Archivo del sitio

¿Pero qué creéis que es el dinero?

Venga, un chiste.

Un viajero llega a un hostal barato y pide una habitación. El recepcionista no se fía de sus pintas, así que le pide una fianza de cien dólares que le devolverá cuando se vaya. El tipo se los da y sube a su habitación. El recepcionista, que estaba endeudado hasta las cejas, corre con los cien dólares a pagar la deuda que tenía con el panadero desde hacía meses. El panadero, feliz de recuperar su dinero, corre a cancelar la deuda que tenía con la verdulera, quien a su vez usa ese dinero para pagar lo que debe al carpintero. El carpintero ve el cielo abierto, porque podrá devolver al recepcionista del hostal el dinero que le prestó la semana anterior. Así, tras pasear por todo el pueblo, el billete de cien dólares vuelve al hostal barato.

A la mañana siguiente el viajero dice que se marcha, que el hotel está sucio y que hay chinches. El recepcionista le devuelve el billete de cien dólares que le dio como fianza, y el tipo replica: “qué más da, total… ¡es falso!”

Bueno, os he mentido. No es un chiste. Es una fábula que ideó Michał Kalecki, uno de los economistas más importantes del siglo pasado, para ayudarnos a reflexionar sobre qué es el dinero. ¿Por qué resulta una pregunta tan difícil? Pues porque toda sociedad evita, más o menos explícitamente, preguntarse por la divinidad.

garzon

¡Comunista, mutante, traidor!

Eduardo Garzón publicó un twit que le ha costado las iras de todos los profetas y cuñados. Dice así: “Un Estado que tiene soberanía monetaria (emite la moneda que utiliza) no necesita recaudar impuestos para poder gastar.” ¿No os hierve la sangre al leer algo así? ¿Cómo va a poder gastar un Estado sin recaudar impuestos? ¿De dónde sacará el dinero? El dinero lo tienen las personas particulares y las empresas. Pero… ¿lo han fabricado ellas? No, no. El dinero lo han obtenido del banco, que a su vez lo ha obtenido… del Banco Central, que es parte del Estado. ¿Será posible? ¡Qué jaleo!

Hm, espera, Eduardo no dice cualquier Estado, dice uno que tenga soberanía monetaria. Siendo más precisos que él (los twits están muy limitados), se trata de un Estado que es el único emisor posible de cierta moneda. Si yo trato de emitir dólares, acabo en la cárcel. Puedo, sin embargo, emitir “javitones”, una moneda inventada por mí. Nadie me lo impide, pero tampoco nadie me los aceptará como pago de nada. El único organismo que puede emitir dólares sin ir a la cárcel es la Reserva Federal de los Estados Unidos, que es parte del Estado. ¿Tiene alguna limitación para hacerlo? Las que ellos mismo se impongan. En otras palabras: no, no tienen limitación alguna. Por tanto, la frase es trivialmente verdadera: un Estado que es el único emisor de una cierta moneda no necesita recaudar impuestos para poder gastar.

Si realizas un pago al Estado en metálico, ¿qué crees que hacen con el dinero que les das? Por lo general, lo destruyen. El Estado toma nota en un papel y destruye el papel moneda, que no necesita para nada. Puede imprimir el que necesite.

Se me ocurren varias preguntas a continuación:

  • ¿Cómo consigue el Estado que su moneda se acepte?
  • ¿Por qué recauda el Estado impuestos, si no los necesita para pagar?
  • Imprimir dinero, ¿no provoca inflación?

Las dos primeras preguntas están relacionadas. ¿Cómo consigue el Estado que su moneda no sea como los “javitones”? La característica distintiva del Estado es que tiene el monopolio del uso de la violencia en un territorio. Puede obligar a todos los ciudadanos a pagar impuestos en la moneda de su elección. De esta manera, todos los ciudadanos estarán obligados a adquirir su moneda, y aceptarán los pagos del Estado. Por supuesto, hay más razones para recaudar impuestos, como favorecer o penalizar determinadas conductas sociales o, como veremos luego, frenar la inflación.

Ohmygosh, a trillion dollars!

Ohmygosh, one trillion dollars, and president Truman’s face on it!

La tercera pregunta es muy interesante. Volvamos a la fábula de Kalecki del principio. Nuestro viajero “imprimió” dinero falso y lo introdujo en el sistema. ¿Provocó eso algún tipo de inflación? No, pero sirvió para el pago de deudas e hizo a todos los habitantes del pueblo más felices. A veces, imprimir dinero (incluso falso) tiene beneficios para el sistema económico.

¿Qué ocurre cuando introducimos dinero en una economía? Imaginad que dais mil dólares a cada habitante del país, así, de repente. De manera general podemos decir que hay dos efectos posibles: o bien suben los precios, o bien aumenta la producción.

Supongamos que la economía está “a pleno rendimiento”, es decir, no tiene capacidad ociosa alguna. Trabaja todo el mundo, todas las fábricas están activas y todos los recursos empleables del país están ya utilizándose. Entonces, la aparición de más dinero en la economía no puede aumentar la producción. Los precios subirán, necesariamente.

Pero, ¿y si la economía está por debajo de su capacidad? Supongamos que haya paro, fábricas cerradas y recursos ociosos a causa de una escasez de demanda o de excesivo endeudamiento. ¿Qué efecto tendrá la entrada de nuevo dinero en busca de bienes? En una economía razonablemente competitiva, los empresarios responden a un aumento de demanda aumentando la producción, no los precios. Las fábricas cerradas se reabrirán y los parados volverán a ser contratados. No tiene por qué haber ningún efecto sobre la inflación.

Para entenderlo mejor, miradlo al revés. Suponed que tenemos una economía a pleno rendimiento en la que drenamos dinero de repente, disminuyendo así la demanda efectiva. ¿Qué harán los empresarios? ¿Bajar los precios o disminuir la producción? Como regla general, la bajada de precios es un recurso complicado: en una economía muy interconectada nadie quiere hacerlo antes que sus suministradores y que los salarios, porque eso disminuiría su margen de beneficios. Lo que suelen hacer los empresarios es reducir la producción, lo cual causa una nueva disminución de la demanda agregada, que puede caer en espiral. Esto fue lo que sucedió en 2008.

En general, si se desea preservar los precios y mantener la economía a pleno rendimiento, se debe lograr que la masa monetaria se adapte a la capacidad productiva de la sociedad. Es un equilibrio delicado, que se puede conseguir con el manejo de ciertas herramientas, entre las que destacan la emision de dinero y la recaudación de impuestos.

Entonces, ¿cuándo se producen las famosas hiperinflaciones, como la de Zimbabwe? Históricamente, sólo en economías a pleno rendimiento y que, aun así, son incapaces de suministrar los bienes necesarios. Países a los que les falta capacidad productiva, sea por una guerra o por una dependencia excesiva de recursos del exterior, o países con Estado fallido que son incapaces de recaudar impuestos a los poderosos.

¿Por qué los ricos se ponen tan nerviosos con estas ideas a pesar de su evidencia? Porque su poder se basa en que el dinero sea un bien escaso. El juego consiste en mantener la economía en un equilibrio difícil: no tanto dinero como para que ellos pierdan su poder, no tan poco como para que sea imposible obtener beneficios. Es difícil ser rico.

Me gustaría destacar que este texto no discute opiniones políticas, sino el funcionamiento real de las economías desde 1971, cuando EEUU abandonó el patrón oro (por supuesto, eso excluye a España y a la Eurozona). No hay aquí nada normativo, todo es meramente descriptivo. Es la llamada Teoría Monetaria Moderna (Modern Money Theory, MMT), que está abriéndose paso en el mundo académico de mano de gente como Randall Wray, Bill Mitchell o Warren Mosler. Os recomiendo vivamente el libro de texto de Randall Wray, “MMT primer”, que está libremente disponible en la red.

