Test de Turing político
Un captcha es una prueba diseñada para distinguir a los humanos de los programas que interactúan en internet. Se trata de alguna pregunta que un humano encuentra fácil responder, mientras que resulta muy difícil programar un ordenador para que encuentre la respuesta. El nombre significa test de Turing completamente automatizado para distinguir humanos y ordenadores. ¿Y qué es un test de Turing? Pues es una idea que tuvo el padre de la informática, Alan Turing, en 1950, para profundizar en el problema de la inteligencia artificial. Imaginaos chateando con alguien que no conocéis. ¿Cómo sabéis que se trata de un humano, y no de un programa? Alan Turing dijo que si alguna vez un programa de ordenador engañara a un humano mediante una conversación abierta por chat, este programa debía ser considerado inteligente. La idea reaparece, algo mutada, en la maravillosa película Blade Runner. Con el fin de detectar a los replicantes, Rick Deckard pasa un test de empatía a sus candidatos, intentando evaluar si son capaces de sentir emociones…
¿Y a qué viene esta introducción tan larga? Mis recientes encuentros con personajes dudosos me han inducido a pensar que, en algunos casos, sería buena idea aplicar un captcha que distinga a los humanos de otros entes que carecen de la mínima empatía e inteligencia necesarias como para poder discutir de política. Si alguna inteligencia robótica o alienígena es capaz de superar el captcha, será bienvenida al foro. Pero la mera posesión de número de la seguridad social ha demostrado ser insuficiente.
Aquí os presento una batería de preguntas básicas.
1.- Al final de una manifestación, una chica de 18 años insulta a un anti-disturbios de servicio. El anti-disturbios y sus tres colegas propinan una paliza a la muchacha. A la vista de estos hechos: (A) El anti-disturbios está cumpliendo con su deber, la chica se ha ganado la paliza; (B) El anti-disturbios debería perder, como mínimo, su empleo.
2.- Un señor es propietario legal de la única fuente de agua potable de un pueblo, y por acceder a ella cobra lo que le da la gana. (A) La propiedad privada es inviolable, este señor tiene todo el derecho a hacer lo que quiera con su fuente; (B) La propiedad privada está sujeta al beneficio público. Los vecinos están en su derecho de no respetar su propiedad privada.
3.- Un científico descubre la cura del cáncer, funda una empresa que tiene el derecho exclusivo a producir el medicamento y cobra lo que le da la gana. (A) En su derecho está, pues él es quien inventó el medicamento; (B) El bienestar social está por encima del derecho del científico a lucrarse. Es obvio que tiene derecho a una recompensa, pero no puede exigir el monopolio de la producción.
4.- El señor X ha levantado una maravillosa empresa productora de bombillas que da empleo a 5000 personas. Su hijo es un inepto que no sabe ni cómo se encienden. Aun así, la sangre es más espesa que el agua, y el señor X le ha dejado la fábrica en herencia. Los 5000 empleados temen que se gaste los fondos de la empresa en farras y hunda su medio de vida. (A) Aunque podamos debatir si hace bien o mal, el señor X tiene derecho a legar sus bienes como le plazca, y el Estado debería interferir lo menos posible; (B) El derecho a la herencia no debería prevalecer sobre el bienestar social. Si lo aceptamos, lo haremos de mala gana, y se debe gravar fuertemente la herencia de medios de producción.
5.- El gobierno debe tomar una decisión que afecta al modo de vida de todos los ciudadanos, que no estaba presente en ningún programa electoral. (A) Lo más democrático es dejar que nuestros representantes electos tomen la decisión; (B) Lo más democrático es que todos los ciudadanos tomen juntos la decisión, votando en referéndum tras un debate público.
6.- Una gobernanta recorta en 80 millones de euros el gasto en educación pública y permite desgravarse los gastos en educación privada, dejando de ingresar 90 millones de euros. (A) Es una medida en favor de la libertad de elección de centro; (B) Quien quiera educación privada es libre de elegirla y pagarla. Es una medida cuyo objetivo es hundir la educación pública.
7.- Un atentado terrorista mata a miles de personas, dando la oportunidad al gobierno para tomar medidas extraordinarias de seguridad y declarar la guerra a terceros países. Hay quien investiga la posibilidad de un auto-golpe. (A) Eso es ridículo y me niego a discutirlo. Un gobierno democrático jamás haría una cosa así; (B) Ganar unas elecciones no garantiza tu moralidad. Mantengo una sana actitud de sospecha frente a quienes detentan el poder.
8.- El candidato R llega al poder prometiendo mantener las pensiones. Dos años después las baja, pero se excusa con mucho donaire. (A) La política es un arte difícil, no siempre se puede hacer lo que se desea; (B) El candidato R ha incumplido su contrato con el electorado. Si no puede cumplir sus promesas, debería dimitir. Uno de los grandes problemas de la política es que incumplir promesas no tiene ninguna consecuencia.
9.- Una multinacional abre un supermercado en un pueblecito. Mediante dumping (vender durante un tiempo por debajo de coste) elimina a la competencia y queda como el único proveedor del pueblecito, subiendo los precios de nuevo. (A) Dentro de los mecanismos de libre mercado esos problemas no se dan, o se resuelven solos; (B) El dumping debería ser ilegal. Además, es necesaria una educación de los consumidores que permita detectar esos abusos.
10.- Un señor enormemente rico alquila un 10% de las acciones de la empresa X y las vende por debajo de coste. Esto provoca un pánico bursátil: todo el mundo se quiere deshacer de sus acciones, cuyo precio termina siendo mucho más bajo. Recompra las acciones al nuevo precio y las devuelve, con un enorme beneficio. (A) Este señor ha ayudado a ajustar el precio de las acciones, que estaban sobrevaloradas, y el beneficio es su justa recompensa; (B) Este señor es un especulador de tomo y lomo, ha obtenido un enorme beneficio sin haber producido nada útil para la sociedad. Sus beneficios deberían pagar unos impuestos altísimos.
Así que mi test de Turing político consistiría en dar a leer estos ítems y preguntar, en cada uno: ¿estás más de acuerdo con la opinión A o con la opinión B? Con la idea de que varias respuestas (A) darían a entender que esta persona no tiene el mínimo de empatía/ética/inteligencia política necesaria como para que la discusión con ella pueda ser productiva. La intención es que las preguntas no sean ni de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. Como dijo Obama, “it’s not class warfare, it’s mathematics” (no es lucha de clases, son matemáticas).
En realidad, las preguntas propuestas son sólo una sugerencia. Os pido que me deis ideas, que critiquéis las preguntas, y que me sugiráis algunas nuevas.
El argumento definitivo contra los neoliberales: la herencia
Considerad un neoliberal cualquiera, X, que nos expone sus ideas. A primera vista pueden parecer razonablemente coherentes. Pero hay una prueba definitiva a la que ninguno resiste, que es la prueba de la herencia.
Un neoliberal defiende que el éxito económico es (o debe ser) fruto del mérito: el esfuerzo y el talento. Los self-made men, hombres (y mujeres) hechos a sí mismos. Los emprendedores e innovadores, que sacan adelante una idea llevada a cabo en un garaje. El estado no hace más que interferir con ellos, al confiscarles parte de su beneficio en forma de impuestos, e impedirles invertir como ellos consideren. Es una idea fácil de comprar.
¿Qué ocurre con el derecho a la herencia de los medios de producción? No me refiero a heredar el piso de tus padres, o la vajilla china de la abuela. Me refiero a heredar un 51% de las acciones del Grupo Santander. Me refiero a heredar grandes fortunas, fábricas, empresas, tierras. ¿Debe, o no debe prevalecer el derecho a la herencia?
Veamos pros y contras. Cada individuo tiene el derecho in-a-lie-na-ble a hacer su santa voluntad con su propiedad privada, así que también debería tener el derecho a legarla. Pero, al hacer esto, estamos creando un campo de juego que favorece a unos jugadores, los hijos de los ricos. ¿No es contrario al principio del mérito? ¿No estamos dando privilegios en base al hecho de haber nacido de la vagina apropiada? ¿Es eso justo? ¿Qué opina un neoliberal de ello?
Pues los hay de varios tipos. Un neoliberal con alto nivel de RwA, con su mente compartimentalizada y su tolerancia a la contradicción, no verá ningún problema y tirará hacia delante. Los neoliberales inteligentes (los hay, creedme) encuentran un fallo, una sutil brecha en su pensamiento… Y, hasta ahora, ninguno ha sabido salvarlo. Hasta donde yo sé.
Pero esa brecha es fatal. Una vez que se asume que el derecho a la herencia de los medios de producción es injusto, la caja de Pandora se ha abierto. ¿Quién se apropiará de esos bienes? Desde luego, la muerte debería terminar con el derecho a la propiedad privada (salvo en el caso de los faraones egipcios, claro está). Es la comunidad de los vivos la que debe hacerse cargo de esos bienes del finado, ya que su destino afecta a todos. Y lo más justo es que los vivos gestionen estos bienes de forma democrática.
El argumento anti-neoliberalismo es más general, pero en esta forma cobra su máxima fuerza: para tener igualdad de oportunidades, es necesario un control democrático de los débiles sobre los fuertes.
Con agradecimientos a Bastiat
De Papá Noel al Mercado Libre
El poeta Michael Helsem inventó una lengua, glaugnea, que contiene términos para algunas ideas importantes que ahora tenemos que expresar con circuloquios. Un buen ejemplo es skapsy, que es un fraude conocido pero querido por todos. Por ejemplo, Papá Noel, el péndulo sin rozamiento, las elecciones o el mercado libre.
¿Por todos? ¡No! Una aldea gala neoliberal aún resiste, y se niega a reconocer que el mercado libre, de existir, sería un desastre, el fin de la civilización. Este post va a dedicado a ellos, por Tutatis…
Veamos. Imaginemos que los neoliberales y austríacos realmente llegan a gobernar el mundo y consiguen implantar el ideario de Adam Smith. Sus banderas son las siguientes:
1.- Estado mínimo: sólo dedicado a tareas policiales, defensa de la propiedad privada y garante del cumplimiento de los contratos.
2.- Propiedad privada de los medios de producción. Derecho a la herencia.
3.- Atomización económica de la sociedad. Los salarios se negocian individualmente, no de forma colectiva.
¿Quién proporciona los servicios de sanidad y educación? La iniciativa privada, que es más eficiente. ¿Y los jubilados, y los parados? Pues habrá fondos de pensiones y seguros de desempleo. En el peor de los casos, quedará la caridad. Pero la sociedad se hará tan rica, gracias a las bendiciones del mercado libre, que no será necesaria más que en unos pocos casos desgraciados. La riqueza fluirá, desde las manos de los emprendedores hasta las de todos. La sociedad premiará el esfuerzo y el talento, y pronto la tierra manará leche y miel.
¿O no? Veamos qué ocurriría, en realidad, en un mercado libre. Primero examinemos el tema de los salarios. Al eliminarse la injusta negociación colectiva, los empresarios podrán premiar a los buenos trabajadores y se creará el tan deseado incentivo al esfuerzo. Pero los empresarios pronto descubren que, para obtener esfuerzo de parte de los empleados, lo más barato es el miedo al desempleo. Unos cuantos millones de parados después, los trabajadores son mucho más dóciles, sin necesidad de incentivo económico alguno.
Bueno, descontemos por ahora esos pobres desgraciados en paro. Veamos qué ocurre con los trabajadores que sí tienen un salario. ¿A cuánto ascenderá? Según la teoría neoliberal, serán salarios fabulosos…
El salario es el precio del trabajo. Como todo precio, en un mercado libre encontrará un equilibrio en el punto en el que se corten la curva de oferta y la de demanda. En otras palabras: cuando se alcance el equilibrio los empresarios no podrán disminuir el sueldo porque, si lo hicieran, algunos trabajadores se irían a su casa y ellos disminuirían su volumen de negocio.
