Archivo del sitio

Una palabra tramposa: madurez

Hay palabras que mienten. Madurez es una de ellas. Por un lado significa preocuparte por el bienestar de los demás, ser una persona confiable, hacerte cargo. Es un significado netamente positivo. Pero tiene un segundo significado que no tiene nada que ver con el primero: aceptar el rol que te corresponde en la sociedad. Es decir, sumisión a la presión social. Ambos significados pueden, de hecho, ser contrapuestos. Esta ambigüedad está en el núcleo de la lingüística política: empaquetar significados diferentes bajo una misma etiqueta, de manera que aceptar uno te lleve a aceptar el otro.

Quizás el ejemplo más relevante de la ambigüedad en el término madurez se da con las chicas adolescentes. Si juegan son inmediatamente acusadas de inmaduras, de ser aún unas niñas. Y nada hay peor a esa edad. Su rol social aceptable para esa edad es preocuparse únicamente de la ropa y los chicos. Es decir, convertirse en floreros. Por eso se ataca tanto a las gamers. Se las acusa de posers, es decir, de posturear. De no estar interesadas realmente en jugar, sino sólo en… qué sé yo, llamar la atención de algún chico.  El patriarcado les arranca cualquier deseo de jugar mediante el uso del palo y la zanahoria. El palo es, como hemos dicho, la condena al ostracismo para la chica que juega. La zanahoria es la posibilidad de utilizar su belleza para obtener brillo social. Al quedarles tan sólo el físico como valor posible, las chicas adolescentes se vuelven inseguras, competitivas (porque sólo hay una vara de medir, que es la belleza) y, en una cantidad sorprendente de casos, misóginas. La sumisión femenina al patriarcado queda así asegurada.

El haber sido separadas del juego en una etapa demasiado temprana explica algunas características del desarrollo de la mujer adulta. Les resulta más difícil desarrollar hobbies o intereses, salvo los de índole práctica. Desarrollan menos curiosidad general, y se encaminan menos hacia áreas como la ciencia o la ingeniería, donde la capacidad para jugar se profesionaliza. Sin el juego, sus capacidades para desarrollar su talento disminuyen. Así que, un consejo para madres, padres y educadores: no dejéis que las chicas adolescentes dejen de jugar. Enseñadles que el juego no es inmaduro.

girlsplayinggo

¿Significa esto que los hombres vayan a desarrollar realmente su talento? Ni de casualidad. La mayoría de los hombres no evoluciona de los juegos de su adolescencia: videojuegos, leer el Marca… La realización del potencial de un ser humano requiere una ascensión natural en el nivel de complejidad de los juegos, y el descubrimiento un día de que las habilidades adquiridas en el juego pueden ser aplicadas a la mejora del mundo real.

La paradoja aumenta desde aquí. Las mujeres son sistemáticamente tachadas de infantiles, a pesar de su maduración prematura, que todos reconocen. Señal, como es lógico, de que madurez es un término inconsistente. “Las chicas maduran antes que los chicos” es, por lo visto, compatible con “las mujeres son emocionales e inmaduras”. Es un vocablo que no aporta significado, sino que transmite relaciones de poder. Maduro, madura es una etiqueta aprobatoria que se gana obedeciendo las normas del patriarcado.

Entre Pitufina y la esclavitud sexual

El pitufo granjero, el pitufo fortachón, el pitufo filósofo, el pitufo poeta, el pitufo gruñón, papá pitufo… y Pitufina. Todos los pitufos menos uno son varones, y tienen su pitufoetiqueta, una cualidad que les caracteriza. Y luego está Pitufina, que no necesita más pitufoetiqueta que ser mujer.

characters_smurfette_002
En 1991, Katha Pollitt describió por primera vez el “efecto Pitufina” (the Smurfette principle): las películas y series infantiles y juveniles, cuando no están dirigidas explícitamente a un público femenino, están organizadas en torno a un grupo de chicos aderezado con una única mujer, normalmente representada de manera estereotípica. El artículo original cita a las Tortugas Ninja y a los Teleñecos (the Muppets). Anita Sarkeesian, en su blog Feminist Frequency cita además a Inception, Transformers, Winnie the Pooh, Star Wars, The Big Bang Theory (en su primera temporada)…

Pero no debemos preocuparnos, se trata sólo de series infantiles y juveniles. En realidad, somos la generación que superó el sexismo. El machismo está tan extinto como los diplodocus. Fijaos si no en esta noticia: diez hombres jóvenes aparecieron recientemente asesinados y violados en una ciudad latinoamericana. Por lo visto, fueron víctimas de una red de prostitución que les secuestró y les esclavizó para ser sometidos a violaciones diarias. Cuando se aburrieron de ellos, les pegaron un tiro y les dejaron tirados en una casa abandonada.

