Bajo el signo de la Urraca (cuento de hadas subversivo)

BAJO EL SIGNO DE LA URRACA

Un cuento subversivo

Por Yvi

I. Donde se presenta al lector al ciudadano Bolsón y a sus temerosos conciudadanos, así como las primeras pequeñas incursiones de aquél en el océano de la ciencia doblónica.

Érase una vez que se era, un reino de la lejana Hélade, llamado Atinia, que era gobernado por un presidente benévolo, del partido de los aqueos, llamado Zapajoyus, elegido entre todos. Mantenían también un rey y una reina, un príncipe valiente, una hermosísima princesa, unas lúgubres mazmorras y un dragón, pero era sólo por el Tratado de Convergencia de los hermanos Grimm, que obliga a todos los reinos de cuento de hadas.

Como en todo segundo párrafo de un cuento, ahora estaréis esperando el elemento disruptor de la paz, quizás un villano, quizás una peste. Pues no. Introduciré a una buena persona, un acaudalado ciudadano de Atinia, de nombre Bolsón. Bolsón era un hábil joyero y, como tal, guardaba siempre oro en una caja de seguridad. Un buen día, otro vecino adinerado le vino con la siguiente propuesta:

— Bolsón, buen vecino, temo a los ladrones. ¿No podrías guardar mi oro en tu caja fuerte?

Bolsón aceptó, y su vecino se sintió más seguro. Pronto, todos los ciudadanos que tenían oro guardado en casa se enteraron, y le propusieron lo mismo.

— ¡Calma, calma! –tuvo que decir Bolsón– Tanto oro no cabe en mi diminuta caja fuerte. Tranquilos, queridos convecinos. Haremos lo siguiente. Guardaré vuestro oro, pero tendré que construir una caja más grande, una auténtica cámara acorazada. Y tendré que poner un troll a la puerta para ahuyentar a los cacos. Eso me costará dinero, pero todo sea por el bienestar de mis convecinos. ¿Por qué no ponéis todos un doblón al mes, para ayudarme a sufragarlo?

Los vecinos pensaron qué pesaba más, si su miedo o un doblón al mes. Pesaba más el miedo, así que aceptaron. Bolsón construyó su cámara acorazada y trajo a un feo y enorme troll de las montañas para guardarla. Cada vez que un vecino le traía dinero, Bolsón le extendía un recibo por la cantidad entregada, con su firma y el sello con el emblema de su casa, una urraca bailarina.

Bolsón estaba fascinado por la enorme fortuna que había reunido en su casa. Comenzó a pasar horas y horas en el interior de la cámara acorazada, contando y volviendo a contar las monedas, tarea con la que obtenía un enorme placer. Descuidó así su trabajo como joyero, y pronto la competencia se quedó con su clientela. Se dio cuenta de que podía perder su medio de vida, porque el doblón mensual que le pagaban por guardar el oro no le daría para vivir… y temió mucho por ello.

Una noche, se despertó de un salto. Tenía la idea salvadora. Podía usar el dinero que tenía en la cámara, sin que nadie se enterara, para hacer negocios. Podía comprar sedas en Azrael, esclavos en Micifuz, perlas en Fierabrás, o quizá pimienta en las Islas Oscuras. Y luego venderlo todo más caro en otro sitio, recuperar el dinero, y vivir con la diferencia. O… ¡mejor aún! Podía prestar el dinero a audaces mercaderes para que hicieran eso, y luego hacer que se lo devolvieran, junto con una parte de los  beneficios. Un doblón de más por cada diez que prestara. Si ganaban más, que fuera para ellos.

Así lo pensó, y así lo hizo. Bolsón prestaba el dinero a los mercaderes, que viajaban a países lejanos y allí compraban ricas telas, especias y joyas que luego vendían en Atinia y en otras ciudades. Recuperaban el dinero y se lo devolvían a Bolsón, junto con una parte de sus beneficios. El resto era para ellos. Bolsón volvía a respirar tranquilo, volvía a tener su modo de vida asegurado.

Pero los ciudadanos de Atinia no eran tontos. Al menos, no mucho. Pronto se corrió la voz de lo que estaba haciendo Bolsón con el dinero de la cámara acorazada, y fueron todos juntos a su casa con la intención de lincharle y recuperar su oro. Bolsón ya estaba preparado para esta situación, y les habló así:

— ¡Mis queridos convecinos! Es verdad, es verdad que he estado usando una pequeña parte del dinero que me dejasteis en depósito, pero no he perdido un solo doblón. Más aún, cuando me devolvían el dinero he pedido un doblón de más por cada… ehm… por cada cien que prestaba. Dejaré de cobraros el doblón mensual por guardar vuestro dinero, y además repartiré entre vosotros el dinero que he ganado, ¿estáis de acuerdo?

Los atinianos se miraron entre sí, se alegraron sobremanera y comenzaron a reír y a bailar entre ellos como niños. ¡Fabuloso! ¡Espléndido! ¿Pero cómo era posible? Ellos metían su oro en una cámara acorazada y… de repente… ¡había más! Esto es una maravilla, propio de un cuento de hadas, se dijeron. Felicitaron a Bolsón, le llenaron de parabienes y halagos, y se fueron contentos a su casa, con sus intereses.

Cuando salieron, Bolsón estaba encantado de su astucia. A él le daban un doblón por cada diez, es decir: diez doblones por cada cien. A sus vecinos, les daba un doblón por cada cien, así que le quedaba una ganancia neta de nueve por cada cien, y además sus vecinos eran felices. Igual hasta le nombraban hijo predilecto de Atinia.

Bolsón había mudado de profesión. Como dueño de la única cámara acorazada de Atinia, fundó el gremio de camareros, del que se nombró presidente vitalicio.

