Archivos Mensuales: agosto 2016

Una palabra tramposa: madurez

Hay palabras que mienten. Madurez es una de ellas. Por un lado significa preocuparte por el bienestar de los demás, ser una persona confiable, hacerte cargo. Es un significado netamente positivo. Pero tiene un segundo significado que no tiene nada que ver con el primero: aceptar el rol que te corresponde en la sociedad. Es decir, sumisión a la presión social. Ambos significados pueden, de hecho, ser contrapuestos. Esta ambigüedad está en el núcleo de la lingüística política: empaquetar significados diferentes bajo una misma etiqueta, de manera que aceptar uno te lleve a aceptar el otro.

Quizás el ejemplo más relevante de la ambigüedad en el término madurez se da con las chicas adolescentes. Si juegan son inmediatamente acusadas de inmaduras, de ser aún unas niñas. Y nada hay peor a esa edad. Su rol social aceptable para esa edad es preocuparse únicamente de la ropa y los chicos. Es decir, convertirse en floreros. Por eso se ataca tanto a las gamers. Se las acusa de posers, es decir, de posturear. De no estar interesadas realmente en jugar, sino sólo en… qué sé yo, llamar la atención de algún chico.  El patriarcado les arranca cualquier deseo de jugar mediante el uso del palo y la zanahoria. El palo es, como hemos dicho, la condena al ostracismo para la chica que juega. La zanahoria es la posibilidad de utilizar su belleza para obtener brillo social. Al quedarles tan sólo el físico como valor posible, las chicas adolescentes se vuelven inseguras, competitivas (porque sólo hay una vara de medir, que es la belleza) y, en una cantidad sorprendente de casos, misóginas. La sumisión femenina al patriarcado queda así asegurada.

El haber sido separadas del juego en una etapa demasiado temprana explica algunas características del desarrollo de la mujer adulta. Les resulta más difícil desarrollar hobbies o intereses, salvo los de índole práctica. Desarrollan menos curiosidad general, y se encaminan menos hacia áreas como la ciencia o la ingeniería, donde la capacidad para jugar se profesionaliza. Sin el juego, sus capacidades para desarrollar su talento disminuyen. Así que, un consejo para madres, padres y educadores: no dejéis que las chicas adolescentes dejen de jugar. Enseñadles que el juego no es inmaduro.

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¿Significa esto que los hombres vayan a desarrollar realmente su talento? Ni de casualidad. La mayoría de los hombres no evoluciona de los juegos de su adolescencia: videojuegos, leer el Marca… La realización del potencial de un ser humano requiere una ascensión natural en el nivel de complejidad de los juegos, y el descubrimiento un día de que las habilidades adquiridas en el juego pueden ser aplicadas a la mejora del mundo real.

La paradoja aumenta desde aquí. Las mujeres son sistemáticamente tachadas de infantiles, a pesar de su maduración prematura, que todos reconocen. Señal, como es lógico, de que madurez es un término inconsistente. “Las chicas maduran antes que los chicos” es, por lo visto, compatible con “las mujeres son emocionales e inmaduras”. Es un vocablo que no aporta significado, sino que transmite relaciones de poder. Maduro, madura es una etiqueta aprobatoria que se gana obedeciendo las normas del patriarcado.

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