Las víctimas son culpables

Si existe el infierno, yo lo reservaría para los que hacen a las víctimas sentirse culpables de su situación.

“Es verdad que los desahucios son un drama, pero las deudas hay que pagarlas. Si compraste un piso muy por encima de su valor real, y para ello te endeudaste, es tu responsabilidad. Nadie te obligó.”

Me sorprende la cantidad de veces que he tenido que soportar ese argumento, incluso viniendo de gente inteligente y bien intencionada. Se trata de una de esas tristes falacias que ya serían sospechosas con tan sólo ver lo bien que le sientan a los poderosos. El éxito de la propaganda política es siempre obtener la gestión del sentido común. Y en este caso lo han logrado: el argumento anterior parece auto-evidente.

Todo abuso de poder se intenta siempre justificar culpabilizando a las víctimas. Pensemos en las mujeres violadas que tienen que soportar preguntas dirigidas a establecer si ellas “provocaron” la agresión. No, señores, ser una víctima no implica ser una persona pura y candorosa. Una mujer puede ser provocativa con su manera de vestir y de actuar, puede ser tan guarrilla como le dé la gana y, aun así, tener derecho a ser defendida en caso de violación. No se debe tolerar que un juicio por violación se convierta en un juicio sobre el estilo de vida de la mujer violada. De la misma manera, una familia que ha perdido su vivienda y queda con una deuda de por vida tendrá mi apoyo, aunque en su momento hubieran usado el préstamo hipotecario para comprar también el coche y la wii. Así de claro.

“Las deudas hay que pagarlas” parece una evidencia, pero no lo es. No todas las deudas deben ser pagadas, aun cuando hayan sido asumidas libremente. Cuando una empresa quiebra, sus deudas no se cobran. Al prestar dinero, el banco asume un cierto riesgo de impago, y cobra un interés en base a dicho riesgo. La función social del banco es evaluar la probabilidad de éxito de cada plan de negocio y asignar préstamos en consecuencia. Imaginemos que pudiera idearse un mecanismo para que toda deuda fuera cobrada en cualquier caso, aunque fuera a costa de la vida de los prestatarios. En ese caso, el banco no asumiría ningún riesgo, y no tendría ningún motivo para negarse a prestar. Al no asumir riesgos, el banco tratará de convencer a los ciudadanos de que pidan prestado dinero para cualquier chorrada, por arriesgada e imbécil que sea, pues así maximizarán sus benficios. En conclusión: es necesario que, al prestar dinero, el banco asuma un riesgo de impago. En otras palabras: es necesario que algunas deudas no se paguen.

El reparto de riesgos entre prestamista y prestatario es un delicado equilibrio que debe establecer el Estado. Al fin y al cabo, el Estado es el garante del pago de las deudas. Sin la amenaza de violencia que sólo el Estado puede ejercer, nadie tendría por qué devolver ningún préstamo. Pero en los últimos veinte años los bancos han acumulado mucho poder político, y el equilibrio se ha destruido. Lograron desembarazarse de los riesgos asociados a los préstamos por diferentes vías. Por ejemplo, la venta de préstamos en forma de paquetes (CDO), o los seguros de impago (CDS). En España, añádase la ausencia de dación en pago. Los banqueros se dieron cuenta de que ganaban lo mismo, dieran préstamos buenos o malos. ¿Había desaparecido el riesgo, de verdad? No: lo asumían el Estado y los prestatarios.

¿Todos somos culpables? No, señores. Toda sociedad compleja precisa de división del trabajo y confianza en los especialistas. Confiamos en los médicos para que tomen decisiones sobre nuestra salud, en los ingenieros para que diseñen puentes y ordenadores… y en los financieros y economistas para que gestionen nuestro dinero. Los españoles éramos imbéciles, pensábamos que el director de nuestra sucursal bancaria era alguien en quien podíamos confiar, como nuestro médico. Grave error. Nos dijeron que los altos precios de los pisos eran naturales, y que era imposible que bajaran. Nos animaron a pedir préstamos aun cuando no los necesitáramos, y nos argumentaban que era bueno pedir más de lo necesario. Claro, ellos no asumían riesgos. Y los economistas les reían las gracias y publicaban artículos elogiando la nueva ingeniería financiera.

¿Qué pasaría si los físicos tuviéramos tan pocos escrúpulos como los economistas? Pues que negaríamos el cambio climático y animaríamos a todo el mundo a derrochar energía y a usar el coche hasta para ir a comprar el pan. Los magnates del petróleo nos premiarían con subvenciones y regalitos. Después, cuando llegara la catástrofe, nos llenaríamos la boca diciendo que “no había manera de preverlo” y que “todos somos culpables” de haber abusado del coche y derrochado energía.

La culpabilización de las víctimas se difunde como una mancha de aceite. Los desahuciados vivieron por encima de sus posibilidades. Los parados son vagos que quieren vivir de las subvenciones (¡que se jodan!). El fracaso escolar se debe a la falta de esfuerzo. Toda exclusión social radica, a la postre, en una culpa previa. Los no-excluidos aceptan de buen grado estas sandeces, pues les ayudan a sentirse a salvo. Eso no podría haberles pasado a ellos, pues son gente esforzada y con una gran fibra moral. Y lo que vale para las personas, vale para los países: Alemania es virtuosa, España es derrochona. El hecho de que el capital que huye despavorido de España esté ayudando a tapar el enorme agujero financiero alemán no tiene relevancia. Y lo mejor de la culpabilidad es que no mueve a la acción, sólo a la autoflagelación y al sufrimiento callado.

Así se extienden los engendros pseudo-intelectuales como “El Secreto”, Paulo Coelho o los libros motivacionales que nos informan de que obtendremos todo lo que deseamos si somos positivos y nos esforzamos. Ello implica que quien no obtiene el éxito es porque no se esfuerza o no es positivo. Salen del tablero otros motivos, como que las reglas del juego sean injustas, que los dados estén cargados. Y así logran que el sentido común abrace la noción de que quien tiene éxito es porque lo merece, y los derrotados del sistema lo son por su desidia y su flojera. La vida es justa, y las víctimas son culpables.

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Publicado el diciembre 3, 2012 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 20 comentarios.

  1. Estoy de acuerdo, pero solo en parte. Cuando te roban o te violan, tú no puedes hacer nada, es un atentado unilateral contra tu persona. Ni el ladrón ni el violador te dan tu opinión, ni te dan un contrato que firmar, ni existe una ley, por muy injusta que sea, que regule la relación ladrón-robado.

    En el caso de las hipotecas, tienes la ley, tienes el contrato, tienes la información disponible. Puedes mirar todo eso, aunque sea difícil puedes decidir, porque nadie te obliga (aunque existiese un presión considerable dentro de la sociedad española) a que te “compres” un piso. La cuenta para ver la imposibilidad de pagar era muy sencilla, no había más que calcular los intereses que había que pagarle al banco (que duplican el precio del piso). No había más que enterarse de que esa deuda no se cancela devolviendo el piso. No había más que ver qué pasaba si el Euribor se duplicaba o triplicaba (algo que no ha ocurrido todavía, pero que pasará). Pero nadie se ha molestado en hacer semejante cosa, porque “alquilar es tirar el dinero” y estábamos montados en el dolar, éramos españoles, éramos ricos, éramos la ostia, etc, etc.

    Muchos no hemos hecho nada de esto, precisamente porque no tenía ningún sentido, a pesar de las presiones de las autoridades, familia, amigos y demás entes de esta sociedad.

    Dicho esto, está claro que hay una estafa, por todo lo que has comentado y algo más. Pero no digas que la frase que encabeza la entrada es una falacia y no la compares con una violación, porque no es cierto. La sociedad en su conjunto tiene una responsabilidad por haber fomentado estas prácticas, no evitemos eso, no echemos solamente las culpas a políticos y banqueros, que la mierda está por todas partes. Si no miramos los problemas con claridad, va a ser imposible resolverlos.

  2. Bienvenido y gracias por el comentario, eulez 🙂

    Aunque solemos estar de acuerdo, tu respuesta es un gran ejemplo del tipo de actitudes que quiero combatir con mi post. La comparación con la violación me sigue pareciendo legítima. En efecto, cuando una mujer es violada, muchas personas comienzan a hacer preguntas sobre el comportamiento de la mujer, para ver si es suficientemente puro. Sólo es considerada víctima si su comportamiento es irreprochable. Ésa es la falacia: una víctima no deja de serlo aunque su comportamiento haya sido estúpido o criminal.

    Como explico en el post, toda sociedad compleja precisa de especialistas en los que confiar. No podemos todos ser especialistas en todo. Ni tú ni yo nos hemos endeudado. En parte, porque nunca hemos confiado en los especialistas en finanzas. Sospechábamos, y hacíamos bien en sospechar, que había un conflicto de intereses en sus consejos. Pero no es lícito culpar a quien les creyó.

    Fíjate en el ejemplo de los físicos. Si fuéramos como los economistas, negaríamos el cambio climático. La gente nos haría caso y usarían el coche hasta para ir a mear. Luego, cuando llegara la catástrofe, diríamos que la culpa es de todos… ¡¿de todos!? ¿¡en serio!?

  3. ¿quien dice de culpar a las victimas? justamente se hace los contrario, se las ayuda, fíjate que por mucho que pueda perder una familia que es desalojada más pierde el pobre e incauto banco que tiene muchas familias de esas, ¡los pobres banqueros son las victimas! ¡los banqueros han perdido más que cualquier familia ya que ellos prestaron dinero de buena fe! y nuestro estado, todo virtud, va a ayudar a los que más han perdido, no quieren culpar a las victimas (banqueros) se les ayuda… ¿el resto? ¡no me vas a comparar una familia en la calle que el pobre banco que tiene que aguantar que muchas familias no le paguen! [[sarcasmo]]

  4. Jajaja!! No hace falta sacar el cartel de sarcasmo salvo cuando está Sheldon… 😉 Pobres banqueros, nadie entiende su sufrimiento… 😛 😄

  5. Claro, y si el banco entre sus condiciones pone que pase lo que pase te va a cobrar un suelo del euribor +2% y quieres contratar la hipoteca con otro banco pero todos hacen lo mismo, la culpa es nuestra. Si el banco revisa tu hipoteca aplicando condiciones abusivas, la culpa es nuestra. Siguiendo ese razonamiento, aunque sea dificil, tienes a tu alcance los conocimientos, tecnicas y tacticas que te mantienen a salvo de violaciones y atracos… si eres un marine. De todas formas no falta el que ante un suceso en un barrio “malo” siempre acusa a la victima diciendole que lo tiene bien empleado por ir por esos sitios. Si yo me quiero comprar una casa, como es mi derecho (aunque ha pasado a ser articulo de mucho lujo salir de casa de tus padres) miro ofertas, hago cuentas y busco la manera de que me salga lo mejor posible, pero dado el monopolio que hay es un “lo tomas o lo dejas”. Por supuesto que al leer una clausula abusiva puedes recojer e irte, pero te quedas sin casa. Asi de simple. Y quien tiene que garantizar que la casa sea un bien accesible es precisamente quien se enriquece con ello. Estamos de acuerdo que mucha gente vive dia a dia sin pensar en que un dia se la pueden jugar y quedarse con una mano alante y otra atras, los que se pasan de cándidos son susceptibles de ser timados, pero eso no quita que cuando son timados esten protegidos.
    Cuando la venta se estanque, la gente se vuelque en el alquiler y los alquileres suban ¿tambien tendremos la culpa?

  6. Por afinar entonces a la bizantina, dejémoslo en la comparativa de la chica que liga por Internet y acude a fornicar libremente y se entera demasiado tarde de que era una trampa para ser violada -un caso que salió hace días en el periódico y que resulta ser más frecuente de lo que creemos, y en el que además las tentaciones de culpabilizarlas a ellas resulta aún más tentador para un tipo de mentalidad tan liberal para los beneficios de los poderosos como poco liberal en materia de costumbres…
    Como siempre que te leo, felicidades: creo que es una batalla ideológica fundamental,,,

  7. @erynus, me encanta tu descripción. Quienes compraron pisos sobrevalorados estaban ejerciendo su derecho a una vivienda, aunque fuera bajo cláusulas abusivas. La responsabilidad de vigilar esos contratos, tratándose de un derecho fundamental, es de los poderes públicos.

    @zenondepelea, gracias por los ánimos!! 🙂 Yo creía que la batalla de la culpabilización de las víctimas ya había terminado, pero veo que continúa, y con más virulencia. Ayer Rajoy nos explicó que la culpa de la crisis eran las teles de plasma y las vacaciones al Caribe pagadas a crédito. Así que seguiremos plantando batalla… 😉

  8. El problema es el de siempre. La competitividad y la absurda creencia de que si no competimos nos quedamos atrás, por un lado, y el victimismo por el otro.

    Cuando te han repetido hasta la saciedad que quien trabaja y se esfuerza, gana un buen sueldo, que es el vago el que se queda en paro, que quien la sigue la consigue, y que “la culpa es de los padres, que las visten como putas”, si se da el caso de que tú seas persona española de bien, con un sueldo digno (superior a la media, cuando la media son 1.300€ pero 3 cuartas partes del país cobran menos…curiosa media que hace olvidar que si los salarios se repartiesen equitativamente la media podrían ser 2.000 3.000 o incluso más€ (eso no lo piensa el españolito de bien)) y una hipoteca que te permite respirar, te lo acabas creyendo. Porque no es que seamos mala gente, es que somos muy crédulos y muy santurrones.

    A la gente nos gusta demasiado decir, “a mí no”… o “mira que bien lo he hecho”… “soy mejor que tú”.

    Si se acepta que no es lo bien que lo hemos hecho sino la trampa que les han tendido a los otros, perdemos mérito. Ya no somos mejores.

    Cuando nos demos cuenta de que hay muchas formas de ser mejor, y que la mejor de todas es superarse uno mismo cada día y no a los demás, que la manera de prosperar es prosperar como personas y seres humanos que somos y no como animales carroñeros, lobos, hormigas o cigarras que no somos… o como alfas, gamas o betas.. que se puede cooperar y a la vez demostrar nuestra valía, pues entonces se dejará de culpar a las víctimas.

    Y eso en cuanto a lo de la competitividad. A demás de crédulos, santurrones y competitivos (malamente enfocados), algunos somos muy victimistas… es muy español que cuando alguien dice “no sabes lo que me ha pasado”… alguien diga… “pues no sabes lo que me ha pasado a mí”… somos poco empáticos a veces, nuestro problema, es El Problema, y nos cuesta echar miradas objetivas a la problemática general. Soy yo y mi circunstancia, y por supuesto mi circunstancia es mucho más complicada que la tuya… si encima yo he salido menos mal parado que tú es que soy mucho mejor… porque “pobre de mí”… bueno en el fondo esto del victimismo es un poco competitividad sobre quién es más víctima…

    Competitividad mal enfocada… resumiendo.

  9. eulez:
    Creo que javirl le ha levantado las faldas a esa culpabilización de las víctimas en todas sus dimensiones, y no me queda nada que añadir. Sólo un aplauso enorme.
    Pero sí quería comentar que tenemos tendencia a confundir la responsabilidad de todos, del pueblo (si, ese que unido jamás será vencido) con la culpabilización de las víctimas.
    Por esa misma razón gente como Julio Anguita nunca “engancha” con su público objetivo. Cierto es que debemos ser todos los que asumamos nuestras responsabilidades democráticas (políticas, le iremos perdiendo miedo a la palabra) en todos los ámbitos, incluidos los cotidianos y los no tan cotidianos. Pero eso no significa que se pueda poner en el mismo plano o aún en planos comparables la responsabilidad de las víctimas y de quienes les explotan. Ni se puede ni se debe.
    Y en esto también hay que señalar el acertado comentario de Javirl un poco más arriba: “toda sociedad compleja precisa de especialistas en los que confiar. No podemos todos ser especialistas en todo.
    Efectivamente, la sociedad es muy compleja, porque se ha profundizado enormemente la división social del trabajo. Y eso es bueno. Así debe ser, así es, y así será en cualquier caso. Y por eso cualquier solución al mundo insostenible y criminal que vivimos no pasará por una regresión a una autarquía paleolítica. Incluso es probable que deba ahondarse en la socialización de muchos más ámbitos que permanecen en lo privado. Pero de lo que no me cabe la menor duda es que la solución pasará necesariamente por la democratización de ámbitos que ya son sociales pero se reservan las decisiones (y los rendimientos, claro) unos cuantos “privados”. Me refiero al suministro eléctrico, la producción y venta de automóviles o latas de sardinas, el servicio de telecomunicaciones y todo lo que implique trabajo SOCIAL.
    Y la democratización, por supuesto, exige, necesita, responsabilidad.
    Pero no estamos como estamos por culpa de que las víctimas seamos unos irresponsables. Esto es un efecto, no una causa.

    brazos

  10. Antes que nada comentar que estoy bastante de acuerdo con lo que se dice en el post. Bien planteado. Y aunque tengo bastante claro quienes tienen la responsabilidad de que se aliente una conducta consumista casi carente de sentido, me surge una dudilla, solo una curiosidad: ¿Qué opinión te merecen las víctimas que se transforman en verdugos? Me refiero a estos señores que antaño tenían unos ahorrillos en el banco, y deciden aprovechar la situación para aumentar su patrimonio, comprando un pisillo a sabiendas (o con la expectativa) que lo venderán por más de lo que les costó, a algún otro infeliz y toreando préstamos e hipotecas, y especulando como el que más. Y en menor medida, pero también, a esas parejas jóvenes cuyo objetivo final es una casa de nueva construcción con cuatro dormitorios, tres baños, piscina y “gym”, porque ellos lo valen, pero como solo se pueden permitir un pisito-caja de cerillas de dos dormitorios de segunda mano, deciden comprar este para más adelante venderlo por encima de su valor, hacerles lo mismo a otros, y así tener suficiente para optar a la primera opción, porque ellos lo valen. Si no va a ser definitivo ¿Por qué no alquilar? Y si me pongo, habría más ejemplos.
    No se me malinterprete. Jamás defendería a los bancos, gestorías y aledaños, empresarios de la construcción, políticos, empresarios sin escrúpulos a secas y los amigos de todos los anteriores. No es que dude de la idea general. Lo planteaba solo por introducir otros aspectos.

  11. Buenas, javirl, me alegra tu regreso por estos lugares, llegué a pensar que te había pasado algo…
    Y dicho esto, no voy a comentar de tu artículo más que esto, que es una buena muestra de todo lo demás:

    Copio el “razonamiento”:

    “En conclusión: es necesario que, al prestar dinero, el banco asuma un riesgo de impago. En otras palabras: es necesario que algunas deudas no se paguen.”

    En conclusión: es necesario que, al dejar a sus hijos salir a la calle, los padres asuman el riesgo de que sean atropellados. En otras palabras: es necesario que algunos hijos sean atropellados.

    Tus razonamientos no son tal, sino exposiciones desde tu punto de vista pero mirando a través de diferentes lentes y con apariencia de deducciones. Respetable tu punto de vista, pero no compartido por mí.

    Un saludo.

  12. Hola, @lightbringer! Agradezco tu preocupación, no era más que exceso de trabajo… Tengo mil ideas para posts en el blog, y muchas ganas de debatir con vosotros… pero lo urgente no deja tiempo a lo importante! 🙂

    [Breve inciso: he editado tu comentario, según tus instrucciones, para facilitar la lectura] 🙂

    En cuanto a tu comentario, me gustaría aclarar algo. La razón de ser ética y económica del cobro de interés es la asunción de riesgos. A lo largo de la historia, el interés, denominado usura, ha estado prohibido la mayor parte del tiempo. Incluso grandes pueblos comerciantes, como los fenicios o los árabes, tenían prohibidos los préstamos con interés. Entonces, ¿cómo se podían financiar las grandes expediciones comerciales? Pues los “financistas” estaban obligados a convertirse en “socios capitalistas”. No era un préstamo, era capital de la “empresa” (equity). Por lo tanto, compartían los beneficios y los riesgos. El préstamo con interés es, en principio, una añagaza legal para evitar el riesgo… Pero no es justo que alguien se lleve beneficios de una empresa sin participar ni en la producción ni en los riesgos, ¿no es así? Por eso el Estado, que es el garante del cobro de los préstamos, crea unas leyes de “quiebra” (default), para equilibrar la balanza.

  13. @Manojito, lo que describes es una falacia clásica: nuestros logros son debidos a mérito propio, nuestros fracasos/culpas son debidos a las circunstancias… Hace falta tener mucho coraje para reconocer que tanto en nuestros éxitos como en nuestros fracasos hay una combinación de suerte y mérito… 🙂

    @escaiguolquer, ¡unas ideas realmente apropiadas! En efecto, el pueblo es más o menos responsable en la medida en que las decisiones sociales sean más o menos democráticas. A lo largo de esta crisis el pueblo no tenía a su alcance los datos y los análisis relevantes. Y, aunque los hubiera tenido, su opinión tampoco habría importado. Ésa es la esencia de la democracia.

    @Yohana, el asunto admite matices, por supuesto, pero hay que mantener la perspectiva, sobre todo, de los órdenes de magnitud. Cuando hablo de personas desahuciadas que quedan con una deuda de por vida, estoy pensando en la vivienda habitual, no en la compra para la especulación. Es cierto que hubo personas que se endeudaron para jugar a la especulación a pequeña escala y han perdido todo. No es de ellos de quien hablo, pero lo cierto es que tampoco son los responsables reales de lo ocurrido. Hablamos de hormigas frente a dinosaurios.

  14. Está bien eso que dices de la asunción de riesgos, y sí, eso hace a la usura ética y económica, pero NO SÓLO eso. En lo que no podía estar de acuerdo es en que sea necesario que se produzca el impago.
    Por otra parte,y en lo que añades de la participación del prestamista en el capital propio, yo también lo considero una buena opción para, por ejemplo, evitar rescates de entidades quebradas. Se reúne a los acreedores y se hace una ampliación forzosa de capital de la empresa en cuestión (sin necesidad de poner dinero), así todos asumen su parte del riesgo y la responsabilidad que conlleva, y se preocupan por que la infraestructura empresarial siga valiendo para algo.
    Aplicar esto en el caso de las viviendas sería mucho más complicado, aunque podría estudiarse.

  15. Lo que estás proponiendo viene a ser “salvar a todas las empresas”. No lo veo factible en general. Hay ocasiones en que el modelo de negocio ha demostrado ser catastrófico. Pero, en caso de ser posible, me parece una buena idea. “Equity” en lugar de préstamos. (¿Cuál es la palabra buena en castellano?)

    Otro problema, claro, es el préstamo para el consumo, como las hipotecas. Ahí no hay “equity” que valga, porque no hay beneficios. Está claro que el mercado ha fracasado como mecanismo de asignación de recursos, pues tenemos casi un 20% de viviendas vacías y multitud de personas sin hogar. O adoptamos criterios sociales o vamos al desastre.

  16. Centrándome en el primer asunto, no digo que haya que salvar a todas las empresas, porque una vez capitalizada la deuda los nuevos dueños verían si la empresa es viable o no lo es. Si lo es, pues a salvarla entre todos. Si no lo es pues se desmantela, se vende todo y se reparte entre los nuevos propietarios.

  17. Se me ocurre una extensión de la propuesta: que no existan préstamos, sino “equity”, en todos los casos. También en los préstamos al consumo. En ese caso, el prestatario no debería ser el consumidor, sino el fabricante. Supongamos que no existieran los bancos. Al no tener demandantes de vivienda el dinero para comprarlas a tocateja, el constructor podría hacerles un esquema de pago a plazos, con ayuda financiera de un banco. Pero el banco NO es un deudor, sino un socio capitalista de la constructora. Eso evitaría muchos problemas. En caso de impago de los inquilinos, o de quiebra de la constructora, las pérdidas se reparten entre los afectados de manera establecida por ley. Y sería imposible que alguien perdiera su casa y quedara con una deuda, esa noción es, simplemente, estúpida.

  18. Tengo una pregunta que me atormenta desde que empezó la crisis. Me explico.

    Según muchos economistas, el bienestar de una sociedad al completo funciona de manera conjunta, como una correa de trasmisión.

    Por una parte, si los empresarios obtienen grandes beneficios en un sector productivo, entonces otros empresarios entrarán en el mismo negocio, necesitarán contratar a nuevos empleados, y así bajará el paro. Y al bajar el paro, los sueldos subirán. Finalmente, todos contentos.

    Por otra parte, si los empleados tienen mucho dinero en el bolsillo, entonces gastarán más en comprar productos, y así los empresarios que fabrican dichos productos obtendrán más beneficios. Finalmente, de nuevo todos contentos.

    Así que parece que el bienestar de un lado conlleva, finalmente, el bienestar del otro lado. Todos estamos “en el mismo barco”. La lucha de clases es absurda.

    Con los bancos, el argumento de muchos economistas es parecido.

    Por un lado, si a los bancos les va bien, entonces tendrán liquidez, surgirán nuevos bancos que aumenten la competencia, y finalmente los créditos serán más baratos.

    Por otro lado, si a los prestatarios les va bien, entonces devolverán sus deudas y al final a los bancos les irá bien.

    Si todo funciona como una maravillosa correa de trasmisión, entonces, en tiempo de crisis, debería dar igual a cuál de los dos extremos de la correa ayudamos para que la correa vuelva a dar vueltas, ¿no?

    Por ejemplo, podemos abaratar el despido para que los empresarios obtengan más beneficios, y así finalmente decidan contratar a más gente. O bien, podemos subir los salarios, para que así los trabajadores tengan más dinero, más confianza, ahorren menos, gasten más, y así los beneficios de las empresas suban. En ambos extremos de la correa, tenemos esas dos opciones.

    Respecto a los bancos, podemos proteger a los bancos e inyectarles dinero público, para que así a los bancos les vaya bien, y al final ofrezcan préstamos baratos a los prestatarios. O bien podemos pedir a los bancos co-responsabilidad de riesgos, para así no asfixiar a los prestatarios, que de esa forma podrían gastar, invertir y reactivar la economía. Con una economía floreciente, los prestatatarios podrían finalmente pagar sus deudas, y así finalmente los bancos saldrían beneficiados.

    Mi pregunta es la siguiente. Si la economía es realmente una correa de trasmisión en la que todos salimos ganando cuando ganan los del otro lado, entonces ¿por qué siempre tenemos que beneficiar siempre al mismo lado de la correa? Si el beneficio directo de unos conlleva después el beneficio indirecto de los otros, entonces ¿por qué todos los cambios que hacemos dan beneficio “directo” al mismo lado, mientras simplemente cruzamos los dedos para que ese beneficio acabe llegando, indirectamente, también al otro lado?

    ¿Tendrá que ver el hecho de que uno de los dos lados de la correa es el que tiene el poder para poner las normas? ¿O tendrá que ver el hecho de que la correa de trasmisión es, en gran parte, una falacia?

  19. Buenísimo, NP-completo… de hecho te propongo redondearlo un poco y convertirlo en un post… 🙂

    La noción de correa de transmisión se suele llamar en inglés “trickle-down economics”, o economía de goteo. Quiere decir que cualquier mejora de las rentas de la clase alta se verá reflejada en una subida del nivel de vida general. De otro modo, “la marea alta sube a todos los barcos”. Decía Milan Kundera en “La insoportable levedad del ser” que las metáforas son muy peligrosas, inducen una sensación de comprensión que puede ser falso…

    Podríamos idear una noción sociológica nueva, la noción “sociedad robusta”, como aquella en la que, efectivamente, la marea sube a todos los barcos. La sociedad occidental de 1945 a 1970 quizá fue así. Si excluimos a los países del tercer mundo explotados, claro está. El caso es que, para tener una sociedad robusta, donde las ventajas de un grupo se convierten en ventajas de todos, es preciso un mecanismo efectivo de transmisión de riqueza, que no existe desde hace mucho tiempo.

  20. “Confiamos en los médicos para que tomen decisiones sobre nuestra salud, en los ingenieros para que diseñen puentes y ordenadores… y en los financieros y economistas para que gestionen nuestro dinero. Los españoles éramos imbéciles, pensábamos que el director de nuestra sucursal bancaria era alguien en quien podíamos confiar, como nuestro médico.”
    Estoy muy de acuerdo, sólo querría agregar como colofón a esta línea de razonamiento que la mayoría de los economistas NO son científicos: su objetivo final NO es la búsqueda de la verdad ni la comprensión de la realidad, sino venderte la moto y forrarse en el proceso.

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