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Una humilde propuesta: ragoût de parado

Una humilde propuesta que elevo al presidente del gobierno de España, don Mariano Rajoy Brey, en el buen entendido de que no podrá llevarla a cabo hasta pasados los comicios andaluces, debido al populismo que ahoga al país en época de elecciones.

Es bien sabido que no todos tenemos las mismas habilidades. El buen carpintero quizás no sea capaz de comprender las integrales triples, la modista primorosa no tiene porqué saber llevar un restaurante. En un mercado libre, cada cual ofrece la habilidad que constituye su ventaja comparativa, aquello que hace mejor, y así sirve mejor a la comunidad y a sí mismo. Pero es así que, arrastrados de un mendaz sentimiento de igualdad, los socialistas imponen restricciones al funcionamiento del mercado libre que van en detrimento de aquellos a los que afirman, falsamente, proteger. Así, por ejemplo, como explica nuestro compañero de FAES, la imposición de un salario mínimo evita que muchos trabajadores sin especial habilidad puedan ganarse el sustento haciendo lo que constituye su ventaja comparativa: trabajar por poco dinero.

Mi humilde propuesta, inspirada por un esclarecedor texto de Jonathan Swift, va un paso más allá. España supera los cinco millones de parados. Cinco millones de personas cuya capacidad para ser útiles a la sociedad es cuestionada día a día a causa de las incomprensibles trabas burocráticas que han impuesto los socialistas y criptocomunistas afincados en el poder. Es hora de abrir el mercado a nuevas posibilidades.

Consideremos un parado inhábil, torpe y débil de carácter, pero rollizo y suculento a la vista. Mantenerle es una rémora para su familia y para la sociedad. ¿Quién no ha pensado alguna vez que serviría mejor en un guiso? Quizás asado, o quizás en ragoût o fricasée. ¿Y si fuera allí donde radicara su ventaja comparativa? En ofrecerse al mercado, pero no al mercado de trabajo, sino al de abastos. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que más importuna el alma de los parados, sino el futuro de sus familias? Ofreciéndose al matarife no sólo habrá una boca menos que alimentar en su casa, sino que garantizará la entrada de buenos dineros que aliviarán la penuria durante unos meses. Por supuesto, siempre se tendrá en el punto de mira al consumidor sofisticado, dispuesto a pagar grandes sumas por un alimento de calidad. La carne de parado tiene, al parecer, un cierto regusto a pollo, pero es de una textura exquisita, y acompaña bien a cualquier vino de Rioja o Ribera del Duero. Según me comentan ciertos amigos, indígenas de Nueva Guinea, del parado se aprovecha todo: el lomo, el jamón, la papada… hasta la piel, bien curtida, sirve para hacer bolsos. Con el pelo se pueden hacer pelucas, y con las uñas se pueden manufacturar elegantes broches para señoras.

Amén de resolver el problema del desempleo, también terminaríamos con el problema de la balanza comercial. La charcutería de parado podría convertirse en el principal producto de exportación de nuestro país, dejando atrás las naranjas de Valencia y los congrios del Cantábrico. Los países de nuestro entorno, al no tener nuestra elevada tasa de paro, no podrían competir con nuestro pujante mercado de carne. Alemania, debido a sus buenas cifras macroeconómicas, debería ser el objetivo fundamental de nuestra nueva y pujante industria exportadora. Para adaptarnos a los gustos del público teutón, nuestros cocineros de mayor proyección internacional diseñarían platos de carne de parado con chucrut, y que fueran bien acompañados de cerveza.

No sólo el empleo y la balanza comercial serían beneficiados con esta medida. Otra de las lacras sociales, el aborto, comparable al genocidio hitleriano (que, por cierto, nunca existió), también podría ver el fin de sus días. Al igual que la ventaja comparativa del parado adulto puede ser ofrecerse al mercado de la carne, también las familias cargadas de deudas pueden ver un alivio a su situación económica provenir de la entrega de sus hijos pequeños al matarife. Sin duda, estarían mejor cotizados cuanto más pequeños fueran, siendo los de añojo los preferidos por los gourmets internacionales. Sería hermoso ver a las mujeres en la plaza, compitiendo entre ellas por ver quién cría al niño más rollizo… Los maridos agobiados por la penuria tratarían entonces sus esposas embarazadas con mayor consideración, pues pasarían a verlas como ve un granjero a una vaca o a una cerda en estado. El maltrato doméstico llegaría a su fin, aumentaría el número de matrimonios y se abandonaría el uso de preservativos y píldoras infernales.

Como ven, todo son ventajas. Ayúdenme a hacer llegar esta propuesta a nuestro presidente del gobierno, y en nuestro hermoso país volverá a salir el Sol.

(Con agradecimientos a Paco)

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