 

Sal, infartos y Estados rebeldes

¿Sabíais que morir de un infarto correlaciona con seguir una dieta baja en sal?

En efecto, así es. Pero correlación no implica causación. Si tienes problemas cardíacos, el médico te recetará una dieta baja en sal. Por eso, la gente que muere de un infarto suele haber tomado comidas sosas durante sus últimos años de vida. Murieron a pesar de la falta de sal, no a causa de ella.

Algo similar ocurre en política. Pongamos por ejemplo a Venezuela, desangrada con un gobierno rebelde. O Grecia, o Argentina. ¿Estaban sanas al llegar los rebeldes al gobierno? No, todas provenían de desastres mayúsculos, típicamente con fuerte intervención extranjera. Venezuela, por ejemplo, provenía del paquete del FMI causado por el desplome de precios del petróleo y que desembocó en el Caracazo, que causó miles de muertos. ¿Es eso casualidad? No, los rebeldes jamás llegan al poder en situaciones placenteras, sino durante las crisis que se escapan de las manos a la élite política. Estos gobiernos son la dieta baja en sal, y a veces salvan la vida al paciente. En esos casos no discutimos su eficiencia, sino que les atacamos por otros frentes. Si el paciente muere, en cambio, asumimos que la causa de la defunción es… falta de sal.

caracazo

Antes de Chávez, Venezuela era el paraíso.

La URSS se formó a causa de la derrota de Rusia en la Primera Guerra Mundial. China y Corea del Norte forjaron sus Estados sobre las cenizas que habían dejado los fascistas japoneses en 1945. Vietnam formó un gobierno rebelde en guerra con Francia y EEUU. Cuba, Angola, Burkina Faso, Chile, Yugoslavia, Etiopía, Haití… son países en los que un gobierno rebelde impuso la dieta sin sal en algún momento de su historia. En algunos casos, la enfermedad coronaria remitió. La URSS se industrializó, derrotó a los nazis y se convirtió en una superpotencia. China acabó con el hambre y despegó económicamente. En otros casos, como en Chile, el médico tuvo que ser asesinado.

¿Por qué llamo rebeldes a esos gobiernos, en lugar de socialistas o comunistas? Porque creo que es importante hilar fino con las palabras. Gobierno comunista es un oxímoron: un sistema comunista carece de Estado. Un gobierno socialista sí que puede existir, pero no estoy seguro de qué gobiernos son los que merecen esa calificación. La rebeldía a la que me refiero es hacia el sistema-mundo: gobiernos insumisos que no aceptan su lugar subordinado en la periferia mundial.

¿Cómo llegan al poder estos gobiernos rebeldes? Se trata siempre de países periféricos, con una población explotada y controlados por una élite corrupta que vive del control de la exportación de algunas materias primas. Cuando tiene lugar una crisis grave (derrota militar, caída de los precios de las exportaciones, etc.) la élite se fragmenta y pierde control sobre el país. Una nueva élite rebelde puede apoyarse en la desafección popular y conquistar el gobierno. Pero tener el gobierno no es tener el poder, sobre todo en países periféricos donde el Estado no tiene el monopolio de la violencia. A la toma del gobierno seguirá una lucha en todos los frentes: económico, militar e ideológico. La vieja élite se recompondrá en la derrota y, aliada a las potencias centrales, intentará expulsar a los intrusos.

Volvamos al ejemplo de Venezuela. El gobierno de Hugo Chávez no tuvo jamás el poder que tiene un Estado occidental sobre su territorio, como no lo tiene casi ningún Estado periférico. La vieja élite, apoyada por las potencias centrales, le declaró la guerra desde el comienzo, incluyendo cortes de suministros, violencia callejera, golpes de Estado y difusión de propaganda. El gobierno mantuvo las posiciones, pero jamás derrotó a la élite venezolana, que siguen siendo dueños del país. Venezuela ha mejorado el nivel de vida de la clase trabajadora, pero a costa de los réditos del petróleo, al igual que Brasil, Argentina y Ecuador. La estructura económica del país permaneció intacta, basada en la exportación, con una enorme desigualdad y fuertemente dependiente del exterior. Por tanto, la actual bajada del petróleo, inducida políticamente, les está causando un daño enorme.

En este caso, el paciente padecía de una gravísima enfermedad coronaria y la rebaja de sal no parece haber sido suficiente. Muchas personas se alegran de ver al enfermo agonizar, pero yo no.

¿Corporatismo?

Los mercadócratas han descubierto la forma de salvar el culo, conceptualmente hablando. Según ellos (sorprendeos conmigo) no vivimos en un sistema capitalista, sino en uno… (wait for it)… ¡corporatista! Es decir, un sistema en el que las empresas han crecido fuera de control, se han hecho con el poder del Estado y lo utilizan para mantener sus privilegios… El capitalismo auténtico ha sido pervertido a causa de la intervención estatal. Noticias frescas, amigos mercadócratas, ancaps y asimilados: eso es el capitalismo desde, al menos, principios del siglo XIX.

Cuando el modo de producción fundamental es feudal, el Estado está en manos de los señores feudales. Durante siglos, el modo de producción feudal luchó contra el capitalista por la primacía. Pero con la Revolución Industrial, la victoria capitalista fue completa. Desde entonces, los capitalistas controlaron el Estado, y lo utilizaron para luchar contra su enemigo natural… que ya no era la aristocracia feudal, sino el proletariado. Tan elemental… La idea de que existe una oposición entre el Estado y los capitalistas es… bueno, una telenovela para intelectuales.

corporatism

Estoy muy harto de la ambigüedad lingüística en las discusiones sobre política y economía. Sobre ello irá mi próximo post.

Muerte y resurrección del capitalismo

Boceto de historia del Siglo XX

“La edad de los extremos”, como la llamó Eric Hobsbawm, es el mayor misterio de la historia. Comprendemos mucho mejor la caída del imperio romano, la dinastía Han, el renacimiento y la revolución francesa que el siglo XX, precisamente por tenerlo tan cerca. La revolución rusa, la gran depresión, la guerra civil española, Auschwitz, el muro de Berlín, Vietnam, mayo del 68… todo eso lo tenemos encima, no es fácil tomar perspectiva. No “pasó”, sino que “ha pasado”. Nuestra situación económica y política presente no es más que la conclusión lógica de toda esa masa de hechos. Los análisis, por tanto, son aún interesados y partidistas. No nos enfrentamos con el error, sino con la mentira.

Por todo eso, en un sano ejercicio de hubris, me dispongo a redactar un boceto de explicación, de narración de la historia del siglo XX. Será deliberadamente provocativo y parcial, esperando suscitar la discusión que el tema merece.

El mundo en 1900

Hacia 1900 el mundo está sumergido en dos impresionantes caminos de desarrollo complementarios: el técnico y la lucha obrera. La electrificación, el motor de explosión y la tecnología agraria aumentan enormemente la productividad. La lucha obrera consigue que esa productividad se reparta cada vez más equitativamente entre la población de los países ricos. Los sistemas democráticos se desarrollan, la libertad y la igualdad avanzan en Europa y EEUU. Demasiado, para el gusto de los capitalistas, que vuelcan sus fuerzas en el exterior: mercados cautivos y acceso a materias primas baratas. Es la llamada fase imperialista del capitalismo.