Supongamos que mañana nos bajan a todos el sueldo un 5%. ¿Te quedarías en casa? Me figuro que no: un sueldo algo menor es, desde luego, mejor que estar en paro. ¿Y si nos lo bajan un 10%? ¿Te quedarías en casa? Tampoco. ¿Cuánto tienen que bajarnos el sueldo para que prefieras quedarte en casa? Esa pregunta es clave en un mercado libre, porque es la que determina el nivel salarial que se alcanzará. La pregunta tiene una respuesta obvia: cuando se alcance el nivel de subsistencia. Es decir: cuando ya no pueda vivir de mi trabajo.
Bueno, lo cierto es que no veo el aumento salarial por ninguna parte. Pero esperemos… quizá ahora, gracias a la rebaja salarial, los beneficios empresariales serán tan altos que la riqueza fluirá por otro sitio… ¿Es eso cierto? Desgraciadamente, no. Con los empleados cobrando salarios de subsistencia, la demanda de bienes y servicios caerá en picado. Los empresarios se verán obligados a cerrar fábricas y tiendas… La economía se destruye. La gran tragedia de los empresarios es que les encantaría pagar sueldos de miseria… mientras todos los demás los pagan fabulosos.
Hay dos salidas a esta situación, pero ninguna de las dos es halagüeña. La primera es que el consumo de bienes de lujo se incremente de tal manera que sostenga la economía, a pesar de los salarios de subsistencia. Es decir: una economía del despilfarro obsceno de unos pocos. La otra es una economía de exportación, en la que los trabajadores cobran salarios en el borde del hambre para producir bienes que serán consumidos en otros países. ¿Os suena? Es lo que ocurre en las repúblicas bananeras.
¿Cuál es la clave? ¿Por qué el mercado libre no tiene sentido? En una tira de Calvin & Hobbes, Calvin diserta a las hormigas sobre el valor del individualismo… y termina diciendo, para sí, “si se lo creen, se acabó nuestro problema con las hormigas”. Los neoliberales afirman que, de la confrontación económica individual, se obtendrá la prosperidad generalizada. No. La confrontación económica individual enfrenta a individuos de fuerzas muy dispares. Lleva a que unos esclavicen a otros y al fin de la civilización. Un “mercado libre ilustrado” propugnaría la libre creación de asociaciones de todo tipo: sindicatos, asociaciones de consumidores… y, al final, dado que la cooperación es mucho más inteligente que la competencia, terminará en el desarrollo de una economía pública democrática.
Rajoy, Zapatero, Merkel, Sarkozy, Aguirre… todos ellos vienen a ser como niños de 6 años que creen en los reyes. ¿O no? ¿Son cretinos o criminales? La verdad es que la pregunta no tiene ninguna transcendencia práctica, pero me queda la curiosidad…
P.S.: Marcos me ha hecho llegar esta imagen, que bien sirve como ilustración de los argumentos… ¡Gracias, compañero!
Sugerencia a la Marea Verde
¿Por qué no abandonar las aseguradoras privadas a las que da derecho MUFACE? ¿Por qué no decir adiós a ASISA, ADESLAS, SANITAS y todas las demás compañías que se lucran con la sanidad?
Debido a accidentes históricos, en España los funcionarios civiles del Estado no están afiliados a la Seguridad Social, sino a una mutua de funcionarios que surgió con anterioridad, llamada MUFACE. Como parte del “salario en especie”, MUFACE permite elegir a sus mutualistas: ¿sanidad pública o privada? Pueden, si así lo desean, inscribirse en el INSALUD (la sanidad pública). O pueden contratar su seguro médico con una serie de compañías privadas: ASISA, ADESLAS, SANITAS… u otras que ahora no recuerdo. Sin ningún coste.
Esto no es cierto de todos los empleados públicos, sólo de los funcionarios civiles. Yo fui funcionario de carrera (profesor de educación secundaria) durante 9 años, inscrito al INSALUD por decisión personal. Y tuve que soportar la presión de las compañías privadas antedichas para que eligiera sanidad privada.
Si tanto empeño tenía la Administración en ahorrar, ¿por qué no ha propuesto eliminar la elección pública/privada para los funcionarios? Es cierto que, a partir de ahora, los nuevos funcionarios no tendrán esta opción. Pero, ¿por qué han considerado preferible bajar los sueldos, antes que terminar con este despilfarro? La respuesta es obvia: las empresas de sanidad privada son un lobby poderoso en España, gran parte de cuyo negocio se obtiene gracias a MUFACE.
¿Cómo es posible que los funcionarios, empleados públicos, no den ejemplo y tengan sanidad privada de oficio? Los empleados públicos tenemos que ser los primeros en dar ejemplo. Por eso hago esta propuesta a la Marea Verde, y a todos los funcionarios del país: apostar por la sanidad pública, precisamente en el momento en el que está recibiendo ataques más violentos.

La personalidad autoritaria
Esta entrada va a levantar ampollas…
En estas páginas he afirmado cien veces que el PP y el PSOE vienen a ser dos marionetas diferentes del mismo titiritero. Y lo afirmaremos otras cien. Pero sus votantes… ¿son iguales? Para empezar, hay una diferencia obvia: la fidelidad de voto de los conservadores. La masa de sufragios del PP oscila sólo en un 5%. La masa de sufragios del PSOE tan pronto se lanza a los cielos como se desploma. Los votantes del PSOE condicionan su voto al funcionamiento de su partido. Si su partido les defrauda, se quedan en casa, o buscan alguna alternativa minoritaria. Los votantes del PP… se comportan como hinchas de fútbol: quieren que su equipo gane, juegue bien o mal. Así que nos planteamos la pregunta: ¿se trata de rasgos de personalidad diferentes? ¿Existe un tipo de personalidad conservador?
Todos conocemos a gente que cala a los demás inmediatamente. Ello se debe a que intuye los rasgos de personalidad que mejor permiten entender y predecir el comportamiento de los demás. Los psicólogos sociales hacen lo mismo, pero en lugar de utilizar su intuición, utilizan la estadística. La psicología social es una ciencia fascinante. A pesar de lo complejo de nuestro comportamiento, somos mucho más analizables de lo que parece a primera vista. Los publicistas lo saben, los banqueros lo saben, los políticos lo saben… y todos ellos quieren que nosotros NO lo sepamos. Lo consiguen creando un ambiente intelectual que desalienta o trivializa el análisis social. Pero aun así, algunas perlas de conocimiento llegan al público en general. Y, en mi opinión, cuando la sociedad se mira a sí misma y se entiende, avanza un poco más.
Antes de seguir quiero hacer un statement: no voy a dar mis opiniones, sino que voy a hablar de ciencia. Las afirmaciones de los párrafos siguientes, salvo que advierta de lo contrario, están sacadas de publicaciones reconocidas, están bien contrastadas y son ampliamente aceptadas por la comunidad científica.
Uno de los rasgos de personalidad más consistentes del repertorio del psicólogo social resulta ser el autoritarismo de derechas, o RWA (right-wing authoritarianism), diseñado por Bob Altemeyer y fantásticamente explicado en su libro The Authoritarians (libremente disponible en su web). ¿En qué consiste? Mide el grado en el que una persona se somete a la autoridad establecida. Consta de tres factores que, según afirma Altemeyer, funcionan en paralelo: (1) Sumisión a la autoridad tradicionalmente validada: todo lo que dice o hace la autoridad establecida es bueno para nosotros; (2) Agresividad autoritaria: hostilidad contra los desviados, y justificación de los actos de agresión contra ellos por parte de la autoridad; (3) Convencionalismo: alto grado de adhesión a las normas imperantes, y exigencia de adhesión general. El nivel de RWA se mide mediante un test de 22 preguntas que os pongo a continuación. Cada pregunta debe responderse con un valor de -4 (profundamente en desacuerdo) a 4 (profundamente de acuerdo). La traducción es mía, para el original, ver pág. 11 del libro. OJO: se trata de una traducción, no de una adaptación al medio hispano.
1.- Las autoridades suelen tener la razón, mientras que los radicales y los inconformistas suelen ser unos bocazas que muestran su ignorancia.
2.- Las mujeres deberían tener que prometer obediencia a sus maridos al casarse.
3.- Nuestro país necesita desesperadamente un líder fuerte que haga lo que se debe hacer para destruir las nuevas modas extremistas y la desreligiosidad que nos está arruinando.
4.- Los gays y las lesbianas son tan sanos y tan morales como cualquier otra persona.
5.- Siempre es preferible confiar en las apreciaciones de las autoridades gubernativas y religiosas legítimas, antes que en los agitadores sociales que sólo quieren crear dudas a la gente.
6.- Los ateos y las personas que se han rebelado contra las religiones establecidas son, sin duda, tan buenas personas y tan virtuosos como los que van a misa con regularidad.
7.- La única manera en la que el país puede salir de la crisis es volviendo a los valores tradicionales, otorgando el poder a líderes fuertes y silenciando a los agitadores que difunden ideas incorrectas.
8.- No hay absolutamente nada malo en los campamentos nudistas.
9.- Nuestro país necesita pensadores libres que tengan el coraje de desafiar las maneras tradicionales de pensar, aunque esto siente mal a mucha gente.
10.- Nuestro país será destruído si no aplastamos las perversiones que están consumiendo nuestra fibra moral y nuestras creencias tradicionales.
11.- Cada cual debería poder llevar su propio estilo de vida, sus creencias religiosas y sus preferencias sexuales, incluso si eso le hace ser diferente a todos los demás.
12.- Los modos de pensar y los valores “chapados a la antigua” constituyen aún la mejor manera de vivir.
13.- Son admirables las personas que desafiaron a las leyes y los puntos de vista mayoritarios protestando en favor de los derechos de la mujer al aborto, los derechos de los animales y para abolir el rezo en las escuelas.
14.- Lo que nuestro país necesita de verdad es un líder fuerte y determinado que aplaste el mal y nos lleve de nuevo al camino correcto.
15.- Algunas de las mejores personas de nuestro país son las que cuestionan al gobierno, critican la religión e ignoran las “maneras supuestamente normales de hacer las cosas”.
16.- Las leyes de Dios sobre el aborto, la pornografía y el matrimonio deben ser seguidas estrictamente antes de que sea demasiado tarde, y aquellos que las rompen deben ser castigados.
17.- Hay mucha gente radical e inmoral en nuestro país hoy en día que intenta arruinarlo para sus propios fines impíos, y deberían ser frenados por las autoridades.
18.- El “lugar de una mujer” debería ser el que ella elija. Los días en los que las mujeres eran sumisas a sus maridos y a las convenciones sociales pertenecen al pasado.
19.- Nuestro país será grande si hacemos honor al pensamiento de los que lo forjaron, hacemos lo que las autoridades nos piden y nos libramos de las “manzanas podridas” que están arruinando todo.
20.- No hay una “única” forma de vivir la vida; cada uno debe crear “su” propia forma.
21.- Hay que agradecer a los homosexuales y a las feministas el haber tenido el valor para desafiar los “valores familiares tradicionales”.
22.- Este país funcionaría mucho mejor si ciertos grupos de escandalosos simplemente se callaran y aceptaran el papel tradicional de su grupo en la sociedad.
¿Hecho? Muy bien. Las preguntas 1 y 2 no cuentan, son de prueba. Las preguntas 3, 5, 7, 10, 12, 14, 16, 17, 19 y 22 se valoran sumando 5 a lo que escribiste. A las preguntas restantes, cámbiales el signo y súmale 5 también. Suma todos los resultados. El máximo posible es 180, que correspondería a un cruce entre un Flanders desquiciado y Federico Jiménez Losantos. El promedio entre estudiantes de primero de psicología en la universidad de Altemeyer (Manitoba) es de 75, el de sus padres es 100, justo en el punto medio de la escala. Insisto una vez más que es una traducción, mientras que en España necesitaríamos una adaptación. Si queréis usarlo, ¡¡bajo vuestra responsabilidad!!