Ah, no, calla. Que no eran hombres.

Eran mujeres.

Ahora tiene más sentido, ¿verdad?

¿Qué pensáis que pasaría si la noticia fuera real? Si se esclavizara a hombres para disfrute sexual, y se les asesinara brutalmente cuando dejaran de ser útiles, o cuando se rebelaran. Habría una ola de indignación en el mundo entero. Pero son siempre mujeres. Así que no pasa nada grave.

Os dedico el siguiente dato. La mayor parte de la esclavitud en el mundo es esclavitud sexual. Mujeres, claro. Las estimaciones varían, pero ninguna baja de los dos millones de personas. Millones de mujeres esclavizadas para ser violadas a diario. Pensad un poco. Imaginad por un momento que se tratara de hombres. Millones de hombres esclavizados y humillados a diario. Habría una guerra. ¿Habéis leído 2666, de Roberto Bolaño? Pues no es ficción. En Ciudad Juárez las mujeres desaparecen, son violadas y asesinadas por centenares. Si fueran hombres, el país estaría en guerra. Pobre Ciudad Juárez, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Que las mujeres sean asesinadas, esclavizadas y violadas es triste, claro, pero es algo que se puede perfectamente asumir dentro del orden natural de los acontecimientos. En resumen: duele menos el sufrimiento de las mujeres.

Y ahora, en un sorprendente giro, intentaré traer a colación a la Pitufina.

Necesitamos etiquetas para entender a las personas, y para entendernos a nosotros mismos. Hombres, mujeres, queer, ricos, pobres, clase media, del Madrid, del Barça, agnósticos futbolísticos, panaderos, profesores, artistas de circo… No subestiméis nuestra necesidad de categorías, de identidades: son la base del pensamiento. Nos ayudan a predecir el comportamiento de los demás, y a actuar socialmente sin quedar como imbéciles. También nos ayudan a entender qué esperan los demás de nosotros y, de nuevo, no quedar como imbéciles.

Todos nosotros tenemos una multitud de etiquetas, que conforman nuestra identidad. Yo soy varón, gaditano, físico, profesor, izquierdista, agnóstico futbolístico, y llevo coleta. Y más cosas, muchas más. Soy saxofonista (aficionado), escritor (afinicionado), feminista, no creo en la necesidad del horario de verano, linuxero, programador, farfullo el chino… Algunas de estas etiquetas son más relevantes que otras. Una identidad rica tiene muchas componentes relevantes. La individuación, el proceso por el cual asignamos a alguien el carácter de individuo único, tiene mucho que ver con una alta complejidad en su identidad, en su conjunto de etiquetas. Si tienes una sola etiqueta relevante, eres un cliché. Si tienes muchas, eres un individuo. Por supuesto, la identidad de una persona depende de a qué distancia se la mire. Tus amigos íntimos y tu familia considerarán una identidad más rica. Pero aquí nos situamos al nivel de identidad pública, la que forma tu tarjeta de visita en la mayoría de las interacciones sociales. La imagen que de ti se hace alguien que charla diez minutos contigo en una fiesta (antes de que bebas de verdad).

Hay etiquetas fuertes y etiquetas débiles. Una etiqueta fuerte es la que te permite predecir muchas cosas sobre el comportamiento de alguien. El ejemplo más relevante es “ser mujer”. Recuerdo cuando explicaba a mi madre que una amiga no quería tener hijos. Mi madre, que no conocía a mi amiga, me respondió que eso no podía ser. Y que ella “sabía mejor que yo lo que quieren las mujeres”. Ésa es la clave. Mi madre se permitía hacer inferencias en base a un único dato: los cromosomas. Bueno, en realidad, no llegó a hacer un análisis cromosómico, pero me entendéis. Saber que persona es mujer te permite hacer muchas inferencias. A menudo son erróneas, sí, pero con frecuencia son correctas: quiere tener hijos, quiere enamorarse, le importa mucho su aspecto, antepone el cuidado de los demás a su desarrollo personal… La etiqueta “mujer” eclipsa a las demás. Por ejemplo: los físicos somos adictos a nuestra carrera, pero de una “física mujer” se esperará que renuncie a ser profesora en Cambridge si tiene que cuidar de su madre enferma. A medida que la sociedad evoluciona, la etiqueta fallará cada vez más en sus predicciones y perderá fuerza. Si algún día falla tanto como acierta, la sociedad la abandonará. Pero ese día está lejos.