La vida era hermosa y no parece que vaya a haber mucho cuento, ¿no es cierto? Seguid, seguid leyendo, amable lectora, amable lector.

II. Donde se narra la expansión de la urraca y la aparición de los primeros billetes, y cómo la ciencia doblónica puede tornar la nada en algo, para maravilla del mundo.

Bolsón extendió sus negocios. Prestaba no sólo a los mercaderes, sino también a los que querían montar un negocio, o a los que querían comprar una casa. Con cada préstamo, eran más los doblones que recibía al mes. De estos doblones, una pequeña parte era para los ciudadanos que habían dejado el dinero en depósito, pero la mayoría era para él. Así, cada día su fortuna personal crecía más y más.

Cuanto más prestaba, más ganaba. Así que le resultaba difícil resistir la tentación de dar nuevos préstamos. Al principio, se impuso a sí mismo la norma de no prestar más de la mitad del oro que tenía en depósito. Le daba miedo que alguno de sus vecinos viniera a retirar su dinero y no tuviera qué darle. Pero con el tiempo se fue arriesgando cada vez más y más… y llegó un día en que se dio cuenta de que ¡la cámara estaba casi vacía! Sus ingresos eran enormes, pero el dinero de sus vecinos… se había volatilizado.

Justo en aquel instante, alguien entró en su casa. El corazón de Bolsón trepidó pensando que podría ser un vecino que quisiera recuperar su depósito. Pero se tranquilizó al ver que se trataba de Timoteus, un vecino pobrete que no tenía dinero depositado en su cámara. Timoteus venía a pedirle dinero prestado para comprar una casa, prometiéndole devolverle un doblón extra por cada diez, como era habitual. Bolsón iba a decirle que en ese momento no tenía fondos disponibles para prestar… pero lo pensó mejor.

— Timoteus, ¿a quién le vas a comprar la casa?

— A Florentinus, que está fabricando muchas casas del lado del Pireus.

— Aaaaaah… Entiendo.

Bolsón razonó de esta manera: Florentinus era uno de sus clientes. Tenía todo su oro en su banco. Quizás, si era astuto, podía hacer una jugada maestra… Sacó papel y pluma, y comenzó a escribir un recibo.

— Timoteus, dado que Florentinus es uno de mis clientes, y dado que seguro que quiere ingresar el dinero en mi cámara, me parece tonto hacerte cargar con los doblones, para que luego él me los traiga de vuelta. Hagamos esto, te doy el recibo que le hubiera dado a él si me hubiera depositado el dinero. Tú le das el recibo, y él te da la casa. Y tú me devuelves el dinero, un poquito todos los meses, de manera normal. ¿Qué te parece?

Timoteus se rascó la cabeza unos instantes. Mientras tanto, Bolsón le puso su firma y el sello de la urraca bailarina al documento.

— Pero, ¿seguro que él me dará la casa?

— ¡Pues claro, hombre! Si no te la da, vuelves aquí y te daré doblones de verdad.

Y funcionó. Bolsón había prestado, por primera vez, dinero que no tenía, y estaba encantado con su idea. Ya no necesitaba oro para dar créditos, porque su sello era oro. Lo giró entre sus deditos, lo acarició, y lo miró fijamente, hipnotizado ante su propio poder…

Por su parte, Florentinus el constructor se dio cuenta de que también él podía hacer negocios sin intercambiar doblones. Comenzó a pagar a sus proveedores con recibos de Bolsón y, con el tiempo, también a sus trabajadores. Bolsón tuvo que preparar una pequeña imprenta en la parte de atrás de su casa, en la que preparaba muchos recibos pequeñitos, que valían entre uno y cien doblones, todos ellos con el hermoso sello de la urraca bailarina.

La urraca bailarina levantaba el vuelo sobre el cielo de Atinia. ¿Qué podría salir mal?

III. Donde, por primera vez, se menciona a los descontentos con el régimen de la urraca y cómo son domeñadas sus inquietudes mediante los buenos oficios de la retórica.

La filósofa Hypazía, discípula de los ilustres Keynesíades de Albión y Chomskión de Masachutes, conversaba cada mañana en el ágora con sus conciudadanos sobre la situación política. Aquellos días, la autora de textos claves en ciencia económica, como “El doblón y el champiñón, interacción y propuesta” o “Cien buenas razones para tener limpios tus doblones”, mostraba públicamente su desconfianza con el poder que Bolsón comenzaba a acumular en sus manos.

— La urraca bailarina está engullendo nuestro oro, y amenaza la estabilidad de nuestra ciudad.

Hubo algunos murmullos de aprobación en el corrillo que se había reunido en torno a ella.

— Los recibos del ciudadano Bolsón se han convertido en la moneda de facto en Atinia. Todos nuestros intercambios se realizan ya así. Eso significa que el ciudadano Bolsón, para pagar cualquier cosa que desee, no tiene más que… escribir un recibito y ponerle su sello.

Una ola de indignación recorrió al grupo reunido. Entonces, una voz se alzó de entre ellos. Un señor calvo y gordo gritaba:

— ¡Conciudadanos! ¡Soy Ratus el Magníficus, director del Banco de Atinia! Pasé diez años de mi vida estudiando ciencias mágicas del doblón en la escuela de altos estudios pitofláuticos de Transmoronia, en Mangulia exterior.

Murmullos de admiración. Ratus prosiguió:

— ¡Conciudadanos! La ingeniería doblónica trae la prosperidad a los pueblos. ¿Acaso no veis cómo, cuando un ciudadano tiene necesidad de dinero, no tiene más que acudir a la casa de Bolsón, y sale con él en la mano? ¿Cómo podría eso no ser bueno? Los negocios prosperan. Nunca se había visto tanta pimienta, tanta porcelana y tantas perlas en el mercado. Nunca se habían construido tantas casas. ¡Atinia ha sido bendecida con el signo de la urraca, con el aval de la ciencia doblónica!