Las grandes potencias se reparten el mundo, y entran en competencia militar. El conflicto es inevitable, y estalla en 1914, en la primera guerra mundial. Aunque hoy en día nos parezca increíble, los partidos socialdemócratas y los sindicatos apoyan a sus gobiernos en el esfuerzo bélico. ¿Cómo podían no darse cuenta de guerra era, meramente, una lucha imperialista? Es sencillo: porque el éxito sindical les ha hecho vulnerables. Las fuerzas que habían sido revolucionarias han desarrollado unos aparatos de poder y unas burocracias que les hacen sensibles a la manipulación gubernamental. Les prometen el soñado acceso a los parlamentos, al poder oficial. A cambio, renuncian al internacionalismo y convencen al pueblo de que luche por su patria.

No todos los gobiernos son tan inteligentes, claro está. En Rusia, el Zar se aferra a los viejos modos, y la población se rebela contra una guerra que no entiende. O que entiende mejor que los obreros franceses y alemanes. La revolución de Octubre crea el primer estado que se define como soviético. (Nota lingüística al margen. Tanto “soviet” como “iglesia” significan, originariamente “asamblea”.)

¡Tú! ¿Fuiste voluntario?

¡Tú! ¿Fuiste voluntario?

Las guerras raramente se desarrollan como a los políticos les gustaría. La revolución desencasquilla el avance de la guerra, que termina en pocos meses. Las potencias capitalistas imperiales, temiendo la posible expansión del régimen soviético y con la excusa del pago de la enorme deuda de los zares, invaden Rusia. Sorprendentemente, el nuevo régimen consigue devolverles al mar. El miedo se convierte en pánico.

Los años 20 son especialmente interesantes. Los partidos socialdemócratas han llegado, como se les prometió, al establishment. Se crea el régimen de democracia formal, con grandes partidos burocratizados que tan sólo difieren en el nombre. Los gobiernos, para frenar el avance revolucionario, compran a los sindicatos, que se convierten en el freno de la clase obrera. A lo largo de los primeros años 20 se suceden diversos intentos revolucionarios en Europa, culminando con la gran huelga general inglesa de 1926, que fue traicionada por los sindicatos. En otros países, como Alemania e Italia, el mecanismo es diferente: la creación de grupos paramilitares como los Freikorps alemanes o los fascistas. En cualquier caso, en todo el mundo desarrollado la lucha obrera es abortada.

La productividad sigue creciendo, pero los salarios no. Los beneficios empresariales se disparan. Es la belle epoque, el Gran Gatsby y la cocaína. En el plano del espíritu, ha terminado la fe en la razón y el progreso continuo de la humanidad. La barbarie de la guerra crea una generación intelectual escapista que desarrolla las vanguardias y las filosofías irracionalistas. En el plano político, por no perder el afecto de las clases medias, se inventa el capitalismo popular: se insta a obreros cualificados, pequeños comerciantes y granjeros a invertir en bolsa. Los precios de las acciones se disparan, como en una estafa piramidal. La gente compra acciones a crédito y se crea una enorme burbuja. Los economistas avalan la estabilidad del sistema, e inventan justificaciones con unas matemáticas sofisticadas. Pero…

"Los ricos son diferentes. Tienen más dinero".

“Los ricos son diferentes. Tienen más dinero”.

La gran depresión

La burbuja estalla el año 1929, el año de la gran depresión.

Una buena parte de la población está sobre-endeudada. Se producen impagos y los subsiguientes pánicos bancarios. La población acumula dinero en metálico en sus casas. Se contrae la demanda, los precios bajan, y con ellos los salarios. Pero, al bajar los salarios, la deuda real crece, y la espiral deflacionista continúa. Como nos cuentan en “Las uvas de la ira”, los granjeros prefieren rociar sus mercancías con gasolina antes que malvenderlas. En medio de la abundancia, el mundo rico pasa hambre.

the-great-depression[1]

Eso fue lo que predijo Marx: el capitalismo se destruiría a sí mismo. Todos los ojos se vuelven hacia la URSS, unos con pánico y otros con esperanza. Los partidos comunistas disparan su afiliación en toda Europa. Los capitalistas vuelven sus ojos a los partidos fascistas. Se condona la deuda de guerra a Alemania y se permite su rearme para frenar un posible avance militar soviético. Surgen los primeros estallidos bélicos, en Etiopía y en España, que despiertan a los intelectuales, y surge una generación mucho más vigorosa, comprometida y realista.

¿Cómo se salvó el capitalismo? La historia comienza cuando John Maynard Keynes, Irving Fisher y otros economistas reconocen lo que ya es obvio: el capitalismo es inestable, tiene ciclos perversos y se destruye a sí mismo. Marx tenía razón. Pero buscan ponerle remedio: se necesita que el estado actúe siempre de manera contraria al ciclo. Cuando la economía se enfría, el estado la debe calentar. Y cuando está caliente, la debe enfriar. Franklin D. Roosevelt llega al poder en 1933 en EEUU, e implementa las políticas keynesianas: el New Deal. La caída en picado de la economía estadounidense frena, y comienza la recuperación. Aumenta enormemente los impuestos de los super-ricos, y los utiliza para realizar un gasto público enorme en infraestructuras, que duran a día de hoy, y en el principio del estado del bienestar. Los brotes verdes, como si dijéramos, aparecen. Y eran reales.

El otro gobernante que implementa políticas keynesianas es Adolf Hitler. Crea el estado del bienestar alemán, y nuevas infraestructuras. Pero Hitler no saca el dinero de los super-ricos alemanes, que le han ascendido al poder, sino del expolio a los judíos. Esa diferencia es abismal, y lleva al partido nazi a una espiral de violencia y saqueo que termina por desembocar en la segunda guerra mundial. La guerra es el otro estímulo keynesiano de la economía, más importante aún que las obras públicas, puesto que en tiempo de guerra ningún super-rico se niega a pagar un 94% de impuestos. Sí, sí, habéis oído bien, un 94%. Ahí queda eso.

Cuando uno nace guapo...

Cuando uno nace guapo…

La edad de oro del capitalismo

Termina la guerra en 1945, el capitalismo se ha salvado por el momento. Los políticos son aún conscientes de la fragilidad del establishment, y se esfuerzan en crear estructuras que lo salvaguarden, las llamadas instituciones de Bretton Woods: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tenían que ser garantes de la estabilidad económica mundial. Keynes deseaba que fueran parte de Naciones Unidas, pero al final quedaron en manos de EEUU. Ese error tuvo consecuencias mucho tiempo después. El dólar había quedado convertido en moneda mundial de facto, pero EEUU era consciente de que debía ser generoso. El Plan Marshall inundó Europa de dinero y de medios para su reconstrucción.

Por su parte, la URSS también había salido políticamente reforzada de la guerra. Pese a las esperanzas de los capitalistas, el avance nazi no había derrumbado el régimen. Al revés, el apoyo popular a Stalin era entonces más fuerte que nunca. Pero sus ansias revolucionarias habían decaído. La URSS renuncia formalmente a expandir el comunismo en Europa o EEUU, restringiéndose a su área de influencia reconocida en el este de Europa. Aun así, el espectro del comunismo aún perturbaba los sueños de los capitalistas occidentales. Comienza la guerra fría.

Comienza la edad de oro del capitalismo, en Europa Occidental y EEUU. Los estados cobran unos altos impuestos a sus super-ricos, y los utilizan para desarrollar el estado del bienestar en sus países. Vacaciones pagadas, seguro de desempleo, sanidad, educación… Los salarios se vinculan a la productividad, los obreros cada día viven mejor. Los partidos comunistas ven perder su número de afiliados, entre las persecuciones políticas y el acomodamiento de la clase obrera. La ciencia y la técnica se desarrollan, las libertades formales se consolidan, la amenaza de guerra se disipa en el primer mundo. El miedo a la URSS y a la expansión del comunismo es, paradójicamente, lo que causa la edad de oro del capitalismo.