¿Por qué es tan fuerte la etiqueta “mujer”? Porque el sistema social necesita el trabajo gratuito de las mujeres para sobrevivir. ¿Imagináis que el cuidado del hogar, de los hijos y de los ancianos estuviera sometido a las fuerzas del mercado? Nunca poder confiar en nadie, pues todos son mercenarios… temer siempre que, si se te acaba el dinero, te abandonarán a tu suerte y morirás como un perro. No deja de sorprender que una sociedad capitalista, que supuestamente valora la libertad en los intercambios por encima de todo, dependa de la sumisión de la mitad de la población a un rol que no han elegido, sino que les viene impuesto. Para los defensores del capitalismo realmente existente es muy importante demostrar que la sumisión de las mujeres está dictada biológicamente, de la misma manera que para los filósofos de la Antigüedad clásica era importante justificar la inferioridad de los esclavos germanos. No es más que una racionalización burda, necesaria para mantener tus privilegios. Todos somos buenas personas… si vamos a explotar a alguien, debemos convencernos de que no es alguien, que es un robot, que es un objeto. No se pone nombre al cerdito que se va a sacrificar. En Star Wars, a los soldados imperiales no se les ve la cara. Así no nos duele que mueran por miles en la Estrella de la Muerte. Una de las claves de la robotización es asignar una identidad lineal, una etiqueta fuerte que anule la posibilidad de una personalidad genuina. Así, aunque las mujeres sean el 50% de la población mundial, la Pitufoaldea sólo necesita una porque… ¡son todas iguales! Vista una, vistas todas. Una pitufina médico o una pitufina bombero no aportarían nada a la trama. Son tres mil millones de mujeres, y una sola personalidad. Así que cada una toca a un tercio de milmillonésimo de persona. Desde ese punto de vista, no duele hacerlas sufrir, tenerlas sometidas, que sean máquinas de dar placer, lavar la ropa y parir hijos.

Todas las etiquetas fuertes están ligadas a la explotación. Ser judío en Varsovia, palestino en Gaza, charnego en Mataró, gitano en las Barranquillas, negro en la valla de Ceuta, chicano en Denver, argelino en París… Todas permiten a los demás hacer muchas inferencias sobre ti, deshumanizarte, y a ti mismo comprender por qué los demás pueden maltratarte sin remordimientos. Para ser antidisturbios en España es obligatorio asignar a los del 15M una identidad lineal. De ahí el término “perroflauta”. O pensad en los muertos de los CIE, o los asesinados por la Guardia Civil en Ceuta. A la mitad de los españoles les parece triste, pero no terrible. Claro. Porque no saben nada de ellos, ni quieren saber. Basta con una única etiqueta: son africanos-muertos-de-hambre. Seguro que alguno tocaba el bajo, o hacía juguetes de madera, o no le gustaba el fútbol, o estudiaba historia, o era sindicalista. Pero eso sería tener cara, tener nombre.

¿Es entonces la identidad lineal la causa del sexismo y del racismo? Por supuesto que no. Es parte de un complejo autosostenido de sometimiento, necesario para la reproducción del sistema social, el capitalismo realmente existente. La explotación no desaparecerá meramente por el desarrollo de la conciencia. Pero el desarrollo de la conciencia la dificultará, pues hará que más personas se pasen al lado oscuro de la fuerza. O al luminoso, ya no sé. Me hice un lío con las metáforas. Pero me entendéis. 😛

Agradecimientos a nim y a chv.

Feliz día de la Mujer Trabajadora.

¿Escuelas para niños y escuelas para niñas?

La Historia funciona como un péndulo. Decenios de convencimiento de que las niñas y los niños tienen que educarse juntos, y los últimos años ven el avance de las posiciones segregacionistas. Están de vuelta. Pero, como siempre, con un matiz: ahora vienen disfrazadas con ropaje científico.

Un reciente artículo de la revista Science, titulado “The pseudoscience of sex-seggregated schooling” discute con profusión la evidencia astrológica pseudocientífica que apoya la segregación por sexos. Me encantó la descripción de las ideas de Leonard Sax, que explica que en el entorno escolar, “los chicos activan el sistema simpático, mientras que las chicas activan el parasimpático”. Ambos sistemas, Mr. Sax, son complementarios en su uso. Es como decir que hay gente que conduce con el acelerador y gente que conduce con el freno. Pues no, oiga. Pero, de todas formas, estudiemos qué quería decir este señor con esas palabras. Pues, como siempre, se trata de nociones de sentido común tradicional, expresadas con palabras tomadas del griego. Según Mr. Sax, los niños se sienten motivados por los profesores dinámicos y agresivos (“¡Vamos, Gutiérrez, dígame la respuesta, sé que usted la sabe!”), mientras que las niñas se sienten mejor en un ambiente más agradable (“Vamos, Cristina, cariño, saca el cuaderno”). En 13 años de docencia y en largos años de experiencia con las mujeres es la primera vez que oigo a alguien decir, sin partirse el culo de la risa, que a las mujeres les disgusta que les den caña. Mrs. Sax debe ser una mujer muy desgraciada.

¿Hay estilos cognitivos diferentes, de niños y de niñas? Sí, claro que los hay. ¿Están biológicamente determinados? No lo creo. Daré mi razonamiento. Hace 100 años (no es tanto), era difícil creer que las mujeres pudieran estudiar matemáticas. Gente muy erudita explicaba a quien quisiera escucharles que el cerebro de la mujer estaba mal adaptado a una ciencia tan abstracta. Hoy en día, las facultades de ciencias matemáticas tienen muchas más alumnas que alumnos. Y pronto tendrán más profesoras que profesores. Pero hay mucha gente que opina que el proceso de adaptación ya terminó, y que las diferencias entre niños y niñas, a día de hoy, ya son meramente biológicas. A diferencia de las de hace un siglo, que no lo eran. ¿Por qué iba a ser así, cuando aún vemos los patrones evolucionar?

Una profesión que hemos visto feminizarse ante nuestros propios ojos ha sido la de médico. Cuando yo era niño (poco después de que Franco la espichara) era raro ver médicas (no sé ni quiero saber cómo dice la RAE que debo escribir esa palabra, ahorraros los comentarios). Hoy en día, comienza a ser infrecuente ver hombres. Y, al mismo tiempo, el prestigio de la profesión médica se ha ido reduciendo considerablemente. La sociedad aún contiene mil subterfugios machistas.

Una de las pocas profesiones masculinas de prestigio que quedan es la ingeniería. ¿Qué ocurrirá cuando las mujeres la asalten? “No ocurrirá”, dicen algunos. ¿Por qué? Pues porque a las mujeres no les interesa la ingeniería. ¿Por qué? (insisto) Pues (me dicen) porque es demasiado abstracta. OK, claro. En cambio las matemáticas y la filosofía son la esencia de la concreción. Y entonces me replican: es que se ocupa de cosas demasiado prácticas. Claro, claro. Ahora a las mujeres lo práctico no les atrae, sólo lo abstracto. No te jiba. Este tipo de respuestas contradictorias son base en la comprensión que los hombres tienen de las mujeres. Dos frases que me encantan, y que puedes oír en la misma conversación: “Con las mujeres, ya se sabe” y “Con las mujeres, nunca se sabe”.

Las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres tienen orígenes muy sutiles. Y es normal que sea así: han sido clave para el funcionamiento de la especie durante milenios sin ser biológicas. Por tanto, tienen que estar muy bien enraizadas en la cultura. Os pongo un ejemplo que me dio una profe de filosofía amiga mía. Una chica de 15 años tiene un disgusto grave en clase. Cualquier cosa: pelea con las amigas, una mala nota inesperada… La chica se echa a llorar en el aula. Sus amigas la arropan, el profesor la deja salir de clase para tranquilizarse. Un chico de 15 años tiene un disgusto grave en clase. La misma cosa: pelea con los amigos, una mala nota inesperada. Pero no puede echarse a llorar. ¿Qué hace? Se sienta al fondo de la clase, cabreado con el mundo, reconcentrado en sí mismo. El profesor le pide que salga a la pizarra, y le da una mala respuesta en la que encauza toda su frustración. El profesor, sin saber qué es lo que sucede, le pone un parte… o adopta el castigo que considere, comenzando quizá una mala relación que durará el resto del curso. ¿A que no era fácil de diagnosticar?

Volviendo a las escuelas segregadas, se nos dice que las niñas obtienen mejores notas en ciencias en ellas, debido a que no deben cumplir estereotipos sexuales. Quizás sea cierto, quizá no, pero no quiero que ésa sea la solución al problema. Primero, porque no será una solución real: quizá mejores las notas, pero empeoras netamente la adaptación social. Por ejemplo, está documentado que los hombres que se han educado en escuelas segregadas son más propensos al fracaso matrimonial (entre las mujeres no existe correlación significativa). La vida real es mixta, los hombres y las mujeres estamos mezclados. Afortunadamente. Y no quiero un mundo que no sea así, no me da la gana. No sé cuál debe ser el papel del sexo en nuestra sociedad. Reconozco que alterno mi visión. A veces pienso que sólo debería ser importante en la cama. A veces pienso que las diferencias sexuales son un motor importante de nuestra actividad. Vale. Pero, en cualquier caso, todos juntos, y dando a todos las mismas oportunidades.

Por último: ¿no os recuerda a la doctrina racista de EEUU: iguales pero separados?

Aborto y criminalidad

Vamos con un post polémico…

Hay temas en los que es muy difícil mantener un discurso racional, y el aborto es el ejemplo más nítido. Cualquier discusión sobre el tema se convierte enseguida en una sarta de insultos de los pro-vida hacia los asesinos-malnacidos-furcias que defendemos la capacidad de elegir de la mujer. Solía decir la Iglesia, cuando era sabia, “In necesariis, unitas; In dubiis, libertas; Et in omnibus, caritas”. Es decir: “En lo necesario, unidad; En la duda, libertad; Y en todo, caridad”. Pero hoy no reconocen que no sabemos cómo la materia se vuelve consciente y que, por tanto, es un biologismo barato el considerar que todo óvulo fecundado es una vida humana. En realidad, el razonamiento es lo de menos, porque no hay argumentación, sólo evocación a los sentimientos más primarios.

Pero en este blog nos caracterizamos por un desmedido afán de razonar. Aviso al lector: entre aquí con espíritu abierto, y deje (en la medida de lo posible) sus sentimientos a la entrada. Porque vamos a apelar a su ser razonable.

Empecemos con una pregunta sencilla:

¿Qué efectos tiene, sobre una sociedad, la prohibición del aborto?

Hasta el siglo XIX, la prohibición del aborto entraba en el saco de leyes que no había manera de imponer en la práctica. Sólo con la llegada del control político de la sanidad aparece un dilema legal real. Y a lo largo del siglo XX, muchos países han jugado con él, modificando las leyes con un fin: controlar la tasa de natalidad. ¿Y las cuestiones éticas? Seamos serios, son secundarias.

Entre los países que se han embarcado en este peligroso juego estuvo Rumanía. En 1966, Ceausescu, nuevo dictador del país, decidió prohibir el aborto y realizar un control exhaustivo sobre la planificación familiar. Bueno: una eliminación de todo intento de planificación familiar. Pensaba que una Rumanía más poblada sería una Rumanía más poderosa. En poco tiempo se dobló la tasa de natalidad. Pero el país era pobre, muy pobre. Y muy mal gobernado. Así que, en lugar de poderosa, Rumanía se encontró a sí misma superpoblada. Y el exceso poblacional estaba compuesto por niños no deseados. Estos niños no deseados fracasaron estrepitosamente en los estudios, y en su incorporación al mercado laboral. Y muchos de ellos terminaron como delincuentes. Fueron estos niños y sus coetáneos los que, ya adultos, forzaron la única condena a muerte de un dictador de Europa del Este. Tras la democratización, el aborto fue legalizado de nuevo. El número de abortos fue increíblemente alto: uno por cada 22 habitantes!!!

A principios de los 90 la tasa de criminalidad disminuyó enormemente en EEUU. ¿Dónde se han ido los criminales? ¿Ha sido la mejora del nivel de vida, la acción policial? Los estudios mostraban que, aunque eran factores relevantes, no explicaban en absoluto el descenso enorme observado. En el año 2000, Donohue y Lewitt publicaron “The Impact of Legalized Abortion on Crime”. En este artículo estudiaban estadísticamente la correlación entre prohibición del aborto y tasa de crimen en EEUU.

En EEUU, el aborto se legalizó, en la práctica, tras el caso Roe v. Wade, en 1973. En esta sentencia judicial, los derechos de la madre y del estado se “equilibraban” mediante el establecimiento de una ley de plazos. La tasa de abortos se disparó en EEUU, llegando a un aborto por cada 2.25 nacidos vivos. 1’6 millones de abortos en 1980. Es una cantidad enorme. De haber estado prohibido el aborto, todos esos niños habrían vivido. ¿Habrían sido felices? Algunos sí, otros no. Pero, desde luego, sus cartas eran mucho peores que las de sus compañeros de cohorte. Todos ellos habrían sido niños no deseados. La mayoría habría nacido en hogares pobres, de madres adolescentes y solas. Es un cocktail mortal.

Los estudios estadísticos avalan este razonamiento: la tasa de criminalidad cayó dramáticamente alrededor de 18 años después, a principios de los 90. ¿Es casualidad? Puede. Había cinco estados en EEUU que legalizaron antes la ley de plazos: Nueva York, California, Hawaii, Alaska y Washington). En los cinco, la tasa de criminalidad cayó antes. ¿Cuánto antes? Creo que lo adivináis: 18 años después de la adopción de la ley de plazos. ¿Es necesaria más evidencia? Siempre lo es. La correlación se cumple, si se estudia con el cuidado apropiado, en el resto de países del mundo. Más aún: la correlación es tanto más fuerte cuanto mayor es la tasa de abortos que se produce al levantarse la prohibición. Ese número, recordémoslo, es una medida de la cantidad de niños no deseados.

Siempre advierto de que correlación no es lo mismo que causación. Tras demostrar que los dos eventos están correlacionados, ¿cómo demostrar que, realmente, uno causó el otro? A decir verdad, no se puede. Sólo puedo alegar que resulta extremadamente razonable, sobre todo teniendo en cuenta la gran diferencia de tiempo entre los dos (18 años). Desde luego, disminuir la criminalidad no fue la intención legislativa, era muy difícil de prever.

Por supuesto, la ley de plazos tuvo otros efectos en la sociedad americana. El número de concepciones se incrementó en un 30%, señal de que los americanos usaban el aborto como un método anticonceptivo (idea estúpida donde las haya). Disminuyó dramáticamente el número de infanticidios y la tasa de maltrato infantil. Y, por supuesto, las bodas de penalty.

El aborto y la antropología filosófica

Y ahora, no puedo evitarlo, me gustaría discutir en términos ético-filosóficos. ¿Cuándo comienza la vida? No lo sabemos, ciertamente. Dar un acontecimiento biológico como señal de arranque es arbitrario: ¿ocurre algo mágico, algo trascendente, cuando el óvulo y el espermatozoide se funden en una sola célula? No creo, la verdad. La idea es de un biologismo estúpido. ¿Por qué precisamente entonces, no un instante antes o después?

Vayamos entonces algo más atrás: ¿por qué nos repugna dañar a un ser humano? Pues porque es nuestro semejante. Ciertamente, tenemos un sentimiento moral que nos impide hacer daño a quien se parece a nosotros, porque sentimos empatía con su dolor. Y ese sentimiento moral es imprescindible para la sociedad. ¿Qué tipo de semejanza despierta ese sentimiento? Pues la semejanza física y la semejanza intelectual. No podemos dañar a alguien cuyo cuerpo parece humano, o a alguien cuya inteligencia parezca humana. ¿Y el embrión?

Considerad el siguiente diálogo para besugos filosóficos, que ilustra el argumento que me gusta llamar “el bloqueo del desarrollo natural”.

– ¿Cómo sabes que un aborto es la muerte de un niño? Al ver un embrión de 2 meses no me parece ver ninguna figura humana.

– Pues porque, si le hubieras dejado evolucionar libremente, se habría convertido en un niño.

– Ah. Entonces, yo hice algo, y ese algo evitó que un niño naciera. Y, por tanto, le he matado.

– Eso es.

– Entonces, si un día puedo violar a una chica y me contengo, estoy matando un niño, ¿no?

– ¿Y esa gilipollez?

– Bueno, yo hago algo, y ese algo evita que un niño nazca. Así que le he matado.

En efecto, si consideramos que un embrión es ya un niño porque, dejado evolucionar libremente, se convertiría en un niño, entonces estamos matando un niño cada vez que una acción nuestra evita un embarazo. Como por ejemplo, cuando te pones un preservativo. O, mejor aún, cuando decides no mantener relaciones sexuales. Como decía El Mundo Today, usando el humor como herramienta dialéctica, cada mujer menstruando está abortando.

La Iglesia siempre ha apoyado la extensión de la cantidad de vida, aunque fuera en detrimento de la calidad de la misma. ¿Merece la pena vivir, a cualquier precio? En mi opinión, no. Yo no creo que mi propia vida deba ser antepuesta a cualquier otra consideración. Por ejemplo, yo mismo puedo considerar que, por algún motivo, ya no merece la pena vivirla, y desear terminarla. Y podría ocurrir que terminar con mi vida mejorara drásticamente la calidad de vida de muchas personas. En ese caso, me parece que sería necesario éticamente poner todas las opciones sobre la mesa.

Entonces, ¿por qué la Iglesia se ha empeñado en proteger tanto a los embriones? De hecho, los embriones reciben un trato especial, una protección mayor que el resto de seres humanos. Pensemos en los anti-abortistas que están a favor de la pena de muerte. O en todos aquellos a los que los recortes en sanidad no les importan, cuando es obvio que ya están adelantando la muerte de muchas personas. Es obvio: se trata de una estrategia del poder. Prohibir el aborto es una manera de incrementar la población, lo cual puede ser muy beneficioso. Sobre todo para los poderosos. Más soldados en una guerra. Más obreros -y, por tanto, más presión para bajar los salarios. Más sumisión: los padres y madres de ocho hijos no pueden pensar en la revolución, están demasiado ocupados consiguiendo la próxima comida. Cuando los poderosos se sienten seguros de sí mismos, pueden relajar la presión sobre el pueblo, permitiendo una ley de plazos.

Un deseo: que cada niño que nazca sea deseado.

Las chicas y el 15M

¿Qué hace al movimiento 15M diferente de los distintos movimientos de protesta recientes? Esta pregunta va a hacer correr ríos de tinta (metáfora venerable, en el futuro diremos quizás ríos de bits)… Yo destacaría, sin lugar a dudas, dos cosas. Internet, y la feminización de la protesta.

¿Qué puedo deciros? Simplemente, que es genial, es lo mejor que nos podría pasar. Las chicas han tomado al asalto las acampadas y asambleas. Siempre ha habido mujeres en los movimientos de protesta (Olimpia de Gouges, Alexandra Kollontai…), e incluso muchas mujeres (mayo del 68), pero el patrón era siempre masculino. Las manifestaciones de Seattle a Génova ya habían hecho un viraje en esta línea, pero es en el 15M donde resulta más obvio.

Cualquiera que haya ido por las acampadas, asambleas, manifestaciones, lo ha visto. Un sistema organizativo que funciona, que cuida de las personas con dificultades (p.ej.: las intervenciones de las asambleas traducidas a la lengua de signos). ¿Más muestra? Una que me gusta mucho: El País, 5 de junio, dos pretenciosos sesentayocheros fans de Jorge Manrique (cualquier tiempo pasado fue mejor) se preguntaban entre escandalizados, condescendientes y divertidos dónde se ha visto una revolución con guarderías. Pues dónde va a ser, pardiez, en una revolución con mujeres.

Por eso a esta revolución no le cuesta ser no violenta, por eso los borrachos que irrumpen en las asambleas son reconvenidos con amabilidad, hasta con cariño… y funciona!! He visto a gente llegar en plan provocadores (no mossos d’esquadra, claro está) y terminar por sentarse en la asamblea e incluso participar… Por supuesto, no se trata de que sean ellas las que tengan estos comportamientos ejemplares ante una atónita masa de garrulos. No. Los hombres también nos comportamos así.

Esta feminización tiene muchas consecuencias admirables, pero destacaré estas dos. Primero, hace al movimiento mucho más simpático a ojos de la ciudadanía. La gente mayor, las amas de casa, mi madre… cuando ven fotos de los acampados y ven tantas chicas “se tranquilizan”. Todo el mundo sabe que donde no hay mujeres las probabilidades de que el sentido común derrape son mayores. Segundo: hace el recurso a la violencia por parte del poder mucho más complicado. Ahí están las fotos de los mossos pegando a chicas, que polarizan mucho más a la población. Con franqueza, hay que tener alma fascista para no escandalizarse ante esto…

Pero quiero recalcar que no soy biologista, sino todo lo contrario. Las mujeres y los hombres formamos dos culturas, dos tradiciones entrelazadas. Hay mujeres, como la señora Thatcher, que rompen cualquier estereotipo. No existe el determinismo biológico. Pero eso no significa que las categorías “masculino” y “femenino” dejen de ser útiles al explicar el comportamiento social. Lo son, para bien a veces, y para mal en otras ocasiones.

Hasta aquí todo puro y santo. Ahora viene la parte dialéctica y polémica.

¿Conocéis la hipótesis de Sapir-Whorf? Viene a decir que la lengua condiciona el pensamiento. En su forma débil es una obviedad. Se suele citar como ejemplo que los esquimales tienen una gran cantidad de palabras para denotar la nieve, porque deben poder reconocer muchos tipos de ella para poder sobrevivir. Claro. Si un concepto se lexicaliza, se vuelve más accesible al pensamiento. Quiero decir: es casi imposible razonar sobre un tema complejo sin el vocabulario apropiado.

La forma fuerte de la hipótesis de Sapir-Whorf explica que diferentes construcciones lingüísticas condicionan la manera de ver el mundo. Así, por ejemplo, el uso del masculino gramatical para denotar a una audiencia mixta de género induciría machismo en los hablantes y las hablantes. ¿Es cierto eso? Veamos la evidencia empírica.

El inglés es una lengua con una escasa distinción de género, a diferencia de las lenguas romances. En castellano políticamente correcto hay que decir “todos y todas vamos al congreso”; en inglés se dice “we all go to the parliament”. Por lo tanto, si la hipótesis de Sapir-Whorf fuera cierta, los angloparlantes y las angloparlantes serían menos sexistas que los y las hispanohablantes. La evidencia nos dice que no es así. Un caso aún más obvio, el chino. Carece totalmente de distinción de género en la lengua hablada (y un mero apunte anecdótico en la escrita). ¿Es la cultura china menos sexista que la española? No lo creo.

El caso es que los hispanohablantes no asociamos el género gramatical al sexo. En castellano decimos “la flor” y “la leche”, y habrá quien piense que es muy apropiado que esos sustantivos tengan género femenino. Pero en italiano, una lengua hermana de la nuestra, dicen “il fiore” e “il latte” (en masculino) y se quedan tan panchos. ¿Somos los italianos menos conscientes del origen de la leche? Creo que no. En castellano decimos “la polla” y “el coño”, y nos quedamos tan anchos… El género gramatical sólo está asociado al sexo en un porcentaje pequeño de sus usos.

En un momento dado, algunas asambleas 15M se enfrentaron a un ataque de intolerancia lingüística. Afortunadamente, se han superado con éxito, aunque no sin dificultad. El pseudo-feminismo, junto con el nacionalismo, han sido siempre herramientas de división de la clase trabajadora, divide et impera. En la línea de “La vida de Brian”, gran película, podríamos llamarlo el “efecto frente-popular-de-judea” (¡disidentes, disidentes!) En concreto, se dijo que el “lenguaje no inclusivo” (esto es, decir “todos” en lugar de “todos y todas”) ejercía violencia sobre las mujeres. Gente muy válida y comprometida llegó a sentirse excluida en algún momento… por esta acusación. ¿Por qué no podemos hablar, al dirigirnos a toda la asamblea, como cuando hablamos entre nosotros? ¿Por qué se acusa de sexista a quien lo hace? Debido a la influencia que, supuesamente, ejerce la lengua en el pensamiento, la hipótesis de Sapir-Whorf. Una vez demostrada la inexistencia empírica de esta conexión, la acusación de violencia sexista resulta ridícula y corrosiva para el movimiento. Leed este texto, escrito por una mujer, que me llegó vía Alejandro y contiene un análisis mucho más en profundidad.

Además, ¿es “todos y todas” menos sexista que “todos” a secas? Imaginad una lengua L en la que, al hablar de una mezcla de personas blancas y negras la norma dictara que hay que decir “los blancos”. E imaginad ahora a algún ilustrado que afirmara que todo lo que no fuera decir “los blancos y los negros” fuera violencia racista. ¿¡No sería mejor inventar la palabra “persona”!?  “Todos y todas” atrae atención sobre la diferencia, que normalmente es irrelevante en el discurso en cuestión. Podemos, si queremos, si lo consideramos necesario, inventar el neutro en castellano. ¿Por qué no? “Vayamos todes al parlamento”. “Les compañeres que lo deseen pueden venir con sus hijes”. Se trataría de una posible reforma al mismo nivel que la propuesta por García Márquez de racionalización de la ortografía. No son problemas prioritarios, aunque a los poderosos les encantaría que nos lo pareciera.

Sexismo es que la conciliación de la vida familiar y laboral grave fundamentalmente a las mujeres. Sexismo es que no haya guarderías públicas. Sexismo es que las mujeres tengan que estar 5 kg por debajo de su peso ideal si quieren realizarse afectiva y sexualmente. Sexismo es inducir miedo a no salir sola por la noche. Sexismo es querer convencer a las chicas de que son “menos brillantes, pero más estudiosas” que los chicos. Mi vecino, usando un lenguaje muy inclusivo, me ilustró sobre la que a su entender era la naturaleza real de los impulsos que pueden llevar a una mujer a acampar en la Plaza Catalunya. Luchemos contra el sexismo real, por favor,  y luchemos contra el efecto frente-popular-de-judea. Ah, y violencia son las fotos de arriba.

A %d blogueros les gusta esto: