Soy de letras porque el mundo me hizo así

– Entonces, ¿qué carrera piensas hacer?

– Pues tengo aún dudas, estaba pensando en Filosofía, o quizás en Políticas. Y también me atraen la Historia y la Filología.

– ¡Uy! No, bien, bien. Bien. No. Hmmmmm. Pero tú, tienes buenas notas, ¿no? Eres buen estudiante.

– Sí.

– Y, ¿no es un poco desprovechar tu talento hacer una carrera de letras?

– ¿Por qué lo dices?

– Pues no lo sé. Es más fácil, ¿no? Tú puedes hacer algo más exigente.

– ¿Como qué?

– Una ingeniería, medicina. O física o matemáticas, ¿no?

– ¿Es una ingeniería más difícil que la filosofía?

– Hmmmm, claro, ¿no?

– ¿Qué es más difícil de comprender? ¿Los frenos de un coche o el alma humana?

– Jajajaja, bueno, te estás poniendo lírico…

– Vale, no nos pogamos líricos. ¿Qué es más fácil de comprender, un panel solar o el origen de la crisis económica y política actual?

– Pues no lo sé, pero el caso es que la nota que piden para entrar en políticas es mucho más baja que en ingenierías, ¿por qué es?

– Esa pregunta es muy buena, buena de verdad. Y creo que tú sabes la respuesta.

– ¿Yo?

– Sí. Tú. Si me dejas, quiero sacártela. Vamos a averiguar por qué es más alta la nota de corte en ingenierías que en las humanidades. Veamos, ¿quién decide la nota de corte?

– Nadie la decide. Los alumnos piden la carrera que deseen, y van entrando por orden de nota.

– Y la nota de corte es entonces la nota más baja de los que lograron entrar, ¿no?

– Sí.

– Entonces, si tú fueras el rector de una universidad y quisieras subir la nota de corte de una carrera, ¿qué harías?

– Hmmm… ofrecer menos plazas.

– Por tanto, la universidad tiene cierto poder al decidir las notas de corte.

– Bueno, sí, en la medida en la que deciden cuántas plazas se ofertan.

– ¿Por qué crees, entonces, que políticas tiene una nota de corte mucho más baja que las ingenierías?

– Quizás sea porque se ofertan muchas más plazas.

– Así es. ¿Por qué se ofrecen tantas plazas? ¿Es que se necesitan muchos politólogos, filósofos, abogados…?

– No, de hecho la mayor parte termina en el paro o trabajando de algo que no tiene nada que ver.

– ¡Vaya! Entonces tenemos un dato sospechoso. Las facultades de humanidades ofertan más plazas de las que la sociedad parece requerir. ¿Por qué lo hace?

– No lo sé. ¿Tú sí?

– Hmmm… Volvamos a las ingenierías. ¿Por qué tienen unas notas de corte tan altas?

– Pues porque se ofrecen pocas plazas, ya lo hemos dicho.

– De hecho, algunos alumnos se quedan sin poder cursar una ingeniería, aunque lo hayan requerido, ¿no es así?

– Así es, ¡oh, Sócrates!

– ¿No sería lo normal que se intentaran equilibrar las notas de corte, aumentando las plazas en las facultades en las que queda gente sin entrar y reduciéndolas en las que entra mucha gente de rebote?

– Parece lógico, sí. Bueno, a no ser que la sociedad necesite especialistas en determinadas áreas.

– Ya sabemos que no es el caso. La universidad está diseñada para ofertar muchos más abogados, politólogos y filósofos de los que la sociedad necesita.

– Así es.

– Es decir, que no es que las carreras de humanidades tengan notas de corte bajas porque sean fáciles, sino porque así se ha decidido desde la autoridad.

– Vale, te lo reconozco.

– Luego, si me reconoces que el argumento de la nota de corte es falaz, ¿qué argumento te queda para decirme que las humanidades son más fáciles que la ingeniería o las ciencias?

– Espera, que me has picado. ¿Por qué se ofrecen más plazas de de humanidades o de derecho de las necesiarias, aun tolerando que la nota de corte se desplome?

– No lo sé, pero lo podemos pensar juntos. Y, mira, estamos pensando en términos políticos, económicos y legales… Además, discutir si hay una dificultad intrínseca de las distintas áreas de conocimiento es un tema bastante filosófico, ¿verdad?

– Vale, vale, no te enrolles. Vas ganando, sí. ¿Por qué puede ser que se fomente una nota de corte más baja en humanidades?

– ¿Qué efectos tiene una nota de corte más baja en una carrera?

– Alumnos menos preparados.

– Quizás sí, pero sobre todo, alumnos desmotivados.

– ¿Qué quieres decir?

– Pues que habrá muchos alumnos que no la hayan elegido como primera opción, sino como décimoquinta. No les interesa el derecho, o la filología… tenían que estudiar algo, y allí van.

– ¿Y para qué podría nadie querer alumnos desmotivados?

– Pues para bajar el nivel.

– Hmmm… ¿quieres decir que las carreras de humanidades parecen fáciles porque tienen alumnos desmotivados?

– Suena creíble. Ofreces muchas plazas, más de las que deberías. Así que sirves de carrera escoba, que recoge alumnos que no han logrado entrar en la que es su verdadera vocación. Quizás no son alumnos malos, sino que están en el sitio inapropiado.

– Bueno, los profesores les machacarán, ¿no?

– Los profesores se suelen adaptar al nivel de su alumnado.

– No siempre, en las ingenierías hay huesos famosos que se jactan de suspender a toda la clase y formar tapones de repetidores.

– Sí, pero eso no ocurre en humanidades, ¿verdad?

– Mucho menos.

– ¿Crees que esos profesores huesos lo son porque su materia es muy dura?

– No, nunca es por eso. De hecho, cuando cambia el profesor se suelen desatascar.

– ¿Y no te da eso la clave?

– No está bien visto masacrar al alumnado en carreras de humanidades. Pero sí en ingeniería.

– Eso es. Hay una especie de consigna secreta: es preciso mantener el nivel de dureza en las ingenierías, pero no en humanidades.

– ¿Una consigna secreta? Aaaaah, ¡¡conspiran todos los profesores!!

– ¡¡No, caramba!! Nadie conspira. Son estructuras sociales que hacen que determinados comportamientos estén bien vistos o mal vistos. Como si se me ocurre salir vestido de bailaor flamenco a la calle. No está prohibido por ninguna ley, pero todos me mirarán raro.

– Vale, de acuerdo. ¿Y por qué se boicotea el nivel en las facultades de humanidades?

– Hm… Imagina que tienes el poder.

– Imagino.

– Imagina que necesitas mantener a toda la población engañada. Que has montado un sistema de justificación de tu dominio basado en mentiras.

– Imagino.

– ¿Qué es lo que más miedo te da?

– Que alguien desmonte mis mentiras.

– Y ese alguien, ¿será un ingeniero o un físico?

– Quizás, pero no es probable. Es más fácil que sea un politólogo o un abogado.

– O un economista, o un historiador, o un filólogo, o un filósofo.

– Sí, alguien de humanidades.

– Sí, alguien de humanidades.

– Entonces, ¿no son más fáciles las humanidades?

– Imagina que las ciencias son como tipos de terrenos. La física es fértil, suele recompensar el esfuerzo con resultados exuberantes. La economía es seca y dura, te enfrentas a la dificultad de entender el comportamiento de millones de seres humanos. Y, además, a las mentiras que propagan los poderosos. De los físicos se espera una alta precisión y elegancia. En el caso de los economistas, se celebra cada pequeño éxito, por cutre que sea. ¿Cuál es más fácil?

– Pues no lo sé.

– Ni yo tampoco. Pero creo que los poderosos fomentan la mala economía, la mala filosofía, la mala historia. Y boicotean con todos los medios a su alcance. El más sofisticado es ahuyentar a las mentes brillantes, hacerles pensar que el estudio de las humanidades es fácil, que no es un empeño a su altura.

– ¿Hacer creer que es fácil no atrae a la gente?

– A la gente mediocre, quizás. La gente brillante se ve atraída por los retos. Diles que algo es muy difícil, y se volcarán a estudiarlo. La mecánica cuántica es difícil de comprender, así que es un reto para cabezas listas.

– ¿Y qué retos te planteas tú?

– Hay muchas preguntas que quiero responder. ¿Cómo influye la lengua en el pensamiento? ¿Podemos evitar la siguiente gran crisis del capitalismo? ¿Qué es el humor, qué nos hace reír? ¿Es posible articular un sistema de democracia directa, sin representación? ¿Cómo surgen las chispas de creatividad? ¿Por qué la matemática es tan eficiente para comprender el mundo natural? ¿Qué causa los desplazamientos en nuestro sentido de la belleza? ¿Cómo crea el poder la ilusión de libertad en la que nos movemos? ¿Por qué hay algo y no nada? Y todo esto sin renunciar a las preguntas científicas. Debo confesarlo… la verdad es que me gusta todo. Las ciencias tanto como las humanidades.

– Juuuuuuuuuu… Mira, no sé dónde acabarás, pero vas a ser un terremoto dondequiera que vayas.

 

Dedicado a kilpi

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Publicado el noviembre 4, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Me gusta mucho tu estilo, como has planteado el concepto. Muy didáctico. Enhorabuena.
    Estoy de acuerdo en que no deberían crearse status de carreras (al fin y al cabo, es cuestión de valorar más unas capacidades arbitrarias sobre otras). En lo que se refiere al poder de la universidad, me parece demasiado complejo que esta pretenda crear conspiraciones sociales. Navaja de Occam.
    A mí me parece que esta se rige por el sistema capitalista: ofrezco productos de diferente valor, pero lo que más me interesa es que podáis consumir todos.

  2. Hola, Yohana, gracias por tu comentario. 🙂

    Tampoco yo creo que exista ninguna conspiración para manipular la universidad. Creo más bien en un cierto “efecto darwinista”. Me explico. Creo que la sociedad realiza, de vez en cuando, cambios pequeños de manera aleatoria. Estos cambios se desechan o se propagan dependiendo de muchos factores. Uno de esos factores, claro está, es el hecho de que refuercen la posición de la clase dominante.

    Pongo un ejemplo que puede ser relevante. La aparición de El Capital provocó una reacción en cadena en economía. Hasta entonces, la economía había atraído a mentes sobresalientes, a las que se les permitía pensar en libertad. A raíz de El Capital, se produce la “contra-revolución” marginalista en economía. Se construye una teoría sin fundamento empírico y con bases teóricas endebles que, eso sí, sustenta y justifica el régimen económico capitalista. Esa teoría se convierte en dominante, se impide cualquier disenso en las facultades de económicas del mundo. Las mentes brillantes ahora huyen de la economía, porque la ven más como una religión que como una ciencia. ¿Cuándo acaba esta situación? En el crack de 1929, momento en el que los poderosos creyeron que el capitalismo realmente se venía abajo, y toleraron que una mente brillante, Keynes, resucitara el pensamiento económico. Cuando se consideraron de nuevo a salvo, cuarenta años después, volvieron a enterrar a Keynes junto a Marx.

    ¿Por qué pensamos que estudiar económicas es “de segunda” respecto a estudiar físicas? Porque la teoría que enseñan en las facultades de económicas es tan interesante y tan explicativa como la homeopatía. Las mentes brillantes que se sienten atraídas por el estudio de la economía se desilusionan, a no ser que tengan la suerte de leer a algún economista crítico antes de tomar su decisión.

  3. uaaa qué bueno!
    despues de tanto tiempo, muy buen regreso

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