¿Y en los países subdesarrollados? La competición imperialista, que había causado la guerra, termina para dar lugar a un “cártel imperial” de estados que se apoyan en el expolio del resto del mundo, bajo la égida de EEUU. Se otorga la independencia formal a muchas colonias. El nivel de explotación habría crecido uniformemente, de no ser por la guerra fría. La URSS apoyó los movimientos anti-imperialistas en muchos de estos países. En parte por ideología, y en parte porque pensaban que serían el talón de Aquiles del capitalismo. Así fueron desarrollándose enfrentamientos localizados: Corea, Cuba, Vietnam. Y es precisamente en Vietnam donde comienza la siguiente etapa de nuestra historia.

Vietnam y el fin de la bonanza

EEUU es el garante mundial de la paz, líder del cártel de países imperialistas. No puede, por tanto, permitir que ningún micro-país le tome el pelo. La derrota en la crisis cubana fue dura, así que decidieron dar un escarmiento. El candidato evidente era la Indochina francesa, hoy conocida como Vietnam. Tras años de lucha, los comunistas de Ho Chi Minh estaban derrotando a Francia. Como hicieran en Cuba en 1898, decidieron entrar en el conflicto usando un autogolpe. En 1965 fingieron un ataque norvietnamita contra un navío estadounidense. Tras un gasto enorme de vidas y de dinero, en 1975 fueron derrotados.

Give peace a chance..

Give peace a chance..

El gasto en la guerra de Vietnam desbordó las previsiones del gobierno estadounidense. En 1971, el presidente Nixon decidió “desvincular el dólar del oro”. Eso significaba que podía imprimir cuantos billetes deseara, no estaba limitado por las reservas del país. Y así lo hizo: había que pagar a la policía mundial. En teoría clásica económica, el pecado de calentar la máquina de imprimir billetes se castiga con la inflación. En efecto, los años 70 fueron años de una altísima inflación. Añádanse otros factores, como la rebelión de los países más ricos de entre los subdesarrollados: los productores de petróleo. Y la desregulación bancaria, con su expansión de crédito asociada, que comienza en aquella época. El miedo a la gran depresión comienza a perderse en las nieblas de la historia. Los banqueros dejan de agachar las orejas.

En los años 70, el mundo entero vivía el fin del sueño. Tras treinta años de bonanza económica, el paro crecía, los salarios se estancaban. Muchos países subdesarrollados habían recibido préstamos de Occidente durante los años buenos, y es el momento de apretar las clavijas. EEUU comienza a utilizar al Banco Mundial y el Fondo Monetario como gángsters. Los golpes de estado en Chile o Argentina son avisos para navegantes, qué puede ocurrir si no cooperas. Se fuerza a todos estos países a desmontar sus nacientes estados del bienestar y generar superávits que se invertirán en… dólares. De esta manera, EEUU genera demanda para todo el dinero que imprime de más, y salva su economía.

La era del neoliberalismo

La ineptitud de la izquierda europea y la derrota de los movimientos del 1968, así como la inoperancia de la URSS, que no ha sabido sacar provecho de la crisis, convence a los capitalistas de que ha terminado la época del miedo. Podemos volver a 1920.

Comienzan los 80, Margaret Thatcher y Ronald Reagan llegan al poder.  Ambos tienen como economista de cabecera a Milton Friedman, que les dice lo que ellos quieren oír: el desastre económico de los años 70 fue creado por un excesivo estado del bienestar. Se inaugura la ideología neoliberal, que asegura que cualquier empresa será mejor gestionada si es de propiedad privada que si es de propiedad pública. Comienza una ola de privatizaciones que hizo a unas pocas personas mucho más ricas. El desastre de los ferrocarriles ingleses, que un día fueron los mejores del mundo, proviene de esta época.

Worse... tango... ever...!

Worst… tango… ever…!

Como objetivo económico único, los seguidores de Friedman (también llamados “monetaristas”) sólo persiguen el control de la inflación. La inflación excesiva es mala, claro está. Pero a quien más perjudica, con diferencia, es a los banqueros: si la inflación es mayor que el interés que van a cobrar, recibirán menos dinero del que prestaron. El efecto es inmediato: la economía, que comenzaba la recuperación, vuelve a hundirse. Los años 80 comienzan mal. Tras el experimento fallido, vuelve el gasto público a crecer, pero no para recuperar el estado del bienestar. Crece en armas: el sprint final de la guerra fría. La URSS ya no es capaz de sostener la lucha y cae el Muro de Berlín en 1989.

Los sindicatos, débiles ya, son desarmados. Los salarios se desvinculan de la productividad. Los capitalistas van adquiriendo una parte creciente del pastel. Pero la demanda interna cae: ya no tenemos quien compre los productos que fabricamos. El dinero escapa de la economía productiva, que da rendimientos bajos, y huye a la esfera financiera, a la especulación. Durante la edad de oro del capitalismo las burbujas fueron un fenómeno desconocido. Ahora regresan, y son continuas. La primera se produce en Japón, a finales de los 80, inaugurando la “década perdida” del país. Luego son la burbuja asiática, las punto com… Los políticos continúan eliminando las barreras que se impusieron tras 1929. En 1995, Bill Clinton deroga la ley Glass-Steagall, que separaba, desde tiempos de la gran depresión, los bancos comerciales de los bancos de inversión. Es decir: que impedía que se especulara con los ahorros de la ciudadanía corriente. De repente, los especuladores vuelven a contar con todo nuestro dinero para jugar. El riesgo es, claro, mucho mayor.

En lugar de ver el problema, los economistas garantizan que el libre mercado es siempre estable. Sus matemáticas son ahora más sofisticadas, unas preciosas ecuaciones diferenciales estocásticas…  pero con premisas falsas no puedes esperar conclusiones correctas. Se toleran instrumentos financieros que eliminan riesgos a los inversores, a cambio de incrementar el riesgo de colapso global del sistema. Por ejemplo, los seguros de impago de créditos. Hay una cierta analogía con la crisis medioambiental: cada fábrica contaminante se libera de sus gases tóxicos, a cambio de ensuciar la atmósfera en su conjunto.

La crisis de 2008-?

La gota que colmó el vaso fue la burbuja hipotecaria. La presión del capital forzó en muchos países la liberalización de la construcción de viviendas, en lugar de hacerla obedecer a planes urbanísticos globales. Allí se desbordó el dinero acumulado tras la explosión de la burbuja de las punto com. Así, contra toda racionalidad económica, se produjo una explosión de oferta y, a la vez, una explosión de precios. Pero, como dijo Keynes, los mercados pueden ser irracionales durante más tiempo de el que tú puedes mantenerte solvente.

Los bancos ya no asumían riesgos al conceder créditos, ya que estaban asegurados de mil formas. Contra la creencia popular, la banca no necesita tener reservas para poder prestar: el dinero de los créditos es dinero ficticio, creado de la nada. Las reservas las otorga, a posteriori, el banco central. Estas hipotecas se combinaban en paquetes, se aseguraban y se vendían en los mercados internacionales. Así que el único límite era el cielo… El resultado lo conocemos todos: llegó la primera ola de impagos, el primer banco insolvente. Nadie sabía quería comprar paquetes financieros, todos querían vender. El mercado colapsó: nadie sabía cuál era el precio de aquellos activos, pues nadie los quería.

El fantasma del 29 resucitó, al fin, con fuerza. Los banqueros se aterraron, culparon a los gobernantes de no haberles vigilado, como si fueran niños traviesos y les suplicaron que les rescataran. El estado, a pesar de toda la ideología neoliberal, no es enemigo de la empresa privada, sino su valedor último, así que volcó sus recursos en el rescate de los financieros irresponsables.

Después, el poco dinero que les quedó lo dedicaron a estimular la economía a la manera keynesiana. Sí, después de todo, Keynes tenía razón. Pero ya no había dinero en las arcas, tuvieron que pedirlo prestado… a los mismos que les habían rescatado. Los economistas neoliberales, que no vieron venir la crisis, fomentaron la nueva burbuja, al declarar que era el excesivo gasto público el que había provocado la crisis, y el estado del bienestar es insostenible… Comienzan a oírse términos como austeridad, consolidación fiscal… El crecimiento se detiene, el paro se dispara, y los que trabajan lo hacen cada día más para pagar deudas ajenas…

Lo que es insostenible es que los recursos sean detraídos sistemáticamente de la economía productiva a la financiera. Y la culpa última de ello la tiene la caída de la demanda, provocada por la falta de fuerza obrera. Al final, sí, de nuevo, la lucha real es una lucha de clases. ¿Surgirá a tiempo un nuevo Keynes que salve de nuevo el capitalismo? ¿O nos enfrentamos a sus últimos años?

Desigualdad e ineficiencia económica

Este post entronca con el comentario de NP-completo sobre la percepción distorsionada que los españoles tenemos de nuestra riqueza. Imaginad que un socialista-marxista-trapecista rrradical convocara un referendum en el que se nos diera la opción de igualar la riqueza personal de todo el mundo: juntar todo el patrimonio personal de los españoles y dividirlo a partes iguales entre todos. Pensando solo en tu interés personal, ¿votarías a favor, o en contra? En un esquema meramente egoísta de decisión, la única variable relevante será saber si tengo más o menos que la media. Alguien podría razonar: “la mitad de la población tendrá más dinero que la media, y la otra mitad tendrá menos, de manera que el referendum debería resultar en un empate”. Y esa manera de razonar estaría radicalmente equivocada. Y, a la vez, posiblemente fuera correcta.

La media de la distribución de riqueza es lo que resultaría de juntarlo todo y dividirlo a partes iguales. La cantidad de dinero tal que la mitad tiene más y la mitad tiene menos se llama, en cambio, mediana. Media y mediana no tienen por qué coincidir. Veamos un ejemplo:

Repartamos 100.000€ entre diez personas. Sin saber nada más, ya podemos averiguar cuál es la media: 10.000€ por cabeza. Pero ahora estudiemos en detalle la distribución.

1.000€ 3 personas
2.000€ 2 personas
3.000€ 1 personas
5.000€ 1 personas
6.000€ 1 personas
9.000€ 1 personas
70.000€ 1 personas

Nadie sabe cuánto dinero se repartió, de manera que no conocen la media. ¿Cómo saber qué votar en el referendum socialista-marxista-trapecista?

Obviamente, las personas que recibieron 1.000€ saben que sólo pueden ganar. Las que recibieron 2.000€ es bien posible que piensen lo mismo, ya que 5 personas tienen más que ellos. El caso interesante es el de las personas que recibieron 3.000€, 5.000€, 6.000€ y 9.000€. Ven que tienen más que la mayoría y dudan. Si no son conscientes de que hay una persona que obtuvo, ella sola, 70.000€, es bien posible que voten en contra del reparto. A pesar de ser totalmente en contra de sus intereses.

La media del dinero recibido es, como ya dijimos, 10.000€. La mediana es la cantidad que divide a la población en dos partes iguales. Podemos ponerla en 2.500€. Los que tengan más, si no piensan mucho, se creerán ricos. Y votarán lo que votarían los ricos.

¿Cómo es la distribución real de la riqueza? Pues realmente, como en el ejemplo. En todos los países del mundo a la mayoría le convendría el reparto de la riqueza. Aunque el referendum socialista-marxista-trapecista que propongo es una caricatura, es cierto que en muchos países la gente vota a partidos de derechas (económicamente hablando), que tomarán algunas medidas de reparto de la riqueza que incrementarán la desigualdad, perjudicándoles. ¿Es la gente inconsciente de este hecho? En parte. Pero otro factor nada desdeñable es que mucha gente tiene una percepción equivocada de su lugar en la escala económica.

En España, la media de renta familiar está en 154.000€, y la mediana en 95.600€. Eso significa que mucha gente cuyo patrimonio es mayor que 95.600€ pero menor que 154.000€ CREE que saldría perdiendo con medidas redistribuidoras de riqueza. ¿De qué fracción de la población estamos hablando? Según los datos de este artículo de F. Azpitarte, alrededor del 25% de la población tiene una riqueza que se sitúa entre la media y la mediana. No está mal. Es población a la que el desconocimiento de la estadística puede hacer elegir una política contra sus propios intereses. Más aún: el 10% más rico de la población es dueño del 42,6% de la riqueza del país. Algo menos de la mitad. Waw.

Si nos fijamos en los ingresos, un ejecutivo (CEO) de una gran empresa gana, en promedio, unas 1.000 veces lo que gana un trabajador. En 1970 la proporción era tan solo de 40 a 1. ¿En serio? ¿Me quieren decir que la riqueza que crea un ejecutivo es 1.000 veces mayor que la que creo yo? A lo largo de mis 15 años de vida laboral he enseñado matemáticas a alrededor de 10.000 chicos y publicado más de 20 artículos de investigación. Luego el ejecutivo promedio ha debido crear una riqueza equivalente a enseñar matemáticas a diez millones de personas y publicar veintemil artículos. De nuevo, waw.

¿Y cómo se ha comportado la desigualdad en los últimos tiempos? La siguiente gráfica lo muestra: no ha hecho más que crecer. Según datos del Banco de España, analizados por Alberto Garzón, ésta es la evolución del salario real en España, ajustado con la inflación, en los últimos años:

Sí. Ha decrecido. ¿A qué se debe ese repunte final? Es fácil de entender: cuando comienza la crisis y comienzan los despidos masivos, los primeros trabajadores en perder el empleo son los eventuales, que cobran menos en promedio. No hay ninguna subida real, sólo una expulsión del mercado de los que menos cobraban. Bueno. Alguien podría aducir que la disminución salarial quizás se deba a que todos somos más pobres. No. Se debe a que los beneficios empresariales han crecido, a costa de la masa salarial, en los últimos años (de nuevo, datos elaborados por Alberto Garzón):

Visto desde el punto de vista de la justicia y de la ética, no tiene ninguna lógica. ¿Y desde el punto de vista de la eficiencia? ¿Es posible que esa desigualdad sirva como acicate para que nos intentemos superar, haciendo a la economía prosperar para todos? Si los ricos usan la renta obtenida para reinvertir en la economía productiva, crearán más riqueza y puestos de trabajo, ¿no es asi? Bueno, depende. Cada empresario reparte su ganancia en dos secciones: dividendos y reinversión. Los dividendos van a su bolsillo. La reinversión es productiva. ¿Qué hacen los empresarios con los dividendos? Pueden gastar en consumo de lujo, o pueden invertir en el extranjero, en deuda pública de cualquier país o en los mercados financieros. En cualquier caso, es dinero que escapa de la economía productiva. La siguiente gráfica muestra la evolución de la fracción de renta empresarial que ha ido a dividendos. Como se puede ver, en los últimos años ha crecido del 20% al 50%.

¿Por qué? Porque estamos en una crisis de demanda. El paro aumenta, los sueldos bajan, el poder adquisitivo de los españoles disminuye. No tiene sentido reinvertir en la economía productiva. Es muy difícil obtener beneficios vendiendo en el mercado interior. Concluimos así que la desigualdad, enorme y creciente, no tiene ningún efecto positivo sobre la economía. Más aún, es el lastre fundamental, ya que detrae recursos de la economía productiva.

¿Hay solución? Sí, sí que la hay. Gravar enormemente esos dividendos. Y reinvertir el dinero obtenido en el desarrollo del Estado del Bienestar, en crear empleo y fomentar la demanda.

¿Y si no hacemos eso? Bueno, entonces la espiral deflacionista solo parará cuando la ausencia de demanda interna ya no sea un problema, porque los trabajadores españoles ya no seamos los clientes de los empresarios españoles. Es decir, cuando los salarios sean tan bajos que nuestra economía se vuelque sobre la exportación. Eso sería terrible. ¿Por qué? Hay dos tipos de economías exportadoras. Las de alto valor añadido, son países con empresas de tecnología avanzada, con personal altamente cualificado, que han dedicado decenios a invertir en ciencia y en I+D+i. Luego están las repúblicas bananeras, donde una mano de obra sin cualificar cobra sueldos de hambre y a los empresarios les importa un rábano, porque sus clientes están en el otro extremo del mundo. Adivinad en qué lado nos toca estar. Si seguimos así, en unos años estaremos compitiendo con China por el mercado de los “Todo a 100”.

Una humilde propuesta: ragoût de parado

Una humilde propuesta que elevo al presidente del gobierno de España, don Mariano Rajoy Brey, en el buen entendido de que no podrá llevarla a cabo hasta pasados los comicios andaluces, debido al populismo que ahoga al país en época de elecciones.

Es bien sabido que no todos tenemos las mismas habilidades. El buen carpintero quizás no sea capaz de comprender las integrales triples, la modista primorosa no tiene porqué saber llevar un restaurante. En un mercado libre, cada cual ofrece la habilidad que constituye su ventaja comparativa, aquello que hace mejor, y así sirve mejor a la comunidad y a sí mismo. Pero es así que, arrastrados de un mendaz sentimiento de igualdad, los socialistas imponen restricciones al funcionamiento del mercado libre que van en detrimento de aquellos a los que afirman, falsamente, proteger. Así, por ejemplo, como explica nuestro compañero de FAES, la imposición de un salario mínimo evita que muchos trabajadores sin especial habilidad puedan ganarse el sustento haciendo lo que constituye su ventaja comparativa: trabajar por poco dinero.

Mi humilde propuesta, inspirada por un esclarecedor texto de Jonathan Swift, va un paso más allá. España supera los cinco millones de parados. Cinco millones de personas cuya capacidad para ser útiles a la sociedad es cuestionada día a día a causa de las incomprensibles trabas burocráticas que han impuesto los socialistas y criptocomunistas afincados en el poder. Es hora de abrir el mercado a nuevas posibilidades.

Consideremos un parado inhábil, torpe y débil de carácter, pero rollizo y suculento a la vista. Mantenerle es una rémora para su familia y para la sociedad. ¿Quién no ha pensado alguna vez que serviría mejor en un guiso? Quizás asado, o quizás en ragoût o fricasée. ¿Y si fuera allí donde radicara su ventaja comparativa? En ofrecerse al mercado, pero no al mercado de trabajo, sino al de abastos. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que más importuna el alma de los parados, sino el futuro de sus familias? Ofreciéndose al matarife no sólo habrá una boca menos que alimentar en su casa, sino que garantizará la entrada de buenos dineros que aliviarán la penuria durante unos meses. Por supuesto, siempre se tendrá en el punto de mira al consumidor sofisticado, dispuesto a pagar grandes sumas por un alimento de calidad. La carne de parado tiene, al parecer, un cierto regusto a pollo, pero es de una textura exquisita, y acompaña bien a cualquier vino de Rioja o Ribera del Duero. Según me comentan ciertos amigos, indígenas de Nueva Guinea, del parado se aprovecha todo: el lomo, el jamón, la papada… hasta la piel, bien curtida, sirve para hacer bolsos. Con el pelo se pueden hacer pelucas, y con las uñas se pueden manufacturar elegantes broches para señoras.

Amén de resolver el problema del desempleo, también terminaríamos con el problema de la balanza comercial. La charcutería de parado podría convertirse en el principal producto de exportación de nuestro país, dejando atrás las naranjas de Valencia y los congrios del Cantábrico. Los países de nuestro entorno, al no tener nuestra elevada tasa de paro, no podrían competir con nuestro pujante mercado de carne. Alemania, debido a sus buenas cifras macroeconómicas, debería ser el objetivo fundamental de nuestra nueva y pujante industria exportadora. Para adaptarnos a los gustos del público teutón, nuestros cocineros de mayor proyección internacional diseñarían platos de carne de parado con chucrut, y que fueran bien acompañados de cerveza.

No sólo el empleo y la balanza comercial serían beneficiados con esta medida. Otra de las lacras sociales, el aborto, comparable al genocidio hitleriano (que, por cierto, nunca existió), también podría ver el fin de sus días. Al igual que la ventaja comparativa del parado adulto puede ser ofrecerse al mercado de la carne, también las familias cargadas de deudas pueden ver un alivio a su situación económica provenir de la entrega de sus hijos pequeños al matarife. Sin duda, estarían mejor cotizados cuanto más pequeños fueran, siendo los de añojo los preferidos por los gourmets internacionales. Sería hermoso ver a las mujeres en la plaza, compitiendo entre ellas por ver quién cría al niño más rollizo… Los maridos agobiados por la penuria tratarían entonces sus esposas embarazadas con mayor consideración, pues pasarían a verlas como ve un granjero a una vaca o a una cerda en estado. El maltrato doméstico llegaría a su fin, aumentaría el número de matrimonios y se abandonaría el uso de preservativos y píldoras infernales.

Como ven, todo son ventajas. Ayúdenme a hacer llegar esta propuesta a nuestro presidente del gobierno, y en nuestro hermoso país volverá a salir el Sol.

(Con agradecimientos a Paco)

¿Para qué sirve el paro?

¿Para qué sirve el paro? Es una extraña pregunta, parece similar a preguntar para qué sirven los huracanes o el cáncer. Se nos ha hecho creer que el paro es un accidente de la Naturaleza. Si es así, la respuesta es obvia: no sirve para nada.

La explicación usual sobre el origen del paro está en la rigidez del mercado de trabajo: el excesivo poder de los sindicatos hace que sea muy caro contratar y muy difícil despedir. Los empresarios, en estas condiciones, no usarán su dinero para crear empleo. Esta explicación es cierta y falsa a la vez. Empíricamente, hay muy escasa correlación entre protección social y desempleo. Así que, en sentido estricto, es falsa. Pero apunta fuertemente a la explicación verdadera: el paro es el chantaje que los empresarios usan para que los trabajadores sean dóciles.

¿Por qué los empresarios y el PP hablan tanto de paro? ¿Porque les importa? Si así fuera, no estarían despidiendo empleados públicos de continuo. No. El paro es la pistola que los de arriba están poniendo de continuo sobre nuestra sien. Hablan continuamente de ella para que no se nos olvide el chantaje al que nos están sometiendo. Y el chantaje es: desmontad el estado del bienestar o hundiremos el país.

“Con la que está cayendo” es la frase más repetida en los últimos años. Decidme si os suenan:

– Me obligan a hacer horas extras gratis, pero… ¡cualquiera protesta con la que está cayendo!

– He cogido un trabajo en otra ciudad. Dejo a mi familia y a mis amigos, pero… ¡cualquiera renuncia a un empleo con la que está cayendo!

– Me han reducido las horas nominales, y el resto me lo pagan en negro. ¡Pero cualquiera dice nada, con la que está cayendo!