Un rasgo de personalidad es útil si nos sirve para hacer predicciones sobre el comportamiento humano, y el perfil RWA es sorprendentemente predictivo. ¿Qué cosas correlacionan con un alto nivel RWA?
Para empezar, el comportamiento infantil es RWA. Las autoridades son mamá y papá y, aunque a veces haya conflictos, los niños tienen claro que mamá y papá quieren lo mejor para ellos. A medida que crecemos desarrollamos el sentido crítico para analizar el comportamiento de nuestros padres y de las demás autoridades. Los alto-RWA no han desarrollado este sentido crítico y mantienen, por tanto, ciertas actitudes infantiles. Así, por ejemplo, sienten ansiedad cuando se enfrentan a situaciones nuevas y ante la toma de decisiones para las que no tienen un patrón externo. Su sentido crítico subdesarrollado les hace tener serias deficiencias en lógica. Así, por ejemplo, suelen aceptar como válido cualquier razonamiento si les gusta la conclusión. Un ejemplo:
“Todos los peces viven en el mar,
Los tiburones viven en el mar,
Luego los tiburones son peces.”
¿Es el razonamiento válido? Mucha gente se equivoca y dice que sí, pero la gente con alto RWA se equivoca mucho más que los demás. Una persona con alto RWA suele tener la mente compartimentalizada, con un alto nivel de tolerancia ante la contradicción con respecto a las afirmaciones proferidas por la autoridad. Así, por ejemplo, puede criticar al régimen cubano por antidemocrático y, minutos después, explicarte que un país en crisis necesita un gobierno tecnocrático, no unas elecciones. Tienden a aceptar con simpatía a cualquiera que profese sus mismas ideas, y a aceptar a cualquier líder que las defienda. Son inmunes a la desilusión con respecto a sus líderes. Claro: son los herederos de papá y mamá.
La gente con alto RWA también tiene una idea muy clara del nosotros. Al sentir ansiedad frente a lo que desafíe su modo de pensar, tienden a rodearse de gente que piensa igual que ellos. La presión de grupo les afecta mucho más que al resto de la gente. Son felices y distendidos cuando están rodeados de los suyos… pero, al mismo tiempo, tienen un profundo miedo: miedo al cambio social, miedo a perder su modo de vida, miedo a lo diferente. Nada genera más agresividad que el miedo. Las personas con alto RWA ven el mundo bajo un prisma de “nosotros contra ellos”. Son fácil presa de los prejuicios generalizados: contra los homosexuales, los hippies, los negros, los chinos, los sindicalistas, los marroquíes, los catalanes, los madrileños… Tienden a creer cualquier estereotipo que se les ponga por delante, por absurdo que sea. Se les dice que en Barcelona el dueño de un bar va a la cárcel si pone el menú del día en castellano… y se lo creen.
Precisamente esto nos da una pista sobre cómo se genera la personalidad RWA y cómo evoluciona hacia talantes menos meapilas. Los prejuicios se combaten dando elementos de juicio. El nivel RWA disminuye al salir al mundo. Cada vez que una persona de alto RWA conoce a un homosexual y ve que no tiene cuernos, cada vez que discute con un rojo y descubre que tienen puntos en común… su nivel RWA cae un poquito.
Los alto-RWA creen ser mejores personas que los demás (en inglés dicen que son self-righteous): sólo ellos son garantes de la moralidad. Su falta de lógica les hace gestionar con facilidad la culpa: son propensos a la racionalización. Si son religiosos (suelen serlo), los mecanismos religiosamente aceptados de absolución les liberan totalmente. Por ello mismo, son más felices que los demás. Pero aprenden mucho menos de sus errores.
El pensamiento-RWA está asociado a gente que ha vivido en un mundo cerrado, sometidos a una autoridad benéfica que les ha inculcado inseguridad frente al mundo exterior. El nivel RWA se reduce con la educación y con la edad, hasta un mínimo en torno a los 30 años, cuando tiene un repunte (que Altemeyer asocia al tener hijos). Después se estabiliza e incluso tiende a bajar más. Cuanto más se ha visto, viajado, vivido… menor será tu RWA. Cada vez que, durante nuestra adolescencia, encontramos autoridades injustas o hipócritas, cada vez que probamos algo prohibido y vemos que no ocurre nada terrible, conocemos a gente de diferente orientación sexual… reducimos nuestro nivel de RWA.
Otro rasgo de personalidad diferente es el del dominador social (SDO, social domination orientation). Los dominadores sociales creen vivir en una jungla, donde o comes o eres comido. No creen en la igualdad, son ambiciosos y no tienen escrúpulos. También es un rasgo con alto nivel de coherencia interna, y con alto poder predictivo. Los dominadores sociales tienen una mayor capacidad lógica que los RWA, son perfectamente conscientes de sus incongruencias. Opinan que, si las pueden esconder, todo va bien. Como es evidente, RWA y dominación social son rasgos que aparecen juntos con muy poca frecuencia.
Los alto-RWA, con su facilidad para obedecer, son siervos naturales, y los dominadores sociales se mueren de deseo de ser amos. Si fueras un dominador social… ¿qué tipo de rebaño elegirías? Personalmente, me haría pasar por meapilas para que los alto-RWA me aceptasen y así convertirme en su dios. Tragarán con lo que les quiera vender, mientras les diga lo que quieren oír. No importa si vivo como un pachá mientras les exijo austeridad. No importa si lanzo ideas contradictorias. Mientras me consideren uno de los suyos, me votarán hasta que me tengan que arrancar del sillón con espátula.
Hay unos pocos dominadores sociales, muy pocos, que también son RWA. Los meapilas sin escrúpulos. Por ejemplo, me atrevo a apostar por G.W. Bush. Son los que Altemeyer llama double highs.
En su libro, Altemeyer refiere un experimento curioso. En su universidad inventaron un juego de rol para unos 50-60 jugadores en el que se investigaba el futuro de la humanidad, llamado Global Change. Los participantes eran divididos al azar en áreas territoriales: Norteamérica, Sudamérica, Europa, la antigua URSS, África, Medio Oriente, India y el Área del Pacífico. Se les entregaban recursos correspondientes a la actualidad y se pedía que se autonominasen unos líderes. A partir de ahí, se desarrollaba el juego. Cuando se llevó a cabo con gente de bajo RWA, aunque hubo sus problemas, en general el ambiente fue de cooperación internacional. Lograron luchar con los problemas globales, y terminar con el agujero de la capa de ozono. Cuando se hizo con RWA… el mundo terminó en catástrofe nuclear. A repitió el experimento usando RWA puros, es decir: gente de alto RWA que no fueran dominadores sociales. El resultado fue muy diferente. No hubo catástrofe nuclear, pero tampoco hubo ningún tipo de cooperación internacional. Cada grupo se encerró en sí mismo.
Ojo: El RWA es un rasgo de personalidad, no una adscripción política. ¿Tienen los RWA que ser de derechas? Pues depende de qué quieras decir con de derechas. El término se eligió según el sentido etimológico de la palabra right en inglés, que significa “apropiado”. Los alto-RWA se someterán a la autoridad establecida y sancionada, sea la que sea. En EEUU votan republicano en masa, son evangélicos o católicos fundamentalistas. Son la gente que quiere el rezo escolar y que se prohíba la enseñanza de la evolución, son el Tea Party. En la antigua URSS seguro que todos los RWA eran ateos militantes, y agitaban banderas rojas.
Pero, mucho ojo: no todos los gobiernos corresponden al patrón de la “autoridad establecida y sancionada”. En los regímenes (más o menos) democráticos occidentales, los alto-RWA son de la idea de que el único gobierno con auténtica legitimidad es el de la derecha. Si gobierna el PSOE, o si gobierna Obama, se trata de usurpadores, se crea una tensión grave que sólo se resolverá cuando el auténtico gobernante regrese. Es un tema recurrente: Arturo, Ricardo Corazón de León o, en versión zarzuela, Fernando el deseado. ¿Algún ejemplo más cercano y más reciente?
¿Y qué ocurre en España? El test, tal como os lo he puesto, no creo que sea aplicable aquí. Es necesario adaptarlo al ambiente político español, que es menos Flanders que el americano. Aun así, creo que el rasgo de personalidad es universal.
Los estudios sobre la personalidad autoritaria comienzan tras la Segunda Guerra Mundial. Theodor W. Adorno y otros filósofos se preguntaban cómo era posible que Hitler hubiera tenido una masa de seguidores tan dóciles y abnegados. Los experimentos de Milgram mostraron cómo los humanos somos mucho más dóciles ante la autoridad de lo que creemos. Resumidamente, el psicólogo engañaba al sujeto, haciéndole creer que participaba en un experimento sobre memoria. Frente al sujeto había otra persona, cómplice del psicólogo, que debía hacer una complicada tarea memorística. Cada vez que fallaba, el psicólogo ordenaba al sujeto que le aplicara una descarga eléctrica. Descarga que, por supuesto, era falsa. Una mayoría abrumadora de los sujetos llegaron al punto en el que (creían que) ponían la vida del cómplice en peligro. Sólo porque un señor con bata blanca se lo ordenaba. Las personas con alto RWA, con su facilidad para obedecer, son la carne de cañón sobre la que se construyen los fascismos.
Qui habet aures audiendi, audiat
¿Por qué la evolución ha creado a los alto-RWA? Pues porque la sociedad, para funcionar, debe combinar cierta inercia con cierta tendencia al cambio. ¿Son malos, o tontos? ¡No! Son personas a las que les cuesta entender que la autoridad haga mal, ¡nada más! Su criterio político está, por tanto, seriamente sesgado, pero no su inteligencia general… salvo en su capacidad para compartimentalizar. Al discutir con ellos, no se debe buscar jamás la victoria dialéctica, porque les provocarás ansiedad y bloquearán tus palabras. No. Las creencias de un alto-RWA son altamente contradictorias, y algunas de ellas son muy positivas (democracia, libertad, etc.). Agárralas y, muy despaaaaaacio, fuérzale a la consistencia… pero manteniendo siempre que son sus propias ideas en acción. Sé que suena algo cínico. Igual soy un social dominator. Voy a ver qué doy en el test.
Con agradecimientos a Migeru.
P.D.: Hay fisiólogos que afirman que los conservadores tienen menos desarrollada la zona del cerebro que gestiona la novedad y el ambiente cambiante, mientras que tienen más desarrollada la que gestiona el miedo. Por favor, que nadie vuelva a confundir correlación con causa-efecto.
Don Pascual diserta sobre la austeridad
Lugar: sala de estar de mi vecino de arriba.
Dramatis Personae: Don Pascual, mi vecino, rancio caballero español, abogado acomodado; Chelito, su hija, deliciosa muchacha, dulce sorpresa de la genética; Y yo, Manolito, servidor de ustedes… que por arrimarse a la Chelito hace lo que sea menester.
Yo.- ¿Y qué cree que hará ahora el gobierno para salir de la crisis, don Pascual?
Don Pascual.- Pues racionalizará la administración, pondrá orden en el gasto público y animará a los emprendedores.
Yo.- Bien, claro. Eso es un eufemismo, ¿no, don Pascual? Quiere decir que recortará los sueldos de los empleados públicos, reducirá los servicios sociales y bajará los impuestos a los ricos, ¿no?
Don Pascual.- Vamos a ver, joven, que es usted muy listo. Recortar sueldos de los empleados públicos, posiblemente. Tienen un puesto fijo, deberían apretarse un poco el cinturón por el bien del país, ¿no?
Yo.- Venga, don Pascual, que los empleados públicos no tenemos nada fijo. Si acaso, los funcionarios. Y aun a ellos se les puede echar en caso de necesidad. Yo soy empleado público y tengo contrato por seis meses.
Don Pascual.- De acuerdo, joven, se lo acepto. Pero en cualquier caso, deberían apretarse ustedes el cinturón por el bien del país.
Yo.- Ah. Bueno, pongamos que echamos a unos miles de empleados públicos a la calle. ¿En qué beneficia eso al país?
Don Pascual.- Menor gasto público, podremos cuadrar las cuentas de una vez.
Chelito.- Huy, sí, papá… ¿qué son unos cuantos miles de parados, comparados con las cuentas? (Don Pascual fulmina a su hija con la mirada… Y a mí se me cae la baba.)
Yo.- Sí, las cuentas son importantes, en efecto. Pero también tendrá desventajas, ¿no? Miles de desempleados más. Perdemos cotizantes, y hay que pagarles el paro. El ahorro es menor de lo que parece. Además, toda esa gente gastará mucho menos. No saldrán de cañas, no se comprarán un coche, no cambiarán los muebles del baño… Por tanto, muchas empresas harán menos negocio. Estas empresas disminuirán su actividad, tendrán menos beneficios, pagarán menos impuestos… y despedirán a más gente… que a su vez comenzará a cobrar el paro. ¿Seguro que ahorraremos algo?
Don Pascual.- Sí, hijo, el viejo discurso keynesiano. ¿No tienes nada nuevo?
Yo.- No tengo por qué traer nada nuevo si lo viejo aún vale.
Don Pascual.- Pues es bien sencillo. El estado está ahogando a las empresas a impuestos para sostener un estado del bienestar que no podemos mantener. En el momento en el que se termine este despilfarro, los emprendedores podrán volver a crear empleo, y se terminará la pesadilla económica en la que nos han metido los socialistas.
Chelito.- Amén.
Yo.- Don Pascual… ¿cómo se originó la crisis, en su opinión?
Don Pascual.- Pues le contaré, hijo, qué es lo que ha sucedido. Por un lado, los socialistas se han dedicado a despilfarrar para asegurar su cantera de votos. Han permitido que la gente se aproveche, que millones vivan sin trabajar. Que si dependencia, que si paro para todos… ¡qué leches, aquí ya nadie trabaja! Eso ha creado una enorme deuda pública. Por otro lado, la gente, que se ha acostumbrado a vivir muy bien, se dedicó a pedir préstamos porque no querían conformarse con un piso y un seiscientos, no… querían un chalet en la sierra y un Audi. Y eso ha creado una enorme deuda privada. El país está endeudado hasta las cejas, tendremos que apretarnos el cinturón unos años. Austeridad, ahorrar, ahorrar hasta haber salido del atolladero. Y, a partir de entonces, aprender a vivir con nuestras posibilidades.
Yo.- Interesante, don Pascual. Vayamos por partes. Empecemos por la deuda pública. ¿Sabe a cuánto ascendía, antes de la crisis?
Don Pascual.- Es enorme desde que llegaron los socialistas.
Yo.- Se equivoca. La deuda del estado español se ha ido reduciendo hasta el año 2008. De la Europa de los 15, somos uno de los países que menos gasta en servicios sociales. Los “socialistas” no aumentaron el gasto público hasta que estalló la crisis.
Don Pascual.- Mejor me lo pones. ¿Empiezan a gastar en tiempos de crisis?
Yo.- Por supuesto, es lo que debe hacer un estado sensato, para evitar la caída. Ya lo sé, es Keynes, y sigue siendo cierto. El gobierno inició el plan E.
Don Pascual.- Que terminó de arruinar al país.
Yo.- No. El plan E era una buena idea, pero se vio truncado porque, de repente, el gobierno tuvo que hacer un dispendio enorme. Y no era en subsidios de desempleo ni en la ley de dependencia. ¿Adivina en qué fue?
Don Pascual.- (con cara de resignación) ¿En qué, hijo?
Yo.- En salvar a los bancos. Don Pascual… imagino que habrá aprovechados que cobren el subsidio de paro mientras hacen chapuzas. Claro. Y eso nos parece mal a usted y a mí. Pero, ¿qué me dice de los aprovechados que juegan millones al casino y, cuando pierden, esperan que el estado les rescate? ¿No son infinitamente peores?
Don Pascual.- Seguramente tú habrías preferido un corralito financiero.
Yo.- Yo habría preferido que cada banco rescatado fuera nacionalizado.
Don Pascual.- Ya estamos, tú y tus manías estalinistas.
Chelito.- ¡Ay, Manuel! ¿Es que no recuerdas ya cuando Stalin nacionalizó la banca rusa para poder encerrar a los opositores en las cámaras acorazadas? Nos falla la memoria histórica, muchacho… (Si don Pascual hubiera tenido su testamento a mano, su hija estaría desheredada…)
Yo.- Pero lo que más me llama la atención de su argumento, don Pascual, es la idea de austeridad. Nuestro problema, en estos momentos, es que los españoles, tanto particularmente como a nivel estatal, debemos un montón de dinero a bancos extranjeros, ¿no es así?
Don Pascual.- En efecto.
Yo.- Y eso, claro está, se resuelve con austeridad.
Don Pascual.- Claro. Tenemos que ahorrar para pagar las deudas.
Yo.- Usted razona como lo haría una familia con ingresos fijos. Tienen una deuda enorme, así que gastan menos. Pero un país no es una familia, ¿se da cuenta?
Don Pascual.- ¡Claro que me doy cuenta!
Yo.- No lo parece. Los ingresos de una familia provienen siempre del exterior, de que sus miembros trabajen fuera. En cambio, en un país, la mayor parte de los ingresos provienen de que trabajemos los unos para los otros. Eso es lo que crea riqueza. Supongamos que todos los españoles somos, a partir de ahora, tremendamente austeros y nos dedicamos a ahorrar casi todo lo que ganamos para poder pagar a nuestros acreedores extranjeros. Sólo los gastos imprescindibles. ¿De acuerdo?
Don Pascual.- A ver dónde quieres ir a parar, que tú te crees muy listo.
Yo.- Ay, don Pascual, ¡es lo que tiene haber ido a la escuela pública…! Pues eso. Si todos ahorramos todo lo que podemos, dejamos de salir de cañas, no cambiamos de coche, no amueblamos el baño… el dueño del bar, el del concesionario y el de la fábrica de muebles cierran. ¡Dejan de tener ingresos, no pueden pagar sus deudas!
Chelito.- Es un lindo ejemplo de la “falacia de composición”: la decisión óptima para cada individuo puede no ser la decisión óptima de manera global.
Don Pascual.- Y el que yo compre muebles, o salga de cañas, ¿cómo coño va a ayudar a pagar mis deudas? Chaval, creo que estás patinando mucho.
Yo.- Creando actividad económica, generando beneficios y riqueza. Desde luego, los parados no contribuyen a crear riqueza. Cada empleado público despedido es un poco menos de riqueza que crea el país, y un poco menos de capacidad para pagar nuestras deudas.
Don Pascual.- No me convences. ¿Por qué a nuestros acreedores les iba a interesar que los empleados públicos se tomen cervezas o cambien los muebles del baño?
Yo.- Si generamos riqueza, una parte de ella puede ir al pago de la deuda. Si no la generamos… pues nada. ¿Cómo piensa el PP salir de la crisis, animando a los emprendedores?
Don Pascual.- Claro, a un comunista como tú le sonará a chino. Pero lo pondrán fácil para que los emprendedores creen nuevas empresas, generen puestos de trabajo y, como tú dices, creen riqueza.
Yo.- Ah, claro. Supongamos que yo fuera un emprendedor, con una idea chulísima para una empresa. El gobierno me lo pondría fácil para que la montara, ¿no?
Don Pascual.- Sí, reduciría la burocracia y te eximiría de impuestos durante unos años.
Yo.- Bien, bien, claro. Pero supongamos que no tengo dinero para montarla. ¿Me lo presta el estado?
Don Pascual.- Ya estamos a vueltas con el banco estatal, ¿eh?
Yo.- Vamos, que sigo sin tener financiación, porque los bancos privados no me prestarán ni un euro. Pero supongamos que tengo un mecenas. Ahora monto mi negocio… que necesitará clientes. ¿Quién va a comprar?
Don Pascual.- Si la idea es buena, no te faltarán clientes.
Yo.- Dígaselo a todos aquellos que han tenido que cerrar… que la culpa era de la falta de ideas buenas. Don Pascual, sea serio. El problema no es de ideas.
Don Pascual.- En parte, es un problema de impuestos. Los empresarios están ahogados.
Yo.- De nuevo se equivoca, don Pascual. Los impuestos en España son ridículamente bajos para el capital. Y las SICAV, como usted sabe, pagan sólo el 1%.
Don Pascual.- Las SICAV son un invento de los socialistas para que los suyos paguen menos impuestos.
Yo.- Claro, con una ley aprobada en 2003… antes de llegar al gobierno. Qué listos los socialistas…
Chelito.- Debían tener algún topo en el PP. Yo apuesto por Piqué.
Yo.- Si el problema fuera de impuestos, ¿por qué los empresarios suecos no se quejan, pagando casi el doble?
Don Pascual.- A ver, chaval, si tan listo eres, ¿dónde está el problema?
Yo.- En la demanda, don Pascual. Nadie compra nada, nadie tiene dinero. Y el que lo tiene, lo ahorra por miedo a perder su puesto de trabajo. Don Pascual, cuando hablan de moderación salarial, ustedes se olvidan siempre de algo: si los trabajadores cobran menos, ¿quién va a comprar sus productos?
Don Pascual.- Hay muchas empresas españolas que exportan.
Yo.- Sí, pero no son las PYMEs, son las grandes empresas. La mayoría más absoluta de los trabajadores españoles producen para el consumo interno.
Don Pascual.- Deberíamos mirar más al exterior, como Alemania, convertirnos en una economía de exportación.
Yo.- Claro. Así podríamos bajar los sueldos sin preocuparnos por la falta de demanda.
Don Pascual.- No. Así podríamos conseguir el dinero para pagar a nuestros acreedores. Vamos a ver, Manolito, si tan listo eres: si nuestros acreedores están fuera de España, ¿cómo va el trasiego de dinero interno va a crear el dinero que les tenemos que abonar? No tiene sentido.
Yo.- Esta pregunta es buena, don Pascual. Pongamos que los españoles, en total, debemos X euros. De acuerdo… ¿qué es un euro?
Chelito.- ¿Y tú me lo preguntas?
Don Pascual.- Una cantidad de riqueza.
Yo.- Error. Un euro es un papelito que emite el Banco Central Europeo aceptando que tiene una deuda contigo. El BCE puede imprimir los que quiera, cuando quiera.
Don Pascual.- ¿Y de qué depende la cantidad de euros que imprime el BCE, listillo?
Yo.- Pues depende de varias cosas, pero fundamentalmente depende del producto interior bruto nacional, es decir: de la producción de bienes en España. El BCE está obsesionado con la inflación. Bajo ningún concepto quiere que suban los precios. Así que siempre procura imprimir los necesarios para que se correspondan con la riqueza de cada país.
Don Pascual.- Lógico.
Yo.- No tanto, la inflación no es lo peor que le puede pasar a un país. Pero eso es otro problema. El caso es que, si el PIB de España crece, el BCE fabricará más euros para España.
Don Pascual.- No es tan fácil, listillo. Sabes como yo que el BCE no presta a los países, sino sólo a otros bancos.
Yo.- Lo cual me parece una forma bastante grosera de corrupción, pero es cierto. Aun así, no invalida mi argumento.
Don Pascual.- Y ahora bajemos a la Tierra, ¿de acuerdo? El gobierno no tiene dinero para pagar a los empleados públicos. Según tú, ¿se lo tiene que inventar?
Yo.- Para empezar, puede empezar a recaudar de una manera sensata: eliminar los privilegios de los ricos, combatir el enorme fraude fiscal y gravar a las grandes fortunas.
Don Pascual.- Siempre hablando de ricos y pobres, qué anticuado estás, muchacho.
Chelito.- Tienes razón, son términos como del evangelio. Jesucristo decía no sé qué sobre los ricos y las agujas, y que a los pobres los tendríamos siempre con nosotros… Pero hoy en día… ¡todos somos clase media! (Las ironías de esta muchacha son casi tan lindas como ella…)
Yo.- En cualquier caso, hay mil soluciones posibles. En lugar de aumentar los impuestos a los ricos, el gobierno podría obligarles a que les preste dinero a bajo interés.
Don Pascual.- De nuevo tus soluciones estalinistas, obligar a la gente a prestar dinero al gobierno.
Yo.- Hombre, los impuestos consisten en obligar a ceder el dinero sin devolución alguna… no me parece tan mala idea. Pero hay ideas aún mejores. El gobierno podría endeudarse con la propia ciudadanía.
Don Pascual.- Si los ciudadanos no tiene dinero, como tú dices, es una propuesta estúpida.
Yo.- No tanto. El gobierno podría imprimir sus propios papelitos de colores, los llamamos como quieras, bonos ciudadanos, pata-euros, o como quiera, que promete que podrán convertirse en euros dentro de un año. Esos pata-euros podrían servir para pagar una parte del sueldo de los empleados públicos, y una parte de los pagos de la administración. Serían un préstamo a bajo interés.
Don Pascual.- Eso es lo mismo que volver a la peseta. La Unión Europea lo prohibiría.
Yo.- No tendría base legal para hacerlo. Es un pagaré, y el gobierno puede firmar pagarés, ¿no? Lo mejor es que estos pagarés pueden funcionar como moneda. Los empleados públicos los pueden gastar.
Don Pascual.- Si los comerciantes los aceptan.
Yo.- ¿Por qué no los iban a aceptar? Son euros… dentro de un año, respaldados por el gobierno español. Y si alguien no los acepta, bien puede ser tildado de falta de patriotismo… Claro, no sería tan fácil usarlos fuera de España, pero para los que gastamos nuestro dinero cerca de casa no sería un problema, ¿no?
Chelito.- Ay, Manolo, creo que hemos hablado ya mucho por hoy, ¿no? Mira, mi padre está cansado… ¿Por qué no bajas conmigo al bar y generamos un poco de riqueza tomándonos unas cañas?
Yo.- Ains…
Bajo el signo de la Urraca (cuento de hadas subversivo)
BAJO EL SIGNO DE LA URRACA
Un cuento subversivo
Por Yvi
I. Donde se presenta al lector al ciudadano Bolsón y a sus temerosos conciudadanos, así como las primeras pequeñas incursiones de aquél en el océano de la ciencia doblónica.
Érase una vez que se era, un reino de la lejana Hélade, llamado Atinia, que era gobernado por un presidente benévolo, del partido de los aqueos, llamado Zapajoyus, elegido entre todos. Mantenían también un rey y una reina, un príncipe valiente, una hermosísima princesa, unas lúgubres mazmorras y un dragón, pero era sólo por el Tratado de Convergencia de los hermanos Grimm, que obliga a todos los reinos de cuento de hadas.
Como en todo segundo párrafo de un cuento, ahora estaréis esperando el elemento disruptor de la paz, quizás un villano, quizás una peste. Pues no. Introduciré a una buena persona, un acaudalado ciudadano de Atinia, de nombre Bolsón. Bolsón era un hábil joyero y, como tal, guardaba siempre oro en una caja de seguridad. Un buen día, otro vecino adinerado le vino con la siguiente propuesta:
– Bolsón, buen vecino, temo a los ladrones. ¿No podrías guardar mi oro en tu caja fuerte?
Bolsón aceptó, y su vecino se sintió más seguro. Pronto, todos los ciudadanos que tenían oro guardado en casa se enteraron, y le propusieron lo mismo.
– ¡Calma, calma! –tuvo que decir Bolsón– Tanto oro no cabe en mi diminuta caja fuerte. Tranquilos, queridos convecinos. Haremos lo siguiente. Guardaré vuestro oro, pero tendré que construir una caja más grande, una auténtica cámara acorazada. Y tendré que poner un troll a la puerta para ahuyentar a los cacos. Eso me costará dinero, pero todo sea por el bienestar de mis convecinos. ¿Por qué no ponéis todos un doblón al mes, para ayudarme a sufragarlo?
Los vecinos pensaron qué pesaba más, si su miedo o un doblón al mes. Pesaba más el miedo, así que aceptaron. Bolsón construyó su cámara acorazada y trajo a un feo y enorme troll de las montañas para guardarla. Cada vez que un vecino le traía dinero, Bolsón le extendía un recibo por la cantidad entregada, con su firma y el sello con el emblema de su casa, una urraca bailarina.
Bolsón estaba fascinado por la enorme fortuna que había reunido en su casa. Comenzó a pasar horas y horas en el interior de la cámara acorazada, contando y volviendo a contar las monedas, tarea con la que obtenía un enorme placer. Descuidó así su trabajo como joyero, y pronto la competencia se quedó con su clientela. Se dio cuenta de que podía perder su medio de vida, porque el doblón mensual que le pagaban por guardar el oro no le daría para vivir… y temió mucho por ello.
Una noche, se despertó de un salto. Tenía la idea salvadora. Podía usar el dinero que tenía en la cámara, sin que nadie se enterara, para hacer negocios. Podía comprar sedas en Azrael, esclavos en Micifuz, perlas en Fierabrás, o quizá pimienta en las Islas Oscuras. Y luego venderlo todo más caro en otro sitio, recuperar el dinero, y vivir con la diferencia. O… ¡mejor aún! Podía prestar el dinero a audaces mercaderes para que hicieran eso, y luego hacer que se lo devolvieran, junto con una parte de los beneficios. Un doblón de más por cada diez que prestara. Si ganaban más, que fuera para ellos.
Así lo pensó, y así lo hizo. Bolsón prestaba el dinero a los mercaderes, que viajaban a países lejanos y allí compraban ricas telas, especias y joyas que luego vendían en Atinia y en otras ciudades. Recuperaban el dinero y se lo devolvían a Bolsón, junto con una parte de sus beneficios. El resto era para ellos. Bolsón volvía a respirar tranquilo, volvía a tener su modo de vida asegurado.
Pero los ciudadanos de Atinia no eran tontos. Al menos, no mucho. Pronto se corrió la voz de lo que estaba haciendo Bolsón con el dinero de la cámara acorazada, y fueron todos juntos a su casa con la intención de lincharle y recuperar su oro. Bolsón ya estaba preparado para esta situación, y les habló así:
– ¡Mis queridos convecinos! Es verdad, es verdad que he estado usando una pequeña parte del dinero que me dejasteis en depósito, pero no he perdido un solo doblón. Más aún, cuando me devolvían el dinero he pedido un doblón de más por cada… ehm… por cada cien que prestaba. Dejaré de cobraros el doblón mensual por guardar vuestro dinero, y además repartiré entre vosotros el dinero que he ganado, ¿estáis de acuerdo?
Los atinianos se miraron entre sí, se alegraron sobremanera y comenzaron a reír y a bailar entre ellos como niños. ¡Fabuloso! ¡Espléndido! ¿Pero cómo era posible? Ellos metían su oro en una cámara acorazada y… de repente… ¡había más! Esto es una maravilla, propio de un cuento de hadas, se dijeron. Felicitaron a Bolsón, le llenaron de parabienes y halagos, y se fueron contentos a su casa, con sus intereses.
Cuando salieron, Bolsón estaba encantado de su astucia. A él le daban un doblón por cada diez, es decir: diez doblones por cada cien. A sus vecinos, les daba un doblón por cada cien, así que le quedaba una ganancia neta de nueve por cada cien, y además sus vecinos eran felices. Igual hasta le nombraban hijo predilecto de Atinia.
Bolsón había mudado de profesión. Como dueño de la única cámara acorazada de Atinia, fundó el gremio de camareros, del que se nombró presidente vitalicio.
La vida era hermosa y no parece que vaya a haber mucho cuento, ¿no es cierto? Seguid, seguid leyendo, amable lectora, amable lector.
II. Donde se narra la expansión de la urraca y la aparición de los primeros billetes, y cómo la ciencia doblónica puede tornar la nada en algo, para maravilla del mundo.
Bolsón extendió sus negocios. Prestaba no sólo a los mercaderes, sino también a los que querían montar un negocio, o a los que querían comprar una casa. Con cada préstamo, eran más los doblones que recibía al mes. De estos doblones, una pequeña parte era para los ciudadanos que habían dejado el dinero en depósito, pero la mayoría era para él. Así, cada día su fortuna personal crecía más y más.
Cuanto más prestaba, más ganaba. Así que le resultaba difícil resistir la tentación de dar nuevos préstamos. Al principio, se impuso a sí mismo la norma de no prestar más de la mitad del oro que tenía en depósito. Le daba miedo que alguno de sus vecinos viniera a retirar su dinero y no tuviera qué darle. Pero con el tiempo se fue arriesgando cada vez más y más… y llegó un día en que se dio cuenta de que ¡la cámara estaba casi vacía! Sus ingresos eran enormes, pero el dinero de sus vecinos… se había volatilizado.
Justo en aquel instante, alguien entró en su casa. El corazón de Bolsón trepidó pensando que podría ser un vecino que quisiera recuperar su depósito. Pero se tranquilizó al ver que se trataba de Timoteus, un vecino pobrete que no tenía dinero depositado en su cámara. Timoteus venía a pedirle dinero prestado para comprar una casa, prometiéndole devolverle un doblón extra por cada diez, como era habitual. Bolsón iba a decirle que en ese momento no tenía fondos disponibles para prestar… pero lo pensó mejor.
– Timoteus, ¿a quién le vas a comprar la casa?
– A Florentinus, que está fabricando muchas casas del lado del Pireus.
– Aaaaaah… Entiendo.
Bolsón razonó de esta manera: Florentinus era uno de sus clientes. Tenía todo su oro en su banco. Quizás, si era astuto, podía hacer una jugada maestra… Sacó papel y pluma, y comenzó a escribir un recibo.
– Timoteus, dado que Florentinus es uno de mis clientes, y dado que seguro que quiere ingresar el dinero en mi cámara, me parece tonto hacerte cargar con los doblones, para que luego él me los traiga de vuelta. Hagamos esto, te doy el recibo que le hubiera dado a él si me hubiera depositado el dinero. Tú le das el recibo, y él te da la casa. Y tú me devuelves el dinero, un poquito todos los meses, de manera normal. ¿Qué te parece?
Timoteus se rascó la cabeza unos instantes. Mientras tanto, Bolsón le puso su firma y el sello de la urraca bailarina al documento.
– Pero, ¿seguro que él me dará la casa?
– ¡Pues claro, hombre! Si no te la da, vuelves aquí y te daré doblones de verdad.
Y funcionó. Bolsón había prestado, por primera vez, dinero que no tenía, y estaba encantado con su idea. Ya no necesitaba oro para dar créditos, porque su sello era oro. Lo giró entre sus deditos, lo acarició, y lo miró fijamente, hipnotizado ante su propio poder…
Por su parte, Florentinus el constructor se dio cuenta de que también él podía hacer negocios sin intercambiar doblones. Comenzó a pagar a sus proveedores con recibos de Bolsón y, con el tiempo, también a sus trabajadores. Bolsón tuvo que preparar una pequeña imprenta en la parte de atrás de su casa, en la que preparaba muchos recibos pequeñitos, que valían entre uno y cien doblones, todos ellos con el hermoso sello de la urraca bailarina.
La urraca bailarina levantaba el vuelo sobre el cielo de Atinia. ¿Qué podría salir mal?
III. Donde, por primera vez, se menciona a los descontentos con el régimen de la urraca y cómo son domeñadas sus inquietudes mediante los buenos oficios de la retórica.
La filósofa Hypazía, discípula de los ilustres Keynesíades de Albión y Chomskión de Masachutes, conversaba cada mañana en el ágora con sus conciudadanos sobre la situación política. Aquellos días, la autora de textos claves en ciencia económica, como “El doblón y el champiñón, interacción y propuesta” o “Cien buenas razones para tener limpios tus doblones”, mostraba públicamente su desconfianza con el poder que Bolsón comenzaba a acumular en sus manos.
– La urraca bailarina está engullendo nuestro oro, y amenaza la estabilidad de nuestra ciudad.
Hubo algunos murmullos de aprobación en el corrillo que se había reunido en torno a ella.
– Los recibos del ciudadano Bolsón se han convertido en la moneda de facto en Atinia. Todos nuestros intercambios se realizan ya así. Eso significa que el ciudadano Bolsón, para pagar cualquier cosa que desee, no tiene más que… escribir un recibito y ponerle su sello.
Una ola de indignación recorrió al grupo reunido. Entonces, una voz se alzó de entre ellos. Un señor calvo y gordo gritaba:
– ¡Conciudadanos! ¡Soy Ratus el Magníficus, director del Banco de Atinia! Pasé diez años de mi vida estudiando ciencias mágicas del doblón en la escuela de altos estudios pitofláuticos de Transmoronia, en Mangulia exterior.
Murmullos de admiración. Ratus prosiguió:
– ¡Conciudadanos! La ingeniería doblónica trae la prosperidad a los pueblos. ¿Acaso no veis cómo, cuando un ciudadano tiene necesidad de dinero, no tiene más que acudir a la casa de Bolsón, y sale con él en la mano? ¿Cómo podría eso no ser bueno? Los negocios prosperan. Nunca se había visto tanta pimienta, tanta porcelana y tantas perlas en el mercado. Nunca se habían construido tantas casas. ¡Atinia ha sido bendecida con el signo de la urraca, con el aval de la ciencia doblónica!
Hypazía retomó la palabra iracunda:
– ¡Ciudadanos atinianos! El préstamo de dinero es una buena idea, sin duda, pero estando en manos de un ciudadano particular, ¿cómo sabemos que es un sistema seguro? ¿Cuántos recibos ha firmado el ciudadano Bolsón, sobre dinero que nunca tuvo en su cámara acorazada? Bolsón puede comprar lo que quiera, y a quien quiera, con sólo firmar. ¡Exijo que se hagan públicas las cuentas del señor Bolsón!
Ratus prosiguió con voz meliflua:
– ¡Conciudadanos! La joven Hypazía no entiende las complejidades de la ingeniería doblónica. Ustedes tampoco lo harían, además de que les parecería sumamente aburrido. Hay que usar trigonometría cuántica, y derivadas hermenéuticas de orden fraccionario, y determinantes aristotélicos transtelúricos. ¿Por qué hacer las cosas tan difíciles? El Banco de Atinia, a través de mi humilde persona, ya vigila suficientemente las cuentas del señor Bolsón, y les aseguro que son perfectamente regulares, y que todo se hace para bien del reino. Confíen en nuestro señor presidente y su sabiduría. Estén tranquilos, nosotros velamos por ustedes.
La muchedumbre pareció aplacarse con las palabras de Ratus el Magníficus, que siguió diciendo:
– Y, para demostrar la buena voluntad del señor Bolsón, ¡vean, vean quién aparece en la plaza, por cortesía de la Urraca! Aquí y ahora, en concierto, en el ágora de Atinia y en primicia mundial… ¡¡Aristópato de Caliserda y los Patéticos Peripatéticos!!
Y salieron los músicos, ataviados con togas multicolores, al centro del ágora, con sus flautas de Pan tuneadas y sus liras eléctricas, entre los gritos de entusiasmo de la multitud, y los desmayos de las jovencitas atinianas…
Hypazía se retiró, seguida por sus discípulos, sintiéndose muuuuy cansada. No se daba cuenta entonces, pero la batalla acababa de empezar.
IV. Donde se narra cómo la magia de la Urraca creó una preciosa burbuja, que reflejaba los colores del arcoiris, fascinando a los ciudadanos de Atinia.
Florentinus era un hombre feliz. Su abuelo había sido albañil, hacía los capiteles jónicos con más volutas de toda la Hélade. Su padre se aprovechó de la relajación gubernamental de la política de gremios y esclavizó a una cuadrilla de albañiles, haciéndose famoso por sus frontispicios redonditos. Él, digno sucesor de tan magna herencia, había logrado que el gobierno de Atinia revisara ciertas normas sobre dónde se podía y dónde no se podía edificar, había contratado a cientos de albañiles mal pagados, y cada día nuevas casas con su sello se levantaban en cualquier paraje.
Cierto es que la calidad ya no era la de antaño. Sus casas no estaban a la altura de los magníficos edificios de la vieja acrópolis. Las líneas de sus capiteles corintios parecían dibujadas por un mono epiléptico. Pero aun así se vendían y, desde que la urraca levantó el vuelo, a precios cada día mayores.
En su despacho, el veterano constructor revisa sus libros de cuentas. Observa emocionado cómo, hace sólo unos años, los precios de las casas tenían que ser la mitad si quería encontrar comprador. Se enjuga una lágrima de emoción. Recuerda entonces las últimas palabras de su padre: “Nunca olvides, Florentinitus, que la vivienda es un bien de primera necesidad. Exprime a los panolis de tus clientes cuanto te venga en gana, no tienen alternativa”.
¿De quién fue la idea? ¿De Bolsón, o suya? Bueno… ¿qué importa eso ahora? Florentinus, simplemente, subió un buen día el precio de las viviendas un diez por ciento. Esa misma tarde llegó una pareja de recién casados a su oficina, escandalizados. Él puso su mejor expresión compungida, les habló del precio del mármol y de las huelgas de picapedreros en el Beluchistán. La pareja se sentía desconsolada, pensando que aún tendrían que ahorrar un año más para poder tener su casa cuando… Florentinus, de repente, les ofreció la solución. ¿Por qué esperar, amigos? Simplemente, ¡pidan un préstamo a Bolsón, y compren hoy mismo la casa! Vamos, vamos, si se les ve, que se mueren por vivir en ella y criar churumbeles… ¿no se han fijado en las maravillosas vistas al mercado de esclavos? ¿Y estos azulejos con grabados de la batalla de las Termópilas y de Medea asesinando a sus hijos? Además, sé de buena tinta que las huelgas del Beluchistán no han hecho más que empezar. Los precios seguirán subiendo… En caso de que (los dioses no lo quieran) se vieran en dificultades económicas, pues recuperan su inversión e incluso ganarán!!
Pues funcionó, oiga. Picaron. ¿Qué otra cosa podían hacer? Bolsón les dio el crédito y compraron la casa, un diez por ciento más cara. Y también picaron los siguientes, y los siguientes… Florentinus siguió subiendo los precios, poquito a poquito, hasta llegar a duplicarlos, y Bolsón dio tantos créditos a sus conciudadanos que no podía dárselo a sus propios ojos. Los atinianos mismos, los que eran propietarios de casas, se sentían también maravillados: sus propiedades habían subido increíblemente de valor. ¡Todos ganaban! La magia del doblón…
Bolsón pensó… ¿por qué sólo casas? Quiero que los atinianos compren todo a crédito. Para eso, necesitaba sólo que los precios subieran poco a poco. El esquema era fácil: Bolsón abría una línea de crédito fácil sobre la compra de un nuevo bien (esclavos, columnas jónicas para el atrio, togas estampadas…). Los vendedores comenzaban a subir los precios, recomendando a los clientes desilusionados que pidieran un crédito para realizar la compra. Pero era importante que los sueldos no subieran en la misma medida, o el esquema se vendría abajo. Bolsón y Florentinus convencieron al gobierno de que era necesaria una política de “moderación salarial”.
Como en lugar de dar oro daban su firma, la gente tenía la sensación de llevarse sus bienes gratis a casa. En realidad, estaban entregando no sólo su sueldo presente, sino también su sueldo futuro. Como se otorgaba crédito sobre crédito, los plazos de devolución se iban alargando. Los primeros eran para devolver en unos meses, luego en un año, luego unos pocos años…
El señor Empatítocles fue portada del “The Atinian Times”, por ser el primero en obtener un crédito que tendría que devolver a lo largo de cuarenta años. Su sonriente rostro sosteniendo el pagaré, grabado por Fidius, circuló por todo el país.
Hypazía y sus discípulos estaban ahítos de preocupación.
Bolsón, en cambio, miró su creación, y vio que todo esto era bueno.
V. Donde se narra cómo la magia de la Urraca se disipó de repente, sin previo aviso por parte de los magos del doblón.
Y entonces, un día gris, el señor Bolsón tuvo que negar su primer crédito.
Todo ocurrió con bastante rapidez. Atinia tenía que abastecerse de ciertos productos en el exterior. No sólo productos de lujo, como las sedas o las perlas de Micifuz o de Azrael. También de carbón y de esclavos, que eran la fuente de energía básica en la ciudad. Los comerciantes de las demás ciudades aceptaron durante un tiempo los billetes firmados por Bolsón. Pero, con el tiempo, Bolsón comenzó a poner pegas para convertirlos en oro… y los comerciantes se volvieron desconfiados. Corrió la voz en torno a la prodigalidad con la que Bolsón estampaba su firma, y al final decidieron que no valía nada. Querían doblones de verdad. Pero Bolsón tenía muy pocos… Tenía, eso sí, montañas de papel.
De esta manera, Bolsón se obsesionó con recopilar doblones, y comenzó a negar créditos. Contaba con que, si ahorraba todos los doblones que le devolvían sus deudores durante un par de años, podría recuperar su actividad normal. Pobre Bolsón, pasó noches sin dormir, previendo la tormenta que se avecinaba. Se prometió a sí mismo no ser tan avaricioso, y reservar en el futuro más doblones de verdad en su cámara acorazada. Llegó a echar la bronca a su amigo Ratus el Magníficus, presidente del Banco de Atinia, por no haberle obligado a seguir unas normas más rígidas.
Pero ya era tarde.
Al negar los préstamos, los atinianos ya no pudieron comprar casas. Florentinus, el constructor, se encontró de repente con miles de viviendas vacías en toda Atinia. Aterrado, despidió a cientos de albañiles. Muchos de ellos habían comprado su propia casa… a crédito. Y al estar en paro, dejaron de pagar. Bolsón tuvo que enviar a sus trolls de seguridad para desahuciarlos. Cientos de atinianos se vieron en la calle. Bolsón subastaba las casas rápidamente, porque necesitaba doblones con urgencia. Pero, al no cubrir la venta el precio inicial, los atinianos desahuciados seguían en deuda con Bolsón.
Los albañiles, en paro, en la calle y endeudados, no podían consumir. Se cerraron tiendas y fábricas por toda Atinia. Y, con cada tienda cerrada, una nueva remesa de gente iba al paro, y también se veían en la calle y endeudados… acrecentando la bola de nieve. El país se hundía. El panorama era desolador. Cientos de solares con obras a medio terminar. Fábricas cerradas, tiendas vacías…
El gobierno asistió con estupor al proceso que hacía que la población fuera cada día un poco más pobre. Hasta el rey y la reina de atrezzo se asustaron y se escondieron en sus mazmorras de atrezzo. El gobierno se reunió para discutir. Sí, contaban con el tesoro público, la mayor cantidad de doblones del país… Algo había que hacer para evitar el colapso, pero… ¿qué?
La filósofa Hypazía y Bolsón fueron a llamados a una reunión el presidente de Atinia, Zapajoyus, líder del partido aqueo. Ambos le expusieron sus propuestas:
– Señor presidente –decía Hypazía–, tiene que dar trabajo a los atinianos en paro, es lo esencial. Construya vías imperiales, templos, estatuas, acueductos… esas cosas que hacemos bien los atinianos.
– ¿Y con qué dinero, ilusa? –contraatacó Bolsón.
– Pues con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas.
– ¡Mujer estúpida! Señor presidente, no se deje engañar por esta extremista anti-esclavista peligrosa, que lo que no entiendo es por qué está aquí en lugar de en casa, cuidando de sus hijos… –replicó Bolsón–. ¡Si los ricos disponen de menos dinero, cerrarán más negocios, y más gente irá al paro!
Hypazía dedicó a Bolsón una mirada homicida, y prosiguió.
– El motivo por el que el paro aumenta no son los impuestos, señor presidente, sino la pobreza de la gente común. Sin clientela, los ricos cierran sus negocios, e invierten su oro fuera de Atinia. No escuche a este delincuente. Declare una moratoria en el pago de las deudas, para que la gente no pierda sus casas. Y cree una cámara acorazada pública, no debemos depender de estafadores como Bolsón. Su modelo de negocio ha fracasado, déjele quebrar.
– Señor presidente, seamos realistas. Si mi cámara acorazada quiebra, el país quebrará con ella. ¡Es la urraca la que ha traído la prosperidad a Atinia! Présteme a mí los doblones, con un bajo interés, y todo volverá a ser como antes. Podré dar crédito de nuevo, volverán a construirse casas, tendremos esclavos, sedas y especias, todos seremos ricos otra vez. Vamos, presidente, anímese y cante conmigo… ¡¡Everybooooody loves someboooody… sometimes!!
Cuando Hypazía y Bolsón salieron del palacio, el presidente Zapajoyus reflexionó. Pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo. Un sofista de Bolsón entró solapadamente en su despacho y le hizo una oferta personal muy conveniente… “Señor presidente, si nos presta el dinero, no sólo verá cómo el país vuelve a florecer. Además, para recompensar su visión y liderazgo, cuando deje el puesto de presidente le nombraremos director ejecutivo magnífico excelentísimo consejero sempiterno permenente y pegamoide de la Urraca. Con un sueldo de seis cifras”. El presidente Zapajoyus no era ningún héroe, y el sueldo de seis cifras le serviría para tapar algunos agujerillos… así que aceptó.
Al día siguiente se hicieron públicos sus designios. El presidente Zapajoyus daba un crédito a Bolsón por valor de millones de doblones, al ridículo interés de un uno por ciento. Explicó detenidamente a la ciudadanía por qué era lo mejor que podían hacer, cómo todo era para bien del país, y blah, blah, blah. Hasta se pintó ojeras antes de salir a hablar.
Y pasaron los meses. Bolsón acumuló el oro que le dio el gobierno para tener como reserva en su cámara acorazada y así poder hacer frente a los pagos que no le permitían hacer con papelitos. No tenía intención de volver a dar crédito a la ciudadanía hasta haber reunido una cantidad suficiente de doblones. Los primeros días, Zapajoyus iba con frecuencia a gritarle, pero Bolsón le recordaba el sueldo de seis cifras… y al final dejó de hacerlo.
El país se hundía cada día un poquito más, y el prestigio de Zapajoyus con él. Su oponente político, Rajatero, candidato del el partido troyano, se veía ganador indiscutible de las siguientes elecciones… pero cuando le preguntaban sobre lo que pensaba hacer cuando gobernara tartamudeaba un poquito y luego se callaba, o hablaba de fútbol, porque en realidad no tenía ninguna idea nueva. Era sobrino segundo de Bolsón, y tenía una confianza ilimitada en él y en los magos del doblón. Estaba seguro de que, al final, siguiendo los consejos de Bolsón, todo saldría bien.
Y el desastre se propagó hasta alcanzar al gobierno. El tesoro real no ingresaba nada, porque los ciudadanos no tenían sueldo y, por tanto, no pagaban impuestos. Pero los gastos seguían allí. El gobierno seguía teniendo que pagar a maestros, médicos, legionarios… Y llegó un día en el que no quedaba un solo doblón en el tesoro. ¿Qué hacer? Zapajoyus visitó uno por uno a los ciudadanos ricos de Atinia para rogarles que le prestaran algo de dinero… pero nadie se fiaba de él y le faltaba el coraje para reclamarlo como impuestos. Su última opción era… Bolsón. El presidente se vio obligado a visitarle. Y Bolsón, que había esperado pacientemente, vio que había llegado de nuevo su momento de gloria.
– Claro, claro, señor presidente. Le prestaré con gusto el dinero. Pero quiero un interés de un veinte por ciento.
– ¡Pero Bolsón! ¡Es usted una arpía redomada! Yo le he prestado ese mismo dinero al uno por ciento.
– Cierto, amigo. Pero usted conoce las ciencias mágicas del doblón, ¿no es verdad? El interés debe ser proporcional al riesgo. Y, con franqueza, no creo que el tesoro real vaya a sobrevivir a la crisis. En gran parte, a causa al interés usurero que le estoy imponiendo –Bolsón se rió–. ¿No sabe usted lo que es una profecía auto-cumplida? Lea el “Edipo”, léalo… y, mientras tanto, págueme mi veinte por ciento de interés.
– Pero ¿cómo voy a hacer para pagar un interés tan alto?
– Bueno, eche a maestros y médicos. ¿Quién los quiere? Usted y yo tenemos nuestros médicos personales, no necesitamos los médicos del gobierno. Y a la escuela no vamos a volver, claro está. Y deje de pagar a los ancianos y a los parados, son unos parásitos. A los legionarios no los eche, hágame el favor, ni a los trolls de seguridad, los vamos a necesitar cuando las cosas se pongan turbias.
Zapajoyus aceptó el préstamo, entendió que le habían tomado el pelo, y salió de la casa de Bolsón. Las dos tardes que dedicó a aprender ciencia mágica del doblón, por lo visto, no le habían servido para nada. Su única esperanza era que, en cuanto pudiera desembarazarse del cargo, podría disfrutar de su sueldo de seis cifras.
VI. Donde, tras las noticias gravosas de los capítulos anteriores, se muestra al amable lector un leve resplandor de esperanza que aún conservan los atinianos.
Ese mismo día, los idus de Mayo, se manifestaron decenas de miles de personas en el ágora de Atinia. Estudiantes, parados, filósofos, profesionales, amas de casa… jaleados por los discípulos de Hypazía. Pedían que la decisión sobre el destino del tesoro real no quedase en manos del presidente, sino del pueblo. Querían democracia real ya, democracia participativa. Cierto es que ellos habían elegido a Zapajoyus como presidente, pero ninguna elección era un cheque en blanco.
El presidente Zapajoyus estaba preocupado. Estaba acostumbrado a que el pueblo le quisiera, y eso era fácil mientras todo iba bien. En realidad, era un hombre inseguro que se creía buena persona, y esta situación le sobrepasaba. Ya no podía fingir, como al pricipio de la crisis, que todo lo que hacía era por el bien del pueblo. Optó por recluírse en su castillo y dobló la guardia de trolls en la puerta.
Los manifestantes formaron un movimiento articulado en todo el país, que se llamó el “Idus-M”. Acamparon en el ágora de Atinia, en la plaza de Helius. Esgrimían pancartas con lemas como “No te quedes en tu domus, te la podrían quitar”, “Poco pan y pésimo circus” o “Aqueos y troyanos, la misma mierda son”. Las manifestaciones se extendían cada día. Se lanzó el movimiento “Ocupa el Foro”, frente a la cámara de Bolsón. Bolsón llamaba a los trolls de seguridad para que echaran a los manifestantes. Pero cuantos más porrazos pegaban, más manifestantes venían, hasta que el mismo Bolsón aceptó que la situación era insostenible, se compró unos tapones para los oídos y les dejó gritar cuanto quisieran.
Zapajoyus se vio obligado a echar a los servidores públicos para poder pagar el interés usurero a Bolsón. Primero echó a los maestros. Pensó que, como la mayoría eran mujeres, serían más sumisas y aceptarían su destino. Pero, como en las ciencias del doblón, se equivocó de medio a medio. Se vistieron con togas verdes, maestras y maestros, y sus discípulos, y sus padres, y salieron todos al ágora a gritar… El siguiente paso eran los médicos… y entonces también los médicos y los enfermos salieron a gritar. Cuanta más gente echaba, más incómodos estaban los ciudadanos, y más trolls tenía que poner en la puerta de su palacio.
Desesperado, Zapajoyus nombró como sucesor a Rubalcalvus, su mano derecha, quien salió al balcón del palacio para gritar que entendía los problemas del pueblo y les apoyaba… pero le llovieron tomates, y tuvo que volver corriendo al interior. Rajatero, el líder del partido troyano, se partía de la risa e intentó salir al ágora, esperando que el pueblo le aclamara. Pero, sabiendo que era sobrino segundo de Bolsón, le tiraron huevos podridos a la cabeza.
Estando próximas las elecciones, Rajatero y Zapajoyus se reunieron. A pesar de que el país se estuviera hundiendo, sólo les preocupaba que el juego electoral siguiera siendo un juego entre ellos dos, y que no pudiera aparecer ningún tercero en discordia. Se las arreglaron para aprobar una ley que, en la práctica, aseguraba que los votos a cualquier otro candidato que no fueran ellos valieran la tercera parte.
Amable lectora, amable lector, hemos llegado al final de nuestra historia. ¿Queda esperanza? Ciertamente, los atinianos son imaginativos y están pensando cómo forzar un cambio de sistema que quite de manera definitiva el poder de las manos de aqueos, troyanos y camareros. Quieren democracia directa, poder decidir entre todos qué es lo que se hace. Porque saben que, cuando se delega en alguien, siempre te puede traicionar: sólo es preciso un cheque con el número suficiente de ceros. Como dicen en Atinia: “hetairos no faltan, si acaso financistas”. ¿Lograrán su propósito? Estén atentos, amables lectores, la aventura más fascinante del pueblo atiniano seguirá desarrollándose puntualmente ante sus ojos…
La filosofía de la economía pública
Los impuestos y los servicios públicos constituyen una unidad, un único paquete que podríamos llamar la economía pública, en contraste con la economía de mercado. En la economía de mercado recibes en base a lo que aportas. Si aportas mucho, recibes mucho; si no aportas nada, no recibes nada. En la economía pública, en cambio, aportas en base a lo que tienes y recibes en base a lo que necesitas. Se trata, por tanto, de un oasis ético donde se tiene en cuenta a las personas, sus capacidades y sus necesidades (o así debería ser).
Pero mucha gente no entiende bien el concepto. Así, por ejemplo, un malentendido típico es pensar que si llevas a tus hijos a la escuela privada tienes derecho a desgravarte, ya que no consumen plaza en la escuela pública. Si así fuera, un señor que nunca fuera por Cuenca debería poder desgravarse por las carreteras que se construyan allí. O, aún más perverso: yo no tengo hijos, ¿por qué no puedo desgravarme también mi no-gasto educativo? Un ejemplo aún más claro lo constituyen las pensiones. El dinero que tú cotizas durante tu vida laboral no es para tu jubilación, sino para la de la generación de tus padres. La generación de tus hijos pagará por ti, cuando llegues a viejo. Es solidaridad, no mercado. Por tanto, tu contribución a un plan privado es una opción personal tuya, que los demás no tenemos por qué apoyar con desgravaciones.
Como es lógico, los ricos están interesados en limitar la extensión de la economía pública, les conviene la extensión de la economía de mercado. Escuela privada: mejor cuanto más pagas. Sanidad privada: mejor cuanto más pagas. Los ricos quieren mercantilizar la mayor cantidad posible de áreas de la vida: educación, sanidad… cultura, sexo, belleza, prestigio académico… En cambio, quienes no somos ricos, o quienes siéndolo tienen un sentido profundo de la ética, deseamos la extensión de la economía pública.
El desmantelamiento de la economía pública que los ricos quieren llevar a cabo no se hace eliminando los impuestos, sino invirtiendo su progresividad. Recordad el esquema primitivo: aportas según lo que tienes. En realidad, cada vez es menos así. Cada vez los ricos aportan menos (recordad lo que dijo Warren Buffett). Ya sabéis: las SICAV que pagan un 1% de impuestos, las mil triquiñuelas, todas legales… Y otras formas más rebuscadas, como los impuestos indirectos, como el IVA, que pagamos todos por igual. Por el lado de los servicios públicos, los ricos no desean eliminarlos, sino convertirlos en caridad, en servicios asistenciales, para pobres. Como decía Rubalcaba, para quien no puede pagarse otra cosa.
Las críticas contra la economía pública no suelen ir dirigidas contra su filosofía, sino contra su implementación. Los ricos y sus adalides suelen alegar que hay mucha gente que se aprovecha y recibe más de lo que merece. Si así fuera, la solución no sería desmentelarla, sino mejorar la regulación. En los últimos meses, en cambio, los ricos han cambiado de argumento: ¡no hay dinero!, ¡somos pobres!, no es posible mantener una economía pública. Este argumento es muy difícil de aceptar… con los avances técnicos, los avances en productividad que hacen que una sola persona produzca alimentos para mil, ¿cómo va a resultar que somos más pobres que nuestros padres? No es que no haya dinero: es que los impuestos a los ricos son tan bajos, que no recaudamos nada.
Pero el argumento más perverso en contra de la economía pública es el de su supuesta ineficiencia. Según este argumento, es mejor no gravar a los ricos porque, con ese dinero crearán puestos de trabajo. La respuesta: “o no”. Quizás se dediquen al consumo de lujo. Quizás inviertan, sí, pero en mano de obra esclava en el Tercer Mundo. O especulando. Quizás destinen ese mismo dinero a prestárselo al gobierno, en lugar de dárselo mediante los impuestos. Asimismo, dicen, los servicios públicos serían más eficientes en manos de empresas privadas. ¿Es cierto que los servicios de mercado son más eficaces que los públicos? El mercado jamás habría logrado erradicar el analfabetismo. O podéis comprobar, por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil en EEUU (7.1 por mil, sistema sanitario de mercado) y en España (4.3 por mil, sistema sanitario fundamentalmente público). La economía de mercado tiene un factor de ineficiencia imbricado en su propio centro, que es el reparto de beneficios. Los ricos no reinvierten necesariamente todo lo que ganan y, de hecho, cada vez lo hacen menos. Una buena parte se desvía para consumo de lujo o la especulación financiera. Y eso es una grave ineficiencia económica.
Pero la economía pública tampoco es perfecta. Los políticos muchas veces son, ellos mismos, ricos y se aprovechan de ella otorgando contratos con sus propias empresas, generando ineficiencia. Véase, por ejemplo, las paradas exóticas del AVE, o los aeropuertos en medio de la nada. Pero la ineficiencia pública no es inevitable, como lo es la de mercado. Es controlable, fundamentalmente mediante mayor democracia y mayor transparencia.
Si lo pensáis detenidamente, la mera existencia de una economía pública es un gol que el pueblo le metió a los ricos. Fue producto de décadas de lucha, sí, pero sobre todo del colapso de la economía de mercado que se produjo entre 1929 y 1945, y el desastre de la guerra mundial. Los propios ricos y los políticos vieron que era importante mantener áreas de la economía fuera del ámbito del mercado si querían evitar otra hecatombe semejante. Pero, claro, con los años, se han ido olvidando… Y sigue siendo cierto que la economía de mercado colapsa bajo su propio peso, como estamos viendo en esta crisis. ¿Se darán cuenta a tiempo? No lo sé, pero afortunadamente, nosotros sí nos estamos dando cuenta, y lo gritamos en las calles. El pueblo ha aprendido de la historia, así que romperemos el hechizo que nos condenaba a repetirla.
Al final resulta que tuvo Josep Borrell razón cuando, hace muchos años, dijo que habría que cambiar el final de la Internacional: “Agrupémonos todos en la lucha… fiscal”.
Conformismo, disidencia y educación
Toda sociedad tiene dos grandes fuerzas en su interior: el conformismo y la disidencia. El conformismo es estupendo la mayor parte del tiempo, sobre todo para los poderosos (i.e.: la fracción de la sociedad que obtiene más de lo que da). A lo largo de la Historia, se han inventado miles de métodos para asegurar el conformismo social, no voy a discutirlos ahora. Pero el conformismo, en sí mismo, tiene una pega. Si aparecen problemas nuevos, se bloquea.
Es por eso que toda sociedad necesita tolerar cierto grado de disidencia. Es decir: gente que piensa fuera de los caminos trillados, que explora nuevos enfoques. Esa gente es, en muchos casos, crítica con el funcionamiento social. Es más fácil que se den cuenta de las injusticias, porque están acostumbrados a razonar por sí mismos, al pensamiento crítico, y las técnicas usuales de inducción al conformismo no funcionan con ellos. A veces tienen ideas locas, pero cuando hay una idea original e innovadora, viene de ellos. Es la gente, por tanto, que proporciona soluciones a los nuevos problemas.
¿Cuándo hace falta la disidencia? Pues, sobre todo, cuando las circunstancias sociales cambian con rapidez. Por ejemplo, en momentos de rápida evolución técnica o social.
¿Cuándo se tolera la disidencia? Cuando los poderosos se sienten fuertes y legitimados.
Desde la Segunda Guerra Mundial, el esquema social de Occidente era un ejemplo de tolerancia de la disidencia que ha permitido un enorme avance. Los poderosos se sentían fuertes y legitimados, debido a que, aunque su fracción del pastel no dejaba de crecer, el bienestar de las clases populares también aumentaba en el tiempo. El sistema funcionaba, sí. Pero tenía en sí mismo las semillas de su destrucción, como ya hemos discutido en el post anterior. En estos momentos nos encontramos con una clase alta cada vez más deslegitimada, que va a intentar coartar la disidencia, precisamente en el momento en el que más la necesitamos.
¿Y la educación? La educación de calidad siempre abre las puertas a la disidencia, y los poderosos no quieren que esa arma esté al alcance de las clases trabajadoras. Pero hay un modelo educativo que puede ser un arma en favor del conformismo. Claro, hablamos de la educación cutre, casposa, que podríamos llamar adoctrinamiento. La señora Aguirre aboga por este modelo educativo para las clases populares. Elijan ustedes: escuela concertada, casposa y opusina; o escuela pública, infradotada y abarrotada.
El profesorado de la pública ha ido mejorando a lo largo de los últimos treinta años, sobre todo en su capacidad para hacer pensar, para inducir al pensamiento crítico. Realmente, desde el punto de vista social, es una bendición, es lo que necesitamos: que toda la inteligencia del país (del mundo) se enfoque en cómo salir del maremagnum en el que los poderosos nos han metido. Pero la señora Aguirre, y los de su calaña, no opinan igual. Como no pueden despedir al profesorado (al menos, no de una tacada), lo intentarán desmoralizar, intentará aumentar el número de alumnos por clase, quitarle el margen de maniobra, hacer su labor inútil. Que sólo puedan formar en el conformismo, que sólo puedan educar a camareros del McDonald’s.
Tecnología, Empleo y Capitalismo
La tesis que os voy a exponer es la siguiente. El capitalismo, mientras se desarrolla, fomenta a su vez el desarrollo de la tecnología. Pero esta misma tecnología, a su vez, mina el fundamento del capitalismo, y terminará por ser la clave de su derrota.
Imaginad una sociedad en la que el trabajo humano necesario para que todos lleváramos una vida cómoda fuera muy reducido. Podemos pedir más aún: que no fuera preciso que nadie realizara ningún trabajo desagradable, aburrido, alienante. Mientras la naturaleza humana sea reconocible, siempre serán necesarios maestros, médicos, científicos, artistas, ingenieros… trabajos que ayudan a realizarnos como personas. Pero imaginad que ya no hicieran falta cajeros en los supermercados, mineros, estibadores, reponedores, teleoperadores, camareros o camioneros. ¿Cómo podría eso ser posible? Pues es sencillo: gracias a la tecnología. No hay trabajo desagradable, aburrido o alienante que no pueda ser, algún día, realizado por las máquinas.
En esa sociedad, ¿podría operar el capitalismo? Quiero mostraros que no.
Quizás sea necesario precisar antes: ¿qué es el capitalismo? Se trata de un sistema de organización social de la economía en la que la población se divide en dos grandes grupos. Los capitalistas son dueños de los medios de producción: fábricas, granjas, tiendas, etc. El resto, los trabajadores, deben vender su fuerza de trabajo para vivir. Si alguien carece de medios de producción y no trabaja… pues no come. Pero es que en esta sociedad que os cuento… ¡no hay empleo para todos!
Si cada fábrica de queso sólo necesita de un ingeniero, cada supermercado sólo precisa un gestor… ¿en qué trabajará la gente? Y, si no trabajan, hemos dicho que no comen… Luego el sistema capitalista no puede sostenerse. O, en rigor, podría hacerlo si todos fuéramos dueños de los medios de producción, es decir: si no hubiera trabajadores. Pero es que, entonces, el sistema ya no se puede llamar capitalista.
Los capitalistas, desde que el capitalismo existe, han apoyado siempre la búsqueda tecnológica de alternativas al trabajo humano. La razón es simple. Si una máquina cuesta 100.000 € y puede hacer el trabajo de 10 trabajadores, se amortiza en un año. Eso permite una bajada de los precios, o una subida de los beneficios, según convenga. La competencia entre los capitalistas, de esta manera, hace al capitalismo cavar su propia tumba.
¿Realmente es el empleo lo que buscamos? No. Buscamos llevar una vida buena. Tener las necesidades básicas cubiertas, y un par de las que no son tan básicas. Sentirnos útiles ante la sociedad. El capitalismo ha sido una etapa para alcanzar ese fin, una etapa que ha costado mucho sufrimiento y sangre a la humanidad. Igual que el Imperio Romano también costó sufrimiento y sangre. Y ambos nos han dejado cosas buenas.
El capitalismo está tocando techo. Desde los años 70, la tasa de beneficios de la producción capitalista ha caído de manera continua, debido a la mejora tecnológica y a la globalización. Por ello, la búsqueda de beneficios se ha salido de los cauces ordinarios, los capitalistas se están volviendo cada vez más agresivos. El capitalismo muere, pero muere matando. Antes creaba, y realizaba un reparto desigual. Como ya no crea nada, pretende quitarnos a nosotros lo que tenemos: el estado del bienestar, para mantener de manera artificial su tasa de beneficios unas décadas más.
Daos cuenta de una cosa importante: la crisis del capitalismo no se debe a que seamos más pobres, sino exactamente al revés. Somos más ricos. Tan ricos que no necesitamos el capitalismo.
Las ideas, obviamente, no son mías. Están implícitas en los textos de Marx, sobre todo en El Capital y los Grundrisse. Quien las expuso con más claridad fue Gerald Cohen en La teoría marxista de la historia.






