidad como en la administración sanitaria? No. Pero todos tienen una nutrida libreta de teléfonos.

¿Qué tiene que ver dicho comportamiento de clan con el agravamiento de la crisis económica? ¿Es el comportamiento de clan malo a priori? No necesariamente. Muchos españoles comen hoy en día gracias a la caridad de sus padres, que les han admitido de vuelta en su casa tras quedarse sin trabajo y, después, sin ingresos. Desde luego, la estructura de clan tiende a la desigualdad y a la inercia. Pero, más allá de esto, postulamos que el comportamiento de clan puede resultar demoledor para la economía de los países que se sustentan sobre él.

La crisis actual es una crisis de confianza. El problema principal es que nadie se fía de nadie. El banco no te presta dinero porque no se fía de que se lo vayas a devolver. El empresario despide empleados porque no confía en sus futuros ingresos, aunque los actuales sean aceptables. Los ricos se llevan su dinero al extranjero, porque no confían en su país. En una sociedad basada en la ley y no en el clan, los acuerdos siempre quedan por escrito, y el Estado colabora en su cumplimiento: puedes demandar a quien no cumple lo que prometió. Pero en una sociedad donde una gran parte de las decisiones económicas se toman “a nivel de clan” (e.g., el político promulga leyes que favorecen al banquero, o directamente le excarcela, el banquero condona deudas del político, el constructor dona dinero al político, el político recalifica lo que el constructor necesita, etc.), en una sociedad donde muchas decisiones económicas no quedan por escrito, la confianza en el clan lo es todo para que la rueda siga girando. Las represalias por no cumplir siempre pueden ir por debajo de la mesa (o incluso escondiendo una pistola en el retrete de un restaurante), pero los tratos basados en la ley siempre resultarán más fáciles de hacer valer. Si la confianza se pierde en una economía de tipo clan, entonces la red del clan se derrumba y la economía se paraliza. Y esto que puede ser una diferencia entre los países como España e Italia y los demás durante la presente crisis: como en ellos el peso del clan es mayor, sus economías son más dependientes de la confianza, y la carencia actual de confianza las ha hundido más que a otras.

Es triste, pero creemos que si el político, el banquero y el constructor no recuperan la confianza en su mágico idilio de privilegios auto-otorgados, si la confianza no regresa a las opacas redes clientelares que realmente mueven el dinero en este país y que no se sustentan sobre papel sino sobre la invisible y volátil confianza en el clan, entonces la desconfianza seguirá lastrando a la economía española.

Efectivamente, los países arriba mencionados son, podríamos decirlo así, “países clan”. Mientras el Estado se hacía fuerte en Francia, Alemania, o Gran Bretaña durante el siglo XIX, en España e Italia todo seguía en manos de los clanes. El caso conocido más extremo es la mafia, pero el mismo concepto impregna todos los demás niveles sociales en ambos países. En países como España o Italia, el Estado nunca reemplazó a los clanes, y nunca nos convertimos del todo en una sociedad moderna. De hecho, es posible que en España el Estado de las autonomías no fuera una concesión a los ciudadanos, sino a los clanes regionales. Algunos países descentralizados funcionan bastante bien y acercaron la democracia al nivel local (EEUU o Alemania). Por contra, sospechamos que la descentralización de España cedió el control a las redes clientelares de empresarios regionales, no a sus ciudadanos.

El viaje de la ley al clan es rápido e indoloro, recordad a Michael Corleone. En cambio, pasar del Estado de clan al Estado de la ley es mucho más difícil. De nuevo, es una cuestión de confianza: es necesario que todas las clases sociales confíen en el desempeño del Estado como proveedor de servicios y de justicia. Que los trabajadores confíen en la calidad de los servicios públicos y en la protección de sus derechos, y que los empresarios confíen en que la adjudicación de contratos será transparente. Obviamente, las personas con más poder dentro del esquema actual, nuestros don Vito, se opondrán fieramente a su desmantelamiento, de manera que procurarán fomentar la desconfianza en la “clase política”. No les importa enfangarse ellos mismos. Este ambiente turbio, de angustia, de incertidumbre, fortalece su poder.

A día de hoy, España sólo tiene dos caminos. El primero es la profundización en el esquema clientelar, hundirnos más en nuestro fango secular, asumir nuestro carácter de país pre-moderno. Que políticos, empresarios y banqueros vuelvan a jugar a su juego feudal. El señor Adelson ya ha puesto la primera piedra en esta dirección. Pronto oiremos cosas como “lo que sucede en Alcorcón, se queda en Alcorcón”… O, por contra, podemos abolir la influencia de los clanes y volvernos un Estado moderno. Partiendo del nivel pequeño, claro está: no tolerar que nadie se jacte de las pequeñas triquiñuelas con los impuestos, ni a los grupitos irreconciliables de poder en tu lugar de trabajo, ni que las plazas en un concurso público se otorguen a dedo. Enfrentaos con esa gente: es importante que sepan que no cuentan con la aprobación social.

Recordad que las reglas son las que determinan a qué juego estamos jugando. Queremos buenos servicios públicos, no caridad. Queremos protección de los derechos laborales, no paternalismo. Queremos que se valore el esfuerzo y el talento, no la lealtad al clan. O quizá sí, queremos lealtad al clan, pero a un clan tan grande como la propia Humanidad. El G-7.000.000.000.

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Publicado el septiembre 11, 2012 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 23 comentarios.

  1. La siguiente pregunta sería plantear el por qué los países del sur son países-clan mientras que, por el contrario, los países del norte serían países modernos. ¿Razones históricas, ecológicas,…? ¿Alguna idea?

  2. Buena pregunta, @silviajimenez78. Detrás de un país-clan siempre hay la historia de un país donde el Estado nunca logró hacer prevalecer sus leyes. Si el Estado no ofrece el servicio que se le supone por definición, que es el monopolio de la violencia, entonces los ciudadanos se organizan entre ellos para defenderse, primero alrededor de los fuertes, y luego alrededor de las familias de los fuertes.

    Esto se observa en cualquier lugar donde la riqueza siempre ha estado muy mal distribuida. Es el caso del sur de Italia o de España. La economía de la mitad sur de España siempre se ha visto lastrada por una muy desigual distribución de la tierra, proveniente en última instancia de los vastísimos terrenos que los reyes otorgaron a los señores que les acompañaron durante la Reconquista. Esto, lastró la productividad agrícola (el gran terrateniente aristócrata recibía su prestigio de su cantidad de tierras, no de lo que hiciera con ellas, así que no hacer nada con ellas era aceptable), pero también provocó que el Estado moderno en ciernes se topase con señores ante los que no podía imponerse debido a su gran poder. Esos señores crearon pseudo-estados paralelos locales donde ellos fueron la ley tanto o más que el Estado, incluso hasta bien entrado el siglo XX (recordad “Los santos inocentes”).

    En general, detrás de una fragmentación histórica de poder suele haber territorios montañosos (como ocurre en casi toda España, Italia, Grecia, los balcanes, etc) y/o aislados por algún otro motivo (e.g. pequeñas islas como Sicilia). Dicha geografía permite que el señor que se instale en ellos pueda repeler fácilmente a cualquier Estado homogenizador que amenace su poder. Si además el suelo es seco y el acceso al agua está limitado (e.g. mitad sur de España, Italia, Grecia, etc), entonces el poder del que controle el acceso al agua será enorme. Por contra, los territorios más llanos y/o comunicados del centro y norte de Europa facilitaron el establecimiento de vastos Estados que pudieron imponerse sobre los poderes locales. Además, sus suelos más húmedos democratizaron el acceso al agua, lo que repartió el poder económico. La invención del cañón acabó con las ciudades amuralladas de los señores locales en el norte de Europa, pero en el sur otro tipo de murallas, las geográficas, prevalecieron.

    Allá donde no se establecen normas justas o bien dichas normas no logran hacerse valer (en cualquier nivel social: estatal, laboral, familiar, etc), finalmente aparecen los clanes.

  3. Yo quería añadir otra cuestión, de índole histórica, para explicar la ausencia de un estado moderno en España: el éxito prematuro del absolutismo. Los Reyes Católicos y Carlos V tuvieron un poder sobre su “confederación de estados” que no tenía el rey de Francia ni el de Inglaterra sobre los suyos. Su primer éxito fue una temprana derrota de los nobles y de las ciudades (los comuneros). Otros reyes tenían que suplicar para poder financiarse, mientras que los reyes de España contaban con las reservas de oro de América como garantía de préstamos sin fin. Como dijo una vez NP-completo, las luchas de poder internas dan lugar a algo que se parece a la democracia… 😉 El Estado absolutista español, como un niño que alcanzase su independencia económica demasiado pronto, no se sostuvo.

    Otra causa histórica, más reciente, son las guerras napoleónicas. A finales del siglo XVIII, Carlos III trataba de modernizar el Estado, acercándolo a los patrones europeos: desarrollo de la industrial local, y utilización de un mercado cautivo en América. Sí, era un hijo de puta, pero era la línea de progreso de los países que triunfaron. Pero tanto Inglaterra como Francia temieron ese avance, y la guerra de independencia terminó de hundirlo. Ni las tropas “ocupantes” francesas ni las “liberadoras” inglesas perdieron ocasión para bombardear con preferencia los núcleos industriales nacientes del país. En realidad, ya era tarde para nosotros: ya éramos una colonia comercial de los países del norte, y no iban a soltarnos con facilidad.

    Mutatis mutandis, podemos encontrar eventos en Italia, Grecia e Irlanda que les llevan también a ser “Estados fracasados”, a la sombra de otros Estados que no les permitirán desarrollarse. ¿Es posible explicar esta tendencia histórica de manera geográfica, como harían Ibn Jaldún, Giambattista Vico o el mismo Lucrecio? Quizá sí, como apunta NP-completo. Y en el caso de España, parece funcionar muy bien. Pero tengo una duda.

    Alemania también pudo haber sido un Estado fracasado. Durante el siglo XVII fue el campo de batalla predilecto de Europa, las tropas francesas, suecas y españolas se paseaban por su territorio, saqueando, con total impunidad. Pero tras la última gran humillación frente a Napoleón, los nobles alemanes sintieron la necesidad de ceder parte de su poder para la creación de un Estado que defendiera sus intereses. Una “desbalcanización”. Apoyaron las ideas románticas, los mitos medievales, Tannhauser y los Nibelungos, los sentimientos que podían unir a los alemanes… y crearon un Estado absolutista tardío y agresivo. ¿Puede una explicación geográfica incluir este caso?

  4. Genial el post, javirl y NP-Completo.

    Pero es al revés: el asunto no es que se pierda la confianza en el clan en lugar de perderse la confianza en los contratos, la ley y las instituciones. Creo que las estructuras precapitalistas, de clan como tu las llamas, dependen mucho menos de la confianza y pierden mucho menos la confianza que las estructuras capitalistas. El capitalismo y su único motor, el dinero, si se basan en la confianza.

    De tu propio artículo se desprende que el asunto es el contrario. El capitalismo, del que no me declaro amigo, supera (=es mejor) al antiguo régimen en varios aspectos, que podemos resumir en dos:
    – Favorece los derechos humanos, individuales y sociales
    – Favorece la mejora material, el aumento de la productividad
    Subrayo que, en ambos casos, se trata de una mejora sobre las sociedades precapitalistas: contrariamente a lo que piensan los liberales, ni el capitalismo es perfecto ni eterno.

    Entonces, y siguiendo tu argumento (impecable) en aquellos lugares donde el modo de producción capitalista (incluida su superestructura jurídica-cultural-política liberal burguesa) no es capaz de imponerse, permanecen las estructuras antiguas (sean estas las feudales conocidas entre nosotros, sean mafias familiares sicilianas, señores de la guerra centroasiáticos o imanes fundamentalistas).
    La parte moderna, capitalista-alta productividad- es débil; la parte viejuna, precapitalista –baja productividad- se impone. Eso es lo que hace que, al integrarse en el mercado mundial, las economías de estos países se vayan al hoyo, porque la economía mundial es capitalista, triunfa la productividad e impera el beneficio y su fuente última, la productividad.
    Ante la más leve crisis capitalista, en los lugares donde el liberalismo es una costra fina en la superficie de un núcleo ancestral sólido, la costra se resquebraja y se cae enseguida. La estructura bien enraizada de bajísima productividad es lo único que queda, y muestra su inferioridad respecto a las estructuras capitalistas.

    Por el contrario, en los lugares donde los antiguos modos de hacer las cosas desaparecieron, sólo tienen sus estructuras capitalistas, y mal que bien siguen funcionando.
    Más mal que bien, pero es que así es el capitalismo. 😉

    La cuestión de los porqués me parece muy interesante también pero ahí me declaro ignorante total. Lo que sí me parece claro es que no puede haber una respuesta simple, unidireccional, para todos los casos.

  5. Un comentario realmente interesante, @escaiguolquer, siempre consigues dar una vuelta de tuerca a las discusiones!! 🙂

    El modo de producción es capitalista en su conjunto, independientemente de que impere la Ley o el Clan en un determinado país. El imperio de la ley, el estado de derecho, es un logro político de la burguesía, quizás su mayor contribución histórica… pero el capitalismo puede perfectamente funcionar sin él. Diré aún más: el capitalismo no funcionaría si en el mundo entero rigiera la ley. La ley limita la capacidad para extraer plusvalía.

    Me explico: los países regidos por la ley fueron los pioneros del capitalismo. La lucha de clases fue importantísima en ellos, la batalla política concluyó con una victoria de las clases medias… y eso aseguró la demanda interna que les mantuvo en la cima. Pero los capitalistas ingleses, franceses, alemanes… se vieron obligados a “inventar” el imperialismo debido a todas las concesiones políticas que se tuvieron que hacer en casa: el estado del bienestar, los derechos civiles, etc. Por tanto, fomentan con todo entusiasmo que los países “colonizados” no desarrollen un estado de derecho. Un país gobernado por clanes es más fácil de dominar desde fuera.

    Resumiendo: la estructura de clanes es parte del capitalismo avanzado. En un caso extremo, las multinacionales extractoras de coltán fomentan con alegría el odio racial entre hutus y tutsis. En un caso más leve, pero dentro del mismo espíritu, el Deutsche Bank fomenta el poder de los clanes políticos y bancarios en España, pues eso les permite saquear el país con mayor impunidad.

  6. bueno, yo trataba de escabullirme del asunto del cómo y porqué subsisten los clanes. Lo que trataba de decir es que la mayor gravedad de los problemas económicos en el sur de europa respecto al norte no se debe a un fallo de confianza en las estructuras pre-capitalistas, sino a una mayor debilidad de las estructuras capitalistas.

    Pero ahora ya tengo que discrepar radicalmente (ya era hora jejeje 😉

    El capitalismo es la sublimación de la economía mercantil, y eso exige ley y orden. Por supuesto, se puede desarrollar un capitalismo de dictadura militar, pero degenerará en otra cosa, que no será el capitalismo. Por cierto, sería muy probable que fuera escalones atrás hacia un “antiguo régimen” que acabara por perder posiciones también en el aspecto del progreso material-productividad respecto a quienes permanecieran en estructuras liberal-burguesas del imperio del mercado..
    El capitalismo es incompatible con la democracia, pero necesita imperiosamente, mejor dicho, cuyo funcionamiento, su dinámica, se fundamenta en el “mercado libre”, que a su vez se funda en el respeto a los contratos (mercantiles).
    “El imperio de la ley, el estado de derecho”, NO es sólo un logro político de la burguesía: es una necesidad para el imperio del capital (sobre el aristócrata, el mandato de dios, el heredero de legítimos linajes, el que tiene armas y las usa… ). Lo que es un logro político de la burguesía es que la clase trabajadora no se apodere del imperio de la ley y del estado de derecho.
    No es una falta de justicia o de equivalencia en los contratos lo que sustenta la explotación, sino la característica del trabajo (social, es decir, humano; humano, es decir, social) de de producir más de lo que necesita para su mera reposición al estado inicial: una plusvalía. Su apropiación por personas distintas de quienes lo realizan es la ganancia, núcleo y fundamento del capitalismo. Para este asunto, como os temíais, me remito a los maestros: Marx, Engels y demás.

    brazos

  7. En línea con el comentario de @escaiguolquer, sobre si una economía de clan depende más o menos de la confianza (en comparación con una economía basada en la ley), dejadme aportar lo siguiente.

    Si en una sociedad sólo manda el clan, entonces el clan es la única ley. En ese caso, no hay una ley general que entre en conflicto con unas “normas-clan” locales que en teoría deberían estar supeditadas a la primera. En ese caso, la ley del Estado simplemente coincide con la ley del clan, no hay conflicto.

    Pero no es ése el caso al que nos referimos en el post cuando comparamos los países del sur de Europa con los del norte. En los del sur de Europa existen unas leyes del Estado, pero diversos gupos (no necesariamente disjuntos) aplican frecuentemente normas/valores locales que incumplen la ley global, la cual supuestamente es la única en vigor.

    Pongamos el siguiente ejemplo entre dos sujetos llamados X e Y.

    – CASO 1 (la ley): X promete hacer algo por Y en un contrato legal. Al llegar la crisis, X no puede cumplir a Y lo prometido. Entonces Y puede demandar a X. El Estado puede obligar a X a dar cierta compensación a Y. Aunque la compensación por el daño podría no ser completa, Y sigue manteniendo razonablemente alta su confianza en el sistema.

    – CASO 2 (el clan): X promete hacer algo por Y en un pacto verbal. Lo que le promete es aceptable dentro de la cultura del clan, pero es ilegal para la ley general, así que no puede haber contrato. Al llegar la crisis, X no puede cumplir a Y lo prometido. Nada obliga a X a cumplir su trato verbal: como lo que X prometió hacer por Y era ilegal, Y no puede demandar a X. Como resultado, Y está indefenso, ya no se fía en absoluto del sistema.

    Si llega una crisis económica a un país donde la mayoría de los tratos son como los del caso 1, entonces la gente podrá desconfiar de sus expectativas económicas, pero no de la validez de los tratos. Los incumplimientos seguirán conllevando, en la mayoría de los casos, ciertas compensaciones.

    Si llega una crisis económica a un país donde la mayoría de los tratos son como en el caso 2, entonces la gente no sólo desconfiará de sus expectativas económicas, sino también de la validez de los tratos. La gente sabrá que, si se arriesgan y les timan, nadie les compensará.

    ¿A cuál de los dos países hundiría más una crisis de confianza como la actual? ¿En cuál de ellos la desconfianza y el miedo desencadenaría una parálisis más grave? Este es el centro de la idea que proponemos: la enorme dependencia de España hacia su economía de clan la ha hundido más que a otros países donde existe más economía legal y menos economía de clan, pues los lazos del clan se basan sólo en la confianza.

  8. discrepo, NP-completo:
    el clan tiene medios mucho más eficientes que la ley para
    -identificar al incumplidor
    -castigar al incumplidor, no solo con justicia sino con crueldad ejemplificadora
    el sr. corleone, cuya foto ilustra el post, nos hará evocar a qué me refiero.

    conclusión: el cumplimiento en un régimen de clan se basa menos en la confianza y más en el miedo que el imperio de la ley. Pero, insisto, creo que la clave es que en un sistema de imperio de la ley la organización social se puede dejar (irresponsablemente) en manos del mercado en el que el dinero lo es todo, pero en un sistema de clan el que manda es el que manda, el dinero no lo es todo, y los intercambios no tienen porqué ser equitativos, y en general no lo serán.

  9. @escaiguolquer, efectivamente la mafia puede hacer esas cosas. Pero olvidamos que la inmensa mayoría de los clanes imperantes no reciben el poder de las pistolas, sino “simplemente” de su posición política o económica. No estamos viendo cuerpos de banqueros, políticos o constructores flotando en el Manzanares o en el Llobregat con un tiro en la nuca. Tampoco hemos visto coches bomba explotando en sus casas, ni (que sepamos) cabezas de caballo dentro de sus camas. No, el castigo por no cumplir las normas de un “círculo de amistades” político-banquero-constructor consiste en dejar de recibir los favores económicos que se intercambian entre sí los pertenecientes al círculo (adjudicaciones a dedo, condonaciones, porcentajes, financiación de partido, etc).

    Dichos castigos han mantenido el orden dentro de dichos círculos mientras existía el boom: ser expulsado de uno de esos círculos por no cumplir lo prometido, entrar en la lista negra de Fabra, o de los que repartían prejubilaciones en Andalucía, o de Camps, o de un empresario influyente (Botín, Florentino, etc), suponía dejar de acceder a un suculento festín de regalos maravillosos. Era equivalente a ser expulsado del jardín del Edén.

    Pero ahora el problema es que ya no hay dinero que repartir. Ya no hay adjudicaciones a dedo que hacer, porque no hay dinero público. Ya no hay condonaciones que hacer a los partidos, pues los bancos ya no tienen liqudez. Ya no hay porcentajes que regalar por cada adjudicación, pues ya no hay nuevas obras.

    Esta nueva situación ha dejado al “círculo” con el mismo poder con que se hubieran quedado los Corleone si alguien hubiera encontrado una forma de alterar la composición química de toda la pólvora de la Tierra para hacerla inocua: ninguno. La desaparición de la liquidez para el círculo ha sido como la desaparición de las armas para la mafia, ya no hay forma de castigar efectivamente a nadie. En el caso del círculo, se acabó el jardín del Edén, ya no hay regalos que dar (o, mejor dicho, que dejar de dar a los que se portan mal).

    Dado que dicha cadena de favores obviamente no podía quedar por escrito, ahora los damnificados, los que dieron más favores que recibieron al final de la crisis, no pueden ir a los tribunales a quejarse. Simplemente, ya no se fían de la economía clan, pues ya no cumple.

    Cuando la economía clan tiene un peso tan grande en una economía, el hecho de que tanta gente le haya vuelto la espalda de repente a la economía clan es muy peligroso. La desconfianza ha sido mortal. Mucho más que si sólo hubiera existido el “mercado”, donde la gente hubiera mantenido su confianza, al menos, en la fiabilidad de los contratos.

  10. bueno, no es polemizar por polemizar, pero es que de verdad que por una simple cuestión de matiz yo lo veo justo dado la vuelta:
    Lo que se ha acabado no es el círculo exclusivo de amiguetes. González y Aznar siguen en sus puestazos al frente de las eléctricas (como fijo, porque luego tienen sus varios negocietes por ahí), los Rodriguez (ibarra y zapatero) en el consejo de estado, y Rato buscando destino el pobre, y mientras pasará el rato sacándole rendimiento a las millonadas que se ha llevado (y evitando que eso le suponga pagar muchos impuestos, naturalmente).
    No digo que nadie haya ido a la cárcel, que por supuesto. Digo que el círculo sigue vigente y muy fuerte: a de Guindos, o superMario (Monti), no les ha supuesto ninguna “desconfianza” en que todo esté atado y bien atado, por el hecho de que haya quebrado Lehman. La quiebra de Lehman hace que haya menos que repartir, sí. Pero eso, siendo malas noticias para todos, sólo supone la expulsión para los periféricos. Los amos centrales del clan siguen en el machito. Se cierran filas y la confianza no es que no se pierda, es que se reafirma: “ya os lo decía yo, que estos advenedizos que se creian que con másteres, idiomas y agallas se iban a colar en el poder a lomos del capitalismo financiero y del liberalismo rampante iban de puto culo. Aquí estamos los de siempre, los de toda la vida, y aquí, para siempre, nos vamos a quedar… y tu… ¿de quién eres?”
    Y no hablo de cabezas de caballo en la cama, claro (jejeje) Ojo, que eso eran (incluso en la mafia FUERA DE LA LEY) medidas extremas a evitar, según las necesidades: es mucho mejor actuar con chivatazos o, como dices, por listas negras. Pero es que, incluso en este ejemplo tan extremo, el verdadero poder de los corleone no venía de la pólvora. En méjico y los ángeles las bandas generan más lealtad y aceptación, más LEGITIMIDAD, que el poder estatal (y por algo será, que nadie se equivoque!), igualico igualico que pasa con las bandas neonazis (hoy en grecia, sin ir más le3jos)

    saludos

  11. Es cierto que determinadas lealtades a estructuras “paralelas” aumenta en los casos de crisis (e.g. el fascismo emergió en lugares con crisis económica). Pero sí creo que la cantidad de dinero que se mueve debido a dichas estructuras de lealtad “paralelas al Estado” se ha reducido, y eso ha causado que muchos ex-miembros de esos clanes, quizás los más mindundis como tú dices, se hayan quedado con una mano delante y otra detrás. Lo que está pasando día tras día desde que empezó la crisis se parece a lo que llevaba ocurriendo toda la vida, pero sólo cuando se acercaban unas elecciones: los “clientes” del partido en el gobierno se ponían nerviosos y venían a sus políticos a decirles “¿qué hay de lo mío?”. Los políticos trataban de tranquilizarles: “no te preocupes, vamos a volver a ganar”. Cuando se confirmaba la derrota durante la noche electoral y las trituradoras de papel estaban a máximo rendimiento, el cliente llamaba a su político para que prometiera hacer lo que tenía que hacer mientras estaba en funciones. Pero el político simplemente no respondía a las llamadas, ¿para qué? No hay puestos de consejero delegado para todos los políticos perdores, son demasiados. Una escena berlanguiana.

    Esta crisis se ha llevado por delante las promesas ofrecidas por debajo de la mesa a mucha gente. Cuántos constructores estaban frotándose las manos cuando veían bonitas maquetas (e.g. la ópera de Palma)… o cuando pensaban que aquel banquero con el que jugaban al golf volvería a resolver sus problemas de liquidez, como lo había hecho siempre, pues tenían amigos comunes… Habían pagado muchos treses por ciento en el pasado, así que esperaban que eso contara. Pero, si hay algo que tienen en común las grandes crisis, es que provocan un sálvese quien pueda, ¡y mucho más entre gente que no había firmado absolutamente nada! Ahora esos pobres constructores, que tanto dieron, se sienten desamparados, sin amigos: “si los treses por ciento ya no funcionan, ¡esto es el fin!”. Para muchos constructores que jamás conocieron otra cosa, que nunca ganaron un concurso limpio (“¿existían?”), eso supone mucho más “el fin” de lo que lo supone una mala época económica. A eso me refiero cuando hablo del demoledor efecto de la pérdida de confianza sobre las transaciones de ese tipo.

    Ojo: igual que creo que la “economía clan” (quizás no los propios clanes) se ha hundido más que la economía legal durante esta crisis, también creo que la economía clan hizo que el crecimiento económico se disparase más durante el boom, de hecho mucho más de lo razonable. Antes de la crisis, ¿quién que tuviera el beneplácito de banqueros y políticos para hacer ilegalidades hubiera temido por su posición? Mientras sellaban acuerdos por decenas de millones de euros entre tiritos de coca y putas de lujo (nada une más a un clan que esas reuniones: así, cada uno podrá decir de los demás que “ey, yo te vi allí, conmigo, haciendo las mismas cosas que yo”), mientras todos reían, la sensación de seguridad de todos los presentes no sólo venía de sus ingresos, sino también, quizás más importante, de su pertenencia a un grupo todopoderoso, impune e invencible. ¡Sin duda, el boom duraría para siempre! ¡Habría dinero para siempre!

    Y si hay algo que hace demoledoras a las recesiones es que vengan precedidas, justo antes, de una gigantesca burbuja. Más dura será la caída. Otro punto a sumar a la parte de culpa de la economía clan en esta crisis, en particular en la española.

  12. Un añadido rápido a lo anterior: durante el final del ciclo expansivo previo a la crisis, ¿cuántas construcciones públicas fueron promovidas por los contubernios político-banquero-constructores, sin que la sociedad las demandase en absoluto, simplemente para que dichos contubernios se repartieran dinero entre ellos? ¿cuántos palacios de congresos, aeropuertos inútiles, etc se hicieron para único beneficio de los clanes? Esas construcciones prolongaron artificialmente (con dinero prestado, es decir, virtual) el ciclo expansivo antes de 2007… haciendo que la caída fuera mucho más dura después. El exceso de confianza clan antes de 2007 fue igual de destructor que su defecto justo después.

    Es más: cuando empezó la crisis, no sólo dejaron de hacerse las obras útiles, sino también esas otras obras innecesarias, provocando que la caída de la actividad fuera mucho mayor.

  13. Un artículo que me ha parecido bastante curioso y acertado, me ha gustado leerlo. Aún así, no creas que en países como los EEUU no hay cultura de clan, lo que pasa es que es de otra manera. Te recomiendo la serie “The Wire”. El problema de fondo es que aquí cuando tomas una decisión o haces algo que perjudica claramente a alguien, no se te penaliza socialmente si ese alguien no es de tu clan. Puedes robar en un super, porque el del super no es tu amigo, pero robar a un conocido es imperdonable.
    Cuando tenga un rato me leo los comentarios.

  14. Me ha hecho mucha gracia las razones históricas que dais, perfectamente válidas y posibles. (Y Carlos III fue un político eficaz). Aunque me recuerda un poco a los argumentos de por qué en Inglaterra predominaban las mujeres feas.
    Mi humilde opinión en un tema tan complejo y del que yo soy bastante ignorante, es que no estáis equivocados en vuestra suposición de la existencia de una estructura de mafia-clan en España. Y no tengo la menor duda que ese sistema de supervivencia de no siempre los más aptos, tenía que tener sus efectos cuando surgen las crisis o los problemas.
    Pero mezclar la decadencia del sistema capitalista con la crisis y la mafia es mucho para mí. Me he perdido en los comentarios, lo reconozco. Lo único que yo veo es que las personas que deberían mejorar la organización del sistema en España son unas ineptas, mientras que los especializados capitalistas son más bien espabiladillos. Y los más listos son los que no pierden nunca.
    La sugerencia de enfrentarse cuando ves que los favores prevalecen sobre la ley, me parece algo utópico, aunque sería lo correcto y lo ideal. Me explico: ya es demasiado tarde para nosotros. Poner mala cara solo sirve para que te excluyan más. Creo que es una nueva mentalidad que habría que inculcar a las nuevas generaciones.
    Pero enhorabuena por el post: un tema interesante que convendría meditar.

  15. @escaiguolquer y @NP-completo, un debate interesantísimo, siento haber llegado al final… creo que hay una manera de conjugar vuestras posturas que no habéis considerado. Los clanes que comentamos en el artículo, pese a las referencias a don Vito, son pacíficos. Según la definición clásica, un Estado es la organización social que detenta el monopolio del uso de la violencia. Una mafia es un Estado dentro de otro Estado, y compite con él. Los clanes no compiten con el Estado, sino que viven a su sombra. La mafia tiene métodos de castigo “físico”, pero los clanes están a un nivel menor. Su única forma de castigo es excluirte de sus business. Pero cuando el business se ha terminado, no hay castigo posible, es el sálvese quien pueda. Quizás el problema es que la metáfora de la mafia era limitada… ¿qué pensáis?

    @Lightbringer, gracias por el comentario… y por la sugerencia, tengo “The Wire” en mi lista de espera, me han dicho que es fantástica.

    @Yohana, gracias a ti también 🙂 En cuanto a la dicotomía entre “políticos incapaces” y “capitalistas espabilados” no estoy seguro sobre si la comparto o no. De hecho, uno de mis temas favoritos de discusión política con mis amigos es: “¿Son malos o tontos?” Y dio para muchas horas de debate, hasta que alguien me dijo “un nivel suficientemente elevado de incompetencia es indistinguible de la maldad”. Y ahí me quedé, reflexionando… 😉

  16. Es una frase muy acertada. Y puede ser aplicable a muchos políticos y a mucha gente. Pero en el caso de los políticos, es estadísticamente improbable que todos sean tontos. ¿Son los más tontos los que se sitúan en las posiciones más altas? En España, me parece posible, y apoyaría la tesis del clan.
    Pero ¿Qué pasa con las motivaciones? Para mí, es la forma de definir la maldad. Si tienes motivaciones nobles, independientemente de tu inteligencia, no puedes ser catalogado como mala persona. Y para muchas personas su única motivación es lucrarse, o algo de tipo igualmente egoísta.

  17. El debate es muy interesante, Yohana. Te lo formularé de otra forma: ¿es concebible que una persona realmente inteligente haga mal a los demás? En principio, sí. Por ejemplo, si se trata de gente que jamás volverás a ver. Pero eso es infrecuente. En general, lo inteligente es comportarte bien con los demás… ¿o no? En el caso que nos compete, los políticos-grandes empresarios-banqueros (el Clan) están obteniendo beneficios inmediatos obvios con la crisis: una reforma laboral que jamás habríamos tolerado, privatizaciones, rescates bancarios… pero… están hundiendo irremisiblemente el país y, a medio plazo, sus beneficios propios. Una vez que jugamos con el largo y el corto plazo, la cuestión de la motivación como criterio para determinar qué es “ser bueno” se difumina un poco. Pero, como decía Keynes, “a largo plazo, todos muertos”. 🙂

  18. En el caso de los políticos-grandes empresarios-banqueros, no es cuestión de hacer mal intencionalmente. Eso es algo que todavía me cuesta creer. Es cuestión de que te sea indiferente si perjudicas profundamente al compañero, con el propósito de sacar un beneficio.
    Luego aparte yo considero la inteligencia. Digamos que los más tontos se quedan aferrándose a estrategias que ya no funcionan, mientras que los más listos (hay ejemplos recientes) abandonan el barco, seguramente con algún tipo de botín entre los dientes. Y alguno estará ya en Sudamérica aplicando estrategias similares a las utilizadas por aquí.
    Sobre tu pregunta de si una persona inteligente puede hacer mal a otra, es cierto que eso es algo más infrecuente, y que lo más inteligente es tratar bien a la gente (por lo menos desde mi punto de vista). El problema es que la intencionalidad no es siempre tan abierta como para poder ser observada como daño. Pero insisto, no es cuestión de hacer daño premeditadamente, sino de que te sea indiferente hacerlo a cambio de obtener beneficio. Luego entonces, la motivación si importa cuando es interesada.

  19. Muchos de los problemas de los que estamos hablando proceden de que las reglas de juego no están bien diseñadas, más allá de si la gente es buena, mala o inepta. Una vez que estableces las reglas de un juego (por el tema del que estamos hablando, la Economía), la gente intenta jugarlo para beneficio propio. Algunas acciones pueden conllevar penalizaciones, como sacar tres seises en el parchís. Puedes arriesgar a mover tu ficha más avanzada con tu segundo seis, o puedes mover la menos avanzada, por si luego te sale el tercer seis y esa ficha se va a casa. En la Economía, muchas acciones son jugadas válidas. De hecho, valen todas las que no te lleven a la cárcel. Mejor dicho, ésas también valen, también forman parte del juego si calculas bien los riesgos y tienes un buen abogado. Como en el Monopoly, puedes entrar y salir de la cárcel, e incluso a veces te conviene estar más turnos en la cárcel (e.g. cuando no quedan calles por venderse y todas las calles enemigas están llenas de hoteles). El hecho de que en España se pueda evitar una condena por corrupción con tanta facilidad también forma parte de las reglas. Las reglas-clan también son reglas estudiadas cuidadosamente en las estrategias de todos.

    El objetivo de un juego es divertir a la gente, mantener a la gente jugando. No sé si fue Keynes (corregidme si no) quien, hablando de la Economía, puso el ejemplo de unos niños jugando a las canicas en una barriada. Imaginemos que un niño gana las canicas de todos los demás niños (por habilidad, por suerte, o porque su papá le compró mejores canicas). Cuando ese niño tiene todas las canicas, los demás niños no pueden seguir jugando a las canicas y se buscan otro juego. Con la Economía pasa lo mismo: si una empresa gana tanto dinero como para echar a las demás y establecerse como un monopolio, entonces pondrá los precios que quiera, empobrecerá a las demás, y la gente finalmente dejará de jugar. Es decir, la economía dejará de moverse, habrá recesión. En esos casos, sólo cabe volver a repartir las canicas para que la gente vuelva a poder jugar (o sea: sólo cabe redistribuir la riqueza, vía impuestos o de alguna otra manera). O la gente vuelve a tener canicas, o la gente deja de jugar.

    Recuerdo que una vez me propusieron jugar a un parchís para diez jugadores. Al establecer las reglas se decidió que, al comer una ficha, se contase 60 en vez de 20. A mi 60 me parecía poco. Cuando alguien comiera, ése retrocedería todo lo avanzado con esa ficha (pongamos 100 en media, dado que había unas 200 casillas) y el otro avanzaría una cantidad fija (60 casillas). Así que, cada vez que alguien comiera, el avance global hacia el final del juego sería 60 – 100 = -40. ¡Cada vez que alguien comiera, se estaría más LEJOS de terminar el juego, no más cerca! Traté de explicarlo sin éxito. Los demás jugaron… durante cinco o seis horas, hasta que se aburrieron y decidieron dejar de comerse. El juego era absurdo porque las reglas estaban mal puestas. Es lo que pasa con un juego mal diseñado, como las reglas actuales de la Economía. Actualmente estamos jugando a una especie de parchís donde la mitad de los jóvenes están en paro. Están en su casa pero, cuando tiran el dado, resulta que ninguna cara contiene un cinco. ¿Por cuánto más tiempo querrán seguir jugando a ese juego? ¿Cuánto aguantarán sin tirar el tablero al suelo para inventar unas nuevas reglas?

  20. Yo creo más bien que algunas reglas están diseñadas para beneficio de unos pocos.

  21. Quería hacer algún comentario relacionado con el tema… pero es muy complejo y hay grandes argumentos que se bastan para no añadir nada más. Símplemente decir que llevas mucho sin publicar… y ya te vale!! (el proximo lo cojo más a tiempo jejeje)

  22. Enhorabuena por el post. Has (o habéis) conseguido sintetizar la situación española en particular y la europea (del sur) en general de una forma magistral, así que me he visto obligado a seguiros.
    He observado que hace bastante que no se publica nada, espero que sea algo pasajero.

  23. Hola, jorsandur, y gracias por los ánimos! 🙂 En efecto, he pasado una etapa de muchísimo trabajo. Afortunadamente, ya puedo volver a afilar mi pluma… Un abrazo!

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