¿Sigo?

Lee el resto de esta entrada

Confundir valor y precio

Decía Antonio Machado que todo necio confunde valor y precio. ¿Cómo se distinguen, entonces? El término precio no tiene ninguna connotación ética. Designa, únicamente, el coste real de un bien o un servicio. En cambio, el término valor nos refiere a la justicia: ¿cuál debería ser el justo precio de un bien? Así, por ejemplo, la pregunta “¿Están aún los pisos sobrevalorados en España?” exige una comparativa entre el valor (precio justo) y el precio real. ¿Cómo responder?

Un intercambio justo es un intercambio equitativo. Pero justo no es lo mismo que bueno. Así, por ejemplo, la relación de una madre con su hijo, por ejemplo, no es justa, va más allá de la justicia. En la literatura sociológica se suele distinguir entre Gesellschaft, o sociedad regida por la justicia/equidad, y Gemeinschaft, o sociedad regida por la bondad/fraternidad. El término valor, obviamente, se refiere a la Gesellschaft: ¿Cómo debemos intercambiar bienes, de manera que el intercambio sea equitativo?

Supongamos que entrego a otra persona el bien A a cambio del bien B. Recibir el bien B me reporta una cierta cantidad de placer. ¿Debería este placer ser tenido en cuenta a la hora de evaluar la equidad del intercambio? Veamos: ¿debería la gente que disfruta mucho comiendo pagar más en los restaurantes? El intentar evaluar la justicia de la transacción mediante el placer proporcionado nos lleva a paradojas y a situaciones ridículas.

Pero, por otro lado, obtener o crear el bien A me ha costado un cierto esfuerzo. Es natural pensar que, cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor debe ser el valor de A. Pero quizá me ha costado mucho porque soy un trabajador novato o incompetente, y eso no debería, en justicia, repercutir en el valor. Así, en este artículo vamos a defender que el valor de un bien es el esfuerzo promedio que, en determinada sociedad, requiere su creación.

¿Es posible medir el esfuerzo? La componente más importante es el tiempo de trabajo empleado. Así, el valor debería medirse en horas.

Pongamos un ejemplo de principio: ¿Cómo calcular el valor del portátil en el que escribo?

* Primero, habría que calcular las horas de trabajo de los empleados de la fábrica, transporte y distribución, divididas entre el número de ordenadores producidos.

* También hay que sumar el valor de la maquinaria que se ha empleado. Es decir, el número de horas necesario para su fabricación. Eso sí, divididas entre el número de ordenadores que producirán a lo largo de su vida útil. Este término se conoce como coste amortizado.

* Asimismo habría que considerar las horas necesarias para la formación del personal: técnicos, ingenieros, etc. Asimismo, deben ser divididas entre el número de ordenadores que producirán. Es otra componente del coste amortizado.

Si algún trabajo es especialmente duro, el número de horas puede ser multiplicado por un factor corrector, siempre intentando reproducir de manera fiel el esfuerzo humano empleado. Pero hablamos de trabajos onerosos para la salud, no de trabajos más cualificados. Así, por ejemplo, la hora de trabajo de un ingeniero (en condiciones normales) no crea más valor que la de un operario de fábrica. Eso sí: es preciso sumarle el coste amortizado de su formación: sus esforzados años de estudio y las horas de trabajo de sus esforzados profesores… 🙂

La idea expuesta se conoce como teoría laboral del valor, pues identifica valor con trabajo. Esta teoría fue desarrollada inicialmente por los economistas clásicos, Adam Smith y David Ricardo, por ejemplo, aunque adquiere su forma actual en la obra de Marx. Para estos economistas la teoría del valor era descriptiva: creían que, en una economía de libre mercado, los precios terminan por converger al valor real. En realidad sabemos que eso no es cierto, y la exposición de este artículo es de carácter ético: el valor de un bien, su precio justo (no el precio bueno), es el dado por la cantidad de trabajo encerrado en él.

Tras toda esta discusión, aún no sabemos si el precio de los pisos en España sigue sobrevalorado o no. Yo creo que sí, pero me encantaría que alguien hiciera las cuentas y nos dijera cuántas horas de trabajo lleva construir una vivienda, un coche, un portátil… Asimismo, ¿cuál es el valor de un euro? ¿Cómo varía ese valor cuando el BCE fabrica dinero? ¿Y cómo varía cuando los bancos crean dinero de la nada mediante préstamos?

Si fuéramos conscientes del valor de las cosas tendríamos el poder moral para regatear las que están sobrevaloradas, y ese conocimiento constituiría un freno para las burbujas… Citando a Amanece que no es poco, la verdad es que sólo le veo ventajas!!

Notas adicionales:

* La teoría laboral del valor no tiene en cuenta el coste ecológico de la fabricación de los productos. Bueno, tampoco lo tiene en cuenta el precio real. Imaginemos que crear el bien A lleva 20 horas de trabajo y la destrucción de una hectárea de bosque amazónico. Este coste debería ser evaluado, pero no sumado directamente al valor laboral. Quizás sea necesario considerar un coste multidimensional.

* Al incluir la posibilidad de un factor multiplicativo sobre las horas para trabajos especialmente duros he abierto la veda de una discusión eterna: ¿qué trabajos deberían llevar ese factor? ¿Y cuál debería ser éste? Sólo puedo proporcionar una regla general: los trabajos que, por su especial dureza, no pueden desarrollarse a lo largo de 40 horas semanales sin afectar a la salud del trabajador: mineros, bomberos, maestros, controladores aéreos… ¿Y cuál debería ser el factor corrector? Pues debería ser tal que, en una semana, un minero y un panadero creen el mismo valor.

* Adelantándome a las críticas que voy a leer en los comentarios: obviamente, para que cada precio correspondiera con su valor, alguna autoridad tendría que imponerlo. No, eso no me parece bien. El precio justo no es, necesariamente, el precio bueno. Pero opino que si la ciudadanía conociera el valor de cada bien, los intercambios económicos serían más justos. Incidiré en ello en el proximo post.

Test de Turing político

Un captcha es una prueba diseñada para distinguir a los humanos de los programas que interactúan en internet. Se trata de alguna pregunta que un humano encuentra fácil responder, mientras que resulta muy difícil programar un ordenador para que encuentre la respuesta. El nombre significa test de Turing completamente automatizado para distinguir humanos y ordenadores. ¿Y qué es un test de Turing? Pues es una idea que tuvo el padre de la informática, Alan Turing, en 1950, para profundizar en el problema de la inteligencia artificial. Imaginaos chateando con alguien que no conocéis. ¿Cómo sabéis que se trata de un humano, y no de un programa? Alan Turing dijo que si alguna vez un programa de ordenador engañara a un humano mediante una conversación abierta por chat, este programa debía ser considerado inteligente. La idea reaparece, algo mutada, en la maravillosa película Blade Runner. Con el fin de detectar a los replicantes, Rick Deckard pasa un test de empatía a sus candidatos, intentando evaluar si son capaces de sentir emociones…

¿Y a qué viene esta introducción tan larga? Mis recientes encuentros con personajes dudosos me han inducido a pensar que, en algunos casos, sería buena idea aplicar un captcha que distinga a los humanos de otros entes que carecen de la mínima empatía e inteligencia necesarias como para poder discutir de política. Si alguna inteligencia robótica o alienígena es capaz de superar el captcha, será bienvenida al foro. Pero la mera posesión de número de la seguridad social ha demostrado ser insuficiente.

Aquí os presento una batería de preguntas básicas.