Hypazía retomó la palabra iracunda:

— ¡Ciudadanos atinianos! El préstamo de dinero es una buena idea, sin duda, pero estando en manos de un ciudadano particular, ¿cómo sabemos que es un sistema  seguro? ¿Cuántos recibos ha firmado el ciudadano Bolsón, sobre dinero que nunca tuvo en su cámara acorazada? Bolsón puede comprar lo que quiera, y a quien quiera,  con sólo firmar. ¡Exijo que se hagan públicas las cuentas del señor Bolsón!

Ratus prosiguió con voz meliflua:

— ¡Conciudadanos! La joven Hypazía no entiende las complejidades de la ingeniería doblónica. Ustedes tampoco lo harían, además de que les parecería sumamente  aburrido. Hay que usar trigonometría cuántica, y derivadas hermenéuticas de orden fraccionario, y determinantes aristotélicos transtelúricos. ¿Por qué hacer las cosas tan difíciles? El Banco de Atinia, a través de mi humilde persona, ya vigila suficientemente las cuentas del señor Bolsón, y les aseguro que son perfectamente regulares, y que todo se hace para bien del reino. Confíen en nuestro señor presidente y su sabiduría. Estén tranquilos, nosotros velamos por ustedes.

La muchedumbre pareció aplacarse con las palabras de Ratus el Magníficus, que siguió diciendo:

— Y, para demostrar la buena voluntad del señor Bolsón, ¡vean, vean quién aparece en la plaza, por cortesía de la Urraca! Aquí y ahora, en concierto, en el ágora de Atinia y en primicia mundial… ¡¡Aristópato de Caliserda y los Patéticos Peripatéticos!!

Y salieron los músicos, ataviados con togas multicolores, al centro del ágora, con sus flautas de Pan tuneadas y sus liras eléctricas, entre los gritos de entusiasmo de la multitud, y los desmayos de las jovencitas atinianas…

Hypazía se retiró, seguida por sus discípulos, sintiéndose muuuuy cansada. No se daba cuenta entonces, pero la batalla acababa de empezar.

IV. Donde se narra cómo la magia de la Urraca creó una preciosa burbuja, que reflejaba los colores del arcoiris, fascinando a los ciudadanos de Atinia.

Florentinus era un hombre feliz. Su abuelo había sido albañil, hacía los capiteles jónicos con más volutas de toda la Hélade. Su padre se aprovechó de la relajación gubernamental de la política de gremios y esclavizó a una cuadrilla de albañiles, haciéndose famoso por sus frontispicios redonditos. Él, digno sucesor de tan magna herencia, había logrado que el gobierno de Atinia revisara ciertas normas sobre dónde se podía y dónde no se podía edificar, había contratado a cientos de albañiles mal pagados, y cada día nuevas casas con su sello se levantaban en cualquier paraje.

Cierto es que la calidad ya no era la de antaño. Sus casas no estaban a la altura de los magníficos edificios de la vieja acrópolis. Las líneas de sus capiteles corintios parecían dibujadas por un mono epiléptico. Pero aun así se vendían y, desde que la urraca levantó el vuelo, a precios cada día mayores.

En su despacho, el veterano constructor revisa sus libros de cuentas. Observa emocionado cómo, hace sólo unos años, los precios de las casas tenían que ser la mitad si quería encontrar comprador. Se enjuga una lágrima de emoción. Recuerda entonces las últimas palabras de su padre: “Nunca olvides, Florentinitus, que la vivienda es un bien de primera necesidad. Exprime a los panolis de tus clientes cuanto te venga en gana, no tienen alternativa”.

¿De quién fue la idea? ¿De Bolsón, o suya? Bueno… ¿qué importa eso ahora? Florentinus, simplemente, subió un buen día el precio de las viviendas un diez por ciento. Esa misma tarde llegó una pareja de recién casados a su oficina, escandalizados. Él puso su mejor expresión compungida, les habló del precio del mármol y de las huelgas de picapedreros en el Beluchistán. La pareja se sentía desconsolada, pensando que aún tendrían que ahorrar un año más para poder tener su casa cuando… Florentinus, de repente, les ofreció la solución. ¿Por qué esperar, amigos? Simplemente, ¡pidan un préstamo a Bolsón, y compren hoy mismo la casa! Vamos, vamos, si se les ve, que se mueren por vivir en ella y criar churumbeles… ¿no se han fijado en las maravillosas vistas al mercado de esclavos? ¿Y estos azulejos con grabados de la batalla de las Termópilas y de Medea asesinando a sus hijos? Además, sé de buena tinta que las huelgas del Beluchistán no han hecho más que empezar. Los precios seguirán subiendo… En caso de que (los dioses no lo quieran) se vieran en dificultades económicas, pues recuperan su inversión e incluso ganarán!!

Pues funcionó, oiga. Picaron. ¿Qué otra cosa podían hacer? Bolsón les dio el crédito y compraron la casa, un diez por ciento más cara. Y también picaron los siguientes, y los siguientes… Florentinus siguió subiendo los precios, poquito a poquito, hasta llegar a duplicarlos, y Bolsón dio tantos créditos a sus conciudadanos que no podía dárselo a sus propios ojos. Los atinianos mismos, los que eran propietarios de casas, se sentían también maravillados: sus propiedades habían subido increíblemente de valor. ¡Todos ganaban! La magia del doblón…

Bolsón pensó… ¿por qué sólo casas? Quiero que los atinianos compren todo a crédito. Para eso, necesitaba sólo que los precios subieran poco a poco. El esquema era fácil: Bolsón abría una línea de crédito fácil sobre la compra de un nuevo bien (esclavos, columnas jónicas para el atrio, togas estampadas…). Los vendedores  comenzaban a subir los precios, recomendando a los clientes desilusionados que pidieran un crédito para realizar la compra. Pero era importante que los sueldos no subieran en la misma medida, o el esquema se vendría abajo. Bolsón y Florentinus convencieron al gobierno de que era necesaria una política de “moderación salarial”.

Como en lugar de dar oro daban su firma, la gente tenía la sensación de llevarse sus bienes gratis a casa. En realidad, estaban entregando no sólo su sueldo presente, sino también su sueldo futuro. Como se otorgaba crédito sobre crédito, los plazos de devolución se iban alargando. Los primeros eran para devolver en unos meses, luego en un año, luego unos pocos años…

El señor Empatítocles fue portada del “The Atinian Times”, por ser el primero en obtener un crédito que tendría que devolver a lo largo de cuarenta años. Su sonriente rostro sosteniendo el pagaré, grabado por Fidius, circuló por todo el país.

Hypazía y sus discípulos estaban ahítos de preocupación.

Bolsón, en cambio, miró su creación, y vio que todo esto era bueno.

V. Donde se narra cómo la magia de la Urraca se disipó de repente, sin previo aviso por parte de los magos del doblón.

Y entonces, un día gris, el señor Bolsón tuvo que negar su primer crédito.

Todo ocurrió con bastante rapidez. Atinia tenía que abastecerse de ciertos productos en el exterior. No sólo productos de lujo, como las sedas o las perlas de Micifuz o de Azrael. También de carbón y de esclavos, que eran la fuente de energía básica en la ciudad. Los comerciantes de las demás ciudades aceptaron durante un tiempo los billetes firmados por Bolsón. Pero, con el tiempo, Bolsón comenzó a poner pegas para convertirlos en oro… y los comerciantes se volvieron desconfiados. Corrió la voz en torno a la prodigalidad con la que Bolsón estampaba su firma, y al final decidieron que no valía nada. Querían doblones de verdad. Pero Bolsón tenía muy pocos… Tenía, eso sí, montañas de papel.

De esta manera, Bolsón se obsesionó con recopilar doblones, y comenzó a negar créditos. Contaba con que, si ahorraba todos los doblones que le devolvían sus deudores durante un par de años, podría recuperar su actividad normal. Pobre Bolsón, pasó noches sin dormir, previendo la tormenta que se avecinaba. Se prometió a sí mismo no ser tan avaricioso, y reservar en el futuro más doblones de verdad en su cámara acorazada. Llegó a echar la bronca a su amigo Ratus el Magníficus, presidente del Banco de Atinia, por no haberle obligado a seguir unas normas más rígidas.

Pero ya era tarde.

Al negar los préstamos, los atinianos ya no pudieron comprar casas. Florentinus, el constructor, se encontró de repente con miles de viviendas vacías en toda Atinia. Aterrado, despidió a cientos de albañiles. Muchos de ellos habían comprado su propia casa… a crédito. Y al estar en paro, dejaron de pagar. Bolsón tuvo que enviar a sus trolls de seguridad para desahuciarlos. Cientos de atinianos se vieron en la calle. Bolsón subastaba las casas rápidamente, porque necesitaba doblones con urgencia. Pero, al no cubrir la venta el precio inicial, los atinianos desahuciados seguían en deuda con Bolsón.

Los albañiles, en paro, en la calle y endeudados, no podían consumir. Se cerraron tiendas y fábricas por toda Atinia. Y, con cada tienda cerrada, una nueva remesa de gente iba al paro, y también se veían en la calle y endeudados… acrecentando la bola de nieve. El país se hundía. El panorama era desolador. Cientos de solares con obras a medio terminar. Fábricas cerradas, tiendas vacías…

El gobierno asistió con estupor al proceso que hacía que la población fuera cada día un poco más pobre. Hasta el rey y la reina de atrezzo se asustaron y se escondieron en sus mazmorras de atrezzo. El gobierno se reunió para discutir. Sí, contaban con el tesoro público, la mayor cantidad de doblones del país… Algo había que hacer para evitar el colapso, pero… ¿qué?

La filósofa Hypazía y Bolsón fueron a llamados a una reunión el presidente de Atinia, Zapajoyus, líder del partido aqueo. Ambos le expusieron sus propuestas:

— Señor presidente –decía Hypazía–, tiene que dar trabajo a los atinianos en paro, es lo esencial. Construya vías imperiales, templos, estatuas, acueductos… esas cosas que hacemos bien los atinianos.

— ¿Y con qué dinero, ilusa? –contraatacó Bolsón.

— Pues con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas.

— ¡Mujer estúpida! Señor presidente, no se deje engañar por esta extremista anti-esclavista peligrosa, que lo que no entiendo es por qué está aquí en lugar de en casa, cuidando de sus hijos… –replicó Bolsón–. ¡Si los ricos disponen de menos dinero, cerrarán más negocios, y más gente irá al paro!

Hypazía dedicó a Bolsón una mirada homicida, y prosiguió.

— El motivo por el que el paro aumenta no son los impuestos, señor presidente, sino la pobreza de la gente común. Sin clientela, los ricos cierran sus negocios, e invierten su oro fuera de Atinia. No escuche a este delincuente. Declare una moratoria en el pago de las deudas, para que la gente no pierda sus casas. Y cree una cámara acorazada pública, no debemos depender de estafadores como Bolsón. Su modelo de negocio ha fracasado, déjele quebrar.

— Señor presidente, seamos realistas. Si mi cámara acorazada quiebra,  el país quebrará con ella. ¡Es la urraca la que ha traído la prosperidad a Atinia! Présteme a mí los doblones, con un bajo interés, y todo volverá a ser como antes. Podré dar crédito de nuevo, volverán a construirse casas, tendremos esclavos, sedas y especias, todos seremos ricos otra vez. Vamos, presidente, anímese y cante conmigo… ¡¡Everybooooody loves someboooody… sometimes!!

Cuando Hypazía y Bolsón salieron del palacio, el presidente Zapajoyus reflexionó. Pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo. Un sofista de Bolsón entró solapadamente en su despacho y le hizo una oferta personal muy conveniente… “Señor presidente, si nos presta el dinero, no sólo verá cómo el país vuelve a florecer. Además, para recompensar su visión y liderazgo, cuando deje el puesto de presidente le nombraremos director ejecutivo magnífico excelentísimo consejero sempiterno permenente y pegamoide de la Urraca. Con un sueldo de seis cifras”. El presidente Zapajoyus no era ningún héroe, y el sueldo de seis cifras le serviría para tapar algunos agujerillos… así que aceptó.

Al día siguiente se hicieron públicos sus designios. El presidente Zapajoyus daba un crédito a Bolsón por valor de millones de doblones, al ridículo interés de un uno por ciento. Explicó detenidamente a la ciudadanía por qué era lo mejor que podían hacer, cómo todo era para bien del país, y blah, blah, blah. Hasta se pintó ojeras antes de salir a hablar.

Y pasaron los meses. Bolsón acumuló el oro que le dio el gobierno para tener como reserva en su cámara acorazada y así poder hacer frente a los pagos que no le permitían hacer con papelitos. No tenía intención de volver a dar crédito a la ciudadanía hasta haber reunido una cantidad suficiente de doblones. Los primeros días, Zapajoyus iba con frecuencia a gritarle, pero Bolsón le recordaba el sueldo de seis cifras… y al final dejó de hacerlo.

El país se hundía cada día un poquito más, y el prestigio de Zapajoyus con él. Su oponente político, Rajatero, candidato del el partido troyano, se veía ganador indiscutible de las siguientes elecciones… pero cuando le preguntaban sobre lo que pensaba hacer cuando gobernara tartamudeaba un poquito y luego se callaba, o hablaba de fútbol, porque en realidad no tenía ninguna idea nueva. Era sobrino segundo de Bolsón, y tenía una confianza ilimitada en él y en los magos del doblón. Estaba seguro de que, al final, siguiendo los consejos de Bolsón, todo saldría bien.

Y el desastre se propagó hasta alcanzar al gobierno. El tesoro real no ingresaba nada, porque los ciudadanos no tenían sueldo y, por tanto, no pagaban impuestos. Pero los gastos seguían allí. El gobierno seguía teniendo que pagar a maestros, médicos, legionarios… Y llegó un día en el que no quedaba un solo doblón en el tesoro. ¿Qué hacer? Zapajoyus visitó uno por uno a los ciudadanos ricos de Atinia para rogarles que le prestaran algo de dinero… pero nadie se fiaba de él y le faltaba el coraje para reclamarlo como impuestos. Su última opción era… Bolsón. El presidente se vio obligado a visitarle. Y Bolsón, que había esperado pacientemente, vio que había llegado de nuevo su momento de gloria.

— Claro, claro, señor presidente. Le prestaré con gusto el dinero. Pero quiero un interés de un veinte por ciento.

— ¡Pero Bolsón! ¡Es usted una arpía redomada! Yo le he prestado ese mismo dinero al uno por ciento.

— Cierto, amigo. Pero usted conoce las ciencias mágicas del doblón, ¿no es verdad? El interés debe ser proporcional al riesgo. Y, con franqueza, no creo que el tesoro real vaya a sobrevivir a la crisis. En gran parte, a causa al interés usurero que le estoy imponiendo –Bolsón se rió–. ¿No sabe usted lo que es una profecía auto-cumplida? Lea el “Edipo”, léalo… y, mientras tanto, págueme mi veinte por ciento de interés.

— Pero ¿cómo voy a hacer para pagar un interés tan alto?

— Bueno, eche a maestros y médicos. ¿Quién los quiere? Usted y yo tenemos nuestros médicos personales, no necesitamos los médicos del gobierno. Y a la escuela no vamos a volver, claro está. Y deje de pagar a los ancianos y a los parados, son unos parásitos. A los legionarios no los eche, hágame el favor, ni a los trolls de seguridad, los vamos a necesitar cuando las cosas se pongan turbias.

Zapajoyus aceptó el préstamo, entendió que le habían tomado el pelo, y salió de la casa de Bolsón. Las dos tardes que dedicó a aprender ciencia mágica del doblón, por lo visto, no le habían servido para nada. Su única esperanza era que, en cuanto pudiera desembarazarse del cargo, podría disfrutar de su sueldo de seis cifras.

VI. Donde, tras las noticias gravosas de los capítulos anteriores, se muestra al amable lector un leve resplandor de esperanza que aún conservan los atinianos.

Ese mismo día, los idus de Mayo, se manifestaron decenas de miles de personas en el ágora de Atinia. Estudiantes, parados, filósofos, profesionales, amas de casa… jaleados por los discípulos de Hypazía. Pedían que la decisión sobre el destino del tesoro real no quedase en manos del presidente, sino del pueblo. Querían democracia real ya, democracia participativa. Cierto es que ellos habían elegido a Zapajoyus como presidente, pero ninguna elección era un cheque en blanco.

El presidente Zapajoyus estaba preocupado. Estaba acostumbrado a que el pueblo le quisiera, y eso era fácil mientras todo iba bien. En realidad, era un hombre inseguro que se creía buena persona, y esta situación le sobrepasaba. Ya no podía fingir, como al pricipio de la crisis, que todo lo que hacía era por el bien del pueblo. Optó por recluírse en su castillo y dobló la guardia de trolls en la puerta.

Los manifestantes formaron un movimiento articulado en todo el país, que se llamó el “Idus-M”. Acamparon en el ágora de Atinia, en la plaza de Helius. Esgrimían pancartas con lemas como “No te quedes en tu domus, te la podrían quitar”, “Poco pan y pésimo circus” o “Aqueos y troyanos, la misma mierda son”. Las manifestaciones se extendían cada día. Se lanzó el movimiento “Ocupa el Foro”, frente a la cámara de Bolsón. Bolsón llamaba a los trolls de seguridad para que echaran a los manifestantes. Pero cuantos más porrazos pegaban, más manifestantes venían, hasta que el mismo Bolsón aceptó que la situación era insostenible, se compró unos tapones para los oídos y les dejó gritar cuanto quisieran.

Zapajoyus se vio obligado a echar a los servidores públicos para poder pagar el interés usurero a Bolsón. Primero echó a los maestros. Pensó que, como la mayoría eran mujeres, serían más sumisas y aceptarían su destino. Pero, como en las ciencias del doblón, se equivocó de medio a medio. Se vistieron con togas verdes, maestras y maestros, y sus discípulos, y sus padres, y salieron todos al ágora a gritar… El siguiente paso eran los médicos… y entonces también los médicos y los enfermos salieron a gritar. Cuanta más gente echaba, más incómodos estaban los ciudadanos, y más trolls tenía que poner en la puerta de su palacio.

Desesperado, Zapajoyus nombró como sucesor a Rubalcalvus, su mano derecha, quien salió al balcón del palacio para gritar que entendía los problemas del pueblo y les apoyaba… pero le llovieron tomates, y tuvo que volver corriendo al interior. Rajatero, el líder del partido troyano, se partía de la risa e intentó salir al ágora, esperando que el pueblo le aclamara. Pero, sabiendo que era sobrino segundo de Bolsón, le tiraron huevos podridos a la cabeza.

Estando próximas las elecciones, Rajatero y Zapajoyus se reunieron. A pesar de que el país se estuviera hundiendo, sólo les preocupaba que el juego electoral siguiera siendo un juego entre ellos dos, y que no pudiera aparecer ningún tercero en discordia. Se las arreglaron para aprobar una ley que, en la práctica, aseguraba que los votos a cualquier otro candidato que no fueran ellos valieran la tercera parte.

Amable lectora, amable lector, hemos llegado al final de nuestra historia. ¿Queda esperanza? Ciertamente, los atinianos son imaginativos y están pensando cómo forzar un cambio de sistema que quite de manera definitiva el poder de las manos de aqueos, troyanos y camareros. Quieren democracia directa, poder decidir entre todos qué es lo que se hace. Porque saben que, cuando se delega en alguien, siempre te puede traicionar: sólo es preciso un cheque con el número suficiente de ceros. Como dicen en Atinia: “hetairos no faltan, si acaso financistas”. ¿Lograrán su propósito? Estén atentos, amables lectores, la aventura más fascinante del pueblo atiniano seguirá desarrollándose puntualmente ante sus ojos…

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Publicado el noviembre 2, 2011 en Uncategorized y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 26 comentarios.

  1. De donde no hay difícilmente puede sacarse algo. La única esperanza es mandar al paro, y sin sueldo, a los descerebrados que desgobiernan el mundo.

  2. No puedo por menos de darte la razón, gharnavoscuro… 😀

  3. Divertidísimo y acertadísimo.

  4. Muy divertido, a la par de didáctico. 🙂 Ya podrían dejar de enseñar en las escuelas cuentos de Perrault o de los hermanos Grimm (muchos de ellos clasistas y machistas) y empezar a enseñar cuentos como éste.

  5. Di que sí, NP-completo, di que sí.

  6. Gracias a los dos por el comentario 🙂 En realidad, muchas historias diseñadas para adultos tienen éxito entre los niños por su formato (e.g. Los Simpson). Me han propuesto convertir el cuento en un cómic o en una novela gráfica. Me falta el tiempo, aunque no las ganas de un proyecto así…

  7. Y nada del consumismo, que no consumo, en Atinia; el cual dominaba las mentes de todos los ciudadanos, sin distinción, excepto a algunos vecinos de aldeas cercanas que no veían necesidad en adquirir muchos de los nuevos articulos de los mercados, debido a estaban acostumbrados a una vida casi de subsistencia.

    Si al final siempre es la culpa de los mercados, pero nunca caemos en que nosotros también somos parte de estos.
    – Comprador ve que es facil pedir un prestamo, más prestamos piden.
    – Constructor ve que vende bien sus “casas” sube el precio para ganar más y sigue construyendo. Sin meditar sus acciones.
    -Prestamista que ve más ganancia por los intereses, no para de condecer prestamos y cada vez de mayor cuantía. Tranquilo por tener un asqueroso (para los que necesitan el prestamo) contrato que le asegura recibir su dinero.
    – Comprador de nuevo, sigue aceptando el precio de venta excesivo porque como puede acceder facilmente al prestamo, tampoco medita mucho sobre sus acciones (aunque creo que generalizar no sería lo correcto porque hay muchos compradores y no todos actuaron igual y se ven arroyados por el movimiento del resto, pero en los constructores son pocos y practicamente todos actuaron mal)

    Es la pescadilla que se muerde la cola, nadie lo veía ni quería ver, hasta que algunos rompieron el bucle.

  8. Hm… creo que es injusto meter a todos en el mismo saco: prestamista, constructor y comprador. Es una falsa simetría, que me recuerda a la equidistancia entre víctima y verdugo que nos asquea tanto en otros contextos. En nuestro caso los actores difieren en información y en ganancia.

    Ateniéndonos al cuento, el comprador contrata una hipoteca porque el sueldo no le llega (subida de precios o bajada de salarios), pero se le tranquiliza diciéndole que “los precios siempre suben”, así que es una inversión. Pero es mentira, y cuando la burbuja estalla es el único perjudicado. El constructor vendió a precios altísimos, que le quiten lo bailao. Y el banquero, que debía haber asumido un riesgo según la lógica capitalista, resulta que “es demasiado grande para caer” y el estado le saca del atolladero.

  9. ¿Víctima y verdugo? Salvo los sadomasoquistas no conozco a nadie que busque el servicio de verdugos. En la sociedad del consumismo la información en lo que menos importa, hay que consumir y consumir para no estar fuera de la sociedad. Gente renovando telefonos moviles para estar a la última. El consumismo es una cosa y capitalismo es otra.

    “contrata una hipoteca porque su sueldo no le llega”
    Yo no conozco a nadie que con su sueldo, pueda pagarse una casa. O se ahorra o se pide prestado, pero como estamos en la sociedad del consumismo eso de ahorrar esta mal visto…

    Claro que el comprador es el que sale peor parado, es como quien hace de mensajero mediador entre dos partes, es probable salir escaldado pero uno mismo fue quién, también, asumió riesgos.

    Yo estoy encontra de que el estado pague los excesivos riesgos tomados por la banca. Y deseo que se modifique la ley para que si te embargan la deuda quede finiquitada con el embargo del bien para el que solicitaste el pago.

    Lee la siguiente enlace y verás que no soy el único que piensa que muchos son los culpables de la situación y no sólo banqueros y constructores.
    http://www.enriquemeneses.com/2011/11/06/el-pp-empieza-a-ensenar-la-patita/

  10. * En una España mucho más pobre, y con un sueldo único de maestro, mis padres compraron su piso pagando en 5 años. Hoy, se dan hipotecas por 35. ¿Quién es la víctima? Que la víctima se vea obligada, o engañada, a acudir al verdugo no significa que éste no lo sea.

    * ¿El consumismo y el capitalismo no son la misma cosa? No, claro. El primero es hijo del segundo.

    * Son los ricos, y sus medios de comunicación, quienes están divulgando esta manía de culpar a las víctimas. ¡Los griegos han vivido por encima de sus posibilidades! ¡Los españoles han disfrutado de unos servicios públicos por encima de sus posibilidades! Y eso lo dice, fundamentalmente, gente con patrimonio que se cuenta en millones de euros… ¿Acaso lo merecen? ¿Qué ha hecho Botín por la humanidad?

    * ¿Cuáles son nuestras posibilidades? Pues vienen dadas por los recursos naturales, por la tecnología, por nuestros recursos humanos, por nuestra educación, por nuestra capacidad de trabajo… etc. Y, en esos parámetros, te lo digo muy claro: llevamos decenios viviendo por debajo de nuestras posibilidades.

  11. Ayer vi el debate en televisión entre Rajatorus y Rubalcavus. Rajatero me convenció de lo mal que lo han hecho los de Rubalcavus. Ruvalcavus me convenció de lo mal que lo va a hacer los de Rajatorus. Los dos me convencieron. Por tanto, no votaré a ninguno de los dos.

  12. *Yo no niego que estuvieron y siguen inflados los precios de las viviendas. La ley de la oferta y la demanda es inutil si se traga alegremente con lo que te dan por un alto precio. Las hipotecas son más duraderas por la diferencia precio-sueldo es mayor, algo indudable. Pero si la parte ofertante sube los precios por la demanda, para bajarlo se tiene que hacer el efecto contrario reducir de manera importante la demanda, desmesurada hasta entonces. Por cierto, los alquileres también es otra posibilidad.

    * Claro… la avaricia y codicia no tiene nada que ver con la naturaleza humana… Y no nombremos como somos para alardear de cualquier cosucha. Todos los que viven en una sociedad capitalista malos, en una sociedad comunista buenos. ¿Por qué será que ambos sistemas estan en declive?

    * Debes ser fiel seguidor de sus medios, yo los que siguo no dicen eso. Mala gestión y falseo de cuentas. En España el problema es otro, no han disfrutado por encima de sus posibilidades, han disfrutado segun la situación que mantenía la burbuja inmobiliaria. ¿De dondé procede la mayoria de los parados? Por favor lee el enlace que te puse, no sé si lo has llegado a leer.

    * Llevamos viviendo siglos por debajo de nuestras posibilidades. La razón es que no sabemos aprovecharlo. Basta recordar que el oro de América se iba directo a los orfebres flamencos para luego volverlo a comprar. Una economía fuerte en sector primario y terciario es una economía dependiente y débil. Por suerte nuestro sector secundario es mucho mayor, en proporción, que el de Grecia.

  13. Jaja! Buenísimo, NP-completo. El error de Rajatorus y Rubalcalvus es partir de la lógica binaria: “tertium non datur”. Asumamos, como hacen ellos, que

    A U B = Omega (el espacio muestral total).

    Por tanto,

    NO(A)->B, NO(B)->A.

    Pero entrambos candidatos han demostrado con profusa argumentación que es el caso que NO(A) y que NO(B). Usando las leyes de de Morgan:

    NO(A) * NO(B) = NO(A U B) = NO(Omega) = EMPTYSET,

    y tenemos una hermosísima contradicción!! 🙂 🙂 🙂

  14. * “Si la parte ofertante sube sus precios la demanda debe disminuir”. Es la falacia de la ley de la oferta y la demanda que, insisto: es falsa. La gente no puede dejar de vivir en algún sitio!!!! ¿Alquileres? Los alquileres en España eran más caros aún que una letra!!! (no desgravaban, como la compra… ¿¡por qué!?), los inquilinos no estaban suficientemente protegidos… Además, olvidas el factor engaño: “los pisos nunca bajan!! es una inversión!!” Eso lo he oído cientos de veces. Hacía falta ser muy duro para resistirse… ¿Por qué exigimos heroicidad a la ciudadanía? ¿No era la misión del Banco de España vigilar?

    * He leído tu link, pero no dice mucho sobre el origen de los parados. Yo te digo de dónde vienen. El mercado laboral español es típico de una república bananera. En tiempos de bonanza, se contrata a muchísima gente, sin necesidad de formación, en trabajos de escaso valor añadido. En tiempos de vacas flacas, toda esa gente a la calle. ¿Por qué? Pues porque echarles es MUY FÁCIL. El mercado laboral español dispone de una reserva enorme de personal de “usar y tirar”. Si echarles no fuera tan fácil, los empresarios pondrían énfasis en coger gente formada y en aumentar la productividad. Me contarás que los empleados indefinidos son mucho más difíciles de echar… sí, cierto, y la mezcla está dando lugar a resultados espantosos. El mercado español es como un superfluido: una mezcla de un fluido con viscosidad normal y uno con viscosidad cero.

    * Tu comentario sobre la avaricia humana y la sociedad comunista es algo… no sé… surrealista… o quizás estuvieras pensando en otro blog. ¿Me estás atribuyendo esas afirmaciones? Ya que lo sacas, te comento: la avaricia no es algo inherente al ser humano. El capitalismo le atribuye cualidades de virtud, y por lo tanto la fomenta, sí (private vices give public virtues). Sociedades comunistas… pues, la verdad, no he conocido jamás ninguna, no sé cómo es la gente en ellas. Pero si hubiera una sociedad que se rigiera por el lema “a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades”, estoy seguro de que la gente sería mejor.

    * El comentario sobre el oro de América tampoco lo veo hilado con el post ni con el resto de cosas que se discuten en este blog. Los conquistadores españoles expoliaron América, y el oro sirvió para desarrollar el capitalismo europeo, pero no el español. Sí, es cierto, viene en todos los libros de historia. Quizás intentas comparar el oro de América con la burbuja inmobiliaria… pero, la verdad, la comparación es poco afortunada. No había manera de utilizar la burbuja para nada bueno. Cuando estallara iba a hacer un daño horrible a la economía, tanto más cuanto más tardara en estallar. Aznar la creó, y Zapatero rezó para que su mandato durara menos que ella… (si es que alguna vez llegó a entenderla, que lo dudo)

  15. Es sencillamente genial, lo recomendaré a mis alumnos.
    ¡Qué bueno, filósofo socrático…!

  16. Y totalmente de acuerdo con estos últimos comentarios: en efecto el desplazamiento simbólico de la culpa hacia las víctimas de la estafa es lo más orwelliano de cuanto nos ronda últimamemente

  17. Acaban de nombrar presidente a Bilbo en Atinia, y a un amigo de Ratus es ahora el que dirige las finanzas de toooodo el mundo de los cuentos de hadas.

    Este cuento va a cabar en pesadilla sangrienta.

  18. * Me encata ver que citas textualmente y modificas contenido en la cita, según te interesa. Asi da gusto ser citado… “educir de manera importante la demanda, desmesurada hasta entonces” (la demanda), creo que es un punto importante para citar que dejaste sin citar. Lo del alquiler me remito al articulo de enrique meneses sobre la inexistente cultura de alquiler en España, y eso hace considerar la inversión al ladrido como un seguro.

    # Podiamos seguir un diálogo ordenado pero…

    * Si no te parece nada hablar de camareros y albañiles poco se puede discutir. Curioso que hables de republica bananera y “seamos” una huerta de Europa, como dije en mi cuarto punto sobre el sector primario. Y si a eso le añadimos que somos el lugar de vacaciones, pues ya me diras que mano de obra cualificada se necesita. Me estás repitiendo lo que yo ya dije. Si claro para recoger tomates o servir mesas es necesario un master en nanotecnología. “Me contarás que los empleados indefinidos son mucho más difíciles de echar…” sigue poniendo cosas en mi boca, de la que no han salido ni saldrán. Es más soy contrario a las propuestas de la CEOE porque si quieren que el despido procedente sea más barato que también acepten un coste mayor por el despido improcedente, y no los dos menores de los actuales.

    * Yo no te he nombrado ni citado. Tu das por sentado que el consumismo deriva del capitalismo, pero no dices nada de los factores principales del consumismo que no tienen que ver con el sistema. Desconozco esa frase y su autor para saber si es cierto o no, pero aceptarla tal cual es peligrosa ya que favorece el escudarse en la sociedad en lugar de aceptar sus propios errores. Yo aún sigo viendo una utopía el comunismo, muy bonita eso si.

    * Sabía que era posible que hablases de la forma de actuar en América, pero por suerte las civilizaciones por suerte son más civilizadas, valga la redundancia. Pero hablo de cuando eramos más aún una república bananera, donde se era más salvaje e igual de ciegos al negarse a usar la mano de obra cualificada para generar la riqueza. Y así seguimos, vendiendo tomates y pepinos y recibiendo turistas como las mayores fuentes para nuestra economía. Dificil será así conseguir vivir a la altura de nuestras posibilidades. Tan díficil no creo que fuese entender el sentido del comentario leyendo todo el comentario sin atenerse a una única frase.

  19. errata—>”Reducir de manera importante la demanda, desmesurada hasta entonces”

  20. Zenon, bienhallad@! Gracias por el comentario y por los ánimos! 😉

  21. Pues la verdad, si Bolsón (Bilbo, Bilbo, me suena el nombre… 😉 ) fuera elegido dictador vitalicio, se ahorrarían una pantomima cada cuatro años… Espero/confío/deseo que la humanidad sea más inteligente, y que esta historia termine mejor de lo que aparente. Aunque no parezca que haya motivos, me siento optimista a largo plazo.

  22. Me acaban de hacer llegar este vídeo, me parece fantástico:

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  3. Pingback: BAJO EL SIGNO DE LA URRACA « Metáforas XXI

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