1.- Al final de una manifestación, una chica de 18 años insulta a un anti-disturbios de servicio. El anti-disturbios y sus tres colegas propinan una paliza a la muchacha. A la vista de estos hechos: (A) El anti-disturbios está cumpliendo con su deber, la chica se ha ganado la paliza; (B) El anti-disturbios debería perder, como mínimo, su empleo.

2.- Un señor es propietario legal de la única fuente de agua potable de un pueblo, y por acceder a ella cobra lo que le da la gana. (A) La propiedad privada es inviolable, este señor tiene todo el derecho a hacer lo que quiera con su fuente; (B) La propiedad privada está sujeta al beneficio público. Los vecinos están en su derecho de no respetar su propiedad privada.

3.- Un científico descubre la cura del cáncer, funda una empresa que tiene el derecho exclusivo a producir el medicamento y cobra lo que le da la gana. (A) En su derecho está, pues él es quien inventó el medicamento; (B) El bienestar social está por encima del derecho del científico a lucrarse. Es obvio que tiene derecho a una recompensa, pero no puede exigir el monopolio de la producción.

4.- El señor X ha levantado una maravillosa empresa productora de bombillas que da empleo a 5000 personas. Su hijo es un inepto que no sabe ni cómo se encienden. Aun así, la sangre es más espesa que el agua, y el señor X le ha dejado la fábrica en herencia. Los 5000 empleados temen que se gaste los fondos de la empresa en farras y hunda su medio de vida. (A) Aunque podamos debatir si hace bien o mal, el señor X tiene derecho a legar sus bienes como le plazca, y el Estado debería interferir lo menos posible; (B) El derecho a la herencia no debería prevalecer sobre el bienestar social. Si lo aceptamos, lo haremos de mala gana, y se debe gravar fuertemente la herencia de medios de producción.

5.- El gobierno debe tomar una decisión que afecta al modo de vida de todos los ciudadanos, que no estaba presente en ningún programa electoral. (A) Lo más democrático es dejar que nuestros representantes electos tomen la decisión; (B) Lo más democrático es que todos los ciudadanos tomen juntos la decisión, votando en referéndum tras un debate público.

6.- Una gobernanta recorta en 80 millones de euros el gasto en educación pública y permite desgravarse los gastos en educación privada, dejando de ingresar 90 millones de euros. (A) Es una medida en favor de la libertad de elección de centro; (B) Quien quiera educación privada es libre de elegirla y pagarla. Es una medida cuyo objetivo es hundir la educación pública.

7.- Un atentado terrorista mata a miles de personas, dando la oportunidad al gobierno para tomar medidas extraordinarias de seguridad y declarar la guerra a terceros países. Hay quien investiga la posibilidad de un auto-golpe. (A) Eso es ridículo y me niego a discutirlo. Un gobierno democrático jamás haría una cosa así; (B) Ganar unas elecciones no garantiza tu moralidad. Mantengo una sana actitud de sospecha frente a quienes detentan el poder.

8.- El candidato R llega al poder prometiendo mantener las pensiones. Dos años después las baja, pero se excusa con mucho donaire. (A) La política es un arte difícil, no siempre se puede hacer lo que se desea; (B) El candidato R ha incumplido su contrato con el electorado. Si no puede cumplir sus promesas, debería dimitir. Uno de los grandes problemas de la política es que incumplir promesas no tiene ninguna consecuencia.

9.- Una multinacional abre un supermercado en un pueblecito. Mediante dumping (vender durante un tiempo por debajo de coste) elimina a la competencia y queda como el único proveedor del pueblecito, subiendo los precios de nuevo. (A) Dentro de los mecanismos de libre mercado esos problemas no se dan, o se resuelven solos; (B) El dumping debería ser ilegal. Además, es necesaria una educación de los consumidores que permita detectar esos abusos.

10.- Un señor enormemente rico alquila un 10% de las acciones de la empresa X y las vende por debajo de coste. Esto provoca un pánico bursátil: todo el mundo se quiere deshacer de sus acciones, cuyo precio termina siendo mucho más bajo. Recompra las acciones al nuevo precio y las devuelve, con un enorme beneficio. (A) Este señor ha ayudado a ajustar el precio de las acciones, que estaban sobrevaloradas, y el beneficio es su justa recompensa; (B) Este señor es un especulador de tomo y lomo, ha obtenido un enorme beneficio sin haber producido nada útil para la sociedad. Sus beneficios deberían pagar unos impuestos altísimos.

Así que mi test de Turing político consistiría en dar a leer estos ítems y preguntar, en cada uno: ¿estás más de acuerdo con la opinión A o con la opinión B? Con la idea de que varias respuestas (A) darían a entender que esta persona no tiene el mínimo de empatía/ética/inteligencia política necesaria como para que la discusión con ella pueda ser productiva. La intención es que las preguntas no sean ni de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. Como dijo Obama, “it’s not class warfare, it’s mathematics” (no es lucha de clases, son matemáticas).

En realidad, las preguntas propuestas son sólo una sugerencia. Os pido que me deis ideas, que critiquéis las preguntas, y que me sugiráis algunas nuevas.

El argumento definitivo contra los neoliberales: la herencia

Considerad un neoliberal cualquiera, X, que nos expone sus ideas. A primera vista pueden parecer razonablemente coherentes. Pero hay una prueba definitiva a la que ninguno resiste, que es la prueba de la herencia.

Un neoliberal defiende que el éxito económico es (o debe ser) fruto del mérito: el esfuerzo y el talento. Los self-made men, hombres (y mujeres) hechos a sí mismos. Los emprendedores e innovadores, que sacan adelante una idea llevada a cabo en un garaje. El estado no hace más que interferir con ellos, al confiscarles parte de su beneficio en forma de impuestos, e impedirles invertir como ellos consideren. Es una idea fácil de comprar.

¿Qué ocurre con el derecho a la herencia de los medios de producción? No me refiero a heredar el piso de tus padres, o la vajilla china de la abuela. Me refiero a heredar un 51% de las acciones del Grupo Santander. Me refiero a heredar grandes fortunas, fábricas, empresas, tierras. ¿Debe, o no debe prevalecer el derecho a la herencia?

Veamos pros y contras. Cada individuo tiene el derecho in-a-lie-na-ble a hacer su santa voluntad con su propiedad privada, así que también debería tener el derecho a legarla. Pero, al hacer esto, estamos creando un campo de juego que favorece a unos jugadores, los hijos de los ricos. ¿No es contrario al principio del mérito? ¿No estamos dando privilegios en base al hecho de haber nacido de la vagina apropiada? ¿Es eso justo? ¿Qué opina un neoliberal de ello?

Pues los hay de varios tipos. Un neoliberal con alto nivel de RwA, con su mente compartimentalizada y su tolerancia a la contradicción, no verá ningún problema y tirará hacia delante. Los neoliberales inteligentes (los hay, creedme) encuentran un fallo, una sutil brecha en su pensamiento… Y, hasta ahora, ninguno ha sabido salvarlo. Hasta donde yo sé.

Pero esa brecha es fatal. Una vez que se asume que el derecho a la herencia de los medios de producción es injusto, la caja de Pandora se ha abierto. ¿Quién se apropiará de esos bienes? Desde luego, la muerte debería terminar con el derecho a la propiedad privada (salvo en el caso de los faraones egipcios, claro está). Es la comunidad de los vivos la que debe hacerse cargo de esos bienes del finado, ya que su destino afecta a todos. Y lo más justo es que los vivos gestionen estos bienes de forma democrática.

El argumento anti-neoliberalismo es más general, pero en esta forma cobra su máxima fuerza: para tener igualdad de oportunidades, es necesario un control democrático de los débiles sobre los fuertes.

Con agradecimientos a Bastiat

A %d blogueros les gusta esto: